El mayor desengaño (Versión para imprimir)

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Personas
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El mayor desengaño


El mayor desengaño

Tirso de Molina


Los que hablan en ella son los siguientes:

 


BRUNO, galán.
MARCIÓN, su criado.
EL PADRE DE BRUNO.
ATAÚLFO, galán.
UN TÍO DE EVANDRA.
Soldados.


VISORA, dama.
LEIDA, música.
EL REY DE FRANCIA.
LA REINA DE FRANCIA.
MARCELA, dama.
UGO, Papa.


EVANDRA, dama.
LAURETA, su criada.
EL CONDE PRÓSPERO.
LORENA, dama.
ENRICO, emperador.
MILARDO.


LA EMPERATRIZ.
ROBERTO.
LUCIO, estudiante.
FILIPO, estudiante.
LAURA, dama.
UN ÁNGEL.


Escena I
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



Salen BRUNO,de galán; MARCIÓN, de capigorrón;
EVANDRA, dama, y LAURETA, su criada, con mantos.
  
BRUNO

¡Extraña estás!


EVANDRA

No te espantes.


BRUNO

¿Cómo es posible me tengas
amor, si cruel te vengas
con desdenes semejantes
de males que nunca te hice? 5


EVANDRA

¡Qué terribles sois los hombres!


BRUNO

Si me abraso, no te asombres.


MARCIÓN

¡Qué a lo alajú que lo dice!


BRUNO

O me quieres bien o no.


EVANDRA

Quiérote con amor casto. 10


BRUNO

¿Que a persuadirte no basto
a darme una mano?


LAURETA

¡Jo!


MARCIÓN

Como allá se manosean
de lenguas, yo soy amigo
de obrar callando.


LAURETA

«¡Jo!», digo. 15


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena I
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



MARCIÓN

De «¡jo!» tus requiebros sean.
«¡Jo!» digas cuando te cases;
cuando el «sí» vayas a dar
digas «¡jo!»; cuando a fregar
ollas y platos repases, 20
por tiple o por contrabajo
cantes «¡jo!», pues lloro yo,
que al fregar no es malo el «¡jo!»
si en jo acaba el estropajo.
«¡Jo!» te llame tu señora, 25
«¡jo!» seas en toda parte,
«¡jo!» digas al acostarte,
«¡jo!» cuando salga la aurora.
«¡Jo!» sea tu sí y tu no;
«¡jo!» en plazas, tiendas, calles, 30
y en fin, un marido halles
con la paciencia de un Job.


BRUNO

Evandra, si cuando dejo
tantos aumentos por ti,
letras a quien años di, 35
respetos de un padre viejo,
grados de universidades,
leyes por las de tu amor,
cargos que ofrece el favor,
honras que son dignidades, 40
¿qué estado habrá que me cuadre,
pues maltratas mi deseo,
cuando despreciado veo
por ti mi estado y mi padre?
¿El darme una mano bella 45
fuera mucho galardón?


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena I
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



EVANDRA

Sí, Bruno, que la opinión
tengo de mi honor en ella.
Vive el recato entre miedos
de menosprecios villanos: 50
den otras el gusto a manos,
que yo dudo darlo a dedos.
Si lo que por mí has dejado
en mi amor cobrando vas,
juzga tú cuál vale más, 55
¿lo perdido o lo ganado?
Un alma ganas, que animas
con las llamas de tu amor,
un escrupuloso honor
que por recatado estimas. 60
Pierdes letras y opinión
de estudios en que amor calma:
por libros te doy el alma,
y por grados mi afición.
Si esta es más, deja que llegue 65
su tiempo, que yo sé, Bruno,
que me pides, importuno,
lo que gustas que te niegue.


MARCIÓN

¿Que no hay darme una manopla
a quien mis versos dedique? 70
¿Siquiera un dedo meñique,
una uña?


LAURETA

«¡Jo!», digo.


MARCIÓN

¡Sopla!
Jo y bofetón, presa y pinta.
La mano te pido yo,
pero en los carrillos no, 75
que es firma sin pluma y tinta.


BRUNO

Seis años ha que te adoro.


EVANDRA

Otros tantos ha que en ti
nuevo dueño al alma di.


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena I
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



BRUNO

Todas las joyas y el oro 80
que de mi madre heredé,
y en ti mejoran de dueño,
te traigo. Don es pequeño,
mas quilates de mi fe
le darán nuevo valor: 85
recibe mi voluntad,
y verás su calidad.


EVANDRA

A poder, Bruno, mi amor
ofenderse, me averguenzo
de ver que tan mal le apoyas. 90
De afrentadas esas joyas
se esconden en ese lienzo;
y aunque con prendas tan bajas
me ofendes, de tu oro advierto
que en fe de que viene muerto 95
para mi amor, le amortajas.
Seis años de voluntad
¿se pueden satisfacer
con oro? ¿Soy mercader
que vendo mi libertad? 100
¿Qué ignorancia hacerte pudo
intentar tan vil quimera?
Si amor vestirse quisiera
no se pintare desnudo;
pero tú para que torne 105
a agraviar en él la vista,
lienzo le das que se vista
y joyas con que se adorne.
Déjame y vete.


BRUNO

Oye, escucha;
no te alteres, no te enojes. 110


MARCIÓN

Hoy somos todos relojes.
También yo tengo mi hucha.

(Saca un pañuelo muy sucio y roto.)
 
Cuatro cuartos bien contados
en ese pañuelo van,
que si escudos amos dan, 115
damos cuartos los criados.
Porque aunque hay relojes hartos,
hay unos que así te goce
no paran hasta dar doce,
y otros que dan cuatro cuartos. 120
No alcanzan a más mis bríos;
recibe el escaso don,
que si cuatro cuartos son,
serán ocho con los míos.
Toma, ¿qué te melindrizas? 125
Tu padre es este, señor.
A no venir ciego amor,
por Dios que me descuartizas.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



El PADRE DE BRUNO. Dichos.
  
PADRE DE BRUNO

Buenos logros de tu estudio
dan a mis prolijos años, 130
a la opinión de tu ingenio
y al sudor de tus trabajos.
Buen empleo hizo la hacienda
que tanto tiempo he gastado
contigo en París, Bolonia, 135
Lovaina y Praga. Letrado
en las leyes de tu amor,
ya que no en sus desengaños,
la cátedra lees de prima,
amante ya que no sabio. 140
¿Honras así la nobleza
que de tus antepasados
es espejo de Colonia?
¿Este es merecido pago
de un padre que deposita 145
su ser en ti, y te ha entregado
por ser único, en mi casa,
su valor y sus cuidados?
¿Tú te casas sin mi gusto?
¿Tú, a mis consejos contrario, 150
el honesto traje truecas
de escuelas que ilustra a tantos,
por las galas licenciosas,
y para volar más alto,
mudas plumas (torpe y ciego) 155
al sombrero de la mano?
¡Plegue a Dios...!


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



BRUNO


(De rodillas.)

Padre y señor:
después de poner los labios
donde tú pones los pies,
tus canas reverenciando, 160
respondo humilde a tus quejas,
que aunque cuerdo he procurado
seis años ha obedecerte,
inclinaciones forzando,
ni ausencias, madres de olvidos, 165
ni estudios siempre contrarios
de la ociosidad dañosa,

(Levántase.)
 
ni entretenimientos castos
pudieron ser de provecho
a borrar de mis cuidados 170
el amor que a Evandra tengo,
de la hermosura el retrato.
Si supieras diligencias
que en tu obediencia buscaron
remedios contra mi amor 175
desvelos que me han costado,
yerbas, palabras, conjuros,
compañía de hombres sabios,
juegos, entretenimientos,
ya en la ciudad, ya en el campo, 180
lástima en vez de rigor
me tuvieras; mas son falsos
los remedios que dio Ovidio
contra este ciego tirano.
¿Qué importa que padre seas 185
y que los preceptos santos
de mi ley a obedecerte
me obliguen, si me inclinaron
las estrellas superiores,
que estando en lugar más alto 190
la jurisdicción te usurpan,
de quien me confieso esclavo?
Por la mujer (dijo Dios)
que dejaría olvidado
el hombre su padre y madre. 195
Ni te olvido, ni he dejado;
pero ¿qué tengo de hacer,
si las estrellas, los astros,
mi inclinación, mis deseos,
la libertad me usurparon? 200
Tú eres solo; muchos ellos;
amor, dios fuerte; yo, flaco:
bella Evandra; ¿cómo puedo
hacer resistencia a tantos?
Sangre ilustre, padre, tienes, 205
y el copioso mayorazgo
que me dejas en herencia
basta a darme noble estado.
Estudien hijos segundos,
que en las letras han cifrado 210
la dicha de sus aumentos
vinculada en sus trabajos;
que los únicos, cual yo,
cuando al ocio y al regalo
dan generosos desvelos, 215
ni es menosprecio ni agravio.
Evandra, si no tan rica,
porque los cielos cifraron
tesoros en su hermosura,
discreción, honra y recato, 220
es tan noble como yo:
no permitas, si eres sabio,
que me case con el oro,
ocasión de tantos daños.
Dotes que maridos compran, 225
los obligan como esclavos
a indignidades de honor,
por ser maridos comprados.
Así, padre, siglos cuentes,
que permitas mi descanso, 230
y antes que deje estos pies
pueda a Evandra dar la mano.


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Escena II
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



PADRE

DE BRUNO



Antes que mis canas vean
mi afrenta, tu desacato
y deshonra de tu sangre, 235
plegue al cielo...


MARCIÓN


[Aparte.]

Ya plegamos.


PADRE

DE BRUNO



Que la noche de tus bodas
trueques gustos en agravios,
y el tálamo que deseas
manchen adúlteros brazos; 240
jamás te mire amorosa,
desdenes sean sus regalos,
menosprecio sus favores,
y sus promesas, engaños.
No fertilice con hijos 245
tu desobediente estado,
y si los tienes, pobreza
mezcle su amor con trabajos.
Tus más amigos te vendan,
tengan poder tus contrarios 250
en tu deshonra, mas... no...
hágate Dios un gran santo.
Pero ¿cómo se enternece
un corazón injuriado
de un hijo, que tanto quiso 255
a un padre, a quien debe tanto?
Plegue al cielo si, en mi ofensa
dieres la atrevida mano
a esa mujer, pobre al fin,
que es la afrenta de más caso, 260
que todos te menosprecien,
no te acompañen hidalgos,
de desleales te sirvas,
pidas limosna a villanos;
si jurares no te crean, 265
en cuanto pusieres mano
desdichas te aguen aumentos;
cuando estés más confiado
de la lealtad de un amigo,
te usurpe lo más preciado 270
de tu gusto; pero... no...
hágate Dios un gran santo.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
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EVANDRA

Si no tuviera respeto
a tus venerables años
y al amor que tengo a Bruno, 275
de tu nobleza traslado,
pudiera ser respondiera
a medida del agravio
que en mi calidad injurias
si no descortés, osado. 280
Mi sangre no desmerece
darte nietos, pues honraron
mis progenitores nobles
augustos triunfos y lauros.
Si a falta del oro vil, 285
que califica villanos,
supliendo sangres ilustres,
dorando quilates bajos,
mi nobleza en poco tienes,
guarda tesoros avaros, 290
que los de mi honor estimo
como más calificados.
No vendo a peso de hacienda
la calidad que he entregado
a persuasiones de Bruno, 295
a fuer de mercader falso;
sólo noble correspondo
en amorosos contratos
a la fe con que me sirve
firme, no rico, le amo. 300
Y agradece la firmeza
con que en mi pecho ha arraigado
su proceder generoso
la fe de su noble trato;
que a poderle despreciar, 305
causa en tus palabras hallo
para que de él ni de ti
hagan mis injurias caso.


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Escena II
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BRUNO

Padre..., señor..., ¿es posible
que con ruegos no te ablando? 310
Si estimas tesoros, coge
perlas de estos ojos claros,
oro de aquesos cabellos,
rubíes de aquesos labios,
satisfarás intereses 315
que está el amor invidiando.


PADRE

DE BRUNO



En fin, ¿contra el gusto mío
te intentas casar, dejando
burladas mis esperanzas?


BRUNO

¿Qué he de hacer, si amor tirano 320
violenta, padre, deseos?


MARCIÓN

Si no es más en nuestra mano,
¿qué habemos de hacer los dos
sino echar cosas a un lado?


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Escena II
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PADRE

DE BRUNO



No me llames padre más. 325


BRUNO

Mi padre y señor te llamo.


PADRE

DE BRUNO



Mientes.


MARCIÓN

¡Ay! Cargado queda.


PADRE

DE BRUNO



Hijos que degeneraron
de su valor, no son hijos,
sino espúreos y bastardos. 330
Desde aquí te desheredo,
que aunque te faltan hermanos,
sobrinos ilustres tengo,
no cual tú, locos e ingratos.
Si más los umbrales pisas 335
de mi casa...


MARCIÓN

Aquí entra un palo
de molde.


PADRE

DE BRUNO



... ¡Viven los cielos!,
que ha de matarte un esclavo.
Susténtete tu mujer;
si en sus dientes y en sus labios 340
perlas tienes y rubíes,
bien puede suplir tus gastos.
¿Qué joyas, traidor, son estas?


MARCIÓN

Escondo mis cuatro cuartos.


PADRE

DE BRUNO



Muestra y agradece.


MARCIÓN

¡Malo! 345


BRUNO

Señor, mira.


PADRE

DE BRUNO



Dios permita,
pues su enojo forja rayos,
que uno te abrase; mas..., no...
Hágate el Cielo un gran santo.

(Vase.)


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Escena III
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



Dichos, menos el PADRE DE BRUNO.
  
MARCIÓN

A la luna de Valencia 350
parece que nos quedamos;
¿qué habemos de hacer agora?


BRUNO

¡Hay tal crueldad!


MARCIÓN

¡Oh viejazo!


BRUNO

Mi bien, si anda amor desnudo,
amor soy, pues le retrato. 355
Padre y casa por ti pierdo,
gloria y dicha por ti gano.
¿Quieres que sea tu huesped?


EVANDRA

No, Bruno, que los engaños
temo que otro huesped hizo 360
a la viuda de Cartago.


BRUNO

Llévame a tu casa.


EVANDRA

Tengo
un tío viejo y avaro,
y no lo consentirá,
que es mal acondicionado. 365


MARCIÓN

Laureta, ¿no habrá un rincón
entre sartenes y cazos?
Llévame contigo.


LAURETA


Tengo
a la escalera un alano
que una pierna se merienda, 370
y en la cocina dos gatos
con unas uñas de a jeme.


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Escena III
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MARCIÓN

Buenas son para escribanos.


BRUNO

En fin, ¿te vas y me dejas?


EVANDRA

El alma te ha aposentado 375
en medio del corazón.


MARCIÓN

Y el cuerpo, a ti suspiramos,
 
(A LAURETA.)

¿que me dejas y te vas?


LAURETA

El alma, gorrilacayo,
le llevo, que el cuerpo no. 380


MARCIÓN

¿Almas llevas? Serás diablo.
  
