Diferencia entre revisiones de «Sueños y discursos: 076»

1494 bytes añadidos ,  hace 4 años
sin resumen de edición
(Página creada con «{{Página|Sueños y discursos|Francisco de Quevedo|075|076|077|TextOpcional=|Numeral=none|TextTítulo=Sueño del infierno|Reseña=190|VerÍndice=Sí|Índice={{Sueños y dis...»)
 
{|
{{Pt||
Pasé allá y vi (¡qué cosa tan admirable y qué justa pena!) los barberos atados y las manos sueltas, y sobre la cabeza una guitarra, y entre las piernas un ajedrez con las piezas de juego de damas, y cuando iba con aquella ansia natural de pasacalles a tañer, la guitarra se le huía, y cuando volvía abajo a dar de comer a una pieza, se le sepultaba el ajedrez y esta era su pena. No entendí salir de allí de risa.
}}
Estaban tras de una puerta unos hombres, muchos en cantidad, quejándose de que no hiciesen caso de ellos aun para atormentarlos, y estábales diciendo un diablo que eran todos tan diablos como ellos, que atormentasen a otros.
-¿Quién son? -le pregunté.
Y dijo el diablo:
-Hablando con perdón, los zurdos, gente que no puede hacer cosa a derechas, quejándose de que no están con los otros condenados; y acá dudamos si son hombres o otra cosa, que en el mundo ellos no sirven sino de enfados y de mal agüero, pues si uno va en negocios y topa zurdos se vuelve como si topara un cuervo o oyera una lechuza. Y habéis de saber que cuando Scévola se quemó el brazo derecho porque erró a Porsena, que fue no por quemarle y quedar manco, sino queriendo hacer en sí un gran castigo, dijo: «¿Así que erré el golpe? Pues en pena he de quedar zurdo». Y cuando la Justicia manda cortar a uno la mano derecha por una resistencia, es la pena hacerle zurdo, no el golpe; y no queráis más que queriendo el otro echar una maldición muy grande, fea y afrentosa, dijo:}}
|}
</poem>