El purgatorio de San Patricio Jornada 2 Cuadro 1: 2

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El purgatorio de San Patricio Jornada 2 Cuadro 1 Pedro Calderón de la Barca


Filipo.

¿Cómo excederme? Atrevido,
infame…

Ludovico.

En cuanto has hablado,
Filipo, te has engañado.

Filipo.

No engañé.

Ludovico.

Pues si no ha sido
engaño…

Filipo.

¿Qué?

Ludovico.

…habrás mentido.

Filipo.

Fuiste desleal.

Dale un bofetón.

Polonia.

¡Ay, cielos!

Ludovico.

¿Cómo, a tantos desconsuelos,
no tomo satisfación,
cuando mis entrañas son
volcanes y mongibelos?

Sacan las espadas.
        Salen Egerio, rey, y soldados, y
        todos se ponen de la parte de Filipo.

Rey.

       ¿Qué es esto?

Ludovico.

Un tormento eterno,
una desdicha, una injuria,
una pena y una furia
desatada del infierno.
Ninguno por su gobierno
me llegue a impedir, señor,
la venganza, que el furor,
ni a la muerte está sujeto,
y no hay humano respeto
que importe más que mi honor.

Rey.

¡Prendelde!

Ludovico.

Llegue el que fuere
tan osado que se atreva
a morir, porque le deba
a su esfuerzo el ver que muere
a tus ojos.

Rey.

¡Que esto espere!
¡Seguilde!

Ludovico.

Desesperado,
en roja sangre bañado,
pienso proceder un mar,
por donde pueda pasar,
buscando a Filipo, a nado.

Acuchíllalos a todos y queda Egerio solo.

Rey.

Esto sólo me faltó
tras las nuevas que he tenido,
y es que el esclavo atrevido
que de la prisión huyó,
de Roma a Irlanda volvió,
y predicando la fe
de Cristo, tan grande fue
el número que ha seguido
su voz, que ya dividido
el mundo en bandos se ve.
Dícenme que es hechicero,
pues, a muerte condenado
de otros reyes, se ha librado
con escándalo tan fiero,
que ya atado en un madero
estaba, cuando la tierra
—que tantos muertos encierra
en sus entrañas—tembló,
gimió el aire, y se eclipsó
el sol, que en sangrienta guerra
no quiso dar a la luna
luz, que en su faz resplandece;
que este Patricio parece
que tiene, sin duda alguna,
de su mano a la fortuna.
Esto he sabido, y que cuantos,
entre prodigios y espantos,
admiraron su castigo
le siguieron, y hoy conmigo
viene a probar sus encantos.
Venga pues, e intentos vanos
examine entre los dos;
veremos quién es el Dios
que llaman de los cristianos.
Muerte le darán mis manos,
a ver si della se escapa,
en este sucinto mapa,
esfera de mi rigor,
este obispo, este pastor,
que viene en nombre del Papa.

Salen todos con Ludovico.


El purgatorio de San Patricio

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