Diferencia entre revisiones de «La bruja (Ramos Carrión)»

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esposa mía.
 
 
Rosalía
 
Nunca me falte
 
tu cariñito.
 
 
Tomillo
 
También el tuyo
 
lo necesito.
 
 
Los Dos
 
¡Ajito, ajito,
 
ajito, ajó!
 
 
Rosalía
 
¡Ven, mi maridito,
 
que te quiero yo!
 
 
(Abrazándose.)
 
 
Tomillo
 
¡Ven, cuerpo bonito,
 
que te quiero yo!
 
 
Coro
 
¡Ajito, ajito,
 
ajito, ajó!
 
 
'''Hablado'''
 
 
Aldeano 1.º
 
(A MAGDALENA.)
 
¡Abuela, que se le cae la baba!
 
 
Magdalena
 
¡Claro que sí! Y a mucha honra; que nietos
más hermosos no los ha tenido nadie en el
mundo, ¡huy, qué ricos!
(Haciéndoles fiestas y cogiendo a los dos en
brazos.)
 
 
Tomillo
 
Gracias a este prójimo.
 
 
Rosalía
 
¡Miren al presumido!
 
 
Tomillo
 
¡Y a esta rosa de mayo!
(Dando cariñosamente con la mano en la cara
a ROSALÍA.)
 
 
Rosalía
 
¡Déjame, tonto!
 
 
Magdalena
 
¡Ea, ea; a casa todos, que ya nos espera
el agasajo! Chocolate y panales para las
mujeres y para los hombres un tinto de la
Rioja que tiene más años que yo.
 
 
Tomillo
 
¡Pues ya será viejo!
 
 
Magdalena
 
¡Andando, andando!
 
 
Aldeano 4.º
 
Nosotros aceptamos el ofrecimiento; pero
después del partido. Para lanzar bien la
pelota, se necesita tener la cabeza fresca y
el pulso sereno. ¿Es verdad, muchachos?
 
 
Varios
 
¡Verdad, verdad!
 
 
Tomillo
 
Bueno, pues beberéis después a la salud
de esos dos muñecos para que se críen
sanos y robustos y, andando el tiempo,
no tengan miedo en el frontón a los que
vengan de Vizcaya y Guipúzcoa para medir
sus fuerzas con los del Roncal.
 
 
Magdalena
 
Pues a casa nosotras.
 
(Las MUJERES viejas y algunas jóvenes, con
MAGDALENA y ROSALÍA entran en la casa de
la izquierda.)
 
 
Aldeano 4.º
 
¡Y nosotros a la plaza!
 
 
Tomillo
 
(Que se han acercado a la casa del CURA.)
¡Señor Cura, dese prisa, que ya le esperan!
(Vase el CORO de HOMBRES y el resto de las
MUJERES por la derecha, menos ALDEANOS
1.º, 2.º y 3.º.)
 
 
 
''Escena IV''
 
 
TOMILLO y ALDEANOS 1.º, 2.º y 3.º.
 
 
Aldeano 1.º
 
Oye, Tomillo.
 
 
Tomillo
 
¿Qué hay?
 
 
Aldeano 1.º
 
Tú, que tienes confianza con el señor
Cura, ¿por qué no le preguntas si es cierto
lo que dicen por ahí?
 
 
Tomillo
 
¿Y qué es lo que se cuenta?
 
 
Aldeano 1.º
 
Pues también debes haberlo oído, porque
en Pamplona has estado, y en toda la
ciudad no se habla de otra cosa.
 
 
Tomillo
 
Pero, ¿qué es ello?
 
 
Aldeano 2.º
 
Que el rey, que Dios guarde, está
hechizado.
 
 
Tomillo
 
¡Toma, toma; pues si eso lo saben
en todas partes!
 
 
Aldeano 1.º
 
Y ¿has hablado de ello con el señor Cura?
 
 
Tomillo
 
¡Claro que sí!
 
 
Aldeano 3.º
 
Y ¿qué dice?
 
 
Tomillo
 
No dice nada.
 
