El perro del hortelano: 15

Acto Primero
Pág. 15 de 95
El perro del hortelano Acto I Lope de Vega


Tristán:

 ¡Vidrio! Sí, muy bien lo sientes,
 si a verlas quebrar caminas;
 mas si no piensas pensar
 defetos, pensarte puedo,
 porque ya he perdido el miedo
 de que podrás olvidar.
 Pardiez, yo quise una vez,
 con esta cara que miras,
 a una alforja de mentiras,
 años cinco veces diez;
 y entre otros dos mil defetos,
 cierta barriga tenía,
 que encerrar dentro podía,
 sin otros mil parapetos,
 cuantos legajos de pliegos
 algún escritorio apoya,
 pues como el caballo en Troya
 pudiera meter cien griegos.
 ¿No has oído que tenía
 cierto lugar un nogal,
 que en el tronco un oficial
 con mujer y hijos cabía,
 y aun no era la casa escasa?
 Pues de esa misma manera,
 en esta panza cupiera
 un tejedor y su casa.
 Y queriéndola olvidar
 —que debió de convenirme—,
 dio la memoria en decirme
 que pensase en blanco azar,
 en azucena y jazmín,
 en marfil, en plata, en nieve,
 y en la cortina, que debe
 de llamarse el faldellín,
 con que yo me deshacía.
 Mas tomé más cuerdo acuerdo,
 y di en pensar, como cuerdo,
 lo que más le parecía;
 cestos de calabazones,
 baúles viejos, maletas
 de cartas para estafetas,
 almofrejes y jergones;
 con que se trocó en desdén
 el amor y la esperanza,
 y olvidé la dicha panza
 por siempre jamás amén;
 que era tal, que en los dobleces,
 y no es mucho encarecer,
 se pudieran esconder
 cuatro manos de almireces.

Teodoro:

 En las gracias de Marcela
 no hay defetos que pensar.
 Yo no la pienso olvidar.


El perro del hortelano de Lope de Vega

Personas - Acto I - Acto II - Acto III