El purgatorio de San Patricio Jornada 3 Cuadro 3: 1

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El purgatorio de San Patricio Jornada 3 Cuadro 3 Pedro Calderón de la Barca


[CUADRO III]


Salen dos Canónigos Reglares.

Can. 1º Las ondas de la laguna

se mueven sin el veloz
viento; sin duda a la isla
llegan peregrinos hoy.

Can. 2º Vamos a la orilla a ver

quiénes tan osados son,
que se atreven a tocar
nuestra obscura habitación.

Sale Ludovico.

Ludovico Ya el barco fie a las ondas,

diré, el ataúd, mejor.
¿Quién navegó en sus sepulcros,
nieve y fuego, sino yo?
¡Qué ameno sitio que es éste!
Aquí pienso que llamó
a cortes la primavera
la noble y plebeya flor.
¡Qué triste monte es aquél!
Tan disformes son los dos,
que les hace más amigos
la contraria oposición.
Allí cantan tristes aves
quejas que causan temor,
aquí pájaros alegres
enamoran con su voz.
Allí bajan los arroyos
despeñados con horror,
y aquí mansamente corren
dándole espejos al sol.
En medio desta fealdad
y esta hermosura, sacó
la frente un grave edificio:
miedo me causa y amor.
Mostrando pena y contento,
en este lugar estoy.

Can. 1º Venturoso caminante

que te has atrevido hoy
a llegar a estos umbrales,
mil parabienes te doy.
Llega a mis brazos.

Ludovico Al suelo

que pisas será mejor,
y llévame, por piedad,
agora a ver al prior
que este convento gobierna.

Can. 1º Aunque indigno, yo lo soy.

Habla, prosigue, ¿qué dudas?

Ludovico Padre, si dijera yo

quién soy, temiera que, oyendo
de mí, le diera temor
mi nombre, porque mis obras
tan abominables son
que por no verlas se cubre
de luto ese resplandor.
Soy un abismo de culpas
y un piélago de furor;
soy un mapa de delitos,
y el más grave pecador
del mundo; y para decillo
todo en sola una razón
—aquí me falta el aliento—,
Ludovico Enio soy.
Vengo a entrar en esta cueva
donde, si hay satisfación
a tantas culpas, lo sea
su penitencia. Yo estoy
absuelto, ya que el obispo
de Hibernia me confesó,
e informado de mi intento,
con agrado y con amor,
me consoló, y para ti
aquestas cartas me dio.

Can. 1º No se toma en sólo un día

tan gran determinación,
Ludovico, que estas cosas
muy para pensadas son.
Estad aquí algunos días
huésped, y después los dos
lo veremos más despacio.

Ludovico No, padre mío, eso no,

que no me he de levantar
desta tierra hasta que vos
me concedáis este bien.
Auxilio fue, inspiración
de Dios la que aquí me trujo,
no vanidad, no ambición,
no deseo de saber
secretos que guarda Dios.
No pervirtáis este intento,
que es divina vocación.
Padre mío, piedad pido:
dad a mis penas favor,
dad a mis ansias consuelo,
dad alivio a mi dolor.

Can. 1º Tú, Ludovico, ¿no adviertes

que pides mucho, y que son
los tormentos del infierno
los que has de pasar? Valor
no tendrás para sufrirlos.
Muchos, Ludovico, son
los que entraron, pero pocos
los que salieron.


El purgatorio de San Patricio

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