Diferencia entre revisiones de «El rey que rabió»

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ventana frente al público. Al foro tapia o cerca. A la derecha último término, el portón que, desde
el camino, da entrada al patio. Puerta pequeña en segundo término derecha. Es de noche.
 
 
''Escena I''
 
 
(Óyese lejano al coro de los SEGADORES, que
se irán acercando durante el diálogo.)
 
 
¡Tralaralá! ¡Tralaralá!
 
 
JUAN sale de la cocina, segunda izquierda, y
MARÍA, que sale de la alcoba a la habitación
baja; luego LORENZO.
 
 
'''Hablado'''
 
 
Juan
 
¡María, María, que ya vienen los segadores!
 
 
María
 
(Saliendo al patio.)
Aquí estoy, hombre, aquí estoy.
 
 
Juan
 
Veremos si esta cuadrilla se porta tan bien
como la del año pasado.
 
 
María
 
¿Por qué no?, ¡pobrecillos! (Yendo a la puerta
lateral izquierda.) ¡Lorenzo!, ¡Lorenzo!
 
 
Lorenzo
 
¿Qué mandáis, mi ama?
 
 
María
 
Ya puedes freír las migas, que los segadores
están llegando.
(Retírase LORENZO.)
 
 
Coro
 
(Dentro y ya muy cerca.)
 
Andando segadores,
 
la noche se avecina;
 
el sol tras la montaña
 
sus rayos hunde ya,
 
del fondo de los valles
 
se eleva la neblina,
 
que con su luz la luna
 
muy pronto rasgará.
 
¡Andando ya! ¡Andando ya!
 
¡Tralará! ¡Tralará!
 
 
Juan y María
 
¡Aquí están ya!
 
 
''Escena II''
 
 
Dichos, EL REY y ROSA; Coro de SEGADORAS
y SEGADORES.
 
 
Coro, El Rey y Rosa
 
¡Salud a nuestros amos!
 
 
Juan y María
 
Seáis muy bien venidos.
 
 
Coro
 
Dispuestos aquí estamos,
 
ansiando trabajar.
 
Por la faena ruda
 
no nos veréis rendidos.
 
¡Mañana, decididos,
 
iremos a segar!
 
 
María
 
Pronto estará la cena,
 
en tanto, descansad.
 
 
El Rey
 
(A ROSA.)
 
(No estés tan pensativa,
 
que van a sospechar.)
 
 
Rosa
 
(Tienes razón.)
 
(Al REY.)
 
Oíd, compañeros,
 
mi alegre canción.
 
 
'''Música (N.º 10 B) Mazurca de las'''
'''segadoras'''
 
 
Rosa
 
Por entre las mieses,
 
a su ocupación,
 
va la segadora
 
con el segador,
 
sin temer los rayos
 
del ardiente sol,
 
que ambos en sus venas
 
llevan más calor.
 
Y por los trigos
 
viéndolos ir,
 
los maliciosos suelen decir:
 
¿a dónde diablos
 
irán los dos
 
juntos por esos
 
trigos de Dios?
 
Y ellos, ¡pobrecitos!,
 
no piensan más
 
que en ir cortando espigas:
 
¡ris-ras! ¡ris-ras!
 
Y mirando al suelo
 
van a compás,
 
haciendo con las hoces:
 
¡ris-ras!, ¡ris-ras!
 
 
Coro
 
Y ellos, ¡pobrecitos!,
 
no piensan más, etc.
 
(Imitan el movimiento y el sonido de la hoz,
inclinándose hacia el suelo, como si segaran.)
 
 
Rosa
 
Juntos en la siega
 
van de dos en dos
 
y la segadora
 
dice al segador:
 
«No te acerques tanto,
 
no seas atroz,
 
no vayas a cortarte
 
algo con la hoz».
 
La falda corta
 
permite ver
 
hasta el tobillo
 
de la mujer
 
y hay quien supone
 
que el segador
 
se inclina tanto
 
por ver mejor
 
Y ellos, ¡pobrecitos!,
 
no piensan más
 
que en ir cortando espigas:
 
¡ris-ras!, ¡ris-ras!, etc
 
 
Coro
 
Y ellos, ¡pobrecitos!,
 
no piensan más, etc.
 
