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El médico a palos (Versión para imprimir)3

Esta es la versión para imprimir de El médico a palos.

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Autor: Molière

ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière


ESCENA SEGUNDA

Leandro (sale por la puerta de la derecha recatándose), Bartolo


Leandro: Señor doctor, yo vengo a implorar su auxilio de usted y espero que...


Bartolo: Veamos el pulso... (Tomando el pulso, con gestos de displicencia.) Pues no me gusta nada...

¿Y qué siente usted?

Leandro: Pero, si yo no vengo a que usted me cure; si yo no padezco ningún achaque.


Bartolo: (Con despego.) ¿Pues a qué diablos viene usted?


Leandro: A decirle a usted, en dos palabras, que yo soy Leandro.


Bartolo: ¿Y qué se me da a mí de que usted se llame Leandro o Juan de las Viñas? (Alzando la voz.

Leandro le habla en tono bajo y misterioso.)

Leandro: Diré a usted. Yo estoy enamorado de Doña Paulita; ella me quiere, pero su padre no

me permite que la vea... Estoy desesperado, y vengo a suplicarle a usted, que me proporcione una
ocasión, un pretexto para hablarla y...

Bartolo: Que es decir en castellano: que yo haga de alcahuete. (Irritado, y alzando más la voz.)

¡Un médico! ¡Un hombre como yo!... Quítese usted de ahí.

Leandro: ¡Señor!


Bartolo: ¡Es mucha insolencia, caballerito!


Leandro: Calle usted, señor, no grite usted.


Bartolo: Quiero gritar... ¡Es usted un temerario!


Leandro: ¡Por Dios, señor doctor!


Bartolo: ¿Yo alcahuete? Agradezca usted que... (Se pasea inquieto.)


Leandro: ¡Válgame Dios, qué hombre!... Probemos a ver si... (Saca un bolsillo, y al volverse Bartolo,

se le pone en la mano: él le toma, le guarda, y bajando la voz, habla confidencialmente con Leandro.)



ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière



Leandro: ¡Válgame Dios, qué hombre!... Probemos a ver si... (Saca un bolsillo, y al volverse

Bartolo, se le pone en la mano: él le toma, le guarda, y bajando la voz, habla confidencialmente con Leandro.)

Bartolo: ¡Desvergüenza como ella!
Leandro: Tome usted... Y le pido perdón de mi atrevimiento.
Bartolo: Vamos, que no ha sido nada.
Leandro: Confieso que erré y que anduve un poco...
Bartolo: ¿Qué errar? ¡Un sujeto como usted! ¡Qué disparate! Vaya, conque...
Leandro: Pues, señor, esa niña vive infeliz. Su padre no quiere pasarla por no sobar el dote.

Se ha fingido enferma; han venido varios médicos a visitarla, la han recetado cuántas pócimas hay en
la botica; ella no toma ninguna, como es fácil de presumir, y por último hostigada de sus visitas, de
sus consultas y de sus preguntas impertinentes, se ha hecho la muda, pero no lo está.

Bartolo: ¿Conque todo ello es una farándula?
Leandro: Sí, señor.
Bartolo: ¿El padre le conoce a usted?
Leandro: No señor, personalmente no me conoce.
Bartolo: ¿Y ella le quiere a usted? ¿Es cosa segura?
Leandro: ¡Oh!, de eso estoy muy persuadido.
Bartolo: ¿Y los criados?
Leandro: Ginés no me conoce, porque hace muy poco tiempo que entró en la casa. Andrea está en

el secreto; su marido, si no lo sabe, a lo menos lo sospecha y calla, y puedo contar con uno y con otro.

Bartolo: Pues, bien, yo haré que hoy mismo quede usted casado con Doña Paulita.
Leandro: ¿De veras?
Bartolo: Cuando yo lo digo.
Leandro: ¿Sería posible?
Bartolo: ¿No le he dicho a usted que sí? Le casaré a usted con ella, con su padre, y con toda su

parentela... Yo diré que es usted... boticario.

Leandro: Pero, si yo no entiendo palabra de esa facultad.
Bartolo: No le dé a usted cuidado, que lo mismo me sucede a mí. Tanta medicina sé yo como

un perro de aguas.



ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière


Leandro: ¿Conque no es usted médico?
Bartolo: No por cierto. Ellos me han examinado de un modo particular; pero, con examen y todo,

la verdad es que no soy lo que dicen. Ahora, lo que importa es que usted esté por ahí inmediato, que
yo le llamaré a su tiempo.

Leandro: ¡ Bien está, y espero que usted... (Vase por la puerta de la derecha.)
Bartolo: Vaya usted con Dios.



ESCENA TERCERA


Andrea (sale por la izquierda), Bartolo, Lucas



Andrea: Señor médico, me parece que la enferma le quiere dejar a usted desairado, porque...
Bartolo: Como no me desaires tú, niña de mis ojos, lo demás importa seis maravedís, y como yo

te cure a ti, más que se muera todo el género humano. (Sale por la derecha Lucas; va acercándose
detrás de Bartolo y escucha.)

Andrea: Yo no tengo nada que curar.
Bartolo: Pues, mira, lo mejor será curar a tu marido... ¡Qué bruto es, y qué celoso tan

impertinente!

Andrea: ¿Qué quiere usted? Cada uno cuida de su hacienda.
Bartolo: ¿Y por qué ha de ser hacienda de aquel gaznápiro, este cuerpecito gracioso? (Se encamina a

ella con los brazos abiertos, en ademán de abrazarla. Andrea se va retirando, Lucas agachándose,
pasa por debajo del brazo derecho de Bartolo, vuélvese de cara hacia él, y quedan abrazados los dos.
Andrea se va riendo, por la puerta del lado izquierdo.)

Lucas: ¿No le he dicho a usted, señor doctor, que no quiero esas chanzas?... ¿No se lo he dicho a usted?
Bartolo: Pero, hombre, si aquí no hay malicia ni...
Lucas: Vete tú de ahí... Con malicia o sin ella, le he de abrir a usted la cabeza de un trancazo, si

vuelve a alzar los ojos para mirarla. ¿Lo entiende usted?

Bartolo: Pues ya se ve que lo entiendo.
Lucas: Cuidado conmigo... (Le da un envión al tiempo de desasirse de él.) ¡Se habrá visto mico más enredador!




ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière



ESCENA CUARTA

Don Jerónimo (sale por la izquierda), Bartolo, Lucas, Leandro



Don Jerónimo: ¡Ay, amigo don Bartolo!, que aquella pobre muchacha no se alivia. No ha querido acostarse.

Desde que ha tomado la sopa en vino está mucho peor.

Bartolo: ¡Bueno, eso es bueno! Señal de que el remedio va obrando. No hay que afligirse. Aunque la vea

usted agonizando, no hay que afligirse, que aquí estoy yo... (Llama, encarándose a la puerta del lado derecho.)
Digo, Don Casimiro, Don Casimiro.

Leandro: (Desde adentro.) Señor.
Bartolo: Don Casimiro.
Leandro: (Sale.) ¿Qué manda usted?
Don Jerónimo: ¿Y quién es este hombre?
Bartolo: Un excelente didascálico... boticario que llaman ustedes... eminente profesor... Le he mandado

venir para que disponga una cataplasma de todas flores, emolientes, astringentes, dialécticas, pirotécnicas y
narcóticas, que será necesario aplicar a la enferma.

Don Jerónimo: Mire usted qué decaída está.
Bartolo: No importa, va a sanar muy pronto.




ESCENA QUINTA

Doña Paula, Andrea, Ginés, (salen por la puerta de la izquierda.) Don Jerónimo, Bartolo, Leandro, Lucas



Bartolo: Don Casimiro, púlsela usted, obsérvela bien y luego hablaremos.
Don Jerónimo: ¿Conque en efecto es mozo de habilidad? ¿Eh? (Va Leandro, y habla en secreto con

Doña Paula, haciendo que la pulsa. Andrea tercia en la conversación. Quedan distantes a un lado Bartolo
y Don Jerónimo, y a otro Ginés y Lucas.)



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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière



Bartolo: No se ha conocido otro igual para emplastos, ungüentos, rosolís de perfecto amor y

de leche de vieja, ceratos y julepes. ¿Por qué le parece a usted que le he hecho venir?

Don Jerónimo: Ya lo supongo. Cuando usted se vale de él, no, no será rana.
Bartolo: ¿Qué ha de ser rana? No señor, si es un hombre que se pierde de vista.
Doña Paula: Siempre, siempre seré tuya, Leandro.
Don Jerónimo: ¿Qué? (Volviéndose hacia donde está su hija.) ¿Si será ilusión mía?...