 
Aldeano 2.º
 
Pues no puede decir menos.
 
 
Tomillo
 
Cuando he querido hablarle del asunto,
me ha contestado siempre lo mismo:
«Pide a Dios por el rey en tus oraciones y
compadécele, porque es muy desdichado».
 
 
Aldeano 1.º
 
Ayer en la ciudad se decía que había ido
a la corte desde lenguas tierras un fraile
capuchino para sacarle los demonios del
cuerpo a su majestad.
 
 
Aldeano 2.º
 
Pero ¿será verdad que los tiene dentro?
 
 
Aldeano 1.º
 
Eso aseguran, y que todo ello ha sido obra
de una hechicera bruja.
(Mirando con temor hacia la montaña.)
Acaso del castillo, porque dicen que los
maleficios alcanzan a muy lejos.
 
 
Tomillo
 
¡No digas disparates! Ésa no hace daño.
 
 
Aldeano 1.º
 
¡Claro, tú qué has de decir!
 
 
Aldeano 2.º
 
Como a ti no te ha hecho más que
favores…
 
 
Tomillo
 
¿A mí?
 
 
Aldeano 3.º
 
Y te protege siempre que la necesitas.
 
 
Tomillo
 
Si yo ni la oigo ni la veo, ni la entiendo
desde antes de casarme.
 
 
Aldeano 1.º
 
Anda, anda, díselo a quien te crea.
 
 
Tomillo
 
Os aseguro que … (Yendo a la casa.) ¡Señor
Cura, que se enfría el chocolate!
 
 
Aldeano 2.º
 
Se conoce que no te agrada la
conversación.
 
 
Tomillo
 
Como que no decís más que simplezas.
(De pronto.) Y aunque fuera cierto que la tal
Bruja siguiera en el castillo, deberíais todos
en el pueblo no mentarla sino con respeto.
Cuando ha poco se incendiaron dos casas de
la ribera, sin que de ellas quedase más que
escombros, bien sabéis que sobre las ruinas
se encontró un bolsón con escudos bastantes
para reedificar cuanto se había quemado.
 
 
Aldeano 1.º
 
Es cierto.
 
 
Tomillo
 
Y ¿quién sino ella podía haberlos dejado
de una manera tan misteriosa?
 
 
Aldeano 1.º
 
Tal creímos todos.
 
 
Tomillo
 
¿Y cuando el año pasado la peste azotó
la comarca? Solos quedaron los vecinos
enfermos con el señor Cura y los médicos
que vinieron de la ciudad, y ya sabéis que
los apestados dicen que La Bruja les curó
con sus propias manos.
 
 
Aldeano 1.º
 
Eso es mucha verdad.
 
 
Tomillo
 
Así pues, punto en boca, y si es cierto
que sigue en el castillo, allá se las haya y
no hablemos mal de ella, que algún día
podemos necesitarla.
 
 
Aldeano 2.º
 
Tiene razón Tomillo.
 
 
Tomillo
 
(Yendo hacia la casa.)
Señor Cura…
 
 
 
''Escena V''
 
 
Dichos y EL CURA.
 
 
El Cura
 
¡Aquí estoy ya, hombre, aquí estoy ya!
Buenas tardes, muchachos.
 
 
Aldeanos
 
Buenas nos las dé Dios.
 
 
El Cura
 
Vamos cuando quieras.
 
 
Aldeano 1.º
 
¿No faltará su merced al partido, eh?
 
 
El Cura
 
¡Qué he de faltar! Pues si yo tuviese
veinte años menos… ya veríais lo que era
un jugador. En mis tiempos, manejando la
barra o haciendo botar la pelota, no había
quien me aventajara; pero ya… vamos
todos a tomar chocolate.
 
 
Aldeanos
 
Hasta luego, señor Cura; adiós, Tomillo.
 
 
Tomillo
 
Venid a casa, echaréis un trago y después
nos iremos todos juntos.
 
 
Aldeano 1.º
 
Por mí, andando.
 