 
'''Hablado'''
 
 
Juan
 
¡Ea!, ¡ea!, ¡a cenar y, enseguida, a dormir,
que buena falta os hará a todos! ¡Andando!
¡A la cocina!
(Van delante JUAN y MARÍA. Les siguen los
Segadores. Música en la orquesta.)
 
 
'''Música (N.º 10 bis) Mutis'''
 
 
''Escena III''
 
 
EL REY y ROSA.
 
 
El Rey
 
Rosa, ¿qué tienes? ¿Estás triste?, ¿no eres
feliz conmigo?
 
 
Rosa
 
Estoy inquieta por ti: si acaso llegaran a
descubrir que eres un desertor…
 
 
El Rey
 
No temas: este disfraz nos libra de todo
peligro.
 
 
Rosa
 
Sí, pero yo no debo olvidar que puedes
pagar tu falta con la vida.
 
 
El Rey
 
Tranquilízate, dueña mía. No hables de temores
cuando el porvenir nos sonríe con
sus ensueños de amor y de ventura. Para mi completa felicidad, no necesito más
que una cosa: saber que tú me quieres.
 
 
Rosa
 
¿Acaso lo dudas, cuando sólo por ti he
abandonado mi hogar, exponiéndome a
ser desgraciada?
 
 
El Rey
 
¡Eso no! Yo conseguiré hacerte dichosa.
¡Te lo juro! (La abraza, besándole la mano.)
¡Mi amor será tuyo siempre, siempre!
 
 
''Escena IV''
 
 
Dichos y JUAN.
 
 
Juan
 
(Volviendo hacia dentro desde la puerta.)
Gracias, que aproveche.
 
 
El Rey
 
(Besándole en la otra mano.) ¡Siempre!
 
 
Juan
 
¡Que aproveche también!
 
 
El Rey y Rosa
 
¡Ay! (Separándose.)
 
 
Juan
 
Por lo visto sois novios, ¿eh?
 
 
Rosa
 
Sí, señor.
 
 
Juan
 
¡Pues, andando a la cocina, que el amor
es un alimento muy flojo pa trabajaores, y
mañana, en la era, ya tendré yo bien cuidao
de que no os pongan juntos! Adentro:
a cenar, que os están esperando unas
migas con torreznos, que están diciendo:
«comedme».
 
 
El Rey
 
¡Migas con torreznos! ¡Deben de ser muy
sabrosas! (A ROSA.)
 
 
Rosa
 
Pues, ¿qué?, ¿siendo pastor no las has comido
nunca?
 
 
El Rey
 
¡Sí!.., ¡Sí!.. Muchas veces. Pero es que
ahora voy a comerlas con torreznos… y
contigo. (Vanse a la cocina.)
 
 
''Escena V''
 
 
JUAN, MARÍA y LORENZO, que han salido un
momento antes.
 
 
Juan
 
Éstos sí que me paece que van a hacer
buenas migas.
 
 
María
 
(A LORENZO.)
Ya lo sabes, Lorenzo, en cuanto acaben
de cenar, arriba, al pajar todos los hombres,
y las mujeres que se acuesten en
la cocina.
 
 
Lorenzo
 
Está bien, mi ama. ¿Soltamos hoy al perro
como toas las noches?
 
 
María
 
¡Naturalmente!
 
 
Juan
 
¿Para qué? Habiendo tanta gente en la
casa, no sé a qué tienes miedo.
 
 
María
 
No importa, sujétale como siempre; pero
no te olvides de atrancar la puerta, no se
vaya a meter en al cocina y asuste a las
mujeres.
 
 
Lorenzo
 
Está bien, mi ama.
 
 
María
 
Buenas noches, Lorenzo.
 
 
Lorenzo
 
Buenas noches nos dé Dios.
 
 
Juan
 
Hasta mañana si Dios quiere.
 
 
'''Música (N.º 11) Nocturno'''
 
 
(MARÍA y JUAN entran en la habitación.
 
 
Música en la orquesta. Preludio nocturno. LORENZO
cierra la puerta de la cocina. Se dirige
luego hacia la puertecilla de la derecha y sale
con el perro, a quien acaricia, retirándose con
él por el último término de la izquierda. La
escena queda sola. Al acabar el preludio suenan
tres aldabonazos en el portón. Ladra dentro el
perro… o quien lo imite. Pausa. Otros tres aldabonazos.
Ladra el perro más furioso.)
 
 
María
 
(Sale de la alcoba apresuradamente.) ¿Quién
llamará a estas horas?
 
