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Y todo era bullicio y alharaca.
 
Fray Gómez acercose pausadamente al que yacía en tierra,le colocopúsole sobre la boca el cordón de su hábito, echole tres bendiciones, y sin más médico ni más botica, el descalabrado se levantó tan fresco como si golpe no hubiera recibido.
 
-¡Milagro, milagro! ¡Viva Fray Gómez! -exclamaron los infinitos espectadores, y en su entusiasmo intentaron llevar en triunfo al lego. Éste, para sustraerse a la popular ovación, echó a correr camino de su convento y se encerró en su celda.