 
Aldeanos
 
Vamos allá.
(Entran todos en la casa de la izquierda.)
 
 
 
''Escena VI''
 
 
Siete JUGADORES de pelota roncaleses por la
derecha, con los brazos arremangados. Después
otros siete VIZCAÍNOS que salen por el foro.
 
 
'''Música (N.º 10)'''
'''Coro de Pelotaris'''
 
 
Roncaleses
 
En la plaza ya la gente
 
grita, bulle y alborota,
 
que aguardando está impaciente
 
el partido de pelota.
 
Jugadores de Vizcaya
 
han venido desde allá;
 
mas sabrán poner la raya,
 
como siempre, los de acá.
 
 
Vizcaínos
 
(Presentándose.)
 
¡Eso allí
 
se verá!
 
 
Roncaleses
 
¡Eso sí,
 
claro está!
 
 
Vizcaínos
 
De Vizcaya hemos llegado
 
sin temor a la derrota,
 
que jamás nos han ganado
 
en el juego de pelota.
 
Ya se cruzan las apuestas
 
que dan brío al jugador,
 
y las manos están prestas
 
a aplaudir al vencedor.
 
 
Roncaleses
 
¡A ganar sin temor,
 
a jugar con ardor!
 
 
Todos
 
¡A ganar sin temor,
 
a jugar con ardor,
 
a jugar, a jugar con ardor, sí!
 
 
(Haciendo de cada uno de los grupos dos
JUGADORES. Los bandos siguen con interés
el partido. Los cuatro JUGADORES figuran
hacer botar la pelota sobre el suelo y recogerla
en el aire, lanzándola sobre la pared de derecha
a izquierda. VIZCAÍNOS y RONCALESES,
cuando juegan los de su bando, siguen con la
vista la marcha ilusoria de la pelota. El ruido
que producen los golpes de ésta, debe simularse
desde la concha del apuntador y entre bastidores
a la izquierda, y oírse clara y distintamente.)
 
 
(Hablado)
 
 
Roncaleses
 
¡Saca ya!
 
¡Buena va!
 
 
Vizcaínos
 
¡Rebotó!
 
 
Roncaleses
 
¡No se irá!
 
¡Cógela!
 
 
Vizcaínos
 
¡Firme da!
 
 
Roncaleses
 
¡La alcanzó!
 
 
Roncaleses y Vizcaínos
 
¡Ganará!
 
(Cantado)
 
 
Roncaleses
 
¡Ande la pelota,
 
mira cómo bota!
 
 
(A la vez VIZCAÍNOS y RONCALESES.)
 
 
Vizcaínos
 
¡Vaya un sotamano,
 
dale otro revés!
 
 
Roncaleses
 
¡Buen botiboleo,
 
sigue con deseo,
 
prueba que no en vano
 
eres roncalés!
 
 
Vizcaínos
 
¡Siéntale la mano;
 
vence al roncalés!
 
 
Roncaleses
 
Si le das, ganarás.
 
 
Vizcaínos
 
¡No pasó del escás!
 
 
Roncaleses
 
¡Paso atrás!
 
 
Vizcaínos
 
¡Le ganó!
 
 
Roncaleses
 
¡Quince más!
 
 
(Cada uno de los JUGADORES se incorpora a
su bando.)
 
 
Todos
 
¡Se comprende que haya
 
entusiasmo igual
 
por los de Vizcaya
 
y los de Roncal!
 
 
(Unidos de cuatro en cuatro, interpolados,
VIZCAÍNOS y RONCALESES, abrazándose
por la cintura vanse por la derecha.)
 
 
 
''Escena VII''
 
 
ALDEANO 1.º, que asoma por la puerta.
Después ALDEANOS, ROSALÍA, MAGDALENA
y EL CURA. Luego TOMILLO.
 
 
'''Hablado'''
 
 
Aldeano 1.º
 
¡Ya van los jugadores a la plaza! ¡Salid
todos!
 
