Diferencia entre revisiones de «El gran poder de Dios»

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Cuando era yo muchacho oí, como frase corriente entre doncellas de malandanza, que, cuando querían deprimir el mérito O precio de una alhaja, exclamaban haciendo un mohín nada mono:
 
— iQuiá! Si este anillo se parece á los delde pre'El Gran poder de Dios''.
 
Así me ocupé yo por entonces en profundizar el concepto, como me ocupo hogaño en averiguar de qué madera se fabrican las tablas de logaritmos; pero, cuando menos lo pensaba, saltó la liebre, o lo que es lo mismo, el origen de la antedicha frase. Ahí va sin más perfiles.
Entre los pasajeros de la embarcación vino un comerciante pacotillero, malagueño por más señas, conductor de una gran caja que encerraba aretes y sortijas, las que, en vez de piedras fínas, lucían cristal de Bohemia imitando el rubí, el zafiro y el brillante.
 
El pacotillero era hombre simpático y de letra muy menuda; y las alhajas, aunque hechizas, no carecían de forma artística. Poquito á poquito, y de casa en casa, fuéfue el mercader colocando la mercancía entre las mujeres del pueblo, en menos de un mes y con una ganancia loca. Hasta las jóvenes de la aristocracia, cuando vestían de trapillo para visitas de vecindad, no desdeñaban lucir aretes de coral falsificado. En una palabra, las alhajas y otras chucherías traídas por ''El Gran poder de Dios'' se pusieron áa la moda en Lima.
 
Con la bodega ya escueta, zarpó el bergantín en Mayo con rumbo á Guayaquil, donde, como cargamento de retorno, debía embarcar competente cantidad de sacos de cacao. Terminada la operación, en la mañana del 20 de Junio dejó la ría de Guayaquil, y el 21, á poco de haber perdido de vista la Puna,Pufué fuéfue abordado por el corsario chileno ''La Fortuna''.
 
El Gran poder de Dios no estuvo á la altura fanfarrónica de su nombre, pues se rindió sin oponer más resistencia que la que opone una pulga á los dedos pulgares.
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