(Vanse EVANDRA y LAURETA.)


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Escena IV
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BRUNO, el CONDE PRÓSPERO y MARCIÓN.
  
PRÓSPERO

¿Qué tenéis en esta calle,
Bruno, que tan de ordinario
deseos avecindáis
en ella? Jamás os hallo 385
cuando os busco, sino aquí.


BRUNO

¡Oh conde y señor! Son pasos
de la pasión de mi pena
los que por esta calle ando.
Aquí vive quien me mata. 390


PRÓSPERO

¡Gracias a Dios que he sacado
en limpio que sois amante!


BRUNO

Venturoso y desdichado.


PRÓSPERO

Esas son contradictorias.


BRUNO

Correspóndeme quien amo 395
y desdéñame amorosa;
veis aquí los dos contrarios.


MARCIÓN

Lo cierto es, señor (si puede
a un conde hablar un lacayo
bachiller en la carteta 400
y en el pasar licenciado),
que el estar a tales horas,
cuando Febo está jugando
con la noche al escondite,
es sólo a falta de rancho. 405


BRUNO

Calla, loco.


PRÓSPERO

¿Cómo es eso?


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Escena IV
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BRUNO

En la nobleza fïado
y amistad que os acredita,
os contaré sin cansaros
mis desdichas brevemente. 410
Sirvo a Evandra, habrá seis años,
origen de la hermosura,
de sus efectos milagro.
Honradas correspondencias
alientan deseos tiranos 415
y refrenan osadías
entre el amor y el recato.
Pienso casarme con ella,
a cuya causa he mudado
el hábito y profesión, 420
contradiciendo cuidados
de mi padre, que lo estorba.
Hallome con ella hablando
a sus puertas, de su luz
telliz o cortina, un manto. 425
Alborotose de verme
mi viejo padre, aumentando
lágrimas con maldiciones,
unas nubes y otros rayos;
y, al fin, viendo que rebelde 430
en este sol idolatro,
de su casa me despide,
injurias multiplicando.
Pedí a mi Evandra que fuese
la suya hospicio y sagrado 435
de mi destierro y amor;
pero como puede tanto
la ocasión con él, temiola,
y escarmientos del troyano
huesped de la amante Elisa 440
hoy su puerta me cerraron.
Como sin padre me veo
y sin casa, recelando
perder mi dama también,
me quedé filosofando 445
quimeras, que en veros, conde,
cesan, pues con vuestro amparo
no echo menos padre y casa.


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Escena IV
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MARCIÓN

Este es el benedicamus?


PRÓSPERO

Agora que sé que puedo 450
serviros, amigo, en algo,
en albricias de la pena
os doy...


MARCIÓN


(Aparte.)

¿Dineros?


PRÓSPERO

Los brazos.
Si os casáis, tendréis en mí
padrino. Si os ha negado 455
vuestro padre, en mí hallaréis,
ya que no padre, un hermano.
¿Qué tengo yo que no sea
vuestro?


BRUNO

Sois ejemplo raro
de la amistad y nobleza. 460


MARCIÓN

Sois...


BRUNO

¡Ah necio!


MARCIÓN

Largo y ancho.


PRÓSPERO

Hacienda hay para los dos.


BRUNO

Alargue vida y estados
el cielo a vuestra nobleza.


MARCIÓN

Y a mí, ración y salario. 465


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Escena V
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Dichos y EVANDRA, a la ventana.
  
EVANDRA

¡Qué mal hice en despedirle!
Corta y descortés he andado.
Cuando mi casa le niegue,
favores le dan regalos.
¿No se ha ido? Señor mío, 470
¿sois vos?


MARCIÓN

Bruno serenado
y yo somos maza y mona
que un romadizo aguardamos.


BRUNO

Soy, Evandra de mis ojos,
un enfermo que esperando 475
que salga el sol de tu luz,
a tus umbrales aguardo.
¿Quieres abrirme, mi bien?


MARCIÓN

Abra, mientras que yo abro,
entre dormido y hambriento, 480
bostezos y boca a palmos.


EVANDRA

Perdona si mis recelos
se muestran contigo avaros,
y el hospedaje te niega
quien su libertad te ha dado. 485
Amor es niño, y se atreve,
si solo y determinado
le ofrece el tiempo y la noche
cabellos ocasionados.
Yo estimo tanto mi honor, 490
que no ha de tocar mi mano
quien no me la dé de esposo
debajo del yugo santo.
Y es esto con tanto extremo,
que cuando hubiera llegado 495
a tomármela por fuerza
el hombre más torpe y bajo,
o me casara con él,
o hiciera matarle en pago
de su loco atrevimiento. 500
Esto obliga a mi recato
a no admitirte en mi casa;
pero si quieres de espacio
hablarme y verme, esta noche
Lorena me ha convidado 505
(que es mi amiga y es mi deuda)
a divertir el enfado
del calor, entreteniendo
juegos noches de verano.
Dos casas vive de aquí; 510
procura que nos veamos;
dispondremos nuestras cosas,
y adiós. ¡Hola! Dame un manto.

(Éntrase EVANDRA.)


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Escena VI
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Dichos, menos EVANDRA.
  
MARCIÓN

¿Juegos sin cena? ¡Abrenuncio!
Manden que nos echen algo, 515
ya sea asado o cocido,
que a la hambre no hay pan malo.


BRUNO

Conde, esta noche pretendo,
temores asegurando,
desposarme con mi Evandra, 520
si ayudáis mi intento casto.
Yo sé que ella lo desea,
y mi padre, aunque enojado,
es padre, en fin, y piadoso,
en olvido pondrá agravios. 525
¿Qué os parece?


PRÓSPERO

Divertido
estaba. Si desposaros
intentáis, padrino soy;
no cuidéis de costa y gastos.
Vamos a trocar vestidos 530
de gala.


BRUNO

A estar Alejandro
vivo, ¡qué envidia os tuviera!


PRÓSPERO


(Aparte.)
 
¡Oh mujer divina!


BRUNO

Vamos.


PRÓSPERO


(Aparte.)
 
Si con palabras hechizas,
¿qué harás con los bellos rayos 535
que en tu hermosura contemplo?
Amor ciego, retiraos;
pensamientos, resistid,
que si cobardes y flacos
os rendís, mi amigo ofendo; 540
mas con amor no hay agravios.

(Vanse BRUNO y PRÓSPERO.)


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Escena VII
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MARCIÓN y LAURETA a la ventana.
  
MARCIÓN

¡Ce! Laureta. ¡Ce, be, de!


LAURETA

¿Quién llama?


MARCIÓN

Yo llamo y amo.


LAURETA

¿Y qué me quieres?


MARCIÓN

Que me quieras.


LAURETA

Lávese primero.


MARCIÓN

Lavo 545
cara, sotana y manteo,
para servirte lavado.


LAURETA

¿Y tiene agua?


MARCIÓN

No.


LAURETA

¡Agua va!

(Arrójale agua y retírase.)


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Escena VIII
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MARCIÓN, solo.
  
MARCIÓN

¡Ay! Esta es agua, este es caldo;
llena está de zarandajas: 550
gueso es este, éste estropajo.
¡Oh ladrona, no os me iréis
al otro mundo a pagallo!

(Vase.)


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Escena IX
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ATAÚLFO y LORENA.
  
LORENA

¡Qué quieres! Estoy celosa,
Ataúlfo, con razón. 555


ATAÚLFO

Espuelas los celos son
de una pasión amorosa;
mas sin causa, ya tú ves
si serán, Lorena, injustos.


LORENA

Eres tratante de gustos; 560
grande será tu interés.
¿Qué tanto habrá que no vienes
a esta casa?


ATAÚLFO

Ocupaciones
impiden tanto...


LORENA

Aficiones,
dirás mejor. ¿Las que tienes 565
te impidieran el venir
a verme?


ATAÚLFO

¡Qué tal escucho!


LORENA

Haste encargado de mucho;
no con todo has de cumplir.
Lo que no es tan importante, 570
que es mi honor, olvidarás.


ATAÚLFO

Pesada, Lorena, estás.
No pase más adelante
tu enojo, que, vive Dios,
a pensar que hablas de veras, 575
que a mi muerte causa dieras.
Amor puede entre los dos
hacer paces, que en cuidados
como estos, los celos son
como quien mete quistión 580
entre dos enamorados,
que después de estar reñidos,
pasado el primer furor,
aumenta llamas su amor
y ellos se quedan corridos. 585


LORENA

Ahora bien; yo te perdono
como propongas la enmienda.


ATAÚLFO

No hay cosa en mí que te ofenda;
mi firmeza está en abono.
¿En qué pasatiempo piensas 590
pasar esta noche injurias
del calor?


LORENA

Contra sus furias
tú entretienes y dispensas,
que como amor predomina,
su fuego, y no el tiempo, abrasa. 595
Esperando estoy en casa
a Evandra, nuestra vecina.
Es amante suyo Bruno,
y como a honrados respetos
del amor viven sujetos, 600
les doy lugar oportuno
para que se vean aquí.


ATAÚLFO

Bruno es cuerdo y es mi amigo,
más a quererte me obligo
si ayudas su amor así; 605
pero este debe de ser.


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena X
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El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



El CONDE PRÓSPERO. Dichos.
  
PRÓSPERO

Ociosidad y calor
necesitan el favor,
Lorena, que entretener
sabe, cortés y discreto, 610
a quien se vale de vos.


ATAÚLFO

¡Conde y señor!


PRÓSPERO

De los dos
buena noche me prometo.


LORENA

¿Vueseñoría en mi casa?


PRÓSPERO

Una guéspeda tan bella 615
habéis de tener en ella,
que su memoria me abrasa.
Da licencia a mi deseo
y anima mis desatinos;
pero con tales padrinos 620
como en vosotros dos veo,
no saldrá mal despachado
el pleito con que he venido.


ATAÚLFO

Por señor os he tenido,
de serviros me he preciado, 625
y comprara yo ocasiones
a costa de mis desvelos
para serviros.


PRÓSPERO

Con celos,
amor y imaginaciones
vengo, Ataúlfo, a ampararme 630
de vuestro noble favor
y de Lorena.


LORENA

Señor,
serviros de mí, es honrarme.


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena X
Pág. 023 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



PRÓSPERO

¿A Evandra habéis convidado
esta noche?


LORENA

Y tarda ya. 635


PRÓSPERO

Bruno, que en su amor está
tiernamente transformado,
contándome sus empleos,
de suerte me encareció
su hermosura, que engendró 640
en mí, si no amor, deseos.
Diole audiencia una ventana,
de mi libertad hechizo,
de donde le satisfizo
tan honesta y cortesana, 645
que aunque la tiniebla oscura
ver su cara me negó,
su discreción confirmó
en mis penas su hermosura;
porque alma tan discreta, 650
¿quién duda que en cuerpo vive
hermoso, y que la apercibe
posada en todo perfeta?
A ver por los ojos vengo
si corresponde esta dama 655
con mis dudas y su fama.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena X
Pág. 024 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



LORENA

Yo por dichosa me tengo
de que hagáis esa experiencia
en mi casa, y si a testigos
de toda verdad amigos 660
gustáis de dar fe en ausencia,
yo os prometo que Evandra es
envidia de la hermosura.


ATAÚLFO

Y en donaire y hermosura,
hija de las Gracias tres. 665


LORENA

¿No basta que yo la alabe
sin que vos seáis su orador?


PRÓSPERO

¿Son celos?


LORENA

Celos y amor.


PRÓSPERO

Es un mixto ése suave.


LORENA

Y esta, Evandra, que ha venido 670
a sacarme verdadera.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XI
Pág. 025 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina


EVANDRA y LAURETA, con mantos. Dichos.
  
EVANDRA

Amiga.


LORENA

A quien os espera
amante, habéis ofendido.


ATAÚLFO

Y a esta casa, que sin vos
todo bien juzga pequeño. 675


EVANDRA

No echará menos su dueño
ocupándola los dos.


LORENA

Hablad al Conde, a quien debo
por vos aquesta merced.


PRÓSPERO

¡Ojos, venda os poned, 680
no os cieguen rayos de Febo!


EVANDRA

Vueseñoría me dé
sus manos.


PRÓSPERO

(Aparte.)
 
A ser de esposo,
mil veces yo, venturoso.

(Alto.)
 
Un alma, Evandra, os daré, 685
que se enamoró de oíros
y os idolatra de veros,
se eterniza con quereros
y se honra con serviros.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XI
Pág. 026 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



EVANDRA

A no saber yo cuán largo 690
sois, señor, en dar favor
a medida del valor,
que siempre tenéis a cargo,
y mis méritos indignos,
o me hiciérades correr, 695
conde, o ensoberbecer.


PRÓSPERO

Si esos ojos benignos
para Bruno y para mí,
no oso decir rigurosos,
pensamientos amorosos 700
hallasen piedad, aquí
dará un conde que os adora
a su ventura la palma,
haciéndoos, como del alma,
de cuanto tiene, señora. 705


EVANDRA

Suplico a vueseñoría
que mude conversación,
que afrentarme no es razón,
aunque honrarme es cortesía.


PRÓSPERO

La verdad, por Dios, os digo. 710


EVANDRA

Seralo el encarecer,
pero no podré creer
que en ofensa de un amigo,
a quien su favor admite,
mientras que no desmerece 715
cuando su casa le ofrece,
su dama le solicite.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XI
Pág. 027 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



PRÓSPERO

Si es Bruno, culpad su amor,
pues ofendiendo el secreto,
aunque amante, fue indiscreto 720
y necio encarecedor
de belleza, cuya copia
materia ha dado a mi pena,
pues peligra en dama ajena
y deshonra en mujer propia. 725
Yo estimaba su amistad,
mas ya no será razón
habiendo sido ocasión
de perder mi libertad.
Dejad que mi dicha ordene, 730
aunque mi lealtad estrague.
Quien tal hace, que tal pague;
quien tal paga, que tal pene.


EVANDRA

Yo, conde, soy diferente
de opinión, que es rigor grave 735
que porque Bruno me alabe
olvidándole le afrente;
y quiero que sea testigo
de mi amor la noble llama;
que sé hacer más firme dama 740
que vos, conde, fiel amigo.


ATAÚLFO

Ahorremos de intercesiones,
Lorena, que lo mejor
entre pendencias de amor
es ofrecer ocasiones. 745
El Conde es noble, y merece
lo que Bruno es razón pierda;
su alabanza poco cuerda
justo castigo le ofrece.


LORENA

Quédense solos los dos 750
y averiguen sin testigos
obligaciones de amigos
y de amantes.


ATAÚLFO

Bien, por Dios.
Las luces mato, fingiendo
que voy a despabilarlas. 755


LORENA

Las ocasiones, gozarlas
el que es sabio.


PRÓSPERO

Ya te entiendo.


(Vanse ATAÚLFO y LORENA,
después de apagar las luces.)


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XII
Pág. 028 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



El CONDE PRÓSPERO y EVANDRA.
  
EVANDRA

¡Ay cielos! Conde, ¿qué es esto?


