El poeta alaba los ojos de la muy amada

EL POETA ALABA LOS OJOS
DE LA MUI AMADA

¡Oh sus ojos!
¡Oh sus ojos insondables i profundos i sombríos!
Oh! el misterio de los rios,
Oh! el misterio de las pálidas estrellas
I el misterio de los lagos
Reflejado en sus pupilas hondas, bellas
En sus ojos verdes, vagos.
 
¡Oh el milagro de sus ojos
Que yo cantaré de hinojos!
¡Oh el milagro sorprendente de sus ojos!


¡Oh los ojos de la amada!
Que me muestran lo que es la eternidad!
¡Oh que honda! Oh que inmensa su mirada!
Su mirada iluminada
Donde duerme la tristeza i la espiritualidad.
Oh! sus ojos llenos de sonambulismo
De hipnotismo
I de abismo.
Sorber quiero yo con todos mis sentidos,
Esos fluidos,
Esos fluidos apacibles de sus ojos misteriosos
I bañarme en esos rayos luminosos
Que se enredan en el arco de sus místicas pestañas
I se tejen i destejen como áureas telarañas...
 
¡Oh sus ojos!
¡Cómo miran!
¡Cómo admiran!
Nunca miran
Nunca admiran.
I cuando miran no ven
Porque miran vagamente,
Solo a mi me miran bien
Como el cielo, fijamente

Dulcemente,
Suavemente.

¡Oh! lo estraño de sus ojos insondables i sombríos
Cuando vuelven a lo cierto ya cansados de soñar
I se posan en los mios
Como algo que ha dejado de volar.
Siento frio,
Siento frio
Su mirada me penetra, me traspasa i me adivina,
Llega al fondo de mi alma i la ilumina
Como un rayo de luna
Que se clava en la laguna.
 
¡Oh sus ojos!
Que me bañan en un baño que suaviza
I poetiza.
I que son cual dos espejos
En que el espacio se encierra
I que siempre vagan léjos,
Léjos, léjos de la tierra.
 
¡Oh sus ojos!
¡Oh sus ojos infinitos!
Sus santos ojos contritos

Que se abrazan con el cielo,
I se enferman de desvelo,
De nostaljias i de anhelos,
I se espiritualizan
I se divinizan...
 
I esos ojos
I esos ojos insondables i profundos i sombríos
Misteriosos
Milagrosos
¡Esos ojos ya son míos!