Diferencia entre revisiones de «Fabla Salvaje: IV»

202 bytes añadidos ,  hace 8 años
sin resumen de edición
 
{{brecha}}Había tomado una vaga aversión por los espejos. Balta los recordaba con informe y oscuro desagrado. Una noche se soñó en un paraje bastante extraño, llano y monótonamente azulado; veíase solo allí, y poseído de un enorme tenor ante su soledad, trataba de huir sin poderlo conseguir. En cualquier sentido que fuese, la superficie aquella continuaba. Era como un espejo inconmensurable, infinito, como un océano inmóvil, sin límites.En una claridad deslumbrante, de sol en pleno mediodía, sus náufragas pupilas apenas alcanzaban a encontrar por compañía única su sombra, una turbia sombra intermitente, la que moviéndose a compás de su cuerpo, ya aparecía enorme, ancha,larga; ya se achicaba, ludíase hasta hacerse una hebra impalpable,o ya se escurría totalmente, para volver a pasar a veces tras de sí,como un relámpago negro, jugando de esta suerte un juego de mofa despiadada que aumentaba su pavor hasta la desesperación... Cuando despertó, a los gritos de su mujer,estaban sus ojos arrasados en lágrimas.
 
{{brecha}} – ¿Qué has estado soñando? -le preguntó Adelaida, solícita e inquieta-. ¡Te has quejado mucho!...
 
{{brecha}} – Ha sido una pesadilla -murmuró él.
 
{{brecha}} Y ambos callaron.
}}