Diferencia entre revisiones de «Elegía a la muerte de Atahualpa»

sin resumen de edición
lamentando tristemente
le acompaña en su pesar.
 
Como niebla vi los blancos
en muchedumbre llegar,
y oro y más oro queriendo,
se aumentaban más y más.
 
Al venerado padre Inca
con una astucia falaz
cogiéronle, y ya rendido
le dieron muerte fatal.
 
¡Corazón de león cruel,
manos de lobo voraz,
y el sol entrando en ocaso
reinaba la oscuridad.
 
Al mirar los sacerdotes
tan espantosa maldad,
con los hombres que aún vivían
se enterraron de pesar.
 
¿Y por qué no he de sentir?
¿Y por qué no he de llorar
estas lágrimas de duelo
no olvidéis allá jamás.
 
¡Ay! No muero recordando
tan funesta adversidad.
Usuario anónimo