Diferencia entre revisiones de «Crimen y castigo: Cuarta Parte: Capítulo III»

sin resumen de edición
Su voz era vacilante, pero su pálido rostro expresaba una resolución irrevocable.
 
‑Yo quería deciros... ‑‑continuó‑‑continuó‑. He venido aquí para decirte, mamá, y a ti también, Dunia, que... debemos separarnos por algún tiempo... No me siento bien... Los nervios... Ya volveré... Más adelante..., cuando pueda. Pienso en vosotros y os quiero. Pero dejadme, dejadme solo. Esto ya lo tenía decidido, y es una decisión irrevocable. Aunque hubiera de morir, quiero estar solo. Olvidaos de mí: esto es lo mejor... No me busquéis. Ya vendré yo cuando sea necesario..., y, si no vengo, enviaré a llamaros. Tal vez vuelva todo a su cauce; pero ahora, si verdaderamente me queréis, renunciad a mí. Si no lo hacéis, llegaré a odiaros: esto es algo que siento en mí. Adiós.
 
‑¡Dios mío! ‑exclamó Pulqueria Alejandrovna.
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