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sion de su superficie), las veríamos habitualmente de la misma figura y en la misma disposicion, con respecto al Sol y en las mismas épocas del año que la luz zodiacal.» (''Mem. de l' Acad''., t. VIII, 1730, p. 218; y Biot en los ''Comptes rendus'', 1836, t. III, p. 666). Cassini pensaba que el anillo nebuloso de la luz zodiacal estaba formado de un número infinito de cuerpos planetarios escesivamente pequeños, girando alrededor del Sol; no estaba muy lejos de creer tambien que la caida de los bólides tenia relacion con el paso de la Tierra á través de este anillo nebuloso. Olmsted y especialmente Biot (obra citada, p. 673), trataron tambien de relacionar esta opinion con la lluvia de estrellas errantes del mes de noviembre; pero Olbers espuso sus dudas acerca de este particular. (Schumacher's ''Jahrbuch'', 1837, p. 281). Houzeau en las ''Astron. Nachr.'' del mismo editor, 1843; n.° 492, p. 190, examina si el plano de la luz zodiacal coincide exactamente con el plano del Ecuador solar.<!-- *
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sion de su superficie), las veríamos habitualmente de la misma figura y en la misma disposicion, con respecto al Sol y en las mismas épocas del año que la luz zodiacal.» (''Mem. de l' Acad''., t. VIII, 1730, p. 218; y Biot en los ''Comptes rendus'', 1836, t. III, p. 666). Cassini pensaba que el anillo nebuloso de la luz zodiacal estaba formado de un número infinito de cuerpos planetarios escesivamente pequeños, girando alrededor del Sol; no estaba muy lejos de creer tambien que la caida de los bólides tenia relacion con el paso de la Tierra á través de este anillo nebuloso. Olmsted y especialmente Biot (obra citada, p. 673), trataron tambien de relacionar esta opinion con la lluvia de estrellas errantes del mes de noviembre; pero Olbers espuso sus dudas acerca de este particular. (Schumacher's ''Jahrbuch'', 1837, p. 281). Houzeau en las ''Astron. Nachr.'' del mismo editor, 1843; n.° 492, p. 190, examina si el plano de la luz zodiacal coincide exactamente con el plano del Ecuador solar.
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-->{{nota|097|(97)}} Pág. 126.—Sir Jhon Herschell, ''Astron''., § 487.<!-- *
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{{nota|097|(97)}} Pág. 126.—Sir Jhon Herschell, ''Astron''., § 487.
-->{{nota|098|(98)}} Pág. 126.—Arago, en el ''Annuaire'' de 1842. p. 246. Numerosos hechos parecen indicar, que cuando una masa esta reducida mecánicamente al estado de division estrema, la tension eléctrica puede crecer lo bastante para desarrollar la luz y el calor. Las tentativas que se han hecho con los mejores espejos cóncavos no han dado, hasta ahora, ninguna prueba decisiva de la existencia del calórico radiante en la luz zodiacal. (Carta de M Matthiessen á M. Arago, en los ''Comptes rendus''. t. XVI; abril, 1843, p. 687.<!-- *
 
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-->{{nota|099|(99)}} Pág. 127.—«Lo que me decis acerca de las variaciones de la luz zodiacal entre los trópicos, y sobre las causas de estas variaciones, escita tanto mas mi interés, cuanto que yo mismo, desde hace mucho tiempo, presto particular atencion á este fenómeno, cada vez que se presenta durante la primavera, en nuestra zona septentrional. He pensado siempre como vos que la luz zodiacal debia estar animada de un movimiento de rotacion: pero en contradiccion con la idea de Poisson, de que me dais cuenta, admito que esta luz se estiende hasta el Sol. creciendo rápidamente en intensidad y que su parte mas brillante forma la corona luminosa, que parece rodear al Sol, durante los eclipses totales. He observado de un año á otro considerables variaciones en esta luz: es á las veces, durante muchos años consecutivos, muy brillante y muy estensa; otras, apenas perceptible, tambien durante algunos años. Creo haber hallado la primera indicacion de la luz zodiacal en una carta de Rothmann á Tycho, en la que aquél, dice haber observado que el crepúsculo de la tarde concluía durante la primavera, cuando el Sol habia descendido 24° bajo el horizonte. Rothmann tomó ciertamente la desaparicion sucesiva de la luz zodiacal en los vapores del ocaso, por el fin real del fenómeno crepuscu-
 
 
{{nota|098|(98)}} Pág. 126.—Arago, en el ''Annuaire'' de 1842. p. 246. Numerosos hechos parecen indicar, que cuando una masa esta reducida mecánicamente al estado de division estrema, la tension eléctrica puede crecer lo bastante para desarrollar la luz y el calor. Las tentativas que se han hecho con los mejores espejos cóncavos no han dado, hasta ahora, ninguna prueba decisiva de la existencia del calórico radiante en la luz zodiacal. (Carta de M Matthiessen á M. Arago, en los ''Comptes rendus''. t. XVI; abril, 1843, p. 687.
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{{nota|099|(99)}} Pág. 127.—«Lo que me decis acerca de las variaciones de la luz zodiacal entre los trópicos, y sobre las causas de estas variaciones, escita tanto mas mi interés, cuanto que yo mismo, desde hace mucho tiempo, presto particular atencion á este fenómeno, cada vez que se presenta durante la primavera, en nuestra zona septentrional. He pensado siempre como vos que la luz zodiacal debia estar animada de un movimiento de rotacion: pero en contradiccion con la idea de Poisson, de que me dais cuenta, admito que esta luz se estiende hasta el Sol. creciendo rápidamente en intensidad y que su parte mas brillante forma la corona luminosa, que parece rodear al Sol, durante los eclipses totales. He observado de un año á otro considerables variaciones en esta luz: es á las veces, durante muchos años consecutivos, muy brillante y muy estensa; otras, apenas perceptible, tambien durante algunos años. Creo haber hallado la primera indicacion de la luz zodiacal en una carta de Rothmann á Tycho, en la que aquél, dice haber observado que el crepúsculo de la tarde concluía durante la primavera, cuando el Sol habia descendido 24° bajo el horizonte. Rothmann tomó ciertamente la desaparicion sucesiva de la luz zodiacal en los vapores del ocaso, por el fin real del fenómeno crepuscu-
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