 
Aldeano 2.º
 
Vamos allá, no lleguemos tarde.
(Vanse por la derecha los HOMBRES y las
MUJERES que entraron antes en la casa, menos
las viejas.)
 
 
Aldeano 3.º
 
Apuesto dos blancas por los del pueblo.
 
 
El Cura
 
(Yendo tras ellos.)
¡Si yo tuviera veinte años menos, ya se lo
diría a los vizcaínos!
 
 
Tomillo
 
¡Hasta luego, Rosalía!
 
 
Rosalía
 
Espérate, que ahora haces falta en casa.
 
 
Tomillo
 
¿Para qué? ¿Para ver hartarse de bizcochos
a esas viejas tragonas? ¡Ya les daría yo
chocolate! Rejalgar…
 
 
Magdalena
 
Es preciso que prepares el refresco para
los mozos, que vendrán luego. (Con
amabilidad.)
Y además, habiendo en casa gente de
fuera, no parece bien que el amo se vaya.
(Entra en la casa.)
 
 
Tomillo
 
(A ROSALÍA.)
Sólo en ocasiones como ésta, dice tu
madre que soy el amo.
 
 
Rosalía
 
Ya sabes tú que lo eres de todo.
 
 
Tomillo
 
Con serlo tuyo tengo bastante,
cordera mía.
 
 
Rosalía
 
Anda, borrego.
(Empujándolo hacia la casa.)
 
 
Tomillo
 
Cada día la quiero más.
(Entrando en casa.)
 
 
''Escena VII''
 
 
LEONARDO, de capitán de Tercios de Italia.
Aparece por el camino real y se detiene en la
entrada de la plaza.
 
 
'''Música (N.º 11)'''
'''Arietta de Leonardo'''
 
 
Leonardo
 
¡Todo está igual,
 
parece que fue ayer
 
el día que partí!
 
¡Con qué placer
 
te vuelvo a ver,
 
risueña aldea
 
en que nací!
 
Allí la cruz,
 
donde me fui a postrar
 
con santa devoción;
 
allí la iglesia, en que aprendí a rezar
 
la primera oración.
 
El campo allí que ufano recorrí
 
alegre en mi niñez;
 
allí la senda que cruzar la vi
 
por la postrera vez.
 
El bosque allá que encantos ofreció
 
de plácida quietud;
 
allí el hogar donde feliz soñó
 
mi ardiente juventud.
 
¡Todo está igual, parece que fue ayer
 
el día que partí!
 
¡Con qué placer
 
te vuelvo a ver,
 
risueña aldea
 
en que nací!…
 
 
''Escena IX''
 
 
Dicho y TOMILLO, que sale de casa.
 
 
'''Hablado'''
 
 
Tomillo
 
¿Qué es lo que ven mis ojos? Pero ¿no es un
sueño? ¡Leonardo¡, sí, es él. (Llamándole.)
¡Leonardo!
 
 
Leonardo
 
¡Tomillo!
 
 
Tomillo
 
¡Tú, capitán!
 
 
Leonardo
 
De arcabuceros de los Tercios de Italia.
 
 
Tomillo
 
No salgo de mi asombro.
 
 
Leonardo
 
Ven a mis brazos y estrecha entre los tuyos
a un verdadero amigo.
 
 
Tomillo
 
¡Con toda mi alma!
(Se abrazan.) Pero… la verdad, me
infundes respeto.
 
 
Leonardo
 
Cariño sólo quiero inspirarte.
 
 
Tomillo
 
Sabes que siempre te lo tuve.
 
 
Leonardo
 
Ya lo sé.
 
 
Tomillo
 
Ven, ven a tu casa. Están ahí la familia y
unas vecinas… ¡qué sorpresa va a ser para
todos!
 
 
Leonardo
 
Quiero no ser visto de nadie. La
impaciencia y el deseo de visitar estos
sitios que me son tan queridos, que están
para mí tan llenos de dulces memorias,
me han impulsado, contra mi voluntad, a
venir antes de la noche.
 
