Diferencia entre revisiones de «Categoría:Obras de Antonio Domínguez Hidalgo»

sin resumen de edición
Luego vinieron, hacia 1966, estos Cuentos estrambóticos que de poco en poco, como toda la obra literaria y artístico musical de Domínguez Hidalgo, comenzaron a circular en los medios escolares; muy distantes de los cenáculos literarios de mafias efímeras y dependientes de grupúsculos demagógicos, ambiciosos, hipócritas y manipuladores. Al fin y al cabo, el mundo para quien Domínguez Hidalgo siempre ha escrito, hablado o cantado, se ubica en el magisterio y sus discípulos. No desea más.
El maestro Antonio siempre ha sido de la escuelas; siempre feliz profesor de banquillo rodeado de su alumnado que lo escucha, dialoga y discute con él; suele refutarle, pero a la vez, comprende que crece en sus aprendizajes ante la vida. Domínguez Hidalgo ha dicho que él también aprende mucho de sus alumnos y alumnas, pues ellos y ellas lo han puesto frecuentemente en contacto con los diversos mundos de las culturas juveniles tan degradadas por los mercachifles.
Y esa es la sensación que se desprende de su obra estética, algo nos quiere enseñar de lo aprendido a través de otros, sin caer en la moralina, sino impulsándonos a reflexionar en nuestras actitudes en pos de cambiar en algo al mundo, por lo menos, el personal. Si no, ahí están también sus Lo ineludible y otros cruentos (1967), Los telones de la noche (1968), Entre la bruma (1969), Por ver qué grande es el mundoamor (1971), La Cien y otras cosmogonías (1972), Los tristes tienen sueño y otras imaginerías (1973), Anticuentos (1975), Cronicuentos ejemplares (1980). Toda una continuidad literaria. O sus veintidós libros de poemas y sus cincuenta discos de cronicantos, reflejo de sus espectáculos unipersonales de teatro que él ha denominado Cancionales. Más muestras de su disciplina sensible.
Cada uno de los cuentos “estrambóticos” que constituyen esta colección, resulta una extravagancia fantasiosa cuyas tramas van construyendo desenlaces, no solo inesperados, sino exageradamente paródicos hasta la carcajada. Los personajes se ven envueltos en búsquedas alucinantes y en efectos enloquecedores. La psicosis y la paranoia de las ciudades los envuelven hasta pensar que es realidad lo que quizá sólo sucede en su mente. El narrador se convierte en un aliado de las voces ajenas que atormentan a estos seres acosados por los arrinconamientos de una sociedad capitalista que parece post industrial y se vuelve un cómplice de las locuras que relata. Inverosímiles acaso, dan muestra de que en la literatura todo se puede cuando se trabaja desde las perspectivas de una realidad inexistente, pero existente.
Marizela Ríos Toledo.
Usuario anónimo