PRÓSPERO

Fuerza, Evandra, de mi amor.


EVANDRA

Ataúlfo, ¿vos traidor? 760
¿Vos, conde, tan descompuesto?
¿Tú, Lorena, desleal?
Soltad, conde; soltad, digo;
torpe amante, ruin amigo,
soltad la mano.


PRÓSPERO

En igual 765
correspondencia, si pasa
mi amor a lo que interesa,
seréis mi esposa y condesa,
dueño seréis de mi casa.
Quien os tocase la mano, 770
oí yo que había de ser
vuestro esposo, y sois mujer
noble y firme, no hagáis vano
juramento en que me va
la vida. La mano os toco; 775
yo os adoro, yo estoy loco.


EVANDRA

¡Basta, conde, basta ya!


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIII
Pág. 029 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



El CONDE PRÓSPERO, EVANDRA,
ATAÚLFO, LORENA y LAURETA, con luces.
  
ATAÚLFO

Bruno, Próspero está en casa;
sosegaos y componeos.


PRÓSPERO

¡Ay amorosos deseos! 780
¿Qué hará un alma que se abrasa?


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIV
Pág. 030 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



BRUNO y MARCIÓN. Dichos.
  
BRUNO

Por la mano me ganáis,
señor conde.


PRÓSPERO

Por la mano
que pierdo, la mano gano.


BRUNO

¡Qué solícito me honráis! 785


MARCIÓN

Ya yo he mudado de pelo.
¿No me ves en otro traje,
Laureta?


LAURETA

¿Es lacayo o paje?


MARCIÓN

Laquipaje, vive el cielo.
No hay caballos que curar; 790
mientras se compra un morcillo,
a fuer de obispo de anillo,
soy lacayo titular.


BRUNO

Turbada, mi Evandra, estáis.


EVANDRA

Ocasión debe de haber. 795


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIV
Pág. 031 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



BRUNO

Mis desdichas deben ser.


EVANDRA

Es, sin duda.


BRUNO

Vos bastáis
a aliviarlas y el favor
que con el Conde consigo.


EVANDRA

Tenéis en él un amigo 800
de notable ley y amor.


LORENA

Remitid cosas de amores
para después, y juguemos
un rato.


EVANDRA

¿A qué?


LORENA

Bien podremos
pasar jugando a las flores 805
horas que pasadas son
por el calor.


PRÓSPERO

(Aparte.)
 
Niño astuto,
en flor estáis; dadme fruto,
que no hay bien sin posesión.


BRUNO

Sentémonos, pues, si el Conde 810
gusta de nuestros floreos.
  
(Siéntanse y sacan una cesta de flores.)
  

PRÓSPERO

Si a flores de mis deseos
igual fruto corresponde,
poco va de juego a fuego:
jugando pienso abrasarme. 815


LORENA

Tome el Conde.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIV
Pág. 032 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



LAURETA

¿Y no ha de darme también él flores?


MARCIÓN

Ya llego a entregarte la más bella
y más olorosa flor,
porque sospecha mi amor, 820
Laureta, que estás sin ella.


LAURETA

Miente el pajilacayazo.


MARCIÓN

Esta hoja en su lugar lleva,
y taparaste, como Eva,
con la hoja de un lampazo. 825


LAURETA

Esta es ortiga.


MARCIÓN

Perdona si te he venido a picar,
porque así pienso pagar el «agua va»,
socarrona.


PRÓSPERO

Este clavel me ha cabido. 830


ATAÚLFO

¿A qué dama se le dais?


PRÓSPERO

Donde vos, Evandra, estáis,
 
fuera mi amor sin sentido,

si duraran mis cuidados

de dárosle en esta empresa. 835


LORENA

El cielo os haga condesa.


ATAÚLFO

Dios os haga bien casados.

(Levántase y quítale la flor.)


LORENA

Evandra y el Conde vivan.


ATAÚLFO

Para en uno son los dos.


BRUNO

¿Qué es eso, Próspero? Vos, 840
en quien mis honras estriban,
¿consentís que os intitulen esposo de quien adoro?


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIV
Pág. 033 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



MARCIÓN

Por Dios, que han soltado el toro.


BRUNO

No es bien que se disimulen 845
mis agravios. Con la espada
pienso deshacer traidores
engaños, que cifran flores,
contra una amistad quebrada.


PRÓSPERO

Bruno, advertid que conmigo 850
no es justo que compitáis.


BRUNO

¿Fe rompéis y flores dais?
¿Vos sois noble? ¿Vos, amigo?


PRÓSPERO

Soy noble, y por eso os dejo;
soy digno merecedor 855
de Evandra, y es mi valor
tal, si no mudáis consejo,
que os obligará a dejar
prenda que no merecéis.


BRUNO

¿Cómo, celos, si esto veis, 860
no me procuráis vengar?


ATAÚLFO

Bruno, en aquesta ocasión,
temed la airada venganza
del Conde.


BRUNO

Presto me alcanza,
padre, vuestra maldición. 865
Ya el enemigo en quien fié,
la prenda de más estima
me usurpa.


MARCIÓN

Al Conde se arrima
todo hombre; lo mismo haré.
¡Viva quien vence!


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIV
Pág. 034 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



ATAÚLFO

Dejad, 870
Bruno, locas competencias
y veréis las experiencias
que obligan a mi amistad
a este lado contra vos.


LORENA

Bruno, a Evandra el Conde adora. 875


MARCIÓN

Bruno, disimula agora,
que eres uno y ellos dos.


BRUNO

Ingrata, ¿así corresponde
tu amor mudable a seis años
de penas?


ATAÚLFO

Los desengaños 880
juzguen si es mejor un conde
de quien Evandra sea esposa,
que no un pobre caballero.


BRUNO

¿Muda estás, cruel? Ya infiero
que consientes engañosa. 885


EVANDRA

¡Cielos! ¿Hay tal confusión?


MARCIÓN

Ella es una buena lanza,
fuego azul.


BRUNO

Presto me alcanza,
padre, vuestra maldición.


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XV
Pág. 035 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



El TÍO DE EVANDRA. Dichos.
  
TÍO

DE EVANDRA


¿Qué alboroto desatina 890
la vecindad de este modo?


MARCIÓN

¿Mas que viene el barrio todo?


TÍO

DE EVANDRA


Teneos. ¿Qué es esto, sobrina?
Bruno, ¿qué es esto?


BRUNO

Pasiones
del amor y la amistad 895
son contra la deslealtad
sobre las juridicciones.


PRÓSPERO

Parte sois de esta causa, pues sois tío,
Artemio noble, de mi Evandra bella,
y juez habéis de ser, que de vos fío, 900
la sentencia en favor de mi querella.
Vendiose Bruno por amigo mío;
pero interés de amor, ¿qué no atropella,
si es mercader que en ferias de amistades
amigos vende y compra voluntades? 905
A vuestra Evandra amaba, hermoso objeto
de mi ventura, y fue correspondido
seis años, aunque a costa del respeto
que a sus letras y padres ha perdido,
desheredole en fin; forzoso efeto 910
de un hijo inobediente y atrevido.
Contome sus desgracias y pobreza,
a que acudió piadosa mi largueza;
encareciome tanto la hermosura
de su dama; juntó merecimientos, 915
nobleza, discreción, gracia y cordura,
que despertó en mí nuevos pensamientos.
Quien a su dama alaba, ¿qué procura?
¿De qué sirven, decí, encarecimientos,
que aun dentro el alma los amantes sabios 920
recelan, cuanto y más rompiendo labios?
¿Quién alabó el manjar al deseoso
que no se lo quitase de las manos?
¿El tesoro al corsario; al ambicioso
la privanza de reyes y tiranos? 925
¿La empresa de valor al generoso,
joya a mujer y gala a cortesano,
ni dama a amigo, que, aunque más lo fuese,
su posesión a riesgo no pusiese?
Vi su belleza; fue mi amor testigo 930
de lo que puede la alabanza ajena;
juzgad si es bien que niegue por mi amigo
mi gloria propia a costa de mi pena.
Sírvale su alabanza de castigo,
pues su lengua habladora le condena, 935
y Evandra, pues su mano besé, hermosa,
su juramento cumpla y sea mi esposa.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XV
Pág. 036 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



TÍO

DE EVANDRA


La ventura, conde ilustre,
que dais a nuestro linaje,
al ciego amor agradezco, 940
si niño, con vos gigante.
Evandra, si hermosa, es cuerda,
y si elección de vos hace,
premiando su discreción,
dará valor a su sangre. 945
No hay duda que os anteponga,
olvidando mocedades
a Bruno, pues tal esposo
adquiere por tal amante.
Y cuando necia resista, 950
yo que en lugar de su padre
quedo con nombre de tío,
os la ofrezco de mi parte.
Cumplid, Bruno, mandamientos
tan dignos de respetarse, 955
y maldiciones temed,
siendo justas, que os alcancen.
Las letras que profesáis
seguid, pues sois estudiante,
y estudiad de hoy más por ellas 960
a callar, que es ignorante
quien antes de poseer
alaba prendas de nadie,
que dineros y hermosuras
siempre suelen codiciarse. 965
Dale, Evandra, al Conde el sí
con la mano.


LORENA

Amiga, baste
la resistencia que has hecho,
porque condesa te llames.
Perdiote por hablador 970
quien no supo conservarte:
él fue necio; el Conde, cuerdo;
quien tal hace, que tal pague.


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XV
Pág. 037 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



ATAÚLFO

¡Cuánto es mejor para esposo
quien sólo de oír nombrarte 975
te amó, que quien por hablar
conservar su amor no sabe!
Bruno es pobre, el Conde rico,
las maldiciones de un padre
es fuerza que participes 980
cuando con Bruno te cases.
Amor es fuego y sin oro
será fuerza que se apague,
que es la leña que le aumenta.
Méritos del Conde sabes; 985
escarmiente Bruno en ti,
y si ama otra vez, no alabe
bellezas que perder puede:
quien tal hace, que tal pague.


LAURETA

Si ha de tomar mi voto, 990
danos señor que nos mande
rico y noble, que se muere
entre pobres amor de hambre.
Agarra una señoría,
visita esposas de grandes, 995
llévente en silla a la iglesia
y en carroza por las calles.
Quédese Bruno por bruto,
y pues es pobre, eche un guante,
que por si hablar te pierde, 1000
quien tal hace, que tal pague.


EVANDRA

Pues todos me aconsejáis
lo que tan bien puede estarme,
y Bruno por hablador
es digno de castigarle, 1005
con la mano doy el alma
a Próspero, cuerdo amante,
que ya de derecho es suya,
si palabras satisfacen.
No será bien que por mí, 1010
Bruno, pierdas calidades
(como tu padre me dijo
su ponderado linaje).
A tu sotana te vuelve,
deja galas arrogantes, 1015
cursa escuelas, mira libros,
no eres pobre, mucho sabes.
Restituye plumas leves
con que ligero volaste
desde el sombrero al papel, 1020
que pueden eternizarte,
y a un padre restituido,
cuando obediente le agrades,
Dios te haga un gran letrado,
como te hizo un necio amante. 1025
  
(Vanse todos, menos BRUNO y MARCIÓN.)


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XVI
Pág. 038 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina


BRUNO y MARCIÓN.
  
MARCIÓN

¡Pardiós!, señor, que nos dejan
de paticas en la calle.
Tú sin dama, yo sin moza;
yo sin blanca, y tú sin padre.
¿Qué diablos hemos de hacer? 1030
Si admitir consejos sabes
como perder ocasiones,
lo que puedo aconsejarte
es que del pródigo imites
el remedio, y cuando guardes 1035
a los cerdos de su historia
harás la segunda parte,
que yo me voy a cumplir
maldiciones de mi madre,
que me dijo: «Yo te vea, 1040
plegue a Dios, ventero o fraile».
A lo primero me acojo:
quédate, adiós, que te guarde,
que pues alábaste de necio,
quien tal hace, que tal pague. 1045

(Vase.)


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XVII
Pág. 039 de 109
El mayor desengaño Acto I Tirso de Molina



BRUNO, solo.
  
BRUNO

Quien maldiciones no teme,
razón será que le alcancen;
quien en amigos confía,
bien merece que le engañen;
quien guarda en cofres de vidrio 1050
tesoros que han de quebrarse,
siembra arena, funda en vientos,
fía en juegos, carga en naves:
cuando sus pérdidas sienta,
ni se queje, ni se aparte; 1055
porque amigos y mujeres
vidrios son, que no diamantes.
¡Oh desengaños del mundo!
Cúrenme vuestras verdades,
pues experimento en mí 1060
el desengaño más grande.
¿Con qué ojos podré volver
a los ojos de mi padre,
que no los ciegue mi afrenta,
que su rigor no me ultraje? 1065
¿Volveré a cursar escuelas?
No, que aunque puedan honrarme,
mientras viviere he de ser,
si desdichado constante.
Pues ni en letras, ni en amores 1070
tuve dicha, condenarme
quiero a la guerra, castigo
de vicios y mocedades.
Adiós, patria; adiós, amores;
adiós, amigos mudables; 1075
cruel padre, casa ingrata;
mujeres interesables,
que si hazañas dan ventura,
hoy tengo de aventurarme,
y dejar ejemplo en mí 1080
del desengaño más grande.


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena I
Pág. 040 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



ENRICO, emperador,
y soldados con escalas y espadas desnudas.
  
ENRICO

¡Ea!, nobles alemanes,
hecha está la batería;
muestren hoy mis capitanes
que en galas y bizarría
son fuertes, como galanes. 5
No os asombre el muro alto,
de valor y esfuerzo falto,
pues cuando no hubiera escalas,
la fama os diera sus alas.


TODOS

¡Ea! ¡Al asalto! ¡Al asalto! 10


ENRICO

Arriba, amigos, arriba,
que ya la gente tirana
de esfuerzo y valor se priva:
¡viva la fama alemana!


UNO

¡Viva Enrique Cuarto!


TODOS

¡Viva! 15


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
Pág. 041 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina


MARCIÓN, armado a lo gracioso. Dichos.
  

MARCIÓN

¡Viva lo que Dios quisiere,
y viva Marción también,
que es un borracho él que muere!


ENRICO

¡Ea, soldados!


MARCIÓN

¿No ven
que quedo se está? Si quiere 20
que el soldado fuerte sea,
justo es que a su dueño vea
que la bandera enarbola.
Todo amo anda con «hola»,
todo emperador con «ea». 25
¡Cuerpo de Cristo!, consejos
deje, y hazañas celebre
quien honra soldados viejos,
que si el capitán es liebre,
los soldados son conejos. 30


ENRICO

¿Qué hacéis vos, soldado, aquí?
¿Cómo no subís?


