El perro del hortelano: 31

Acto Primero
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El perro del hortelano Acto I Lope de Vega


Diana:

 Ea, que ya te sonrojas,
 y lo que niega la lengua,
 confiesas con las colores.

Teodoro:

 Si ella te lo ha dicho, es necia.
 Una mano le tomé,
 y no me quedé con ella,
 que luego se la volví;
 no sé yo de qué se queja.

Diana:

 Sí, pero hay manos que son
 como la paz de la Iglesia,
 que siempre vuelven besadas.

Teodoro:

 Es necísima Marcela.
 Es verdad que me atreví
 pero con mucha vergüenza,
 a que templase la boca
 con nieve y con azucenas.

Diana:

 ¿Con azucenas y nieve?
 Huelgo de saber que templa
 ese emplasto el corazón.
 Ahora bien, ¿qué me aconsejas?

Teodoro:

 Que si esa dama que dices
 hombre tan bajo desea,
 y de quererle resulta
 a su honor tanta bajeza,
 haga que con un engaño,
 sin que la conozca, pueda
 gozarle.

Diana:

 Queda el peligro
 de presumir que lo entienda.
 ¿No será mejor matarle?

Teodoro:

 De Marco Aurelio se cuenta
 que dio a su mujer Faustina,
 para quitarle la pena,
 sangre de un esgrimidor;
 pero estas romanas pruebas
 son buenas entre gentiles.

Diana:

 Bien dices; que no hay Lucrecias;
 ni Torcatos ni Virginios
 en esta edad; y en aquélla
 hubo Faustinas, Teodoro,
 Mesalinas y Popeas.
 Escríbeme algún papel
 que a este propósito sea,
 y queda con Dios.
 [Se] cae [DIANA]
 ¡Ay Dios!
 Caí. ¿Qué me miras? Llega,
 dame la mano.


El perro del hortelano de Lope de Vega

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