¿Ha hablado, Andrea?

Andrea: Sí señor, tres o cuatro palabras ha dicho.
Don Jerónimo: ¡Bendito sea Dios! ¡Hija mía! (Abraza a Doña Paula, y vuelve lleno de

alegría hacia Bartolo, el cual se pasea lleno de satisfacción.) ¡Médico admirable!

Bartolo: ¡Y qué trabajo me ha costado curar la dichosa enfermedad! Aquí hubiera yo

querido ver a toda la veterinaria, junta y entera, a ver qué hacía.

Don Jerónimo: Conque Paulita, hija, ya puedes hablar, ¿es verdad? (Vuelve a hablar con

su hija, y la trae de la mano.) Vaya, di alguna cosa.

Ginés: (Aparte a Lucas.) Aquí me parece que hay gato encerrado... ¿Eh?
Lucas: Tú, calla, y déjalo estar.
Doña Paula: Sí padre mío, he recobrado el habla para decirle a usted que amo a Leandro,

y que quiero casarme con él.

Don Jerónimo: Pero, si...
Doña Paula: Nada puede cambiar mi resolución.
Don Jerónimo: Es que...
Doña Paula: De nada servirá cuanto usted me diga. Yo quiero casarme con un hombre que

me idolatra. Si usted me quiere bien, concédame su permiso, sin excusas ni dilaciones.

Don Jerónimo: Pero, hija mía, el tal Leandro es un pobretón...
Doña Paula: Dentro de poco será muy rico. Bien lo sabe usted. Y sobre todo, sarna con

gusto no pica.

Don Jerónimo: ¡Pero qué borbotón de palabras la ha venido de repente a la boca!... Pues,

hija mía, no hay que cansarse. No será.

Doña Paula: Pues cuente usted conque ya no tiene hija, porque me moriré de la desesperación.




ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière



Don Jerónimo: ¡Qué es lo que me pasa! (Moviéndose de un lado a otro, agitado y colérico.

Doña Paula se retira hacia el foro, y habla con Leandro y Andrea.) Señor doctor, hágame usted
el gusto de volvérmela a poner muda.

Bartolo: Eso no puede ser. Lo que yo haré solamente para servirle a usted, será ponerle

sordo para que no la oiga.

Don Jerónimo: Lo estimo infinito... ¿Pero, piensas tú, hija inobediente, que...? (Encaminándose

hacia Doña Paula. Bartolo le contiene.)

Bartolo: No hay que irritarse, que todo se echará a perder. Lo que importa es distraerla y

divertirla. Déjela usted que vaya a coger un rato el aire por el jardín, y verá usted como poco
a poco se la olvida ese demonio de Leandro... Vaya usted a acompañarla, don Casimiro, y cuide usted
no pise alguna mala yerba.

Leandro: Como usted mande, señor doctor. Vamos señorita.
Doña Paula: Vamos enhorabuena.
Don Jerónimo: Id vosotros también. (A Lucas y Ginés, los cuales, con Doña Paula, Leandro y Andrea,

se van por la puerta del foro.)





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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière



ESCENA SEXTA


Don Jerónimo, Bartolo



Don Jerónimo: ¡Vaya, vaya que no he visto semejante insolencia!
Bartolo: Ésa es resulta necesaria del mal que ha estado padeciendo hasta ahora. La última

idea que ella tenía cuando enmudeció, fue sin duda la de su casamiento con ese tunante de Alejandro,
o Leandro; o como se llama. Cogiola el accidente, quedáronse trasconejadas una gran porción
de palabras, y hasta que todas las vacíe y se desahogue, no hay que esperar que se tranquilice,
ni hable con juicio.

Don Jerónimo: ¿Qué dice usted? Pues me convence esa reflexión. (Saca la caja Don Jerónimo

y él y Bartolo toman tabaco.)

Bartolo: ¡Oh!, y si usted supiera un poco de numismática lo entendería mucho mejor...

Venga un polvo.

Don Jerónimo: Conque luego que haya desocupado...
Bartolo: No lo dude usted... Es una evacuación, que nosotros llamamos, tricolos tetrástrofos.