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
Pág. 042 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



MARCIÓN

Subí,
y siendo, señor, soldado,
ya pienso que soy quebrado,
y busco un braguero. Fui 35
al asalto y confusión,
y huyendo de su apretura,
no quise hacer la razón,
que brindan con confitura
de bellaca digestión. 40
Manteles puestos consuelan
mesas, que el manjar revelan
sobre bufetes seguros,
pero no lienzos de muros,
que a golpes se desmantelan. 45
«Brindis», dijo un artillero;
«Caraus -respondí- patrón»,
y el maldito tabernero,
diciendo: «Haced la razón»,
desató en lugar de cuero 50
un esmeril, que reparo
pecho por tierra al amparo
de un foso en el campo nuevo;
y respondile: «No bebo
en ayunas de lo caro». 55
«Pues vaya este perdigón»,
replicó, y al punto arruga
un mosquete el bellacón.
Yo dije: «Está sin pechuga,
y hoy hago yo colación». 60
Dile lugar por la yerba,
y él replicó: «Pues reserva
su vida; mientras que ayuna,
allá va aquesta aceituna
y esta naranja en conserva». 65
Arrojome de repente
dos pellotas enramadas,
y respondile: «Pariente,
aquesas nueces moscadas
vendeldas con aguardiente». 70
«Que me place», dijo luego;
y como el caballo griego,
un infierno junto arroja;
mas diciendo: «El diablo coja
letuario envuelto en fuego», 75
retireme a las barreras,
que no es poca valentía,
porque si entre sus banderas
hoy juega la artillería,
yo soy hombre muy de veras. 80



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
Pág. 043 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



ENRICO

Vos sois un cobarde.


MARCIÓN

Y tal, que no le hallaréis igual;
pero todo hombre de bien come
lo que le está bien,
y no lo que le hace mal. 85

(Sale al muro BRUNO,
y enarbola una bandera
con las armas del Imperio.)

ENRICO

¡Bravo valor!
¿Quién ha sido aquel soldado valiente,
el primero que ha subido al muro,
para que afrente al enemigo vencido? 90
Las águilas que enarbola,
blasón de la augusta bola,
por su alférez le tendrán.

MARCIÓN

¡Vítor Bruno, capitán!
Y a quien le pesare, cola. 95


ENRICO

¿Bruno se llama?


MARCIÓN

Y mi dueño que la pluma por la lanza trocó,
y en tiempo pequeño,
si en escuelas fama alcanza,
aquí es un Marte aquileño. 100
No fue Hércules con Caco tan valiente,
ni de Baco tan grande valor publico.


UNOS

¡Victoria! ¡Victoria!


OTROS

Enrico.


TODOS

¡Viva Enrico!


OTROS

Al saco, al saco. 105


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena III
Pág. 044 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



ENRICO, MARCIÓN, MILARDO y soldados.
  
MILARDO

Si tu augusta majestad
pretende gozar despojos
desta rendida ciudad,
yo he visto dos soles rojos
de más divina beldad. 110
No es digno su resplandor
sino de un emperador;
mas si no los goza Enrico,
premia hazañas, te suplico,
de Milardo con mi amor. 115
Cuando el oro a todos sobre,
merezca yo que posea
belleza que mi fe cobre,
que no es bien que presa sea
de un soldado humilde y pobre. 120
Por sólo aqueste interés,
pídeme hazaña después
a medida de tu gusto.


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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IV
Pág. 045 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina


BRUNO y VISORA. Dichos.
BRUNO

Un soldado, invicto augusto, sus labios honra a tus pies. 125


ENRIQUE

No están,
Bruno, bien premiados ansí,
ni su fama abonas, que yo los vi
levantados hacer de muros coronas,
por tu esfuerzo conquistados. 130
Brazos tengo con que honrarte,
si a falta de los de Marte,
los de un emperador son bastantes.


BRUNO

Por tal blasón
otra vez quiero besarte 135
sus sacros pies;
pero ¿quién te dio mi nombre?


ENRICO

Den, a pesar de olvidos viles,
los pinceles y buriles
fama y nombre a cuantos ven 140
las hazañas que este día te ilustran,
y no te asombres que sepa tu nombre;
fía de mí,
que inmortales nombres
te ha de dar tu valentía. 145
¡Qué belleza celestial!

(Reparando en VISORA.)


BRUNO

De tu valor imperial es sólo merecedora.


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Escena IV
Pág. 046 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



ENRICO

¿Cómo te llamas?


VISORA

Visora.


ENRICO

Di, serafín celestial. 150
Cuando sólo conquistaras,
Bruno, esta sin par belleza,
hazañas aventajaras
de cuantas la fortaleza
celebra en bronces y en aras. 155
Di quién eres, pues que das
mientras que triunfando estás
la fama que noble adquieres,
porque cuanto menos fueres,
yo pienso ensalzarte más. 160



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IV
Pág. 047 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO

Colonia, augusta ciudad,
césar y monarca invicto,
tan ilustre entre modernos,
tan celebrada de antiguos,
es mi patria, y tengo en ella 165
un padre prudente y rico,
de sangre calificada
entre ilustres y patricios.
Nací solo, vinculando
el amor que, repartido 170
suele ser en otros padres
menos, siendo más los hijos.
Estudié felicemente,
dando muestra en mis principios
de fertilizar con letras 175
la fama que adquieren libros.
Gradueme de maestro;
llevé entre ingenios divinos,
cátedras que autorizaron
mis años entretenidos. 180
Gustara mi viejo padre
que echara por el camino
de la Iglesia, por tener
algunos deudos obispos;
pero, amor, más poderoso, 185
rayo dios, gigante niño,
para cuya resistencia
suelen ser diamantes vidros,
sujetó mis verdes años
al más hermoso prodigio 190
que encareció la belleza
entre sus dulces hechizos.
Evandra, ilustre, si pobre,
destruición de mi albedrío,
prisión de mi libertad 195
y cárcel de mis sentidos,
enamorándome honesta,
multiplicó desvaríos,
tiranizó libertades
y dio materia a suspiros. 200
Quíseme casar con ella;
tiranizó libertades
pero mi padre, ofendido
de ver malograr mis letras,
ya con consejos prolijos, 205
ya con ruegos paternales,
ya con enojos fingidos
y maldiciones de veras,
impedir mi intento quiso.
Entre amenazas y miedos 210
en su presencia me dijo:
«Plegue a Dios te sea traidor,
Bruno ingrato, el más amigo;
la prenda por quien me dejas
te quite a tus ojos mismos; 215
ella te desprecie, odiosa,
pagando amor con olvidos».
¡Ay Dios! ¡Qué bien se cumplió!
No pasaron, señor, siglos,
años ni horas, que los cielos 220
con desdeñoso castigo,
en fe destas maldiciones,
el conde Próspero, indigno
de la amistad profanada,
que se llamaba Zopiro, 225
enamorado de Evandra,
y ella del estado rico,
que interesó con querelle,
dando a sus quejas oídos,
juntáronse en yugo ciego 230
dejando desvanecidos
deseos, entre esperanzas
de seis años de servicios.
Casáronse al fin los dos,
y viéndome aborrecido 235
de mi padre, de mis deudos,
y lo que es más, de mí mismo,
salí a buscar muerte honrosa,
creyendo hallar el olvido
de celos desesperados 240
entre armados enemigos.
Supe que aquesta ciudad,
rebelde al valor invicto
de tu majestad cesárea,
temor del planeta quinto, 245
te negaba la obediencia,
y sus infieles vecinos,
armándose contra ti,
despreciaban tus edictos;
que con tu campo imperial 250
la ponías cerco y sitio,
honrando con tu presencia
tus alemanes presidios.
Alisteme por soldado,
batiose el muro prolijo, 255
postrando montes de piedra,
abortos del fuego en tiros.
Hízose la batería
y publicaron los bríos
de tu venganza el asalto, 260
de los rebeldes castigo.
Celos y amor con desprecio
pudieron tanto conmigo,
que desesperado y loco,
alentado de los gritos 265
con que animabas cobardes,
no hazañas, mas desatinos,
me subieron el primero
sobre los muros altivos
de la rebelde ciudad, 270
y sobre el mayor castillo
las águilas imperiales
puse, si amante, atrevido.
Bajé al saco, codicioso,
y mientras despojos ricos 275
robaba el atrevimiento,
llorando viejos y niños,
en el más noble palacio
que ilustra con edificios
la ya rendida ciudad, 280
entro, y de rodillas miro
a los pies de un vil soldado
el asombro peregrino
desta belleza hechicera,
si hermosuras son hechizos. 285
Determinaba forzalla
sin refrenar sus suspiros
torpezas que en pechos viles
se rinden al apetito.
Impedíselo, piadoso; 290
pedísela, comedido,
a rescate, y respondiome
soberbio y desvanecido.
Pero yo, que de ordinario
al noble acero remito 295
lo que la lengua no alcanza,
de amor y vida le privo.
La noble presa consuelo,
su honor precioso redimo,
pagando en perlas que llora 300
y ensartan preciosos hilos.
Supe que era única prenda
del más ilustre vecino
desta ciudad, que a tus armas
muerto, pagó sus delitos; 305
y juzgando su belleza
por intercesor benigno
contra tu enojo severo,
a tus pies augusto invicto,
la presento, confïado 310
que premiando este servicio,
y consolando estos ojos,
perdonarás los rendidos.



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IV
Pág. 048 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



ENRICO

Con muchas obligaciones,
Bruno noble, has adquirido 315
el favor que hacerte pienso,
de tus nobles partes digno.
Hidalga sangre te ilustra,
letras te han engrandecido,
hazañas te dan valor, 320
despojos me has ofrecido
merecedores de premios,
no sé si diga divinos,
pues me confieso, aunque césar,
de tu cautiva, cautivo. 325
Siendo, pues, Bruno famoso,
cuerdo, sabio, bien nacido,
valeroso y liberal,
justo es ser agradecido,
y honrar mi paz y mi guerra 330
desde este punto contigo.
Acreditando privanzas,
que en ti ilustrar determino,
gobierna mi augusto estado,
y entre las armas y libros, 335
da consejos y haz hazañas,
reparte cargos y oficios.
Esa divina hermosura
en tu lealtad deposito;
sé alcaide de ese tesoro 340
y ángel dese paraíso.
Celos de la Emperatriz
temo que han de ser castigo
del amor con que me abrasa.
No la vea, que imagino 345
que la vida han de quitalla
mis forzosos desatinos,
puesto que a quererlo el cielo,
le agradeciera propicio
si en las sienes de Visora 350
pudiera el laurel invicto
de mi corona ufanarse,
o la que al sol dora signos.
Mi esposa, Bruno, es aquesta
que a recibirme ha venido 355
desde mi corte imperial.
Mientras que favores finjo
con que a los suyos engañe,
sirve a quien el alma humillo;
guárdamela cuidadoso, 360
y haz que tenga amor a Enrico.

 (Vase.)



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena V
Pág. 049 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



Escena V



BRUNO, VISORA y MARCIÓN.
  
BRUNO

¡Oh maldiciones dichosas!
¡Oh amorosos laberintos,
en los fines provechosos,
si fieros en los principios! 365
¡Oh desdenes bien premiados!
¡Desengaños no entendidos!
¡Amistades mal pagadas!
Ya os adoro, ya os estimo.
Por vosotras honra adquiero, 370
a privanzas me sublimo,
cargos intereso honrosos,
mi sangre noble autorizo.
Si a logro pérdidas dan
tal ganancia, desde hoy digo, 375
con César, que me perdiera
si no me hubiera perdido.



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena V
Pág. 050 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



VISORA

Añade a esas dichas todas,
si a mi amor, Bruno, te obligo,
la voluntad que te tengo, 380
y en vano honesta resisto.
Bruno, tu cautiva soy;
de atrevimientos lascivos
de un soldado me libraste,
de mi honor defensa has sido. 385
Agora, pues, que deudora
la fama que has ofendido,
premios te ofrece del alma
que en medio del pecho cifro,
¿será razón que violentes 390
tan generosos principios,
y consientas que profane,
lo que defendiste, Enrico?
No lo permitan los cielos,
ni el valor que he conocido 395
en tu invencible nobleza,
a quien mi esperanza rindo.
Padres ilustres me han dado,
si no dicha, nobles bríos
para defender mi fama, 400
que ya por tuya la estimo;
del soldado me libraste,
líbrame también de Enrico,
que no mudan la deshonra,
Bruno, sujetos distintos. 405
Mi dueño eres, sé mi esposo;
tesoros tengo infinitos
de la fuerza de la guerra
seguramente escondidos.
En la calidad te igualo, 410
y en el amor excesivo
te llevo tantas ventajas
como es el tuyo testigo.
Con honra, Bruno, me hallaste;
con ella también te pido 415
me dejes, o no te nombres
de honor y nobleza digno.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena V
Pág. 051 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO

Visora, los desengaños
sanaron locos hechizos
en mí de promesas vanas, 420
que ya sepulta el olvido.
No más crédito engañoso,
no llantos de cocodrilos,
pues escapé, gloria al cielo,
seguro de sus peligros. 425
El Emperador te adora;
es mi señor, yo le sirvo;
tú eres suya de derecho,
por despojo le has cabido.
No afrentan deshonras reales: 430
pues tu fortuna lo quiso,
ama al César, y perdona.


MARCIÓN

A eso voy y aqueso digo.


VISORA

¡Oh avariento mercader!
¡Que el interés ha podido 435
tu valor poner en venta,
y la fama que te fío!
Pues mira bien lo que haces,
que si pierdo el honor mío
por tu causa, he de trocar 440
en rigores vengativos
el amor que te he mostrado.


BRUNO

Anda, y deja desatinos.

(Vase VISORA.)



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena VI
Pág. 052 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



Escena VI

  
BRUNO y MARCIÓN.
  
MARCIÓN

¿Y yo podreme volver
a mi lacayil oficio 445
y servirte?


BRUNO

Sí, Marción;
que puesto que ingrato has sido,
quiero perdonar tus faltas.


MARCIÓN

Ya son chazas, señor mío;
pelota rasgada soy; 450
pero si medro un vestido,
vuelto a tu casa dirás:
«Vuelve a casa, pan perdido.»

  
(Vanse.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena VII
Pág. 053 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



Escena VII

  
La EMPERATRIZ, MILARDO y acompañamiento.
  
EMPERATRIZ

¿Que es tan bella, Milardo, la cautiva?


MILARDO

Ojos deslumbra y ánimos derriba, 455
vencida vencedora,
a mí me hechiza, al César enamora.
Si no ataja con tiempo sus desvelos,
en el infierno de la envidia y celos
llorará Vuestra Alteza 460
competencias de amor en su belleza.


EMPERATRIZ

No tendrá Enrico, a quien el alma he dado,
el gusto de su amor tan estragado,
que puesto que en ausencia
cualquier belleza me haga competencia, 465
ya que le he visto alegre, me prometo
las ventajas de amor, siendo su objeto.
Pero ¿quién fue el soldado
que, atrevido, tal presa ha presentado
al César, dando causa a mis enojos, 470
materia a celos y a su amor despojos?



