Diferencia entre revisiones de «Atalaya de la vida humana: 340»

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Y así lo dio bien a sentir un pasajero, el cual, yendo navegando y sucediéndole una gran tormenta, mandó el maestre del navío que alijasen presto de las cosas de más peso para salvarse, y, tomando a su mujer en brazos, dio con ella en la mar. Queriéndolo después castigar por ello, escusábase diciendo que así se lo mandó el maestre y que no llevaba en toda su mercadería cosa que tanto pesase, y por eso lo hizo.
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Veis aquí agora mi suegro, que nunca comigo tuvo alguna pesadumbre, antes me acariciaba y consolaba como si fuera su hijo y, volviéndose de mi bando contra su hija, la reprehendía. Tanto que, viendo cómo no aprovechaba, nunca quiso entrarle por sus puerta[s]; empero, cuando más aborrecida la tuvo, al fin era su hija, que son los hijos tablas aserradas del corazón: duelen mucho y quiérense mucho. Sintió su falta; pero quedamos muy en paz. Enterramos a la malograda, que así se llamaba ella. Hicimos lo que debíamos por su alma, y a pocos días tratamos de apartar la compañía, porque quiso que le volviese lo que me había dado con su hija. No halló resistencia en mí. Dile cuanto me dio, muy mejorado de como me lo entregó. Agradeciómelo mucho. Dímonos nuestros finiquitos, quedando muy amigos, como siempre lo fuimos.</div>
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[[Categoría:Atalaya de la vida humana III]]