El nuevo hospicio de pobres: 002

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El nuevo hospicio de pobres Pedro Calderón de la Barca


Sale el REY, viejo venerable.
REY:

¡Oh, tú, divina mente,
que en campos del oriente sin oriente,
desde el siglo primero sin primero,
hasta el postrero siglo sin postrero,
a no dejar de ser la que ya fuiste,
del labio del Altísimo naciste
primogénita suya,
tú, que desde la eterna infancia tuya
cielos habitas, siendo si a ellos subes,
tu trono las columnas de las nubes,
desde donde circundas
el orbe a giros, desde donde inundas
a giros el abismo,
poniendo a un tiempo mismo
en varios horizontes
ley a los mares, límite a los montes,
tú, en fin, que sin principio y fin criada,
como el cedro en el Líbano exaltada,
como en Cades la palma, la especiosa
oliva en valle, en Jericó la rosa
y el plátano en la orilla
de las aguas, fragrante maravilla
de vid vallada entre diversas flores,
diste la suavidad de los olores
distilando en aromas
al cinamomo y bálsamo las gomas,
que en místico atributo
de honestidad y honor rinden el fruto
por quien el sabio llama
al buen olor perfume de la fama,
atiende a la voz mía
antes que diga, oh tú, Sabiduría
de Dios, pues ya para saber quién seas
tus renombres lo han dicho.