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena VII
Pág. 054 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



MILARDO

Bruno, extranjero y pobre,
porque soberbia la bajeza cobre,
más loco que valiente y animoso,
subió el primero al muro temeroso, 475
enarbolando al viento,
águilas del Imperio, en cuyo asiento
fijando el estandarte, dio materia
a su ventura y fin a su miseria;
pues obligado Enrico 480
a su esfuerzo o locura, certifico
a Vuestra Majestad que le ha entregado
en guerra y paz vuestro imperial estado.
Este, rendido el muro,
a la ciudad bajó, donde seguro 485
de la muerte, que a míseros perdona,
mientras el campo el saco real pregona,
despreciando riquezas,
despojos busca sólo de bellezas:
y saliole dichosa su fortuna 490
aun hasta en esto, pues hallando una,
ostentación hermosa
de la Naturaleza prodigiosa,
a Enrico la presenta,
con que su fama y su favor aumenta, 495
pues rendido el augusto a sus amores,
de cargos carga a Bruno y de favores.
Los despachos le entrega
deste imperio; que, en fin, es pasión ciega
la voluntad enamorada y loca, 500
y no es el alma a resistencia roca.
En fin, Bruno, señora,
es el depositario de Visora,
y porque guarda al César la cautiva,
el Imperio gobierna, y con él priva. 505



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena VIII
Pág. 055 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



EMPERATRIZ

Subió el villano presto;
presto caerá del encumbrado puesto.
Medios ruines no son escalones
que sustentan privanzas y ambiciones,
y más si los derriban 510
celos y agravios que en furor estriban.
Mujer soy agraviada y poderosa;
para su muerte basta estar celosa.
Mas ¿qué es esto?



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena VIII
Pág. 056 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



LEIDA, dama, con guitarra, y dos soldados que la conducen prisionera. Dichos.
  
SOLDADO 1.º

A tu Alteza
prisionera presento esta belleza, 515
que huyendo de la furia
que a esta ciudad castiga por su injuria,
estos montes vagaba
y sus penas cantando disfrazaba,
pues con su melodía 520
orbes paraba y vientos suspendía.


EMPERATRIZ

¿Eres música?


LEIDA

Templo
males con la paciencia, y al ejemplo
de los trabajos míos,
suspendo con acentos desvaríos; 525
y como es propio efeto
de la música obrar en el sujeto
según sus calidades,
aumentando a tristezas soledades,
y al contento alegría, 530
penas, cantando, a penas añadía:
que el triste, gran señora,
mejor entonces canta cuando llora.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena VIII
Pág. 057 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



EMPERATRIZ

Si la música aumenta
la pasión del sujeto en quien se asienta, 535
canta envidia y desvelos,
porque celos aumentes a mis celos;
crecerá la esperanza
que tengo, en mis agravios, de venganza.


LEIDA

(Canta.)

«El que buscare ponzoñas 540
de tal virtud y poder
que maten a sangre fría,
busque celos en mujer.
El que venganza desea
contra el olvido y desdén, 545
que dan la muerte viviendo,
busque celos en mujer.
Quien basiliscos buscare,
áspides quisiere ver,
y onzas, hurtados sus hijos, 550
busque celos en mujer.»


EMPERATRIZ

Basta, no prosigas más;
todo aqueso vengo a ser:
ponzoña, venganza, tigre,
basilisco y áspid fue 555
contra Bruno mi sospecha.
De mi venganza cruel
verá efectos, pues que loco
buscó celos en mujer.

 (Vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IX
Pág. 058 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



Dichos, menos la EMPERATRIZ.
  
SOLDADO 1.º

¿Qué es esto? La Emperatriz 560
arrojando rayos fue
por los ojos; si sus perlas,
llamarlos rayos es bien.


MILARDO

Celos la abrasan el alma,
y en su infierno cruel 565
siento penas inmortales
en que me braso también.
Envidia de la privanza
en que encumbrado se ve
este Bruno venturoso, 570
en mí muestra su poder.
Pero canta, Leida hermosa,
que si la música es
suspensión de penas tristes,
las que siento suspendré. 575


LEIDA


(Canta.)

«El que en los príncipes fía,
y a la cumbre del poder
por el favor va subiendo,
mire cómo asienta el pie.
Por escaleras de vidrio 580
sube el privado más fiel,
y es fácil cuando descienda
o deslizar o romper.
  
(Sale BRUNO lleno de memoriales que le van dando,
y MARCIÓN con él, y suspéndese oyendo cantar.)
  
Aun en el cielo no tuvo
seguridad Lucifer, 585
pues no hubo más de un instante
desde el privar al caer.
Efímera es la privanza,
mudable el más firme rey;
hoy derriban disfavores 590
al que ensalzaron ayer.»

  
(Vanse todos cantando, y quedan BRUNO y MARCIÓN.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena X
Pág. 059 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO y MARCIÓN.
  
BRUNO

¡Qué mal pronóstico anuncia
la música que he escuchado!
Del augusto soy privado.
¿Si mi caída pronuncia 595
el acento temeroso
que agora acabo de oír?
Hoy que comencé a subir,
¿el caer será forzoso?
Fui desdichado en amores; 600
por la guerra los dejé;
a Enrico el Cuarto obligué;
mas mujeres y señores
son fábricas sobre el viento
porque el amor y privanza 605
ponen silla en la mudanza,
y es peligroso su asiento.


MARCIÓN

¡Qué lleno de peticiones
te ha ocupado la ambición!
Ayer dabas petición 610
al poder, hoy las dispones;
a tal subir y privar
presto ser monarca esperas.


BRUNO

Acertarás si dijeras,
a tal subir tal bajar. 615


MARCIÓN

¿Pues qué tienes que temer?
¿Qué recelo hay que te espante?


BRUNO

¿Que no hubo más que un instante
desde el subir al caer?
¡Oh riesgo de la ambición! 620
¡Oh peligros de un vasallo!


MARCIÓN

No hay hombre cuerdo a caballo;
pero tente tú al arzón,
pues con la carrera arrancas,
y luego no tengas miedo, 625
aunque también yo caer puedo,
porque en fin voy a las ancas.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XI
Pág. 060 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



ENRICO, BRUNO y MARCIÓN.
  
ENRICO

Bruno, como es niño amor,
no sabe tener sosiego;
atormenta, como es fuego; 630
da priesa, como es furor.
Al hermoso resplandor
de Visora cera he sido;
Ícaro soy, que he caído
del Cielo de mi grandeza; 635
las plumas de la firmeza
a su sol se han derretido.
¿Parécete que pretenda,
mis tormentos dilatando,
sus favores obligando, 640
y que entre tanto me encienda,
o que enamorado ofenda
leyes de la cortesía,
y gozándola este día,
aunque obligaciones tuerza, 645
muestre al mundo que no hay fuerza
en poder ni en monarquía?



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XI
Pág. 061 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO

Gran señor, si el dar consejos
es de la privanza oficio,
y el estar en tu servicio 650
puede suplir años viejos.
Los príncipes son espejos
del mundo, y tú en el sagrado
solio imperial asentado,
es razón que alumbres más. 655
¿Por qué luz después darás
si eres espejo quebrado?
Visora al fin es mujer,
que, aunque cautiverios llora
y su muerto padre agora, 660
vendrá después a querer.
La justicia en el poder
su conservación confía;
ampara la monarquía
la nobleza y opinión, 665
porque el poder sin razón
más parece tiranía.
Aunque eres emperador,
no has de usar, en cuanto amante,
del poder siempre arrogante, 670
que ruegos vencen a amor.
Sirve; no en cuanto señor,
sino como enamorado;
ruega y regala humillado,
si al desdén quieres vencer, 675
que no es árbol la mujer
que ofrece el fruto forzado.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XI
Pág. 062 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



ENRICO

Si no fueras más valiente
que eres sabio consejero,
no debieras al acero 680
mi privanza.


MARCIÓN

Bruno, tente.


ENRICO

Persuadesme elocuente
que no pretenda a Visora
por fuerza cuando la adora
el alma que la entregué; 685
pero ya, villano, sé
que mi ofensa te enamora.
Suelta la llave que ha sido
guarda suya, y la ocasión
de tu privanza.


MARCIÓN

Al arcón, 690
¡cuerpo de Dios!


BRUNO

Si ofendido
estás porque persuadido
de mi lealtad te aconsejo,
perdóname, que ya dejo
desde aquí de aconsejar, 695
porque te puedo quebrar
siendo gran señor, mi espejo.
Como la verdad es dura,
quiebra tal vez el cristal;
yo, gran señor, hablé mal; 700
la lisonjeada ventura
es blanda, y así asegura
vidrios siempre delicados.
Lisonjeros sean criados
y pastores lisonjeros, 705
por humildes, verdaderos,
y por serlo, despreciados.
Yo estoy tan lejos, señor,
de ofenderte, siendo amante,
cuanto desde aquí adelante 710
con recelo y con temor
de caer de tu favor.
Goza a Visora y procura
tu esperanza hacer segura,
que cuando a tus plantas ven 715
el mundo, no será bien
resistirte una hermosura.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XI
Pág. 063 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



MARCIÓN

Eso sí, ¡cuerpo de Dios!,
vístete del mismo paño;
viva y venza aquí el engaño 720
y medraremos los dos.


BRUNO


(Aparte.)

Padre, si os creyera a vos,
mis estudios prosiguiera,
y en riesgos no me metiera
del favor y la privanza; 725
vuestra maldición me alcanza,
cuanto justa, verdadera.


ENRICO

Hoy, Bruno, a privar empiezas.
Si te quieres conservar,
sombra has de ser y imitar 730
en palacio las grandezas.
Vuelve a consolar tristezas,
que si tu discreción sabe
agradarme, el cargo grave
gozarás que te di agora. 735
Sácame, Bruno, a Visora;
tráela aquí; toma la llave.
Pero, detente, que viene
la Emperatriz.


BRUNO

¡Ay de mí!
¿Que el palacio trata así 740
a quien con honras mantiene?
¿Que tan flaco asiento tiene
en él el sublime puesto?
¡Subir y bajar tan presto!



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XII
Pág. 064 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina


ENRICO, la EMPERATRIZ, BRUNO y MARCIÓN.
  
EMPERATRIZ

¡Gran señor!


ENRICO

¡Esposa mía! 745


EMPERATRIZ

¿Qué nueva melancolía
os entristece? ¿Qué es esto?


ENRICO


(Aparte, a BRUNO.)

Si tú obediente cumplieras
lo que te mandó mi amor
y necio aconsejador, 750
mis deseos no impidieras,
ni mis tormentos crecieras,
ni a mi esposa alborotaras,
haciendo sospechas claras
que ha visto en mi turbación. 755


EMPERATRIZ

¿No merece mi afición
que me hables? ¿No te declaras?


ENRICO

Entronizar un villano,
necio y desagradecido,
causa de mi enojo ha sido. 760
Dile indiscreto la mano,
subió por el viento vano,
y al mismo paso ha de ser,
fuerza que vuelva a caer;
pregúntale lo demás. 765

 (Vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIII
Pág. 065 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



Dichos, menos ENRICO.
  
EMPERATRIZ

¿De aquesa suerte te vas?
Celos tengo, y soy mujer;
satisfacellos conviene.
Ven acá. ¿Por qué ocasión,
con tan grande indignación, 770
contra ti enojos previene?


BRUNO

La culpa esta llave tiene,
en que me premia y castiga
quien al silencio me obliga,
que ha de eslabonar mis daños 775
por no creer desengaños;
ella la verdad te digna.

 (Da la llave a la EMPERATRIZ y vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XIV
Pág. 066 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



La EMPERATRIZ
y MARCIÓN, que se finge mudo.
  
EMPERATRIZ

¿Hay tal descomedimiento?
Sin responderme se fue;
yo, villano, humillaré 780
vuestro desvanecimiento;
presto seréis escarmiento
de lo que el favor se muda.
Satisfaced vos mi duda,
llave, pues que la sabéis; 785
pero cuerda me diréis
que sois secretaria muda.
Este debe ser crïado
del arrogante extranjero;
saber dél la causa quiero 790
por qué Enrico va indignado.


MARCIÓN

¿No es bueno, que me he quedado
en el potro, donde dudo
decir, aunque no desnudo,
la maraña de esta danza? 795
Todo este mundo es mudanza;
por Dios que he de hacerme mudo.


EMPERATRIZ

¡Hola!


MARCIÓN


(Aparte.)

Ya empieza a olearme;
desahuciado debo estar.


EMPERATRIZ

¿Quién sois?


MARCIÓN


(Aparte.)

Oír y callarme, 800
si es que pretendo escaparme.

 (Fíngese mudo.)


EMPERATRIZ

No temáis; llegad a hablarme.
¿Servís a Bruno?


MARCIÓN


(Aparte.)

Diré
por señas que no lo sé,
ni lo que me dice entiendo. 805


EMPERATRIZ

¿No me respondéis?


MARCIÓN


(Aparte.)

Pretendo
de mi lealtad dar hoy fe.


EMPERATRIZ

¿Qué tiene el Emperador?
¿Por qué se partió severo?
¿Qué llave es esta?


MARCIÓN

El primero 810
que sirve y no es hablador
he sido.


EMPERATRIZ

¿Acaso es traidor
con el César vuestro dueño?
¿No me respondes si sueño?
¿Sois mudo? Dice que sí. 815
Mas mudo en tal traje aquí,
¿es o no?


MARCIÓN


(Aparte.)

Cielo risueño,
lleva mi engaño adelante,
y sácame deste aprieto.


EMPERATRIZ

Este me encubre el secreto 820
con engaño semejante;
mas no pasará adelante
su cautelosa afición.
¡Hola!


MARCIÓN

Tres con esta son
las oleadas. ¿Qué mar 825
te pudiera hacer tragar
tantas olas, di, Marción?



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XV
Pág. 067 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



MILARDO con algunos soldados. Dichos.
  
MILARDO ¿Llama Vuestra Majestad?



EMPERATRIZ

Sí, Milardo. Aqueste mudo,
de cuyas cautelas dudo, 830
de un pino al punto colgad.}}


MARCIÓN


(Aparte.)

¡Cuerpo de Dios! Lengua, hablad
y molamos de represa.

 (Hablando.)

Gran señora, a mí me pesa
de no haberte respondido. 835
Imagen conmigo has sido
de milagros. Digo...


SOLDADO 1.º

Apriesa.



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XV
Pág. 068 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



MARCIÓN

Que yo me llamo Marción,
sirvo de lacayo a Bruno.
Fuele el amor importuno, 840
y por aquesta razón
dejó estudios, aunque sabio;
dejó amores, aunque ciego;
dejó padres, galas, juego,
celos, desdenes y agravio. 845
Vino a la guerra, seguile;
subió al muro y ayudele;
venció la ciudad, loele;
honrole Enrico y servile.
Presentole cierta dama, 850
enamorose de vella,
hízole custodio della,
fue mariposa en su llama.
Quísola agora forzar,
fuele a la mano mi dueño; 855
esto del privar es sueño;
comenzose a desgraciar.
Quitole el César la llave,
temió Bruno el tropezón,
mudó cuerdo de opinión, 860
que quien miente, privar sabe.
Díjole que hacía muy bien,
que pues era emperador,
apretase con su amor.
Ayudele yo también, 865
restituyole a su gracia,
iba a sacar a la moza,
pero todo lo destroza
si se emperra una desgracia.
Salió entonces Vuestra Alteza, 870
fue perro del hortelano,
vio su amor, Enrico, en vano,
diole su estorbo tristeza,
trocó el favor en desdén;
fuese, acabose la historia; 875
aquí gracia y después gloria
por siempre jamás, amén.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XV
Pág. 069 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



SOLDADO 1.º

Mudo que habla de ese modo,
¡fuego en él! Callar y huir.


