Diferencia entre revisiones de «Fabla Salvaje: IV»

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{{brecha}}Ya en la chacra, una tarde Balta, al tornar de su trabajo, dio de abrevar a sus bueyes en la laguna de enfrente de la cabaña. A su vez, él, sediento y transido de cansancio, fue a la fuente de agua limpia que manaba entre los matorrales, arrodillose y bebió directamente. Se oyó los tragos durante algunos instantes, sumersos los labios. De repente, Balta saltó bruscamente y diodos o tres pasos atrás tambaleándose y golpeando y haciendo cimbrar el tierno tallo de un alcanfor, cuyo follaje hizoestrepitosas y lúgubres cosquillas en los árboles de la pradera.Miró a uno y otro lado por descubrir quién había a sus espaldas, sin hallar a nadie; buscó entre los matorrales. Nadie. Volaron en diversas direcciones algunas palomas y pajarillos azorados. Un gallinazo, con moroso y aceitado vuelo, pasó de un alcanfor a otro, donde saltó, probó varios ramajes y por fin desapareció con leve y goteante rumor de hojas secas.
{{brecha}}A la hora en que Balta salía de dormir, ya Adelaida había también regado y, con escoba que ella misma hacía de verdes y olorosas hierba santas traídas a esa hora de la campiña, había barrido, plata, los dos corredores, los dos patios hasta cerca de
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