 
Tomillo
 
Vamos, que te estoy mirando y me parece
un sueño. No extrañes el verme con la
boca abierta.
 
 
Leonardo
 
Dime en pocas palabras lo que ha sucedido
durante mi ausencia, ¿te casaste?
 
 
Tomillo
 
¡Pues ya lo creo!
 
 
Leonardo
 
¿Y tienes algún hijo?
 
 
Tomillo
 
¡Tres!
 
 
Leonardo
 
¡Cómo es posible! En este tiempo…
 
 
Tomillo
 
Si te retrasas un poco más, me hallas con
media docena… primero uno, luego dos
y luego… lo que Dios disponga.
 
 
Leonardo
 
¿Y eres feliz?
 
 
Tomillo
 
Hasta con mi suegra. Esa casa es el nido
de la felicidad. Compré el molino, trabajé
con fortuna y hoy ya no guardo ovejas
sino que me las como.
 
 
Leonardo
 
Me llenas el alma de regocijo.
 
 
Tomillo
 
Hasta la señá Magdalena ha dejado de
gruñir. ¿Querrás creerlo? Sus nietos
la han domesticado. Son tres capullos
de rosa, tres angelitos del retablo de la
iglesia. Hoy, cumplidos los cuarenta días
del nacimiento, ha presentado Rosalía
los dos mellizos a la Virgen y ahí están las
vecinas festejando el caso. ¡Anda, entra y
conocerás a mis tres retoños!
 
 
Leonardo
 
Ya los veré. Déjame ahora.
 
 
Tomillo
 
¿Y tú? ¿Por dónde has andao todo este
tiempo? Viendo que pasaban los meses y los
años sin saber de ti, por muerto te dimos,
rezamos un Padrenuestro por tu alma y…
se llenaron de lágrimas muchos ojos.
 
 
Leonardo
 
Sí, lo creo.
 
 
Tomillo
 
Los míos no quedaron enjutos.
 
 
Leonardo
 
(Abrazándole.)
¡Pobre Tomillo!
 
 
Tomillo
 
Con que, vamos, dime lo que ha sido
de ti, que aún no me doy cuenta de ese
uniforme y de esa banda.
 
 
Leonardo
 
Antes contesta a mi pregunta.
 
 
Tomillo
 
(Después de una pausa y de mirar al castillo.)
Sin novedad.
 
 
Leonardo
 
¿Cómo?
 
 
Tomillo
 
En el castillo; no baja más que cuando la
llamo.
 
 
Leonardo
 
¡Me has adivinado!
 
 
Tomillo
 
Pues ¿podría no comprenderte?
 
 
Leonardo
 
El son de mi bocina…
 
 
Tomillo
 
Es la llamada a que siempre acude. Ni una
vez ha faltado, es mi protectora, mi bien,
mi guía.
 
 
Leonardo
 
¿Habéis hablado de mí?
 
 
Tomillo
 
Cuantas veces la he visto: «¿Tienes
noticias de Leonardo?», me pregunta, y al
oírme contestar negativamente, no habla
más de ti. Ya sabes que ella gasta pocas
palabras. «¿Qué deseas?», tal cosa, «toma,
agur y se acabó». Cuando nació mi primer
chiquillo le dije: «Señora, yo deseo que
seáis su madrina». Soltó una carcajada y
contestó: «Eso no puede ser». ¿Por qué?,
«porque el nombre de la madrina ha de
inscribirse en la fe de bautismo, y qué
nombre pondrías?» Me quedé sin saber
qué contestarle, y entonces me dijo:
«Lo que sí quiero es que el niño se llame
Leonardo».
 
 
Leonardo
 
(Con alegría.)
¿De veras?
 
 
Tomillo
Y así se llama. Ya lo verás; colorado como
una manzana, con unos carrillazos, que
parece estar siempre tocando la trompeta.
 
 
Leonardo
 
De modo que ella, por lo visto, no se
olvida de mí.
 
 
Tomillo
 
¡Qué ha de olvidarse!
 
 
Leonardo
 
¡Bendita sea! Le debo mi suerte.
 