MARCIÓN

Reventaba por parir 880
y eché las parias y todo.


EMPERATRIZ

Yo he quedado satisfecha,
celosa y desengañada,
si con la verdad airada,
libre de amor en sospecha. 885
No gozará de esperanza
el mudable emperador,
ni el villano intercesor
de sus gustos, su privanza.
Toma, Milardo, esta llave, 890
goza la ocasión, discreto;
saca esa mujer, efeto
de mi agravio y pena grave.
Llévala de aquí, no viva
donde pueda darme enojos, 895
ni hechizar con torpes ojos
el César, loca y lasciva.
Su jurisdicción te entrego;
goza su amor entre tanto
que yo entre penas y llanto 900
de menosprecios me anego.

 (Vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XVI
Pág. 070 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



MILARDO, MARCIÓN y soldados.
  
MILARDO

¡Oh llave de mi esperanza,
remedio de mi temor,
premio justo de mi amor
y de mi envidia venganza! 905
Perdone el Emperador,
que si su vasallo fui,
Amor, que es dios, puede en mí
más; así obedezco a amor.
Sacaré la prenda hermosa 910
que mi lealtad atropella;
desterrareme con ella,
que si la patria amorosa
menosprecio por Visora,
patria, riqueza y ventura 915
llevaré con su hermosura
y serviré a mi señora.

 (Vase.)



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XVII
Pág. 071 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



Dichos, menos MILARDO.
  
SOLDADO 1.º

¡Lindamente desbucháis!


MARCIÓN

El temor causarlo pudo.
Haceos vos media hora mudo, 920
veréis después lo que habláis.


SOLDADO 1.º

¿Hácenlo así los discretos?


MARCIÓN

Para hinchazón tan odiosa
es medicina famosa
una gaita de secretos. 925



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XVIII
Pág. 072 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



VISORA, sola.
  
VISORA

¿Qué es esto, soberbia mía?
¿Quién os humilló tan presto
a las leyes del amor
y injurias del menosprecio?
¿Vos de Bruno desdeñada, 930
cuando pagaban deseos
de espíritu generosos
el ver mis ojos risueños?
¿Yo, ayer de amor simulacro,
que a idólatras pensamientos 935
pagaba en desdenes locos,
siendo adorada por ellos
de un pobre soldado agora
menospreciada y a riesgo
de que mi fama profane 940
Enrico, amante soberbio?
Eso no, imaginaciones;
prevenga mi amor primero
brasas con Porcia y con Dido
espadas que aliente el fuego. 945



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Escena XIX
Pág. 073 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



VISORA y MILARDO.
  
MILARDO

A daros, Visora, hermosa,
la libertad que no tengo
me envía la Emperatriz
abrasada en vuestros celos.
Hale declarado Bruno 950
el amor que Enrico, ciego,
os tiene, y que determina
forzaros torpe y violento.
Diome la llave que veis
y juntamente consejo 955
que os quite la hermosa vida,
digna de siglos eternos.
Hanme hecho su ejecutor;
pero yo, que en sólo veros,
vivo adorándoos, Visora, 960
si es vida vivir muriendo;
si admitís servicios nobles
y un alma que humilde ofrezco
leal a vuestro servicio;
si agradecéis mis deseos, 965
huir con vos determino
con voluntario destierro,
y mejorar amoroso
la Corte por el destierro.
Casarémonos los dos, 970
y con el traje grosero
disfrazaremos las almas,
de nobles, villanos vueltos.
No respondáis desdeñosa
a los nobles pensamientos, 975
que en vez de daros la muerte
os eligen por mi dueño.


VISORA

¿Bruno aconseja a la augusta
que me dé muerte?


MILARDO

Esto es cierto.


VISORA

¡Oh bárbaro, mal nacido! 980
¿Ya añades a tus desprecios
nuevos agravios y enojos?
Satisfareme, y con ellos
verás lo que es un amor
vuelto en aborrecimiento. 985
Como a ese ingrato enemigo
mates, Milardo, primero,
en satisfacción dichosa
el alma y vida te entrego.


MILARDO

Pues hoy daré muerte a Bruno. 990



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XX
Pág. 074 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



VISORA, MILARDO y BRUNO, que sale.
  
BRUNO

A Bruno matan. ¿Qué es esto?


VISORA

¡Traidor, ingrato, villano,
alma vil en noble cuerpo!
Venganzas son contra injurias:
castigos contra consejos. 995
Si mi muerte deseabas,
permitieras al acero
del soldado violador
cumplir su bárbaro intento.
¿Porque te quise me matas? 1000
¿Porque mi opinión defiendo?
¿Porque desprecio al augusto?
¿Porque insultos aborrezco?


BRUNO

¿Qué dices, Visora bella?


MILARDO

Las traiciones con que has hecho 1005
agravio a aquesta hermosura,
que agora vengar pretendo.


BRUNO

¡Oh bárbaro! ¿Tú te atreves
a injuriarme?


MILARDO

En este acero
hallarán satisfacciones 1010
sus agravios y mis celos.



  
(Meten mano y sale ENRICO por una parte
y la EMPERATRIZ y MARCIÓN por otra.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XXI
Pág. 075 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



VISORA, BRUNO, MILARDO, ENRICO,
la EMPERATRIZ y MARCIÓN.
  
ENRICO

¡Traidores! ¿En mi palacio
desnudáis armas? Prendeldos.


EMPERATRIZ

¿Qué voces, señor, son esas?


ENRICO

Dos locos y descompuestos 1015
a la inmunidad sagrada
de mi casa.


MILARDO

Yo confieso
cuán mal, gran señor, he andado;
mas si castigar excesos
contra tu fama merece 1020
perdón de mayores yerros,
Bruno, a quien has confiado
los despachos del Imperio,
encumbrado en tu privanza,
y con tu favor, soberbio, 1025
dentro tu mismo palacio
con torpes atrevimientos
quiso gozar a Visora;
hubiera llegado a efecto,
si con la espada en la mano, 1030
en justa cólera ciego,
no impidiera desatinos
traidores y deshonestos.
Si no basta esta disculpa,
divide de aqueste cuello 1035
la cabeza que te ofende.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XXI
Pág. 076 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO

¡Qué escucho, piadosos cielos!
¿Yo intenté tan gran delito?


VISORA

Gran señor, mi honor le debo
a Milardo, defensor 1040
de la joya de más precio.
Verdad es cuanto te ha dicho.


EMPERATRIZ

¿Este es, señor, el sujeto
tan digno de vuestra gracia,
célebre con tanto extremo? 1045
Quien deja vasallos fieles
por encargar el gobierno
a un humilde advenedizo,
la culpa se eche a sí mesmo.
Justas quejas habéis dado 1050
a mis inocentes celos,
que satisfacéis confuso
con vergüenza y con silencio.
Si en vos, que sois la cabeza,
tiene el mundo tal ejemplo, 1055
¿qué espera la cristiandad,
qué harán en ella los miembros?
Volved, gran señor, en vos,
y a apetitos deshonestos,
resistencias generosas 1060
pongan victoriosos frenos.
Visora le dé a Milardo
la mano, en fe que agradezco
la defensa de su honor,
como salga de aquí luego; 1065
y quien a vuestra privanza
subió con tan malos medios,
derribad, pues que es indigno
el favor que le habéis hecho.

(Vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XXII
Pág. 077 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



Dichos, menos la EMPERATRIZ.
  
ENRICO

Desnudad este villano 1070
de las insignias, que han hecho,
cuanto más nobles en él,
más indignos sus empleos.
Bástele esto por castigo,
que si matarle no quiero, 1075
es por pagar, aunque ingrato,
su mal empleado esfuerzo.
Yo os perdono a vos, Milardo,
este honrado atrevimiento,
y a Visora por esposa 1080
liberalmente os concedo.
Llevalda a vuestros estados,
y sírvame de escarmiento
para no fiar de hazañas
lo que agora experimento. 1085
Salid de mi corte, vos,
que quien, su padre ofendiendo,
fue contra sus canas malo,
no será para mí bueno.

 (Vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XXIII
Pág. 078 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO, MILARDO, VISORA y MARCIÓN.
  
VISORA

Así castiga desdenes, 1090
descortés, ingrato, el cielo.
Escarmentad en vos mismo,
si escarmienta nunca el necio.

 (Vase.)


El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XXIV
Pág. 079 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO, MILARDO y MARCIÓN.
  
MILARDO

En tres días de privanza,
Bruno, serviréis de ejemplo 1095
al mundo. Presto subisteis;
no es mucho que caigáis presto.
Revolved otra vez libros,
y estudiad, Bruno, de nuevo
derechos que os hagan sabio, 1100
que en privanzas no hay derechos.

 (Vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XXV
Pág. 080 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO y MARCIÓN.
  
MARCIÓN

¿Qué privanza tercianaria
es esta, señor? Tornemos
(pues a tres va la vencida)
desde el principio este juego. 1105
Privado eres de alquitar;
quien te vio dando gobiernos
en aqueste triunvirato,
y agora quedarte en pelo,
dirá que eres rey de gallos, 1110
que en los tres días de antruejo
triunfaste, y ya te desnuda
el Miércoles ceniciento.
Triangulada es tu ventura,
para bonete eres bueno, 1115
de tres esquinas; señor,
voyme a buscar amo nuevo.
Adiós, señor tres en raya,
que pues contigo no medro,
quien se muda Dios le ayuda: 1120
él me ayude, pues te dejo.

 (Vase.)



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena XXV
Pág. 081 de 109
El mayor desengaño Acto II Tirso de Molina



BRUNO

¡Oh sagrados desengaños!
Pues no me curáis el seso,
curad mi ciega inquietud,
alumbrad mi entendimiento. 1125
¡En tres días de privanza
tanta confusión! ¿Qué es esto?
Fié en hombres, ¿qué me espanto?
Si crió Dios al primero,
y de un soplo le infundió 1130
el alma, animando el cuerpo,
por fuerza se ha de mudar
si fue su principio el viento.
¡Qué confïado dormía
Jonás, a la sombra puesto 1135
de una yedra, que secó
un gusanillo pequeño!
Yedra es la privanza humana;
royola la envidia, y luego
faltole al favor la sombra, 1140
quedé a la inclemencia expuesto.
Dichoso soy; sin razón,
piadosa deidad, me quejo;
embosqueme en laberintos
de lazos y penas llenos. 1145
Si anduve tres días perdido,
dichoso llamarme puedo,
pues la salida he hallado
de su confusión tan presto.
No más engaños de amor, 1150
no más favores soberbios,
no más príncipes mudables,
no más cargos y gobiernos.
Peregrino he de vivir,
y pregonar escarmientos 1155
por el mundo a los mortales;
conmigo el ejemplo llevo.
Quien desengaños buscare,
mercader soy que los vendo,
pues el mayor desengaño 1160
puede en mí servir de ejemplo.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena I
Pág. 082 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina


ROBERTO, LUCIO y FILIPO, estudiantes.
  

ROBERTO

¡Notable ingenio!


LUCIO

¡Espantoso
monstruo es Bruno en todas ciencias!


ROBERTO

Con exceso se llevara
la cátedra, aunque con ella
se llevara la tïara. 5


FILIPO

No hay quien le haga competencia.



LUCIO

A su maestro Dïón,
con ser águila en las ciencias,
se aventaja aqueste monstruo.


ROBERTO

Así él mismo lo confiesa, 10
y como ha caído malo,
y la muerte se le acerca,
que a su cátedra se oponga
me han dicho que le aconseja.


LUCIO

Es Dïón un grande santo; 15
a Dios goza acá en la tierra;
llórale todo París,
que dél maravillas cuenta.


ROBERTO

En fin: ¿a la oposición
se hallan el rey y la reina 20
de Francia?


LUCIO

Quieren honrar
a Bruno, y por experiencia
ver lo que la fama a voces
de su mucho estudio cuenta.


FILIPO

Si lee cátedra de Prima 25
y es canónigo en la iglesia
de París, no será mucho
que lleve una mitra.


ROBERTO

Y sea
la de arzobispo de Remes,
o un capelo le engrandezca. 30


LUCIO

Los reyes y los doctores
salen al acto.


ROBERTO

A mi cuenta
está un argumento.


FILIPO

Todos
delante la real presencia
arguiremos, aunque Bruno 35
nos concluya y nos convenza.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
Pág. 083 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO, de clérigo; MARCIÓN, de gorrón;
MARCELA y LAURA, damas, de estudiantes.
El REY, la REINA, doctores y
estudiantes de la Universidad. Dichos.
  

  
Tocan música.
Los reyes se colocan en un sitial.
BRUNO en una silla, y delante un bufete con unas conclusiones.
Los doctores y estudiantes siéntanse en un banco, y en otro,
MARCELA, LAURA y MARCIÓN. Levántase BRUNO, y siéntase luego al empezar.


  
BRUNO

Cuestión antigua y reñida,
con no pocas competencias,
es, cristianísimos reyes,
amparo de la ley nuestra, 40
entre sabios y soldados
sobre cuál profesión sea
mayor en nombre y en fama,
o las armas o las letras.
No me atreveré a mostrar 45
cuál de las dos lo merezca,
por no ofender a la una,
aunque en cátedras y guerras
seguí entrambas profesiones,
que respeto en la grandeza 50
del cristianísimo rey
la espada, noble defensa
de la fe por tantos siglos;
mas diré por cosa cierta
que letras y armas se hermanan, 55
y sólo se diferencian
en que las armas se ayudan
de las corporales fuerzas,
como las letras del alma,
pues unas y otras pelean. 60
Las armas son instrumentos
belicosos, que sujetan,
mediante el valor invicto,
materiales resistencias;
las letras, con argumentos, 65
silogismos y entimemas,
que convencen el discurso
y la más noble potencia.
Este al presente me toca,
puesto que temblar pudiera 70
delante la Majestad
y la soberana grandeza
de los Católicos Reyes;
mas si el arguir es fuerza
donde el ánimo acredita 75
y donde el temor alienta,
en la oposición que he hecho
a la cátedra suprema
de la sacra Teología,
que está vaca en las escuelas, 80
por no volver las espaldas,
el mantener será fuerza
los puntos que me han cabido,
aunque pobre en suficiencia.