 
Juan
 
Aguarda. Veré yo. (Ya en el patio. Ladra el
perro) ¡Quieto, chucho! (Junto al portón.)
¿Quién es? ¿Quién llama?
 
 
Jeremías
 
(Dentro.) ¡Gente de paz! ¡Abrid, por favor!
 
 
Juan
 
¡Aguardad un momento! ¡Chucho, no
gruñas! ¡Ven acá! (Coge al perro y lo lleva
tras la puertecilla de la derecha.)
 
 
Jeremías
 
¡Abrid, por Dios! ¡Yo os lo ruego! ¡Yo os
lo suplico! (Dentro.)
 
 
Juan
 
Puedes abrir, mujer, que ya está atao al
perro
 
 
María
 
¡Voy, voy! ¿Quién será? (Abre el portón.)
¡Un soldado!
 
 
''Escena VI''
 
 
Dichos y JEREMÍAS.
 
 
'''Música (N.º 12) Raconto de Jeremías'''
 
 
Jeremías
 
¡Por Dios!, ¡por la Virgen!,
 
auxilio prestad
 
a un pobre recluta
 
que es moro de paz.
 
Yo, loco, olvidando
 
la ley militar,
 
siguiendo a una ingrata
 
mujer desleal,
 
huí de las filas
 
catorce horas ha
 
y prófugo ahora
 
me van a juzgar.
 
El día he pasado
 
con mucha ansiedad,
 
por montes y valles
 
corriendo al azar
 
y ahí cerca, en los trigos,
 
sin cama ni pan,
 
oculto la noche
 
pensaba pasar;
 
De pronto oí pasos
 
y vi al Capitán
 
con ocho soldados
 
y dos hombres más,
 
la luna me vende
 
con su claridad,
 
si sigo el camino
 
me van a alcanzar;
 
por eso, resuelto,
 
me vengo hacia acá,
 
y al ver esa puerta
 
me atrevo a llamar.
 
Tan solo confío
 
en vuestra bondad,
 
estoy jadeante,
 
sin fuerza estoy ya.
 
Me siguen, me buscan,
 
me van a pillar
 
y entonces me matan
 
con seguridad.
 
No soy, os lo juro,
 
ningún criminal,
 
decidme en qué sitio
 
me puedo ocultar.
 
Llorando os lo ruego,
 
tened caridad,
 
bajadme a la cueva,
 
subidme al desván.
 
¿En dónde me meto?
 
Por Dios, ¡contestad!
 
¡Y luego, si llegan…!
 
¡No me descubráis!
 
 
'''Hablado'''
 
 
Juan
 
¿De modo que eres un desertor?
 
 
María
 
¡Pobrecito!
 
 
Jeremías
 
¡Por las once mil vírgenes! ¡Ocultadme!
 
 
Jeremías
 
¡Esta noche no más! En cuanto amanezca
me marcho.
 
 
María
 
Siendo sólo por esta noche…
 
 
Juan
 
¡Repito que no puede ser!
 
 
María
 
Ven acá, hombre, ven acá (A JUAN llevándole
aparte.) Ten lástima de este muchacho.
(JEREMÍAS va al portón y mira hacia fuera.)
Nosotros no sabemos lo que es tener hijos,
pero figúrate que hubiéramos tenío uno y
que se encontrara en el caso de este infeliz.
 
 
Juan
 
Mujer… (Siguen hablando en voz baja.)
 
 
Jeremías
 
(¡Por allí bajan! ¡No hay duda! ¡Estoy perdido!
¡Sí! ¡Aquí me meto!) (Se mete dónde
está el perro.)
 
 
María
 
(A JUAN.) Sí, hombre, sí. Ten buen corazón.
 
 
Juan
 
(A regañadientes.) Está bien mujer. (Se oyen
fuertes ladridos y ayes de JEREMÍAS.)
 
 
Jeremías
 
(Dentro.) ¡Ay! ¡Ay! ¡Socorro!
 
 
Juan
 
¡Eh! ¿Qué es eso?
 
 
Jeremías
 
(Saliendo despavorido y con el calzón roto
por… por la mala parte.)
¡Favor!
 
 
Juan
 
¿A quién se le ocurre meterse ahí?
 
 
Jeremías
 
A mí, que siempre me ocurre lo peor
 
 
María
 
Pero, ¿te ha mordido el perro?
 
 
Jeremías
 
Me ha destrozao. ¡Mirad!
 
