Diferencia entre revisiones de «El castigo de la miseria: 1»

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{{Página|El castigo de la miseria|María de Zayas y Sotomayor|none|1|2|TítuloCentrado=none|Reseña=5|
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<div class=Parrafo>
A servir a un grande desta Corte vino de un lugar de Navarra un hijodalgo, tan alto de pensamientos como humilde de bienes de fortuna, pues no le concedió esta madrastra de los nacidos más riqueza que una pobre cama, en la cual se recogía a dormir y se sentaba a comer; este mozo, a quien llamaremos don Marcos, tenía un padre viejo, y tanto, que sus años le servían de renta para sustentarse, pues con ellos enternecía los más empedernidos corazones.
 
Tenía consigo dos criadas, una de labor, y otra de todo y para todo, que, a no ser nuestro hidalgo tan compuesto y tenerle el poco comer tan mortificado, por solo ellas pudiera casarse con su ama, porque tenían tan buenas caras como desenfado, en particular la fregona, que pudiera ser reina, si se dieran los reinos por hermosura. Admiróle sobre todo el agrado y discreción de doña Isidora, que parecía la misma gracia, tanto en donaires como en amores, razones que fueron tantas y tan bien dichas, las que dixo a don Marcos, que no sólo se agradó, mas le enamoró, mostrando en sus agradecimientos el alma, que la tenía el buen señor bien sencilla y sin dobleces. Agradeció doña Isidora al casamentero la merced que le hacía en querer emplearla tan bien, acabando de hacer tropezar a don Marcos en una aseada y costosa merienda, en la cual hizo alarde de la baxilla rica y olorosa ropa blanca, con las demás cosas que en una casa tan rica como la de doña Isidora era fuerza hubiese. Hallóse a la merienda un mozo galán, desenvuelto y que de bien entendido picaba en pícaro, al cual doña Isidora regalaba, a título de sobrino, cuyo nombre era Agustinico, que así le llamaba su señora tía. Servía a la mesa Inés, porque Marcela, que así se llamaba la doncella, por mandado de su señora, ya tenía en las manos un instrumento, en el cual era tan diestra, que no se la ganaba el mejor músico de la Corte, y esto acompañaba con una voz que más parecía ángel que mujer, y a la cuenta era todo. La cual, con tanto donaire como desenvoltura, sin aguardar a que la rogasen, porque estaba cierta que lo haría bien, o fuese a caso o de pensado, cantó así:
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{{bc|<centerpoem>Claras fuentecillas,<br>
pues que murmuráis,<br>
murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad, que vive<br>
libre y descuidado,<br>
y que mi cuidado<br>
en el agua escribe,<br>
que pena recibe,<br>
si sabe mi pena:<br>
que es dulce cadena<br>
de mi libertad.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad que tiene,<br>
el pecho de hielo,<br>
y que por consuelo,<br>
penas me previene:<br>
responde, que pene,<br>
si favor le pido,<br>
y se hace dormido,<br>
si pido piedad.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad que llama<br>
cielos, otros ojos:<br>
mas por darme enojos<br>
que porque los ama,<br>
que mi ardiente llama<br>
paga con desdén,<br>
y quererle bien,<br>
con quererme mal.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Y si en cortesía<br>
responde a ni amor,<br>
nunca su favor<br>
duró más de un día.<br>
De la pena mía,<br>
ríe lisonjero,<br>
y aunque ve que muero,<br>
no tiene piedad.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad, que ha días<br>
tiene la firmeza,<br>
y que con tibiezas<br>
paga mis porfías.<br>
Mis melancolías<br>
le causan contento,<br>
y si mudo intento,<br>
muestra voluntad.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad que he sido<br>
eco desdichada,<br>
aunque despreciada,<br>
siempre le he seguido,<br>
y que si le pido<br>
que escuche mi quexa,<br>
desdeñoso dexa,<br>
mis ojos llorar.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad que altivo,<br>
libre y desdeñoso<br>
vive, y sin reposo:<br>
por amarle, vivo;<br>
que no da recibo<br>
a mi eterno amor,<br>
antes con rigor<br>
me intenta matar.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad sus ojos<br>
graves y severos,<br>
aunque bien ligeros<br>
para darme enojos;<br>
que rinden despojos<br>
a su gentileza,<br>
cuya altiva alteza<br>
no halla su igual.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad que ha dado<br>
con alegre risa,<br>
la gloria a Belisa,<br>
que a mí me ha quitado;<br>
no de enamorado,<br>
sino de traidor,<br>
que aunque finge amor,<br>
miente en la mitad.<br>
Murmurad a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br>
 
Murmurad mis celos<br>
y penas rabiosas,<br>
¡ay fuentes hermosas<br>
a mis ojos cielos!,<br>
y mis desconsuelos,<br>
penas y disgustos,<br>
mis perdidos gustos<br>
fuentes murmurad,<br>
y también a Narciso,<br>
que no sabe amar.<br></centerpoem>
}}
 
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