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
Pág. 084 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO


(Levántase y descúbrese)

Y así, sacras majestades, 85
luz de la sangre francesa;
rector, maestro decano,
digno de memoria eterna;
insigne Universidad,
donde viven en su esfera 90
las Musas y las Virtudes,
el saber y la elocuencia:
proponiendo mi cuestión
en nuestra lengua materna,
porque mejor la perciba 95
la Reina, señora nuestra,
digo en el punto asignado
y escogida controversia,
que es, si puede la criatura
ver de Dios la eterna esencia 100
con su virtud propia sola,
y si hay naturales fuerzas
que a ver en Dios sean bastantes
la beatífica presencia.
Ciertos filósofos hubo 105
en la platónica escuela
que ser posible afirmaron
ver de Dios la esencia eterna
una criatura finita
en esta vida; que tenga 110
virtud un hombre mortal
en sí para comprendella.
Deste error blasfemo y loco
dan a Eudomio por cabeza,
de quien eudomios se llaman 115
los que siguen esta secta.
Así lo refieren muchos,
como son: Pselo y Nicetas,
San Gregorio Nazianceno,
Crisóstomo, Homilia tertia, 120
de incomprensibilidad
de Dios, y otros mil que en Grecia
se opusieron valerosos
contra sus plumas perversas.
Siguieron estos errores 125
después con bárbaras lenguas,
Beguardo, Beguino y otros,
con que en Alemania siembran
ponzoñosas herejías,
que ya condenadas quedan, 130
conforme una Clementina
del concilio de Vïena.



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Escena II
Pág. 085 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO


Y entre otras autoridades
que pudo traer con ella,
basta alegar a San Pablo, 135
sol claro de nuestra iglesia,
que escribiendo a Timoteo,
en la Epístola primera
y en el Capítulo sexto,
dice de aquesta manera: 140
«Dios habita eternamente
luz inaccesible, eterna,
la cual ningún hombre vio,
ni es posible pueda verla».
Dejando, pues, este error 145
como herético y sin fuerzas,
pues ya no hay tan loco ingenio
que le apadrine y defienda,
digo, que afirmaron otros,
puesto que con agudeza 150
(distinción cuarenta y nueve
del cuarto de las sentencias,
al número veinticuatro,
questión segunda y tercera),
que aunque Dios no puede verse, 155
por ser sol de luz inmensa,
conforme a la orden común
de nuestra naturaleza;
porque según este orden
nadie es posible le entienda, 160
si con sentidos corpóreos
primero al alma no entra,
y siendo espíritu puro
de Dios la divina esencia,
no hay sentido que le alcance, 165
por no tocar a su esfera.
Con todo esto realzando
nuestra natural flaqueza
(según el orden de gracia)
la Divina Omnipotencia, 170
puede una pura criatura
alcanzar la inteligencia
de Dios, y en mortales lazos
ver la soberana esencia.



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
Pág. 086 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO

Esta opinión es de Escoto, 175
sobre la parte tercera
de la distinción catorce
quaestione prima; y se prueba,
porque toda facultad
y cognitiva potencia 180
que de algún modo termina
al objeto su agudeza,
quitado el impedimento
extrínseco, que estorbo era
para producir el acto 185
y efecto que nace della,
luego al momento obra fácil;
sed sic est, que a la potencia
del entendimiento humano,
por más finito que sea, 190
toca el conocer a Dios,
pues es su naturaleza
un objeto inteligible
que en su latitud se encierra.
Luego si el impedimento 195
de la corpórea materia
se quita, según la gracia,
¿no habrá quien a Dios no entienda?
Pruebo la mayor a simili.
La vista, que en las tinieblas 200
no puede ver la color,
que es su circa quam materia,
luego que sale la luz,
echando el estorbo fuera
que impedía sus efectos, 205
produce visión perfecta;
igitur, si Dios quitase
las imperfecciones nuestras
y el conocer sin especies
que los sentidos presentan 210
su Divinidad, ¿quién duda
que si immediate se viera,
del entendimiento humano
ser conocido pudiera?



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
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El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO

Pero todo esto, no obstante, 215
mi conclusión verdadera
es que no hay pura criatura
que con naturales fuerzas
vea la esencia divina,
la pueda gozar, ni entienda, 220
si con la lumbre de gloria
Dios no realza y eleva
el criado entendimiento,
y animando su flaqueza,
le da celestial valor 225
con que hasta su objeto vuelva.
Esta clara conclusión
es de fe, según lo prueba
en el lugar ya citado
el Concilio de Vïena, 230
y como tal, admitida
por la Católica Iglesia,
me excusa de autoridades
que puedo excusar por ella.
Pero ratione probatur; 235
entre el objeto y potencia
tiene de haber proporción
natural, medida y cierta.
Dios es objeto infinito
de virtud pura y inmensa; 240
finito el entendimiento
humano: luego está fuera
de la latitud debida;
luego confesar es fuerza
que entre nuestra mente y Dios 245
no hay proporción verdadera:
luego para conocelle
es necesario que tenga
una calidad sublime
que de suerte le engrandezca 250
(mediante su actividad)
que pueda subir por ella
a la divina visión,
que lumbre de gloria sea.
Otros muchos argumentos 255
alegara en mi defensa;
pero los propuestos bastan,
pues para que resplandezca
la verdad de mi doctrina;
las impugnaciones vuestras, 260
doctores sabios, ilustres,
la harán más constante y bella.



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Escena II
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El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



MARCIÓN

¡Vítor, Bruno, vive Dios!
¿Qué papagayo pudiera
hablar con más elegancia? 265
¡Vítor, Bruno!


MARCELA

¡Ay prima bella!,
que me hechiza aqueste hombre
con los ojos, con la lengua,
con el talle, con la cara,
con su gracia, con su ciencia. 270


LAURA

Todo lo merece Bruno,
que es Fénix de la edad nuestra.
Calla agora y escuchemos
los doctores qué argumentan.

 
(ROBERTO, en pie y descubierto.)



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Escena II
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El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



ROBERTO

Contra vuestra conclusión 275
habita, primo licentia
a serenissimis regibus
de la cristiandad defensa,
et a domino rectore
et decano, en quien se muestra 280
en iguales paralelos
la virtud y la nobleza,
et a tota schola in qua
en hermosa competencia,
resplandent scienciae et virtutes 285
quae adquirunt famam aeternam
acutissime Magister,
águila de nuestra escuela,
este argumento propongo,
que parece me hace fuerza. 290
Decís que no puede ver
de Dios la naturaleza
un entendimiento humano
mientras que lumbre no tenga
de gloria; pues sic insurgo, 295
inútil es la potencia
que no se reduce al acto,
como Aristóteles prueba.
Luego si a Dios, que es objeto
inteligible, no llega 300
la potencia intelectiva,
por más finita que sea,
en vano Dios la crio,
y Dios saldrá de la esfera
de inteligible, que es cosa 305
absurda. Probo sequelam:
Dios no se puede entender
de quien con lumbre no venga
de gloria; luego es forzoso
que inteligible no sea. 310


BRUNO

Arguit sic dominus rector,
inútil es la potencia
que no se reduce al acto,
como el filósofo enseña:
concedo este antecedente. 315



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Escena II
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El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



ROBERTO

Ergo, como a Dios no vea
el humano entendimiento,
inútiles son sus fuerzas
y en balde Dios le crio.


BRUNO

Niego aquesa consecuencia. 320


ROBERTO

Pruébola. Es inteligible
Dios; luego es fuerza se entienda
no puede el entendimiento
humano entenderle: queda,
según esto, defraudado 325
de su virtud, o conceda
que no es Dios inteligible.


BRUNO

Respondo desta manera.
Nuestro entendimiento humano
entiende lo que sus fuerzas 330
alcanzan, no más, que es propio
de todo agente y potencia.
No puede alcanzar a Dios,
cuya latitud inmensa
excede infinito y puro 335
nuestra natural flaqueza;
luego ¿por eso no es
inteligible? Es quimera
afirmar tan grande absurdo.
El Padre Eterno, que engendra 340
al Verbo de su substancia,
entiende su misma esencia,
siendo el Hijo sacrosanto
el acto y la especie expresa
de su intelección divina; 345
luego ya probado queda
que es inteligible Dios.
Si no tiene el hombre fuerzas
para entendelle ¿estará,
decid, aquesa impotencia 350
en Dios? De ninguna suerte,
que es primera inteligencia,
sino en nuestro entendimiento,
eso sí, cuya flaqueza
no alcanza, por ser finito, 355
a la infinita excelencia.
Luego es más inteligible
de cuantas cosas encierra
la máquina que crio.
Y porque el hombre le vea 360
(pues por sí solo no basta)
cría una luz pura y bella,
que llaman lumbre de gloria,
para que a nuestra potencia
de antojos de larga vista 365
sirva, con que alegre llega
al sol Dios, de quien depende
nuestra beatitud eterna.

 (Levántase.)



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena II
Pág. 091 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



TODOS

¡Vítor! ¡Vítor!


REY

Eso basta.
No se arguya más, pues muestra 370
Bruno cuán bien empleada
es la cátedra que lleva.
De mi Parlamento os hago.


BRUNO

Dele el cielo a Vuestra Alteza
las dos coronas del mundo, 375
pues tan magnífico premia
mis merecimientos cortos.


REINA

También corre por mi cuenta
el honraros, Bruno sabio.


BRUNO

¿Qué honra de más grandeza 380
que la de haberos tenido,
gran señora, aquí?


REINA

Quisiera
que hubiera vaca una mitra
que honrara vuestra cabeza.
Yo me acordaré de vos. 385


BRUNO

Pisen las lunas turquescas
vuestras flores de lis de oro,
imperando ambos en Grecia.

  
(Vanse los reyes.)



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Escena III
Pág. 092 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



Dichos en la escena anterior,
menos el REY y la REINA.
  
ROBERTO

Conmutéis, señor doctor,
la cátedra que se aumenta, 390
por regirla vos, en mitra
de la más sublime iglesia.


LUCIO

Darme puedo el parabién
a mí, por lo que interesa
con tal maestro mi dicha. 395


FILIPO

París de hoy más se renueva,
pues por oráculo os tiene.


BRUNO

Ya yo sé mi suficiencia
y cuán corteses honráis,
señores, mis pocas prendas. 400
Aquí estoy para serviros.


LUCIO

La Universidad espera
veros honrando un capelo.


BRUNO

¿Qué más honra que con ella?

  
(Vanse los estudiantes.)



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IV
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El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO, MARCELA, LAURA y MARCIÓN.
  
MARCELA

Si pueden dar amores 405
parabienes en vez de dar favores,
el mucho que os enseño
os los da, que aunque en cuerpo tan pequeño,
vive un amor gigante
que os desea, cual sabio, ver amante. 410


BRUNO

No entiendo vuestro enigma.


LAURA

¿Cuando lleváis la cátedra de prima,
que vuestro ingenio exalta,
decís, señor, que entendimiento os falta?


BRUNO

Es facultad diversa 415
la que en amor, no en cátedra, conversa.


MARCELA

¡Ay Bruno! Yo os adoro.


MARCIÓN

¡Oxte, puto! Muchachos, guardá el todo:
¡fuego de Dios! Resina,
oliéndome vais hoy a chamusquina. 420



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IV
Pág. 094 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



MARCELA

Bruno, vuestra presencia,
discreción, elegancia y suficiencia,
desde el dichoso día
que os vio para perderse el alma mía
en Aviñón de Francia, 425
aunque el amor en mí fue una ignorancia
hasta allí no entendida,
luego os rendí la libertad y vida,
siguiéndoos en el traje
que estoy hasta París, de mi linaje 430
y nobleza olvidada,
sólo en vos, Bruno, transformada.
Quiso mi poca suerte
para darme tormento (si no muerte)
que al sacerdocio santo 435
subisteis dando fuentes a mi llanto,
y bastara, a ser cuerda,
para olvidaros esto; mas recuerda
amor con imposibles,
en fe de que son llamas invencibles, 440
pues si os amaba antes,
ya os adoro con fuerzas tan constantes,
que si me sois ingrato,
seré de Dido un mísero retrato.
Laura, pues compañera 445
de mis desdicha eres, sé tercera
de mis remedios; dile
lo que le quiero, y el cuchillo afile
de su crueldad si intenta
despreciar el amor que en mí aumenta. 450


LAURA

Por vos las dos andamos
tierras extrañas que hoy peregrinamos
con el disfraz violento
que veis. Pues Fénix sois de entendimiento,
de voluntad agora 455
lo sed, agradeciendo a quien adora
vuestro talle gallardo,
que si correspondiente no os aguardo,
juzgaré grosería
la ciencia que os ilustra aqueste día. 460



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IV
Pág. 095 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO

¡Oh invencible hermosura!
No hay resistencia para vos segura.
¡Oh ciegas pretensiones!
¿Qué pretendéis con tantas invenciones?
Ni en mi patria bellezas, 465
ya seguras rendidas fortalezas,
que a costa de seis años
pararon en dañosos desengaños;
ni en la guerra, soldado,
de amor desnudo escapa Marte airado, 470
pues aún padezco agora
persecuciones largas de Visora,
sino que hasta en las letras,
libros derribas, cátedras penetras.
Deidad ciega y desnuda, 475
pues de estado mudé, de intento muda.
Ya me acogí a sagrado;
del sacerdocio gozo el sacro grado.
Mas ¡ay!, pasión tirana,
¿qué inmunidad, qué asilo no profana 480
tu fuego, si hay ejemplos
de que violentas, como chozas, templos?
¡Pobre de mí, que al paso
que intento resistirme, más me abraso!


MARCIÓN

Si son las dos mujeres, 485
aun no tan malo, pues que gallo eres.
Juzgábalos varones,
y recelaba en ellos chicharrones.
Apretemos con ellas,
¡cuerpo de Dios!, si te parecen bellas, 490
si leer determinas,
que también el amor paga propinas;
y mientras que las cobras,
reduciendo palabras a las obras,
si dormit ista tecum, 495
ista me servirá de vademecum.



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IV
Pág. 096 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



MARCELA

Responde agradecido,
o mátame, si intentas con olvido
pagar, Bruno, amor tanto.

(Dentro.)

¡Cuerpo santo!


BRUNO

¿Qué es esto?


(Dentro.)

¡Cuerpo santo! 500



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena V
Pág. 097 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



ROBERTO. Dichos.

ROBERTO

Murió Dión, si es cordura
decir que murió quien vive
la vida que le apercibe
el cielo, y eterna dura.


BRUNO

¡Válgame el Cielo!


ROBERTO

París 505
a voces santo le llama,
y divulgando la fama
que por las calles oís,
desde el plebeyo hasta el noble
a su túmulo se allega, 510
y como a santo le ruega.
No hay campana que no doble;
antes repicando todas
con nunca vistas señales,
en vez de honrar funerales, 515
fiestas le aprestan de bodas.
Sus ropas cuantos le ven
van a cortar a pedazos,
y el cuerpo, huesos y brazos
quisieran llevar también, 520
a no hacelles resistencia
la catedral clerecía,
que con su cuerpo este día
aumentan la reverencia
de su templo, pues que vienen 525
a añadir la devoción
con este santo varón
de las reliquias que tienen.



El mayor desengaño de Tirso de Molina

Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena V
Pág. 098 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO

Toda es deuda merecida
de la mucha santidad 530
de Dión, su cristiandad,
limosnas, virtud y vida.
Tiene nuestra corte llena
de fama que le bendiga;
no hay lengua que dél no diga 535
mil bienes.