 
Juan
 
¡Si no ha sido más que el calzón!
 
 
Jeremías
 
¡Ha sido más! ¡Ya lo creo que ha sido más!
 
 
María
 
Ven, ven y te curaremos.
 
 
Juan
 
¡No, mujer! ¡Le curaré yo sólo!
 
 
María
 
Tienes razón, no me hacía cargo.
 
 
Jeremías
 
¡Ay! ¡Ay! Por Dios, no digáis a nadie que
estoy aquí.
 
 
Juan
 
Entra, hombre, y no tengas miedo. Pasa
ahí, a la alcoba.
(Entran en la habitación.)
 
 
María
 
¡Pobre muchacho!
 
 
Juan
 
Pasa, pasa a la alcoba. (Vase después de cerrar
la puerta de la habitación que da al patio.)
 
 
Jeremías
 
¡Ay! ¡Maldito perro! ¡Bien digo yo que
tengo una suerte muy perra!
(Vase.)
 
 
''Escena VII''
 
 
MARÍA, EL GENERAL, EL GOBERNADOR y
EL CAPITÁN. Luego EL REY.
 
 
'''Música (N.º 13) Quinteto'''
 
 
(Toda la pieza con gran misterio. Suenan unos
aldabonazos. MARÍA, con gran temor, dirígese
al portón y lo abre.)
 
 
El General, El Gobernador y
El Capitán
 
¡Buenas noches!
 
 
María
 
¡Buenas noches!
 
 
El Gobernador
 
(Al CAPITÁN.)
 
¡Poned guardias!
 
(El CAPITÁN habla con los
Soldados que quedan fuera.)
 
 
María
 
(¡Ellos son!)
 
 
El General, El Gobernador
y El Capitán
 
Indaguemos, preguntemos,
 
con prudencia y discreción.
 
 
María
 
¿En qué puedo yo serviros?
 
 
El General
 
¡Al momento contestad!
 
¿Se ha ocultado aquí un recluta?
 
 
María
 
¡No lo he visto!
 
 
El General
 
¡No es verdad!
 
 
El Rey
 
(Asomándose a la ventana del pajar que da
frente al público.)
 
(¿Qué es lo que escucho?
 
¡Ellos aquí!
 
¡No cabe duda,
 
vienen por mí!)
 
 
El General
 
(Al GOBERNADOR.)
 
(Si dio dinero
 
le ocultarán)
 
 
El Gobernador
 
(Al GENERAL.)
 
(No desistamos
 
de nuestro plan)
 
 
El General y El Gobernador
 
Un recluta se ha escapado
 
y sabemos que está aquí.
 
¡No neguéis, porque es inútil!
 
 
María
 
¡Tal recluta yo no vi!
 
 
El Rey
 
(Claro está que no me ha visto,
 
pues yo soy un segador.
 
Este traje me ha salvado.)
 
 
 
El General y El Gobernador
 
¿Estáis cierta?
 
 
María
 
¡Sí señor!
 
 
El General y El Gobernador
 
(No hay que fiarse,
 
preciso es ver
 
si nos engaña
 
esta mujer)
 
 
El Rey
 
(¿Cómo demonios
 
han de pensar
 
que les escucho
 
desde el pajar?)
 
 
El Capitán
 
(Al GENERAL y al GOBERNADOR, en voz
baja.)
 
(Ya están puestos centinelas
 
que vigilan sin cesar
 
y la fuga es imposible,
 
os lo puedo asegurar.)
 
El General y El Gobernador
 
(No conviene que esta gente
 
pueda nunca sospechar,
 
que el monarca es el recluta
 
que venimos a buscar.)
 
 
María
 
(Del peligro en que se encuentra,
 
yo a ese pobre he de salvar.
 
Sólo temo que la casa
 
quieran luego registrar.)
 
 
El Rey
 
(Si han pensado en que en sus manos
 
hoy aquí me he de entregar,
 
¡infelices consejeros,
 
ay, qué chasco os voy a dar!)
 
 
'''Hablado'''
 
 
El General
 
Buena mujer, os advierto que os exponéis
mucho ocultando en vuestra casa a un desertor.
 
 
María
 
Yo os repito que…
 
 
El Gobernador
 
Estamos ciertos de que ha entrado aquí.
Un labrador nos lo ha asegurado hace un
momento.
 