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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière




ESCENA SÉPTIMA


Lucas, Andrea, Ginés (van saliendo todos tres por la puerta del foro.), Don Jerónimo, Bartolo



Ginés: Señor amo.
Lucas: Señor Don Jerónimo... ¡Ay, qué desdicha!
Andrea: ¡Ay, amo mío de mi alma que se la llevan!
Don Jerónimo: Pero, ¿qué se llevan?
Lucas: El boticario no es boticario.
Ginés: Ni se llama don Casimiro.
Andrea: El boticario es Leandro, en propia persona, y se lleva robada a la señorita.
Don Jerónimo: ¿Qué dices? ¡Pobre de mí! ¿Y vosotros, brutos, habéis dejado que

un hombre solo os burle de esa manera?

Lucas: No, no estaba solo, que estaba con una pistola. El demonio que se acercase.
Don Jerónimo: ¿Y este pícaro de médico?
Bartolo: (Aparte lleno de miedo.) Me parece que ya no puede tardar la tercera paliza.
Don Jerónimo: Este bribón, que ha sido su alcahuete... Al instante buscadme una cuerda.
Andrea: Ahí había una larga de tender ropa.
Lucas: Sí, sí, ya sé dónde está. Voy por ella. (Vase por la izquierda, y vuelve al instante,

con una soga muy larga.)

Don Jerónimo: Me la has de pagar... Pero, ¿hacia dónde se fueron? ¡Válgame Dios!
Andrea: Yo creo que se habrán ido par la huerta del jardín que sale al campo.
Lucas: Aquí está la soga.
Don Jerónimo: Pues inmediatamente atadme bien de pies y manos al doctor; aquí en esta silla...

(Bartolo quiere huir, y Lucas y Ginés le detienen.) Pero, me le habéis de ensogar bien fuerte.

Ginés: Pierda usted cuidado. Vamos, señor don Bartolo. (Le hacen sentar en la silla poltrona,

y le atan a ella, dando muchas vueltas a la soga.)

Don Jerónimo: Voy a buscar aquella bribona... Voy a hacer que avisen a la justicia, y mañana sin falta ninguna,

este pícaro médico ha de morir ahorcado... Andrea, corre hija, asómate a la ventana del comedor,
y mira si los descubres por el campo. Yo veré si los del molino me dan alguna razón. Y vosotros,
no perdáis de vista a ese perro. (Se va Don Jerónimo por la derecha y Andrea por la izquierda.
Lucas y Ginés siguen atando a Bartolo.)






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ESCENA OCTAVA


Bartolo, Lucas, Ginés, Martina



Ginés: Echa otra vuelta por aquí.
Lucas: ¿Y no sabes que el amiguito éste, había dado en la gracia de decir chicoleos a mi mujer?
Ginés: Anda, que ya las va a pagar todas juntas.
Bartolo: ¿Estoy ya bien así?
Ginés: Perfectamente.
Martina: (Sale por la puerta de la derecha.) Dios guarde a ustedes, señores.
Lucas: ¡Calle, que está usted por acá! ¿Pues qué buen aire la trae a usted por esta casa?
Martina: El deseo de saber de mi pobre marido. ¿Qué han hecho ustedes de él?
Bartolo: Aquí está tu marido, Martina; mírale, aquí le tienes.
Martina: ¡Ay, hijo de mi alma! (Abrazándose con Bartolo.)
Lucas: ¡Oiga! ¿Conque ésta es la médica?
Ginés: Aun por eso nos ponderaba tanto las habilidades del doctor.
Lucas: Pues por muchas que tenga, no escapará de la horca.
Martina: ¿Qué está usted ahí diciendo?
Bartolo: Sí, hija mía, mañana me ahorcan, sin remedio.
Martina: ¿Y no te ha de dar vergüenza de morir delante de tanta gente?
Bartolo: ¿Y qué se ha de hacer, paloma? Yo bien lo quisiera excusar, pero se han empeñado en ella.
Martina: ¿Pero, por qué te ahorcan, pobrecito, por qué?
Bartolo: Ése es cuento largo. Porque acabo de hacer una curación asombrosa, y en vez de hacerme

protomédico, han resuelto colgarme.


ESCENA NOVENA


(Don Jerónimo sale por la puerta de la derecha, y Andrea por la izquierda.) Andrea, Bartolo, Lucas, Ginés, Martina



Don Jerónimo: Vamos, chicos, buen ánimo. Ya he enviado un propio a Miraflores; esta noche sin

falta vendrá la justicia, y cargará con este bribón... ¿Y tú qué has hecho, los has visto?

