En torno a una versión. Constanza

En torno a una versión. Constanza (febrero 1914)
de Ángel Ledesma
Nota: Ángel Ledesma «En torno a una versión. Constanza» (febrero de 1914) Salamanca, Salamanca, nº 2, pp. 11-12.
EN TORNO A UNA VERSION
CONSTANZA
POR
ANGEL LEDESMA

La Lectura ha aumentado sus cuidadas ediciones con una primorosa traducción, la del poema Constança; autor de este bellísimo poema es el delicado poeta conimbricense Eugenio de Castro. El nuevo libro que enriquece la colección de La Lectura ha sido editado con el esmero habitual de sus publicaciones. Es un sencillo y curioso volumen de limpia impresión.
Prologa el libro D. Miguel de Unamuno, maestro del traductor y conocedor de Literatura portuguesa. En España ha sido descuidada—como otras— la preocupación por la literatura vecina; esta misión ha quedado reducida casi á especialistas, y pueden señalarse con el dedo las autoridades en esta materia. He ahí el por qué afirmar que D. Miguel de Unamuno es un conocedor de dicha literatura. Una reacción saludable irrumpe, al parecer, contra este abandono, creando la cátedra de Literatura galaicoportuguesa.
Afirma D. Miguel en su prólogo el temple poético de Eugenio de Castro, que responde, con su exotismo y su portuguesismos ayuntados, á aquel simbólico momento que pintó el prologuista al hablar en otra parte Por tierras de Portugal y de España, representando á “ese hermosísimo y desgraciado Portugal— son sus palabras— como una hermosa y dulce muchacha campesina que de espaldas á Europa, sentada á orillas del mar, con los descalzos pies en el borde mismo donde la espuma de las gemebundas olas se los baña, los codos hincados en las rodillas y la cara entre las manos, mira cómo el sol no nace nunca; muere siempre en el mar que fué teatro de sus hazañas y cuna y sepulcro de sus glorias.„ Si no se confundiese con una orientación geográfica y se diera á sospechar en la existencia de una rosa náutica de la poesía, habría que llamar según esto, al poeta conimbricense, "poeta occidental,,. Y tal es la denominación que debe dársele. Quinta esencia de esta modalidad representativa es el poema que hoy reaparece en la estampa, conspirando á formar peregrinos misterios en el sentido espiritual é inundando al lector en gozosas saudades.
Saboreado el prólogo, pasa el lector á conocer la labor meritísima que el traductor se ha impuesto. Dos palabras acerca del poema. Los fragmentos de la Chrónica de Ruy de Pina y de Monarchia Lusitana puestos al frente de él, nos dan la clave de la glosa de Castro. Su poema tiene esta base de tradición y de leyenda; nos trae un recuerdo de historia. En él se agitan gérmenes de dolor, conflictos de virtud y de pasión, envueltos en una tibia atmósfera de véspero otoñal. Y el hilo engarzador de tan valiosas perlas es la lira criselefantina de Eugenio de Castro revestida de una atrayente y dorada permanencia.
Dos ejes parecen descubrirse entre sus bellezas disparejadas. El uno corresponde á ese capítulo ideal de la historia de los hombres que intituló un poeta: De cómo servidumbre de amor, es señorío é imperio. El otro es sacado de una concepción fascinadora y dolorosa: la del amor ilegítimo y fatal— brava mina de asuntos, que tan galanos frutos ha rendido en la historia del Arte— que todo lo arrastra tras de sí, por ser más fuerte que todo y llevar con él el más terrible y penetrante hechizo.
De esta laya de amores salió su bravo defensor Edmundo—en The King Leat—que había de formular su defensa de legitimación con sobrado humorismo en esta forma: “¿Por qué bastardo, por qué menos, si mis miembros están tan bien trabados, mi espíritu es tan generoso y mi aspecto tan noble como en el vástago de la esposa honrada?... ¿Por qué espúreos? ¿Por qué bastardos? ¿Si el lascivo calor de la Naturaleza puso en nosotros más vida y más vigorosa calidad que suele en el triste, acostumbrado y tedioso tálamo, ¿dónde se procrea la dilatada raza de los tontos entre un dormir y un despertar?„
Volvamos al poema. En Constança aparecen estos febricientes impulsos que llevan á caer ...en la red de oro de un amor sin tino— De finísima y fuerte trama urdida.
