El purgatorio de San Patricio Jornada 2 Cuadro 1: 3

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El purgatorio de San Patricio Jornada 2 Cuadro 1 Pedro Calderón de la Barca


Capitán.

Ludovico viene aquí
preso, después que mató
tres de tu guarda y hirió
a muchos.

Rey.

Cristiano, di,
¿cómo no tiemblas de mí,
viendo levantar la mano
de mi castigo? Aunque en vano
siento estas desdichas yo,
porque esto y más mereció
quien hizo bien a un cristiano.
No castigo, premio sí
mereces tú, porque es bien
que a mí el castigo me den
de haberte hecho bien a ti.
Preso le tened aquí
hasta su muerte. Ya vano
es mi favor soberano.
Muere a mi furor rendido,
no por cristiano atrevido,
sino sólo por cristiano.

Vanse todos y queda Ludovico.

Ludovico.

Si por eso muero, harás
mi infeliz muerte dichosa,
pues morirá por su Dios
quien muriera por su honra.
Y un hombre que vive aquí,
entre penas y congojas,
debe agradecer la muerte,
última línea de todas,
pues cortará su guadaña
el hilo a vida tan loca,
que hoy empezara a ser mala,
fénix de mortales obras,
pues naciendo en las cenizas
de mi agravio y mi deshonra,
mi vista fuera veneno,
mi aliento fuera ponzoña,
que en Irlanda derramara
sangre vil en tanta copia
que se borrara con ella
de mi afrenta la memoria.
¡Ay, honor!, rendido yaces
a una mano rigurosa.
Muera yo contigo, y juntos
los dos no demos vitoria
a aquestos bárbaros. Pues
un breve rato le sobra
a mi vida, este puñal
tome en mí venganza honrosa.
Mas, ¡válgame Dios!, ¿qué aliento
endemoniado provoca
mi mano? Cristiano soy,
alma tengo, y luz piadosa
de la fe. ¿Será razón
que un cristiano intente agora,
entre gentiles, acciones
a su religión impropias?
¿Qué ejemplo les diera yo
con mi muerte lastimosa,
sino que antes desmintieran
las de Patricio mis obras?
Pues dijeran los que aquí
sólo sus vicios adoran
y el alma niegan eterna
a la pena y a la gloria:
«Que nos predique Patricio
el alma inmortal, ¿qué importa,
si Ludovico se mata
cristiano? También ignora
que es eterna, pues la pierde.»
Y con acciones dudosas,
fuéramos aquí los dos,
él la luz y yo la sombra.
Baste que tan malo sea,
que aún no me arrepiento agora
de mis cometidas culpas,
y que quiera intentar otras.
Pues, ¡vive Dios!, que mi vida,
si fuese posible cosa
escaparse hoy, fuera asombro
del Asia, Africa y Europa.
Hoy empezara a tomar
venganza tan rigurosa,
que en estas islas de Egerio
no me quedara persona
en quien no satisfaciera
la pena, la sed rabiosa
que tengo de sangre. Un rayo,
antes que la esfera rompa,
con un trueno nos avisa,
y después, entre humo y sombras,
de fuego fingiendo sierpes,
el aire trémulo azota.
Yo así, el trueno he dado ya
para que todos le oigan,
el golpe del rayo falta.
Mas, ¡ay de mí!, que se aborta
y antes que a la tierra llegue
es de los vientos lisonja.
No, no me pesa morir
por morir muerte afrentosa,
sino porque acabarán,
con mi edad temprana y moza,
mis delitos. Vida quiero
para empezar desde agora
mayores temeridades,
no, cielos, para otra cosa.

Sale Polonia.


El purgatorio de San Patricio

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