El perro del hortelano: 19

Acto Primero
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El perro del hortelano Acto I Lope de Vega


Tristán:

 ¡Pluguiera a los cielos!
 Que a quien juega, nunca faltan,
 de esto o de aquello, dineros.
 Antiguamente los reyes
 algún oficio aprendieron,
 por, si en la guerra o la mar
 perdían su patria y reino,
 saber con qué sustentarse:
 ¡dichosos los que pequeños
 aprendieron a jugar!
 Pues en faltando, es el juego
 un arte noble que gana
 con poca pena el sustento.
 Verás un grande pintor,
 acrisolando el ingenio,
 hacer una imagen viva,
 y decir el otro necio
 que no vale diez escudos;
 y que el que juega, en diciendo
 “paro,” con salir la suerte,
 le sale a ciento por ciento.

Diana:

 En fin, ¿no juega?

Tristán:

 Es cuitado.

Diana:

 A la cuenta será cierto
 tener amores.

Tristán:

 ¡Amores!
 ¡Oh qué donaire! Es un hielo.

Diana:

 Pues un hombre de su talle,
 galán, discreto y mancebo,
 ¿no tiene algunos amores
 de honesto entretenimiento?

Tristán:

 Yo trato en paja y cebada,
 no en papeles y requiebros.
 De día te sirve aquí;
 que está ocupado sospecho.

Diana:

 Pues ¿nunca sale de noche?

Tristán:

 No le acompaño; que tengo
 una cadera quebrada.

Diana:

 ¿De qué, Tristán?

Tristán:

 Bien te puedo
 responder lo que responden
 las malcasadas, en viendo
 cardenales en su cara
 del mojicón de los celos:
 “Rodé por las escaleras.”


El perro del hortelano de Lope de Vega

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