El purgatorio de San Patricio Jornada 3 Cuadro 4: 1

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El purgatorio de San Patricio Jornada 3 Cuadro 4 Pedro Calderón de la Barca


[CUADRO IV]

Salen Lesbia, Filipo, Leogario, Capitán, y Polonia.

Lesbia.

Antes, pues, que lleguemos
donde nos lleva tu valor, podemos
decir a qué venimos
todos a verte, puesto que trujimos
determinado intento.

Polonia.

Decid andando vuestro pensamiento,
y siguiendo mi paso,
porque os llevo a admirar el mayor caso
que humanos ojos vieron.

Lesbia.

Pues nuestras pretensiones éstas fueron:
Polonia, tú veniste
a este monte, y en él vivir quisiste,
haciéndome heredera,
en vida, de un imperio; yo quisiera
darte en mi intento parte,
y así de todo aquí vengo a informarte.
Mi voluntad te dejo,
preceptos pido, hermana, no consejo.
Una mujer no tiene
valor para el consejo, y le conviene
casarse.

Polonia.

Y es muy justo,
y si es Filipo el novio, ése es mi gusto,
pues con eso he podido,
Lesbia, dejarte el reino y el marido,
porque todo lo debas
a mi amor.

Filipo.

Las edades vivas nuevas
del sol, que cada día muere y nace,
y fénix de sus rayos se renace.

Polonia.

Pues ya que habéis logrado
vuestro intento los dos, este cuidado
con que aquí os he traído
quiero que todos escuchéis qué ha sido.
Con fervientes estremos,
vino un hombre, a quien todos conocemos,
buscando de Patricio
la cueva, para entrar en su ejercicio.
Entró en ella y hoy sale,
y porque aquí la admiración iguale
al temor y al espanto,
os truje a ver este prodigio santo.
No os dije allá lo que era,
porque el temor cobarde no impidiera
el fin que osada sigo,
y así os truje conmigo.

Lesbia.

Ha sido intento justo,
que yo con el temor mezclaré el gusto.

Filipo.

Todos saber deseamos
la verdad de las cosas que escuchamos.

Polonia.

Si el valor le ha faltado,
y dentro de la cueva se ha quedado,
por lo menos veremos
el castigo; y si sale, dél sabremos
de aquí lo misterioso,
si bien, sale el que sale, temeroso
tanto, que hablar no puede,
y huyendo de las gentes, se concede
solo a las soledades.

Leogario.

Misterios son de grandes novedades.

Capitán.

A buen tiempo llegamos,
pues que los religiosos que miramos,
en lágrimas bañados,
con silencio a la cueva van guíados
para abrirle la puerta.

Salen los más que pudieren, y llegan a la cueva,
de donde sale Ludovico como asombrado.

Can. 1º.

La del cielo, Señor, tened abierta
a lágrimas y voces.
Venza este pecador esos atroces
calabozos, adonde
de vuestro rostro la visión se esconde.

Polonia.

Ya abrió.

Can. 1º.

¡Qué gran consuelo!

Filipo.

Ludovico es aquél.

Ludovico.

¡Válgame el cielo!
¿Es posible que he sido
tan dichoso que, ya restituido,
después de tantos siglos, me he mirado
a la luz?

Capitán.

¡Qué confuso!

Leogario.

¡Qué turbado!

Can. 1º.

A todos da los brazos.

Ludovico.

En mí serán prisiones, que no lazos.
Polonia, pues te veo,
ya mi perdón de tus piedades creo;
y tú, Filipo, advierte
que un ángel te ha librado de la muerte
dos noches que he querido
matarte; que perdones mi error pido.
Y dejadme que, huyendo
de mí, me esconda el centro; así pretendo
retirarme del mundo,
que quien vio lo que yo, con causa fundo
que ha de vivir penando.

Can. 1º.

Pues de parte de Dios, Enio, te mando
que digas lo que has visto.


El purgatorio de San Patricio

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