El perro del hortelano: 14

Acto Primero
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El perro del hortelano Acto I Lope de Vega


Tristán:

 Pensando defetos,
 y no gracias; que olvidando,
 defetos están pensando,
 que no gracias, los discretos.
 No la imagines vestida
 con tan linda proporción
 de cintura, en el balcón
 de unos chapines subida.
 Toda es vana arquitectura;
 porque dijo un sabio un día
 que a los sastres se debía
 la mitad de la hermosura.
 Como se ha de imaginar
 una mujer semejante,
 es como un disciplinante
 que le llevan a curar.
 Esto sí; que no adornada
 del costoso faldellín.
 Pensar defetos, en fin,
 es medicina aprobada.
 Si de acordarte que veías
 alguna vez una cosa
 que te pareció asquerosa,
 no comes en treinta días;
 acordándote, señor,
 de los defetos que tiene,
 si a la memoria te viene,
 se te quitará el amor.

Teodoro:

 ¡Qué grosero cirujano!
 ¡Qué rústica curación!
 Los remedios al fin son
 como de tu tosca mano.
 Médico empírico eres;
 no has estudiado, Tristán.
 Yo no imagino que están
 desa suerte las mujeres,
 sino todas cristalinas,
 como un vidrio transparentes.


El perro del hortelano de Lope de Vega

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