ROBERTO

París ordena,
con un entierro pomposo,
que le traigan a palacio,
donde los reyes despacio,
de su cuerpo milagroso 540
las santas reliquias vean
y le admitan por Patrón.


MARCELA

Era un gran santo Dión.
Justamente en él se emplean
honras de concurso tanto. 545


ROBERTO

Ya llegan con él aquí.


MARCELA

Quiérame bien Bruno a mí,
y sea o no Dión santo.


ROBERTO

En la capilla real
le depositan, y en ella 550
quieren por favorecella,
que con pompa funeral
los oficios se le hagan;
y que han llegado recelo.


BRUNO

Servicios hechos al Cielo 555
de aqueste modo se pagan.


ROBERTO

El Rey y Reina son estos.


MARCIÓN

¿Cuando dos ninfas amamos,
de réquiem, señor, estamos?
Sucesos temo funestos. 560



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena VI
Pág. 099 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO, MARCIÓN, MARCELA, LAURA,
ROBERTO, LUCIO, FILIPO,
el REY y la REINA con acompañamiento
y estudiantes.
  

  
Traen unas andas y en ellas a DIÓN,
difunto, de clérigo, con bonete y borla.
Los reyes llegan a besar la mano del muerto,
y al mismo tiempo arrodíllanse LUCIO, FILIPO y otros.
  
REY

Llegad a reverenciar,
esposa y señora mía,
al santo que en este día
nos ha de patrocinar
con Dios.


REINA

A quien Él levanta 565
toda majestad se humilla.


ROBERTO

Escuchad, que la capilla
el fúnebre oficio canta.

(Cantan dentro.)

In memoria æterna erit justus:
ab auditione mala non timebit. 570


DIÓN

Por justo y recto juicio
de Dios, juez Soberano,
a juicio voy.


REINA

¡Ay cielo!


REY

¡Qué portento tan extraño!


REINA

Sacad de aquí ese difunto, 575
que no es posible sea santo
quien pone en duda espantosa
su salvación.


ROBERTO

¡Gran milagro!


REY

¡Válgame el cielo! ¿Es posible
que un hombre tan estimado 580
en boca de todo el vulgo,
y por santo respetado,
ejemplo de la virtud,
en la doctrina un San Pablo,
un San Hilario en la vida, 585
un Gregorio en el recato,
un Antonio en penitencia,
cuando los nobles, los bajos,
desde la cama hasta el cielo
subir dichosos pensaron, 590
su salvación ponga en duda,
y que él mismo haya afirmado
que Dios le llama a su juicio
ante su tribunal santo?


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Escena VI
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MARCELA

¡No sé si vivo o si muero! 595


LAURA

¡Las carnes me están temblando!


MARCIÓN

De miedo mortal estoy
medio desabotonado.


ROBERTO

¡Hay asombro semejante!


FILIPO

El corazón se me ha helado 600
en medio del pecho.


LUCIO

Mejor es, Filipo, que nos vamos.


REINA

Sacadme de aquí este cuerpo.



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Escena VI
Pág. 101 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO

Reina y señora, rey sabio,
doctores siempre discretos, 605
escuchadme y sosegaos.
No es digno de tanto asombro
lo que veis, puesto que espanto
os cause que os hable un muerto
que siempre asombra lo raro. 610
Dión fue en París y en Francia
por santo reverenciado,
y hasta ahora no tenemos
certeza de lo contrario.
Que va a juicio confiesa; 615
¿qué indicios da de pecados,
ni quién dirá por aquesto
que Dios le haya condenado?
Con su divina justicia,
¿quién hay recto, quién hay santo, 620
si con ella David dice
que nemo justificatur?
¿Pierde el tesorero fiel
su crédito y fama en algo
porque el Rey le llame a cuentas 625
y al recibo ajuste el cargo?
Antes, si sale bien dellas,
por prudente y recatado,
queda con nombre mayor
y con su crédito en salvo 630
¿Qué justo puede alabarse
que le haya perdonado
en el juicio severo
un pensamiento liviano?
Podrá ser que este difunto 635
tan bien haya administrado
los talentos de su vida,
que con Dios cuenta ajustando
salga con nombre de fiel,
y premiándole su mano, 640
llame testigos el Cielo
de la gloria que ha ganado.
Por santo le tienen todos.
¿Quién será tan temerario,
porque Dios le llame a cuentas, 645
que ose afirmar que no es santo?
No le ha sentenciado el Juez,
pues cuentas le está tomando;
sepamos cuál sale dellas,
si libre, si condenado. 650
No sin causa quiere el Cielo
que los que viéndole estamos
para mayor honra suya,
que va a juicio sepamos.
Prosigan, si Vuestra Alteza 655
gusta, los oficios sacros,
que ya podrá ser que quede
del cielo canonizado.



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Escena VI
Pág. 102 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



REY

Dices, maestro, muy bien.
Hasta agora sólo ha dado 660
noticia que va a juicio.
¿Qué hombre hay que alcance tanto,
que del Tribunal eterno
libre quede, si el más santo
teme el dar cuentas a Dios? 665
Jerónimo está temblando
con la trompeta al oído
y la voz de «Levantaos,
muertos, a dar a Dios cuenta».
Pues si él tiembla, ¿qué me espanto, 670
que, imitándole Dión,
nuestro olvido despertando,
freno ponga a nuestros vicios,
y así quiera escarmentarnos?
Prosiga el fúnebre oficio. 675


MARCELA

¡Ay amor torpe y liviano!
Si a un santo pide Dios cuenta,
¿qué será de mí?


ROBERTO

¡Caso raro!

 (Cantan dentro.)

  Responde mihi quantas habeo iniquitates et peccata,
scelera mea atque delicta ostende mihi.



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Escena VI
Pág. 103 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



DIÓN


(Alzándose de nuevo.)

Por justo y recto juicio
de Dios, Juez Soberano, 680
en juicio estoy.


REY

Volvió
segunda vez a avisarnos
el aprieto en que se ve.


REINA

Y en mí acrecientan desmayos
que me asombran. ¡Santo Dios, 685
qué espantoso y triste caso!


MARCIÓN

Marción, desde hoy libro nuevo:
no más risas en el rastro,
en la plaza, ni taberna,
si con bien de aquesta salgo. 690


MARCELA

¡Jesús! Laura, aqueste aviso
reprehende mis pecados.
Yo haré enmienda en mi vida.


LAURA

Vida nueva desde hoy hago.


REY

Muestre aquí mi real valor 695
el esfuerzo necesario;
el fin tengo de saber
de aqueste suceso extraño.
Pues dice que está en juicio,
el fin que tiene sepamos 700
tan severa y justa cuenta.
Prosiga el oficio sacro.

(Cantan.)

Responde mihi, etc.


DIÓN


(Otra vez levantándose.)

Por justo y recto juicio
de Dios, salgo condenado. 705


REINA

¡Jesús sea con nosotros!


TODOS

¡Jesús mil veces!


REINA

¡Huyamos!
 
(Vase.)



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Escena VII
Pág. 104 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



Dichos, menos la REINA.
  
REY

¡Oh ciega opinión del mundo,
oh juicios temerarios!
¡Qué dello que hay que saber 710
en un corazón humano!
¿Dión se condenó, cielos?
¿El caritativo, el santo,
el recogido, el virtuoso,
el humilde, el cuerdo, el casto? 715
¡Qué diferentes que son,
Dios eterno y soberano,
vuestros divinos secretos
de los nuestros, siempre falsos!


ROBERTO

Yo pienso que la soberbia 720
que al Querub ha derribado
y engaña a la hipocresía,
a Dión ha condenado;
porque cuando morir quiso
dijo, loco y temerario, 725
más que humilde, justo y cuerdo:
«No quiero que en este paso,
según su misericordia
me juzgue Dios, porque aguardo
que por rigor de justicia 730
me dé el Cielo que han ganado
mis virtudes y paciencia»,
y quien fía de sí tanto
que por santo se averigua,
condenarse no es milagro. 735


REY

Si eso dijo, justamente,
por loco y desatinado
la Justicia le condena
quien da a la gracia de mano.
Yo voy tan lleno de asombros, 740
como bien desengañado
de que mientras uno vive,
hasta en el último paso,
no puede fïar de sí,
pues como avisa San Pablo, 745
quien está en pie, tenga cuenta
no caiga, que es todo engaños.

 (Vase.)



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Escena VIII
Pág. 105 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO, LUCIO, FILIPO, MARCIÓN,
ROBERTO, MARCELA y LAURA.
  
MARCELA

Al fin se canta la gloria.
No hay hombre cuerdo a caballo;
camino es aquesta vida 750
llena de enredos y lazos.
En un monasterio quiero,
si hasta aquí me he despeñado,
buscar por sendas estrechas
otro más seguro y llano. 755


LAURA

En todo quiero imitarte.


MARCIÓN

Desde hoy me vuelvo ermitaño
o motilón de un convento.
Adiós, mundo inmundo y falso.

 
(Vanse MARCELA, LAURA, MARCIÓN.)



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Personas - Acto I - Acto II - Acto III

Escena IX
Pág. 106 de 109
El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



BRUNO, ROBERTO, LUCIO y FILIPO.
  
BRUNO

¿Qué hacemos aquí suspensos, 760
señores? ¿Qué dilatamos
nuestra salvación? ¿Qué hechizos
nos desvanecen? ¿Qué encantos?
¿Qué importan letras y estudios,
dignidades, honras, grados, 765
libros, cátedras, oficios,
si se condenan los sabios?
Dichoso el pobre pastor
que entre el grosero ganado,
ignorante para el mundo, 770
para los discretos zafio,
es para Dios elocuente.
Decid, ¿qué le aprovecharon
fama y opinión de bueno
a quien para Dios fue malo? 775
Abrid los míseros ojos;
no os predican desengaños
los vivos ya solamente;
los muertos nos están dando
voces y ejemplos seguros. 780
Púlpitos son ya de humanos
los túmulos, desde donde
un muerto está predicando.
Si desengaños buscáis
donde con torpes halagos 785
no os divirtáis, el que veis
es «el mayor desengaño».
Dión, tenido en París
por un vivo simulacro
de santidad y virtud, 790
sin bastarle los trabajos
de estudios y de desvelos,
el verse reverenciado
de los príncipes y reyes,
de los plebeyos y bajos; 795
sin dalle ayuda sus letras,
magisterios, honras, cargos,
se condena, y por su boca
pronuncia su horrendo fallo.
¿Y esperaremos nosotros 800
en las cortes y palacios,
entre ocasiones lascivas,
entre tanto enredo y lazo
salir libres? ¿No es locura?
Amigos, desengañaos, 805
pues el que presente vemos
es «el mayor desengaño».
A vida tan breve y corta,
a tan inefable plazo,
a juez tan recto y severo, 810
a tan apretados cargos,
¿no despertamos, señores?
¿Nos dormimos descuidados?
¿Nos entretenemos locos?
¿Nos divertimos ingratos? 815
Si un predicador difunto
no es suficiente a quitarnos
vendas de los ojos ciegos,
prisiones de pies y manos,
¿qué desengaño lo hará? 820
¿Tan contumaces estamos
que ya para convertirnos
son necesarios milagros?
¡Oh mil veces venturosos
desengaños! Ya me aparto 825
de ocasiones, pues he visto
hoy «el mayor desengaño».



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Escena IX
Pág. 107 de 109
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ROBERTO

A persuasiones tan ciertas,
¿qué bronce, Bruno, qué mármol
podrá resistir rebelde? 830
Un muerto vivo está dando
liciones al ambicioso,
y un vivo, muerto miramos
en ti, pues al mundo mueres
y predicas desengaños. 835
Pues de los despeñaderos
nos apartas, ve guïando
al camino, que nosotros
queremos seguir tus pasos.


LUCIO

Por mi capitán te elijo. 840


FILIPO

A tu sombra asegurado,
procuraré desde hoy más
escarmentar mis pecados.



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Escena IX
Pág. 108 de 109
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BRUNO

Eso sí, amigos discretos;
en los desiertos y campos 845
aún no está un hombre seguro,
¿cómo lo estará en palacio?
En ellos Pedro a Dios niega,
y para llorar agravios
hechos contra el cielo, busca 850
cuevas que ocultan peñascos.
Lloremos con él nosotros,
y también con él huyamos
ocasiones engañosas,
pues lo son de vuestro daño. 855
Una orden de vivir
muriendo quiero enseñaros,
donde aprisionéis sentidos,
enemigos no excusados;
freno a la lengua el silencio 860
ha de poner, y candados
a los oídos y ojos,
si nos despeñan regalos.
Penitencias nos den vida;
perpetuo ayuno le mando 865
a mi cuerpo, sin que guste
otro manjar que pescado.
Prisión y cárcel perpetua
tendrán a los pies livianos
a raya, y en su clausura 870
darán al alma descanso.
No ha de entrar mujer jamás
en parte donde vivamos,
ni en la iglesia que labremos,
que así el peligro excusamos. 875
Si este modo de vivir
admitís, y como hermanos
debajo de la conducta
de Dios os llamáis soldados,
respondedme brevemente. 880


ROBERTO

Todos humildes te damos
la obediencia desde aquí,
poniendo en tus pies los labios.


BRUNO

Pues supliquemos a Dios
ponga su divina mano 885
y ayude nuestros principios,
porque firmes prosigamos.
Pero atended, ¿qué es aquesto?



El mayor desengaño de Tirso de Molina

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Escena X
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El mayor desengaño Acto III Tirso de Molina



Dichos, que se pondrán de rodillas.
El PAPA HUGO y un ÁNGEL.
  
LUCIO

Un ministro soberano,
abriendo Dios nuestros ojos 890
y su potencia llevando,
al sucesor de San Pedro
llega, y con celestes rayos
consuela nuestro temor.
¡Qué favor tan soberano! 895


ÁNGEL

Piloto, que este gobierno
de la nave que surcando
almas para Dios «flectúa»,
tienes dichoso en la mano;
Dios quiere que prevalezca 900
a tu sombra y con tu amparo
una nueva religión,
que Bruno desengañado
comienza a fundar agora.
A tus pies con seis letrados 905
que con él el mundo dejan,
vendrá; procura animarlos,
que todos siete han de ser
fundamentos soberanos
desta fábrica divina, 910
significada en los rayos
destas siete estrellas puras.
Ya les da sitio y espacio
el valle de la Cartuja,
de quien el renombre santo 915
tomará su religión.

 (Cúbrese, con música, el ÁNGEL.)


EL PAPA HUGO

Si alista tales soldados
nuestra militante Iglesia
postrará viles contrarios.
Yo les doy mi bendición. 920

 (Cúbrese el PAPA.)


BRUNO

Dadme todos esos brazos
en albricias de mi gozo,
y en ejecución pongamos
nuestros propósitos justos.


ROBERTO

Si escarmienta el cuerdo y sabio 925
en desengaños, aqueste
es El mayor desengaño.

FIN DE EL MAYOR DESENGAÑO

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