Andres: No, señor, no las he descubierto por ninguna parte.


Don Jerónimo: Ni yo tampoco... He preguntado y nadie me sabe dar razón... Yo he de volverme loco...

(Dando vueltas por el teatro, lleno de inquietud.) ¿Adónde se habrán ido?... ¿Qué estarán haciendo?




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ESCENA DÉCIMA


Doña Paula, Leandro (Salen por la puerta del lado derecho), Don Jerónimo, Bartolo



Leandro: Señor Don Jerónimo.
Doña Paula: Querido padre.
Don Jerónimo: ¿Qué es ésta? ¡Picarones, infames!
Leandro: (Se arrodillan a los pies de Don Jerónimo.) Esto es enmendar un desacierto. Habíamos

pensado irnos a Buitrago y desposarnos allí, con la seguridad que tengo de que mi tío no desaprueba
este matrimonio; pero lo hemos reflexionado mejor. No quiero que se diga que yo me he llevado robada
a su hija de usted; que esto no sería decoroso ni a su honor, ni al mío. Quiero que usted me la conceda
con libre voluntad, quiero recibirla de su mano. Aquí la tiene usted, dispuesta a hacer lo que usted
la mande; pera le advierto, que si no la casa conmigo, su sentimiento será bastante a quitarla la vida;
y si usted nos otorga la merced que ambos le pedimos, no hay que hablar de dote.

Don Jerónimo: Amigo, yo estoy muy atrasado, y no puedo...
Leandro: Ya he dicho que no se trate de intereses.
Doña Paula: Me quiere mucho Leandro para no pensar con la generosidad que debe. Su amor es a mí,

no a su dinero de usted.

Don Jerónimo: (Alterándose.) Su dinero de usted, su dinero de usted. ¿Qué dinero tengo yo, parlera?

¿No he dicho ya que estoy muy atrasado? No puedo dar nada, no hay que cansarse.

Leandro: Pero bien, señor, si por eso mismo se le dice a usted que no le pediremos nada.
Don Jerónimo: Ni un maravedí.
Doña Paula: Ni medio.
Don Jerónimo: Y bien, si digo que sí, ¿quién os ha de mantener, badulaques?
Leandro: Mi tío. ¿Pues no ha oído usted que aprueba este casamiento? ¿Qué más he de decirle?
Don Jerónimo: ¿Y se sabe si tiene hecha alguna disposición?
Leandro: Sí señor, yo soy su heredero.
Don Jerónimo: ¿Y qué tal, está fuertecillo?
Leandro: ¡Ay! No señor, muy achacoso. Aquel humor de las piernas le molesta mucho, y nos tememos

que de un día a otro...

Don Jerónimo: Vaya, vamos, ¿qué le hemos de hacer! Con que... (Hace que se levanten, y los abraza.

Uno y otro le besan la mano.) Vaya, concedido, y venga un par de abrazos.

Leandro: Siempre tendrá usted en mí un hijo obediente.
Doña Paula: Usted nos hace completamente felices.




ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière


Bartolo: ¿Y a mí quién me hace feliz? ¿No hay un cristiano que me desate?
Don Jerónimo: Soltadle.
Leandro: ¿Pues quién le ha puesto a usted así, médico insigne? (Desatan los criados a Bartolo.)
Bartolo: Sus pecados de usted, que los míos no merecen tanto.
Doña Paula: Vamos, que todo se acabó, y nosotros sabremos agradecerle a usted el favor

que nos ha hecho.

Martina: ¡Marido mío! (Se abrazan Martina y Bartolo.) Sea enhorabuena que ya no te ahorcan.

Mira, trátame bien, que a mí me debes la borla de doctor que te dieron en el monte.

Bartolo: ¿A ti? Pues me alegro de saberlo.
Martina: Sí por cierto. Yo dije que eras un prodigio en la medicina.
Ginés: Y yo, porque ella lo dijo, lo creí.
Lucas: Y yo lo creí, porque lo dijo ella.
Don Jerónimo: Y yo, porque estos lo dijeron, lo creí también, y admiraba cuanto decía como

si fuese un oráculo.

Leandro: Así va el mundo. Muchos adquieren opinión de doctos, no por lo que efectivamente

saben, sino por el concepto que forma de ellos la ignorancia de los demás.