Diferencia entre revisiones de «Fabla Salvaje: IV»

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{{brecha}}Balta no pudo entender nada de esto. El relato de su amigo resultole muy profundo y complicado.
 
{{brecha}}En tanto pasaban las semanas en las siembras.
 
{{brecha}}Balta hubo de ir una mañana a los potreros, a lo largo de un calvero en el arbolado, y bordeando una acequia de regadío. Iba solo. De pronto, y sin darse cuenta, bajaron sus pupilas a la corriente y tuvo que hacerse él a un lado, despavorido. Otra vez asomose alguien al espejo de las aguas. Prodújose al propio tiempo un rumor fugitivo entre los sauces que erguíanse a la vera del arroyo. Volvió Balta la cara en esa dirección y vio que entre los tupidos ramajes de trepadoras y malvarrosas recobraban las hojas su natural posición que, al parecer, acababa de romper y alterar una fuga atropellada y volátil, como de astuto y bárbaro mamífero asustado, o de ágil y certera brazada de alguien que huye. Balta dio gritos de alerta:
 
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