 
María
 
Yo…
 
 
El General
 
Si con dinero ha comprado vuestro silencio,
nosotros estamos dispuestos a daros
doble cantidad en cuanto nos digáis dónde
se oculta.
 
 
María
 
Pero, sí…
 
 
El Gobernador
 
¿Cuánto os ha dado?
 
 
María
 
¡Nada!
 
 
El General
 
¡Mentira!
 
 
María
 
Os juro que el pobrecillo no me ha dado
nada.
 
 
El General
 
¡Ah! ¡Luego está aquí!
 
 
El Gobernador
 
¡No nos habíamos engañado!
 
 
El Rey
 
(¿Qué dice esta mujer?)
 
 
María
 
Pues bien, sí, pero os suplico que le perdonéis.
Está arrepentido de lo que ha hecho
y me rogó que no le descubriera
 
 
El Rey
 
(¿De quién hablará?)
 
 
El General
 
Nada temáis. Ningún peligro le amenaza.
Pero, decidnos, ¿ha venido sólo?
 
 
María
 
¡Completamente solo!
 
 
El General
 
¿Qué habrá hecho de la muchacha? (Al
GOBERNADOR.) ¿Y dónde está ahora?
 
 
María
 
Pues está allí dentro, en nuestra alcoba,
curándose.
 
 
El General, El Gobernador y
El Capitán
 
¡Curándose!
 
 
El General
 
¿Acaso se ha puesto malo?
 
 
El Gobernador
 
¿Qué tiene?
 
 
María
 
Que por una imprudencia suya, el perro
que tenemos para guardar la casa le mordió
cuando fue a esconderse.
 
 
El General
 
¡Jesús!
 
 
El Gobernador
 
¡Qué desgracia!
 
 
El General
 
¡El Rey mordido por un perro!
 
 
María
 
¿El Rey? ¿Habéis dicho el Rey?
 
 
El General
 
¡Silencio! ¡Nadie debe enterarse!
 
 
El Rey
 
(Pero, ¿qué enredo es éste?)
 
 
El Gobernador
 
Hay que apoderarse del perro. Es preciso
reconocerlo.
 
 
El General
 
Pudiera estar atacado de hidrofobia.
 
 
El Gobernador
 
¡Qué conflicto para la nación!
 
 
El General
 
¡Qué responsabilidad para nosotros!
 
 
María
 
(¡Y mi marido sin sospechar una palabra!)
 
 
El General
 
¿Dónde está ese animal?
 
 
María
 
Allá dentro, con el Rey.
 
 
El General
 
¿Se ha encerrado con el perro?
 
 
María
 
¡Ah! ¡No, señor! Como preguntasteis
por ese animal, creí que hablabais de mi
marido.
 
 
El General
 
¿Y qué nos importa a nosotros vuestro
marido?
 
 
María
 
Podéis tranquilizaros. No hay peligro ninguno.
El perro está bien atado.
 
 
El Capitán
 
¡Atreverse a morder al Rey! ¿Decís que
está bien atado? ¡Ahora mismo voy y lo
atravieso de parte a parte!
 
 
El Gobernador
 
¡No! ¡De ningún modo! Hay que ponerle
en observación. Nos lo llevaremos a Palacio.
Que el Rey no se entere de nuestros
temores
 
 
El General
 
Decís bien. La sola aprensión bastaría acaso
para hacerle rabiar
 
 
El Rey
 
(¿Qué he de rabiar yo? ¡Los que vais a rabiar
sois vosotros!)
 
 
''Escena VIII''
 
 
Dichos y JUAN que sale de la alcoba.
 
 
Juan
 
Estate tranquilo, muchacho. Al principio
escuece un poco, pero ya verás qué pronto
se te pasa. (Dirígese a la puerta que da al
patio.) Le ha clavado los dientes de firme.
(Abre la puerta y dice, viendo al GENERAL y
acompañamiento.) ¡Dios mío! ¡Las tropas!
 
 
María
 
Ven, ven acá. Ya lo saben todo.
 
 
El General
 
¿Quién es ese hombre?
 
 
María
 
¡Mi marido!
 
 
Juan
 
¡Servidor vuestro!
 
 
El General
 
¿Habéis visto la herida?
 
 
Juan
 
Ya lo creo que la he visto.
 
 
El General
 
¿Y es grave?
 
 
Juan
 
Grave no, pero tié para rascar unos cuantos
días ese pobre muchacho.
 
