Diferencia entre revisiones de «Conferencia en el Ateneo de Lima (ortografía RAE)»

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Diderot practica cien oficios por más de veinte años y va de taller en taller acoplando materiales para la ''Enciclopedia'', Rousseau medita seis o siete horas buscando la palabra más precisa, Goethe se confunde con los estudiantes alemanes para escuchar las lecciones del anatomista Wilhelm Loder, Wilhelm Schlegel emprende a los cincuenta años el estudio del sánscrito, Balzac sucumbe estenuado por la fatiga, Bello aprende griego en la vejez i copia sus manuscritos hasta ocho veces. Pero hai un ejemplo más digno de recordarse: el hombre que llamó al jenio "una larga paciencia", Buffon, escribe a los setenta años las ''Épocas de la Naturaleza'' i con su propia mano la trascribe dieciocho veces.
 
Baudelaire afirma que "jeneralmentegeneralmente los criollos carecen de orijinalídadoriginalídad en los trabajos literarios iy de fuerza en la concepción o la espresiónexpresión, como almas femeninas creadas únicamente para contemplar iy gozar". Sin embargo, en América, en el Perú mismo, algunos hombres revelaron singulares aptitudes para las ciencias, las artes iy la literatura; muchos, dejando la contemplación iy el goce, perseveraron en labores fecundas iy serias.
 
Digan lo que digan las mediocridades importantes iy descontentadizas, nuestro público leyó todo lo digno de leerse, iy los Gobiernos costearon o colmaron de beneficios a los autores. Con pocas iy voluntarias esclusiones, ¿qué peruano de clara intelijenciainteligencia no fue profesor de universidad, diputado, ministro, vocal de una corte, ajenteagente financiero en Europa, cónsul o plenipotenciario? Quizá sufrimos dos calamidades: la protección oficial iy desproporcionada al libro fósil o hueco, iy el acaparamiento de los cargos públicos por las medianías literarias.
 
Acusar a su país de ingratitud, recurso de ineptos iy neglijentesnegligentes. Escondamos luz en el cráneo, iy llegaremos a la cumbre porque la intelijenciainteligencia, con la virtud ascendente del hidrójenohidrógeno en el globo, sube dejando en las capas inferiores a l'la aristocracia de la sangre iy a l'la aristocracia del dinero. HoiHoy el camino está llano para todos, hoi la imprenta se abre para todos, todos pueden hablar iy mostrarse como son. Si haihay sabios ocultos, que nos descubran su sabiduría; si haihay literatos eminentes, que nos enseñen sus producciones; si haihay políticos de amplio vuelo, que nos desenvuelvan sus planes; si haihay guerreros invencibles, que nos desarrollen su táctica iy estratejiaestrategia; si haihay industriales injeniososingeniosos, que nos patenticen sus descubrimientos o aplicaciones. No creamos en jeniosgenios mudos ni en modestias sobrehumanas: quien no alza la voz en el certamen del Siglo, es porque nada tiene que decir. No arguyan con obstáculos insuperables: el hombre de talento sólido, como el César de buena raza, atraviesa el Rubicón.
 
En fin, señores: el filósofo iy economista Saint-Simon mantenía un criado que al rayar l'la aurora le despertaba repitiendo:--"levántese usted, señor conde, porque tiene muimuy grandes cosas que hacer". ¡Ojalá nuestras sociedades científicas, literarias iy artísticas se unieran para decir constantemente al Perú: Abre los ojos, deja la horrorosa pesadilla de sangre, porque el Siglo avanza con pasos jigantescosgigantescos, iy tiene mucho camino que recorrer, iy mucha herida que restañar, iy mucha ruina que reconstruir!
 
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