Epitafio (Forner)

Epitafio
de Juan Pablo Forner



Aquí yace Jazmín, gozque mezquino, 
que sólo al mundo vino 
para abrigarse en la caliente falda 
de madama Crisalda, 
tomar chocolatito, 
bizcochos y confites, 
el pobre animalito, 
desazonar visitas y convites, 
alzando la patita 
para orinar las capas y las medias 
con audacia maldita, 
ladrar rabiosamente 
al yente y al viniente, 
ir en coche a paseos y comedias 
y ser martirio eterno de criados, 
por él o despedidos o injuriados 
con furor infernal y grito horrendo. 

Si inútil fue y aborrecible bicho, 
y petulante y puerco y disoluto, 
culpas no fueron suyas, era bruto; 
educóle el capricho 
de delicia soez con estupendo 
horror de la razón; naturaleza 
no le inspiró tan bárbara torpeza. 
Los que en la tierra al Hacedor retratan, 
sus hechuras divinas desbaratan, 
corrompen y adulteran. 
Los vicios de Jazmín, de su ama eran.