El perro del hortelano: 32

Acto Primero
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El perro del hortelano Acto I Lope de Vega


Teodoro:

 El respeto
 me detuvo de ofrecella.

Diana:

 ¡Qué graciosa grosería!
 ¡Que con la capa la ofrezcas!

Teodoro:

 Así cuando vas a misa
 te la da Otavio.

Diana:

 Es aquella
 mano que yo no le pido,
 y debe de haber setenta
 años que fue mano, y viene
 amortajada por muerta.
 Aguardar quien ha caído
 a que se vista de seda,
 es como ponerse un jaco
 quien ve al amigo en pendencia;
 que mientras baja, le han muerto.
 Demás que no es bien que tenga
 nadie por más cortesía,
 aunque melindres lo aprueban,
 que una mano, si es honrada,
 traiga la cara cubierta.

Teodoro:

 Quiero estimar la merced
 que me has hecho.

Diana:

 Cuando seas
 escudero, la darás
 en el ferreruelo envuelta;
 que agora eres secretario:
 con que te he dicho que tengas
 secreta aquesta caída,
 si levantarte deseas.
Vase

Teodoro:

 ¿Puedo creer que aquesto es verdad? Puedo,
 si miro que es mujer Dïana hermosa.
 Pidió mi mano, y la color de rosa,
 al dársela, robó del rostro el miedo.
 Tembló, yo lo sentí: dudoso quedo.
 ¿Qué haré? Seguir mi suerte venturosa;
 si bien, por ser la empresa tan dudosa,
 niego al temor lo que al valor concedo.
 Mas dejar a Marcela es caso injusto;
 que las mujeres no es razón que esperen
 de nuestra obligación tanto disgusto.
 Pero si ellas nos dejan cuando quieren
 por cualquiera interés o nuevo gusto,
 mueran también como los hombres mueren.


El perro del hortelano de Lope de Vega

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