 
María
 
(A JUAN.) ¡Que es el Rey!
 
 
Juan
 
¡Ah! ¡Señor!, ¡perdonad! (Arrodillándose
ante el GENERAL.) No sabía quién erais.
 
 
María
 
(A JUAN.) ¡No!, ¡si el Rey es el otro!
 
 
Juan
 
(¿Cuál?)
 
 
María
 
(¡El que está dentro! ¡El recluta!)
 
 
Juan
 
(¡Ave María Purísima! ¡Y yo que le he
dado friegas con sal y vinagres!)
 
 
El General
 
¿En dónde le ha mordido?
 
 
Juan
 
Pues ahí, al meterse ahí. (Indica la puerta.)
 
 
El General
 
Pregunto que dónde tiene la herida.
 
 
Juan
 
¡Ah! Pues… en…, en… Vamos, ¡que no
puede sentarse!
 
 
El General
 
¡Esto es lo peor! ¿Cómo nos le llevamos
ahora a Palacio? ¡A caballo es imposible!
 
 
El Rey
 
(¡Yo necesito saber quién es ese recluta!)
(Se retira.)
 
 
El General
 
¡A ver! ¿Tenéis algún carro que pueda
acondicionarse para llevar cómodamente
a una persona?
 
 
Juan
 
Sí, señor, tengo una carreta con toldo.
Echando dentro bastante paja, se va tan
ricamente.
 
 
El General
 
Preparadla al punto y cuidado con que nadie
se entere de cuanto aquí ha sucedido.
 
 
Juan
 
Descuidad, descuidad. Ven conmigo, María.
 
 
María
 
(Yo estoy que no sé lo qué me pasa.)
 
 
Juan
 
(Pues yo estoy atontao.)
(Vanse MARÍA y JUAN último término izquierda.)
 
 
''Escena IX''
 
 
EL GENERAL, EL GOBERNADOR, EL CAPITÁN
y EL REY.
 
 
El General
 
No hay más remedio. ¡Basta ya de aventuras!
El regreso del Rey a la corte es indispensable.
 
 
El Gobernador
 
Bueno, pues entrad y decídselo.
 
 
El General
 
¿Yo? ¡Un demonio! ¡A mí me ha perdido
ya el respeto! Ya visteis la cartita con que
se despidió al escaparse del cuartel.
 
 
El Gobernador
 
Entonces, ¿qué hacemos?
 
 
El General
 
Pues… no lo sé.
 
 
El Rey
 
(Que ha bajado a la habitación y entreabre las
cortinas que cubren la puerta de la alcoba.)
(¡Qué veo! ¡Si es Jeremías, el primo de
Rosa!)
 
 
El General
 
Me parece que esto es lo mejor.
 
 
El Rey
 
(Mirando a la alcoba.) (¡Está cosiéndose los
calzones! ¡La ocupación es poco digna de
un monarca! (Se acerca a la puerta que da al
patio y escucha.)
 
 
El General
 
Sí. Decididamente, es el único medio. Escuchad:
(Al GOBERNADOR, llevándolo cerca
de la puerta de la izquierda.) el Rey ignora
que hemos venido en su busca.
 
 
El Rey
 
(¡Claro! ¡No sé ni una palabra!)
 
 
El General
 
Y conviene que no sepa que hemos estado
aquí.
 
 
El Gobernador
 
Estoy conforme.
 
 
El General
 
Ya le conocéis: es un chiquillo caprichoso.
 
 
El Rey
 
(Gracias.)
 
 
El Gobernador
 
Tiene un carácter insufrible.
 
 
El Rey
 
(Muchas gracias.)
 
 
El General
 
Solamente por llevarnos la contraria, será
capaz de negarse a volver a Palacio.
 
 
El Rey
 
(¡Y tan capaz!)
 
 
El General
 
Por eso creo que lo más conveniente que
sea el Capitán quien se encargue de verle.
 
 
El Gobernador
 
¡Es lo mejor!
 
 
El Rey
 
(¡Muchísimo mejor: ése no me conoce!)
 
 
El General
 
¡Capitán!
 
 
El Capitán
 
¡Mi General! (Acercándose.)
 
 
El General
 
Hay un solo medio de que yo olvide las
ofensas que me habéis inferido.
 
 
El Capitán
 
Decid, señor. No deseo más que complaceros.
 