 
Tomillo
 
¡Me lo figuraba! Como yo la mía.
 
 
Leonardo
 
Llegué a Italia, presenté al duque de
Saboya el anillo que ella me dio y, en el
acto, tuve lugar honroso en las filas del
ejército. No hubo acción de guerra en
que yo no ocupase el puesto de mayor
peligro; combatía con el arrojo del que
todo lo espera y nada teme, y al conseguir
cada victoria, el General, concediéndome
el premio merecido me repetía siempre
estas mismas palabras: «Bien Leonardo, así
se logra todo en el mundo: tú alcanzarás
lo que te ha prometido La Bruja». Y al
nombrarla se sonreía.
 
 
Tomillo
 
¿De modo que le contaste la historia?
 
 
Leonardo
 
Tal como te la referí en secreto el día de
mi marcha.
 
 
Tomillo
 
Y tal como la he guardado, sin que en el
mundo la sepa nadie más que yo.
 
 
Leonardo
 
Las heridas que llenan mi cuerpo atestiguan
el valor con que me he lanzado a la pelea.
Todo me parecía poco para merecer el
amor de aquel ser ideal, cuya imagen no
se borra de mi memoria. Al fin, pocos
días hace, el duque de Saboya me llamó
a su presencia y cruzando con esta banda
mi pecho, así me dijo: «Vuelve a España,
ya eres digno de la mujer por quien has
combatido; ve a deshacer su encanto y que
el cielo os conceda a los dos toda la ventura
que merecéis». Y aquí me tienes.
 
 
Tomillo
 
Pero ¿tú esperas que el hechizo se deshaga
y que ella…?
 
 
Leonardo
 
Lo espero todo. La fe que me ha sostenido
en la lucha, no ha de abandonarme cuando
más la necesito. ¿Dudas tú acaso?
 
 
Tomillo
 
Yo, la verdad, como la veo así tan viejecita
y tan encorvada, me parece mentira que
pueda echar de sí el peso de tantísimos
años. Porque ¡cuidado que está consumida!
Más que cuando te fuiste. Ella es muy
buena, una santa, un ángel; pero… parece
una castaña pilonga.
 
 
Leonardo
 
¡Mi amor, mi constancia, mi fe, le volverán
la juventud y la belleza!
 
 
Tomillo
 
¡Dios lo haga… y de salud te sirva!
 
 
Leonardo
 
¿Ella continuará no apareciendo más que
por las noches?
 
 
Tomillo
 
De día, aunque la haya llamado, no ha
venido nunca.
 
 
Leonardo
 
Pues he de verla hoy mismo. Dame la
bocina, subiré al castillo, y en cuanto
anochezca, la llamaré.
 
 
Tomillo
 
Pero antes ven a casa. No necesitas ver a
la gente, entraremos por la corralada y
pasas a tu habitación, que está tal como la
dejaste. Así coges tú mismo la bocina.
 
 
Leonardo
 
¡Sea, vamos!
 
 
Tomillo
 
Y verás a mis chiquillos; tres terneros,
aunque sea mala comparación.
 
 
Leonardo
 
¡Sí los veré, hombre, sí los veré!
 
 
Tomillo
 
Entra, entra. (Pues. señor, le estoy viendo
con ese traje y me parece mentira. ¡El
poder de La Bruja es mucho más grande
de lo que todos creíamos!)
(Vanse por la puerta del corral que da al frente
del público.)
 
 
''Escena X''
 
 
ROSALÍA, después TOMILLO.
 
 
Rosalía
 
¡Tomillo, Tomillo! De seguro se ha ido a
la plaza. Ha hecho bien. El pobrecillo no
se divierte nunca; es justo que aproveche
un día de fiesta como el de hoy. Siempre
metido en casa; siempre trabajando. Es
más bueno que el pan… en fin, cuando
¡hasta mi madre lo reconoce!...
(Se ha acercado hablando hasta el primer
término. TOMILLO, que sale por la puerta de
la corralada, la llama en voz baja.)
 
