El perro del hortelano: 30

Acto Primero
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El perro del hortelano Acto I Lope de Vega


Teodoro:

 Extrañamente me aprieta
 vuseñoría. “Esos ojos,
 le dije, esas niñas bellas,
 son luz con que ven los míos;
 y los corales y perlas
 de esa boca celestial...”

Diana:

 ¿Celestial?

Teodoro:

 Cosas como éstas
 son la cartilla, señora,
 de quien ama y quien desea.

Diana:

 Mal gusto tienes, Teodoro.
 No te espantes de que pierdas
 hoy el crédito conmigo,
 porque sé yo que en Marcela
 hay mis defetos que gracias,
 como la miro más cerca.
 Sin esto, porque no es limpia,
 no tengo pocas pendencias
 con ella... Pero no quiero
 desenamorarte de ella;
 que bien pudiera decirte
 cosas... Pero aquí se quedan
 sus gracias o sus desgracias;
 que yo quiero que la quieras,
 y que os caséis en buen hora.
 Mas pues de amador te precias,
 dame consejo, Teodoro,
 ansí a Marcela poseas,
 para aquella amiga mía,
 que ha días que no sosiega
 de amores de un hombre humilde.
 Porque si en quererle piensa,
 ofende su autoridad;
 y si de quererle deja,
 pierde el jüicio de celos;
 que el hombre, que no sospecha
 tanto amor, anda cobarde,
 aunque es discreto, con ella.

Teodoro:

 Yo, señora, ¿sé de amor?
 No sé, por Dios, cómo pueda
 aconsejarte.

Diana:

 ¿No quieres,
 como dices, a Marcela?
 ¿No le has dicho esos requiebros?
 Tuvieran lenguas las puertas,
 que ellas dijeran...

Teodoro:

 No hay cosa
 que decir las puertas puedan.


El perro del hortelano de Lope de Vega

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