 
El General
 
Por razones… de Estado que no necesitáis
conocer, es preciso que el Rey ignore que
el Gobernador y yo hemos estado aquí.
 
 
El Capitán
 
¡Lo ignorará!
 
 
El Rey
 
(¡Lo ignoraré!) (Imitando la voz del CAPITÁN.)
 
 
El General
 
Nosotros nos volvemos inmediatamente
a Palacio.
 
 
El Rey
 
(Me alegro de saberlo.) (Sube la escalera.)
 
 
''Escena X''
 
 
Dichos, MARÍA y JUAN.
 
 
Juan
 
¡Señor!
 
 
El General
 
¿Qué hay?
 
 
Juan
 
Ya está dispuesto todo.
 
 
El General
 
Bueno, bueno, esperad. Oíd, Capitán.
(Habla aparte con él.)
 
 
El Gobernador
 
(A JUAN.) Decidme, buen hombre, ¿qué
distancia hay de aquí a la corte?
 
 
Juan
 
Pues por el atajo habrá unas cuatro horas.
 
 
El Gobernador
 
Perfectamente. Disponeos a venir con nosotros
 
 
Juan
 
¿Yo?, ¿a dónde?
 
 
El Gobernador
 
A Palacio.
 
 
María y Juan
 
¿A Palacio?
 
 
El Gobernador
 
Vais a llevar el perro. Sacadlo inmediatamente
y bien sujeto.
 
 
Juan
 
Pero, señor…
 
 
El Gobernador
 
¡No admito réplicas! (Vase al lado del GENERAL
y del CAPITÁN.)
 
 
María
 
Haz lo que te ordenan y calla.
 
 
Juan
 
¡Vaya si callo! (A MARÍA.) ¿A que todavía
hacemos nuestra fortuna por el mordisco?
 
 
María
 
¡Quién sabe! Yo, en cuanto salga el Rey,
voy a pedirle que me haga algo.
 
 
Juan
 
¿Qué te va a hacer a ti?
 
 
María
 
¡Toma! Pues… posaera de cámara
 
 
Juan
 
¡Sí, sí! Bueno está él ahora para que le hables
de posaeras. (Entra en busca del perro.)
 
 
El General
 
(Al CAPITÁN.) Ya lo habéis oído. Me respondéis
con vuestra cabeza del cumplimiento
de mis órdenes.
 
 
El Capitán
 
Podéis marchar seguro de que yo lo conseguiré.
Creo que todo ello es nada más
que cuestión de táctica.
 
 
El General
 
¡No me habléis de táctica!
 
 
El Capitán
 
Perdonad, mi General
(Como están colocados junto a la puerta del
cuarto donde está el perro, al oír los ladridos de
éste, todos los personajes se separan asustados.)
 
 
El General
 
(Dando un salto.) ¡Zambomba!
 
 
Juan
 
¡No os asustéis! (Sacando sujeto al perro.)
 
 
El General
 
¡Ah! Ya está aquí. Andando, Gobernador,
no perdamos tiempo.
 
 
El Gobernador
 
Sí, vamos.
 
 
Juan
 
¡Pasad, señores!
 
 
El General
 
¡No! ¡El perro delante! (Por si acaso.)
Capitán, os lo repito: me respondéis con
vuestra cabeza. ¡Andando!
 
 
El Gobernador
 
¡Andando!
(Vanse por el portón JUAN, con el perro, EL
GENERAL y EL GOBERNADOR. EL CAPITÁN
les acompaña.)
 
 
''Escena XI''
 
 
MARÍA, JEREMÍAS y luego EL CAPITÁN.
 
 
María
 
¡Vamos…, yo estoy cada vez más aturdida!
¡Pensar que tengo nada menos que al
Rey metido en mi cuarto! (Vase por el último
término izquierda.)
 
 
Jeremías
 
(Saliendo de la alcoba.) No hay nadie.
¿Se habrán acostao ya? Desde el rancho
de esta mañana no ha entrao bocao en mi
cuerpo. ¡Pa bocao, el que me dio ese maldito
animal! Si yo supiera que no andaba
por ahí, saldría a buscar algo que comer.
(Mirando por la puerta.) ¡Chucho!, ¡chucho!
No está. Puedo salir.
 
 
María
 
(¡El Rey!) (Acercándose a él y arrodillándose
de pronto.) ¡Señor…!
 
 
Jeremías
 
(¡Ay; qué susto me ha dado!) (Dando un
salto.)
 