 
Tomillo
 
¡Rosalía!
 
 
Rosalía
 
¡Tomillo! ¿Qué haces ahí?
 
 
Tomillo
 
Chist, ¡Ven acá!
(En voz muy baja toda esta escena y la
siguiente.)
 
 
Rosalía
 
(Acercándose.)
¿Qué quieres?
 
 
Tomillo
 
¿Dónde está tu madre?
 
 
Rosalía
 
Con las vecinas.
 
 
Tomillo
 
¿Todavía están tomando el chocolate?
 
 
Rosalía
 
Charlando en la cocina y bebiendo
limonada.
 
 
Tomillo
 
Ésas, por tragar…
 
 
Rosalía
 
¿Pero, qué pasa?
 
 
Tomillo
 
Prepárate para una gran sorpresa.
 
 
Rosalía
 
¿Yo?
 
 
Tomillo
 
Sí, no vayas a asustarte y lo paguen luego
los chiquillos.
 
 
Rosalía
 
Pero, ¿qué sucede?
 
 
Tomillo
 
Que vas a ver a una persona que….¡en
fin, mira!
 
 
''Escena XI''
 
 
Dichos, LEONARDO que aparece por la puerta.
Lleva la bocina colgada a la bandolera como en
el Primer Acto. Empieza a anochecer.
 
 
Rosalía
 
¡Jesús! ¡Él, tú, Leonardo!
 
 
Leonardo
 
¡Rosalía!
(Abrazándola.)
 
 
Rosalía
 
¡Tú aquí y en ese traje!
 
 
Leonardo
 
¡Yo mismo, yo!
 
 
Rosalía
 
¡Oh, qué alegría! ¡Madre, madre! (A
voces.)
 
 
Tomillo
 
(Tapándole con la mano la boca.)
¡Calla, mujer! Que no quiere que lo vean.
 
 
Leonardo
 
(A TOMILLO con rapidez.)
Voy al castillo por el atajo. Volveré a la
noche. ¡Adiós!
(Vase por el primer término izquierda.)
 
 
''Escena XII''
 
 
Dichos, menos LEONARDO,
luego MAGDALENA.
 
 
Rosalía
 
Pero…
 
 
Tomillo
 
Calla; yo te explicaré lo que pasa.
 
 
Magdalena
 
(Saliendo.)
¿Qué es eso? ¿Por qué me llamabas?
 
 
Rosalía
 
(Turbada.)
Porque… ya vuelve la gente de la plaza.
(Yendo hacia la derecha.)
Vamos a ver quién ha ganado.
 
 
Magdalena
 
Válgame Dios, creí que pasaba algo.
 
 
Rosalía
 
No vuelvo de mi asombro.
(Se acerca a TOMILLO, y mientras entra el
CORO, habla con él.).
 
 
''Escena XII''
 
 
Dichos y CORO general.
 
 
'''Música (N.º 12)'''
'''Escena y Zortziko'''
 
 
Coro
 
Al cabo los del pueblo
 
salieron vencedores,
 
y vuélvense a Vizcaya
 
los otros jugadores.
 
No cabe la alegría
 
que el noble triunfo da;
 
en danza pues, muchachos,
 
el baile empiece ya.
 
 
(Colocándose en primer término el tamborilero
y el que toca la dulzaina.)
 
 
Tomillo
 
Yo de pareja con mi mujer,
 
otra no encuentro que haya mejor;
 
tal vez por eso llegan a ser
 
tantas las pruebas de nuestro amor.
 
 
Rosalía
 
Yo tu pareja prefiero ser,
 
no hay aquí mozo más bailador;
 
anda, Tomillo, que tu mujer
 
contigo siempre baila mejor.
 
 
(Bailan ROSALÍA y TOMILLO el zortziko.)
 
 
''Escena XIV''
 
 
Dichos, EL INQUISIDOR y seis ESBIRROS
que aparecen por el foro. Suspéndese el baile.
Los ALDEANOS se agrupan sorprendidos y
atemorizados.
 
