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res eternos, lejítimos i competentes a los habitadores de otro mundo i a las frias cenizas de los sepulcros.
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<section begin=res eternos, lejítimos i competentes a los habitadores de otro mundo i a las frias cenizas de los sepulcros.
   
 
La institucion divina de la Iglesia, su historia i sus cánones están manifestando la necesidad imperiosa que ha tenido de variar a cada paso sus leyes i disciplina, a pesar de que su objeto es uno solo, i nada temporal que lo obligue a las viscisitudes humanas. Los códigos civiles son la misma historia de su constante variacion, como se espresa un célebre purista. Nosotros en el período de dos lustros hemos echado por tierra cuatro Constituciones. ¿I estaremos siempre respetando, contra las demás leyes justas que nos rijen, la voluntad quimérica, fantástica i chocante, que no existe? ¿No podria respondérseles a estos insensatos que ciega la avaricia, que si los muertos podrian imponerles leyes eternas a los vivos, éstos harian lo mismo por igual razon dictándoselas a los sepulcros que en su silencio manifestarian su aprobacion i eterno consentimiento? ¿Cuál seria el fundador de mayorazgo que viniese a oponerse a la destruccion de éllos, que hoi se intenta? En otro tiempo pudo ser disimulable el fanatismo de ilustrar un apellido con la vinculacion de bienes, bajo la sana intencion que sirviese de fomento a la demas familia; pero si este mismo tiempo i la esperiencia han desmentido, i desmentirán constantemente esa inocente i equivocada intencion ¿qué podrá aducirse ya en su apoyo? ¿No está visto que un hermano rico no sacará de la miseria a los demas, i luego que se case por las leyes divinas i humanas no podrá hacerlo aunque quiera, siendo objeto preferente para él, la mujer e hijos? Se objetará todavía ese fin que se dice laudable cuando es destruido en su cima por la naturaleza, leyes i causas que lo formaron. Añadiremos solo el paralelo de un primojénito distinguido, con el de sus hermanos abandonados, i concluiremos con la enumeracion de sabios que, a nombre de la humanidad, han clamado por la abolicion de una lei que contradice fundamentalmente todas las que se dirijen ala felicidad i conveniencia públicas.
 
La institucion divina de la Iglesia, su historia i sus cánones están manifestando la necesidad imperiosa que ha tenido de variar a cada paso sus leyes i disciplina, a pesar de que su objeto es uno solo, i nada temporal que lo obligue a las viscisitudes humanas. Los códigos civiles son la misma historia de su constante variacion, como se espresa un célebre purista. Nosotros en el período de dos lustros hemos echado por tierra cuatro Constituciones. ¿I estaremos siempre respetando, contra las demás leyes justas que nos rijen, la voluntad quimérica, fantástica i chocante, que no existe? ¿No podria respondérseles a estos insensatos que ciega la avaricia, que si los muertos podrian imponerles leyes eternas a los vivos, éstos harian lo mismo por igual razon dictándoselas a los sepulcros que en su silencio manifestarian su aprobacion i eterno consentimiento? ¿Cuál seria el fundador de mayorazgo que viniese a oponerse a la destruccion de éllos, que hoi se intenta? En otro tiempo pudo ser disimulable el fanatismo de ilustrar un apellido con la vinculacion de bienes, bajo la sana intencion que sirviese de fomento a la demas familia; pero si este mismo tiempo i la esperiencia han desmentido, i desmentirán constantemente esa inocente i equivocada intencion ¿qué podrá aducirse ya en su apoyo? ¿No está visto que un hermano rico no sacará de la miseria a los demas, i luego que se case por las leyes divinas i humanas no podrá hacerlo aunque quiera, siendo objeto preferente para él, la mujer e hijos? Se objetará todavía ese fin que se dice laudable cuando es destruido en su cima por la naturaleza, leyes i causas que lo formaron. Añadiremos solo el paralelo de un primojénito distinguido, con el de sus hermanos abandonados, i concluiremos con la enumeracion de sabios que, a nombre de la humanidad, han clamado por la abolicion de una lei que contradice fundamentalmente todas las que se dirijen ala felicidad i conveniencia públicas.
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