 
María
 
¡Señor, permitidme que bese vuestra
mano! (Se la coge y se la besa.)
 
 
Jeremías
 
(¡Demonio!)
 
 
María
 
Ved en mí la más humilde de vuestras servidoras.
 
 
Jeremías
 
(¿Qué es esto?) ¡Soltad, soltad y levantaos!
(Aparece El Capitán) ¡María Santísima! ¡El
Capitán!
 
 
El Capitán
 
(Que aparece por el portón.) (¡El Rey! ¡Valor
y serenidad!)
 
 
Jeremías
 
¡Soltad, soltad y levantaos! (A MARÍA.)
 
 
El Capitán
 
¡Señor!.. (Arrodillándose.)
 
 
Jeremías
 
(¡María Santísima! ¡El Capitán!)
(Arrodillándose también.)
 
 
El Capitán
 
Miradme a vuestras plantas. Perdonad si
me atrevo a llegar hasta vos, pero tengo
órdenes superiores de conduciros a Palacio…
(EL CAPITÁN y JEREMÍAS van levantándose
lentamente a un tiempo.)
 
 
Jeremías
 
(¡A Palacio!)
 
 
El Capitán
 
Vuestra presencia allí es indispensable. Yo
quisiera poder ofreceros una carroza digna
de vos, pero aquí, señor, no hay disponible
más que una miserable carreta.
 
 
María
 
¡Es lo único que tenemos, señor!
 
 
Jeremías
 
(Pero, ¿por quién me toman?) (Asombrado.)
 
 
El Capitán
 
¿Estáis dispuesto a que os acompañe?
Yo…
 
 
Jeremías
 
Llevadme a dónde queráis.
 
 
El Capitán
 
¡Ah, señor! ¡Tanta bondad para conmigo!..
A ver. (A MARÍA.) ¡Id al momento!
(Dirigiéndose al portón.) ¡Soldados!
 
 
Jeremías
 
(¡Dios mío de mi alma! ¿Qué irán a hacer
conmigo?)
(Aparecen a un tiempo los SOLDADOS y el
TAMBOR por el portón, y la carreta con farolillo
encendido en la parte delantera izquierda,
guiada por LORENZO, por el último término
izquierda. Los SOLDADOS se colocan en dos
filas, de espaldas a la casa.)
 
 
El Capitán
 
¡Formen! ¡Presenten armas!
 
 
Jeremías
 
(¡Estoy soñando! ¡Esto debe ser una pesadilla!)
 
 
El Capitán
 
¡Subid, señor!
 
 
Jeremías
 
(¡Y a todo esto sin darme de comer!)
 
 
El Capitán
 
La carreta está llena de paja. Iréis cómodamente.
 
 
María
 
¡Señor, permitidme que bese vuestra
mano por última vez!
 
 
Jeremías
 
(¡Pero, qué besucona es esta vieja!)
 
 
El Capitán
 
Cuando gustéis.
 
 
Jeremías
 
(¡Vaya, arriba y sea lo que Dios quiera!)
(Sube a la carreta.)
 
 
El Capitán
 
(A MARÍA.) ¡Cuidado con que nadie sepa que
es el Rey! El que ha estado aquí no es más
que un recluta desertor. ¡Batan marcha!
 
 
'''Música (N.º 14) Final del segundo'''
'''acto'''
 
 
(Los SOLDADOS escoltan la carreta con EL
CAPITÁN al frente. JEREMÍAS, asustadísimo,
saca la cabeza pro una abertura de la parte
lateral del toldo. MARÍA sigue arrodillada. EL
REY los ve de desde la puerta de la casa.)
 
 
Escena XII
 
 
MARÍA, ROSA y EL REY.
 
 
Rosa
 
¡Gran Dios! ¡Decid, ¿qué es eso?
(A MARÍA.) ¿Qué pasa? ¡Por favor!
 
 
María
 
Es que se llevan preso a un desertor.
 
 
Rosa
 
(¡Es él! ¡Yo bien temía!
 
¡Lo llevan! ¡Ay de mí!)
 
 
El Rey
 
(Presentándose en el portón.) ¡No llores,
 
Rosa mía,
 
que estoy aquí!
 
(Se abrazan. MARÍA los mira atónita.)
 
 
''Fin del segundo acto''
 
 
 
== Acto Tercero ==
 
== Cuadro Quinto ==
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