 
El Inquisidor
 
Seguid, seguid bailando.
 
No interrumpáis la fiesta.
 
¿En dónde la morada
 
del señor Cura está?
 
 
Coro
 
(Señalando la casa.)
 
Ahí vive el señor Cura.
 
 
El Inquisidor
 
Seguid, seguid la danza.
 
(Entra con los ESBIRROS en casa del CURA.)
 
 
Coro
 
¡Qué miedo!, el Santo Oficio
 
aquí, ¿qué buscará?
 
 
Tomillo
 
No os asustéis, muchachos,
 
que en este pueblo todos
 
somos cristianos viejos,
 
y nada hay que temer.
 
De fijo va de paso,
 
y a descansar un poco,
 
y ver al señor Cura
 
se quiso detener.
 
 
Ellas
 
Eso es verdad.
 
 
Ellos
 
No hay que temer.
 
 
Todos
 
Siga el zortziko.
 
En baile, pues.
 
 
Rosalía y Ellas
 
Siempre mi mozo
 
lleva a compás
 
el arrogante cuerpo gentil,
 
anda moreno, muévete más,
 
cansa a la gaita y al tamboril.
 
 
Tomillo y Ellos
 
Cuando se enciende roja la tez,
 
son tus mejillas rosas de abril;
 
anda, morena, vuelve otra vez,
 
cansa a la gaita y al tamboril…
 
 
(Baile general. Anochece por completo.)
 
 
''Escena XV''
 
 
'''Hablado'''
 
 
El Inquisidor
 
No me digáis más, señor Cura. Comprendo
que la edad y los achaques no os permitan
hacer tan penosa ascensión. Basta con que
alguno del pueblo me sirva de guía.
 
 
El Cura
 
Yo lo buscaré. Muchachos, ¿quién de
vosotros quiere acompañar al señor
Inquisidor hasta el castillo?
(Los ALDEANOS retroceden como asustados.)
 
 
Tomillo
 
(Aparte a ROSALÍA.)
(¡Al castillo! ¡Vienen a prenderla!)
 
 
Aldeano 1.º
 
A estas horas…
 
 
Aldeano 2.º
 
Pronto será noche cerrada.
 
 
El Inquisidor
 
Llevamos linternas.
 
 
El Cura
 
No extrañéis su temor…
 
 
Aldeano 1.º
 
Subir de noche allá…
 
 
El Inquisidor
 
¡Basta, venid todos! Así será menor
su miedo y verán algo que les sirva de
provechoso ejemplo en bien de nuestra
santa religión. Aguardadme ahí dentro,
señor Cura. ¡Vamos al castillo!
 
 
El Cura
 
¡Hijos míos, obedeced! (¡No puedo
salvarla! ¡Rogaré a Dios por ella!)
(Entra en la casa.)
 
 
''Escena XVI''
 
 
Dichos, menos EL CURA.
 
 
'''Música (N.º 12-bis)'''
'''Coro'''
 
 
Coro
 
(Siguiendo al INQUISIDOR y los ESBIRROS,
que empiezan a subir por la montaña. TOMILLO
detiene a ROSALÍA que va a seguirlos.)
 
Marchemos todos sin dilación,
 
que así lo ordena
 
la Inquisición.
 
Andando, andando,
 
vamos allá…
 
La noche oscura
 
cayendo va.
 
 
(Desaparecen.)
 
 
''Hablado sobre la música''
 
 
Rosalía
 
¡Tomillo!
 
 
Tomillo
 
No hay que dudar.
 
 
Rosalía
 
Nosotros…
 
 
Tomillo
 
Silencio ahora.
 
Hoy a nuestra protectora
 
es necesario salvar.
 
A escape vamos los dos;
 
ellos por el monte bajo,
 
nosotros por el atajo,
 
¡y que nos proteja Dios!
 
(Echan a correr y vanse por donde antes
LEONARDO.)
 
 
'''MUTACIÓN A LA VISTA'''
 
 
==Cuadro Tercero==
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