La blanda y risueña poesía de un poeta tan occidental como Eugenio de Castro ha preferido á caóticos choques de pasión—que pudieran llegar á una conmoción resquebrajadora, tratados con fruición tenebrosa—la muelle y lánguida vibración de la melancolía; en su aspecto mental de la gradación trágica nos presenta el proceso de un corazón comido, que es aureolado noblemente por una catarsis engendradora de la más piadosa y elevada tolerancia. Así llega Castro á la serena claridad de los graves momentos con que da fin á su poema, modelando en el ánimo del más arisco y rígido lector un espíritu similar al de su heroína: generosidad, nobleza, tolerancia.
Responde á un arte distinguido y único, creador de un halagüeño y depurado ambiente, todo él blanduras y flaquezas, ardores descuidados, melódicos sonidos, aires de recuerdo, erudición concisa y justa, que le hacen deseable y acusador de un intenso patrimonio espiritual. Y demuestran—según nuestro gusto—cómo la democracia no cuadra en poesía. Para los que comulgamos en este concepto, es un redentor asidero el arte de Eugenio de Castro.
Vengamos á la traducción. El prologuista presenta al traductor con el cariño del maestro que ve de cerca la floración de un espíritu. Su traducción—dice—ha dejado intactas las bellezas del poema, y si en algún pasaje se obscurece algo, la hermosura del original en otros resulta realzada. Este elogio sincero del maestro, releva, con creces, el de amigo.
Y, en efecto, es una traducción. Lleva por garantía la educación humanística del traductor que da gentil aliño y aristocrática distinción á la intrincada disciplina del verso. Ante todo se deja notar en la versión el sabor conservado del prístino texto; el traductor no escrupuliza medios de sostener la natural gentileza del original; un concepto libre y amplio de la métrica pugna por conseguirlo. Y así resulta la versión, en la que predomina la mesura constante, de muy holgada y apacible lectura.
El prólogo indica las formas métricas usadas en la versión; son las clásicas del endecasílabo—libre, asonantado y aconsonantado—el alejandrino francés de trece sílabas, y el verso de nueve en consonancia, de muy elegante y prodigiosa movilidad. Demuestran conocer adentradamente las sencillas normas de todo buen primor.
Para satisfacción del traductor, me olvidaba decir en primer lugar, hay que agradecerle el introducir á Eugenio de Castro en nuestro idioma; bien conocemos que nuestra excasa curiosidad está cerrada entre ambas fronteras, pues no parece sino que una hostil aduana hace imposible el pasaje de libros con sus arreos propios. Eugenio de Castro, traducido por el inglés Bing, por los italianos Pica y Pádula, por los alemanes Barsch y Storck, por el sueco Björkman y por los franceses Lebesgue, Fromant, Legrand, Gaubast y Montesquieu Fezensac, merecía—salvando la loable opinión de D. Miguel de Unamuno—un traductor castellano.
Lo tuvo, y dignísimo, hace algunos años en Luis Berisso, de cuyo traductor y obra vertida—el Belkiss—dijo Leopoldo Lugones en su garrido esmalte preliminar: “Es la obra de un gran poeta y la traducción de un virtuoso traductor„. Desde entonces se han preocupado del interesante lírico portugués, aquí en España, el ilustre Rector de la Universidad salmantina y el traductor de ahora, entre otros. Al primero se debe lo más sustancioso que sobre Castro se ha escrito; al segundo — al que le une con el autor una cariñosa amistad—ha publicado un estudio sobre Belkiss y una traducción del mil veces bello romance Para adormecer á Lydia—intercalado en Sylva, una de las obras que publicó el autor en 1894—que estampó La Lectura en su número de Marzo del pasado año. La traducción de ahora representa una nueva fase del poeta, abierta, según Manuel da Silva Gayo, prologuista de la edición de París Eugenio de Castro.—Poesías escolhidas, con este muy hermoso y muy portugués poema. Esta versión, en fin, es un bello y encantador libro.
Para terminar, hago eco de los deseos del prologuista maestro respecto al discípulo traductor: esperemos que el autor de esta traducción ejercite su virtuosidad de versificador y de estilista en poesías de su propio numen. Conviene recoger el consejo del maestro.
Y no digo más, en tributo á la parquedad que siempre exige un elogio de amigo.