El purgatorio de San Patricio Jornada 1 Cuadro 1: 1

Pág. 1 de 6
El purgatorio de San Patricio Jornada 1 Cuadro 1 Pedro Calderón de la Barca


PRIMERA JORNADA

[CUADRO I]

Salen Egerio, rey de Irlanda, vestido de pieles; Leogario; un Capitán; Polonia y Lesbia, deteniéndole.

Rey.

Dejadme dar la muerte.

Leogario.

Señor, detente.

Capitán.

        Escucha.

Lesbia.

        Mira.

Polonia.

        Advierte.

Rey.

Dejad que desde aquella
punta vecina al sol, que de una estrella
corona su tocado,
a las saladas ondas despeñado,
baje quien tantas penas se apercibe:
muera rabiando quien rabiando vive.

Lesbia.

¿Al mar furioso vienes?

Polonia.

Durmiendo estabas; di, señor, ¿qué tienes?

Rey.

Todo el tormento eterno
de las sedientas furias del infierno,
partos de aquella fiera
de siete cuellos que la cuarta esfera
empaña con su aliento.
En fin, todo su horror y su tormento
en mi pecho se encierra,
que yo mismo a mí mismo me hago guerra
cuando, en brazos del sueño,
vivo cadáver soy; porque él es dueño
de mi vida, de suerte
que vi un pálido amago de la muerte.

Polonia.

¿Qué soñaste, que tanto te provoca?

Rey.

¡Ay, hijas! Atended: que de la boca
de un hermoso mancebo
—aunque mísero esclavo, no me atrevo
a injuriarle, y le alabo—;
al fin, que de la boca de un esclavo
una llama salía,
que en dulces rayos mansamente ardía,
y a las dos os tocaba,
hasta que en vivo fuego os abrasaba.
Yo, en medio de las dos, aunque quería
su furia resistir, ni me ofendía,
ni me tocaba el fuego.
Con esto, pues, desesperado y ciego,
despierto de un abismo,
de un sueño, de un letargo, un parasismo,
tanto mis penas creo,
que me parece que la llama veo,
y, huyendo a cada paso,
ardéis vosotras, pero yo me abraso.

Lesbia.

Fantasmas son ligeras
del sueño, que introduce estas quimeras
al alma y al sentido.

Tocan una trompeta.

Mas, ¿qué clarín es éste?

Capitán.

        Que han venido
        a nuestro puerto naves.

Polonia.

Dame licencia, gran señor, pues sabes
que un clarín, cuando suena,
es para mí la voz de la sirena;
porque a Marte inclinada,
del militar estruendo arrebatada,
su música me lleva
los sentidos tras sí; porque le deba
fama a mis hechos, cuando
llegue en ondas de fuego navegando
al sol mi nombre, y con veloces alas
allí compita a la deidad de Palas.
([Ap.] Aunque más parte debe a este cuidado,
el saber si es Filipo el que ha llegado.)

Vase.

Leogario.

Sal, señor, a la orilla
del mar, que la cabeza crespa humilla
al monte, que le da, para más pena,
en prisión de cristal, cárcel de arena.

Capitán.

Divierta tu cuidado
este monstruo nevado,
que en sus ondas dilata
a espejos de zafir, marcos de plata.

Rey.

Nada podrá alegrarme.
Tanto pudo el dolor enajenarme
de mí, que ya sospecho
que es Etna el corazón, volcán el pecho.

Lesbia.

Pues, ¿hay cosa a la vista más süave
que ver quebrando vidrios una nave,
siendo en su azul esfera,
del viento pez, y de las ondas ave,
cuando corre veloz, surca ligera,
y de dos elementos amparada,
vuela en las ondas y en los vientos nada?
Aunque agora no fuera
su vista a nuestros ojos lisonjera,
porque el mar alterado,
en piélagos de montes levantado,
riza la altiva frente,
y sañudo Neptuno,
parece que, importuno,
turbó la faz y sacudió el tridente.
Tormenta el marinero se presuma,
que se atreven al cielo
montes de sal, pirámides de yelo,
torres de nieve, alcázares de espuma.

Sale Polonia.


El purgatorio de San Patricio

Jornada primera: Cuadro 1 - Cuadro 2
Jornada segunda: Cuadro 1 - Cuadro 2 Cuadro 3
Jornada tercera Cuadro 1 - Cuadro 2 - Cuadro 3 - Cuadro 4