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El médico a palos (Versión para imprimir)2

Esta es la versión para imprimir de El médico a palos.

El presente texto ha sido copiado de Wikisource, biblioteca en línea de textos originales que se encuentran en dominio público o que hayan sido publicados con una licencia GFDL. Puedes visitarnos en http://es.wikisource.org/wiki/Portada


Autor: Molière

ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière


Don Jerónimo: Más adelante no digo que...


Andrea: Boda, boda, y aflojar el dote, y...


Don Jerónimo: ¿Quieres callar, habladora?


Andrea: (Aparte. Allí le duele...) Y despedir médicos y boticarios, y tirar
todas esas pócimas y brebajes por la ventana, y llamar al novio; que ése la pondrá buena.


Don Jerónimo: ¿A qué novio, bachillera, impertinente? ¿En dónde está ese novio?


Andrea: ¡Qué presto se le olvidan a usted las cosas! ¿Pues qué, no sabe usted
que Leandro la quiere, que la adora, y ella le corresponde? ¿No lo sabe usted?


Don Jerónimo: La fortuna del tal Leandro está en que no le conozco, porque desde que
tenía ocho o diez años no le he vuelto a ver... Y ya sé que anda por aquí acechando y
rondándome la casa; pero como yo le llegue a pillar... Bien que lo mejor será escribir
a su tío para que le recoja, y se le lleve a Buitrago, y allí se le tenga. ¡Leandro!
¡Buen matrimonio por cierto! ¡Con un mancebito que acaba de salir de la universidad muy
atestada de Vinios la cabeza, y sin un cuarto en el bolsillo!


Andrea: Su tío, que es muy rico, que es muy amigo de usted, que quiere mucho a su
sobrino, y que no tiene otro heredero,suplirá esa falta. Con el dote que usted dará a
su ama, y con lo que...


Don Jerónimo: Vete al instante de aquí, lengua de demonio.


Andrea: (Aparte.) Allí le duele.


Don Jerónimo: Vete.


Andrea: Ya me iré, señor.


Don Jerónimo: Vete, que no te puedo sufrir.


ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière



Lucas: ¡Que siempre has de dar en eso, Andrea! Calla,y no desazones al amo, mujer, calla,

que el amo no necesita de tus consejos para hacer lo que quiera. No te metas nunca
en cuidados ajenos, que al fin y al cabo, el señor es el padre
de su hija, y su hija es hija, y su padre es el señor, no tiene remedio.

Don Jerónimo: Dice bien tu marido, que eres muy entremetida.


Lucas: El médico viene.





ESCENA TERCERA


Bartolo, Ginés, Don Jerónimo, Lucas, Andrea


(Salen por la derecha Ginés y Bartolo, éste, vestido con casaca antigua,
sombrero de tres picos, y bastón.)



Ginés: Aquí tiene usted, señor Don Jerónimo, al estupendo médico, al doctor infalible,

al pasmo del mundo.

Don Jerónimo: Me alegro mucho de ver a usted y de conocerle, señor doctor. (Se hacen cortesías uno a otro,

con el sombrero en la mano.)

Bartolo: Hipócrates dice que los dos nos cubramos.


Don Jerónimo: ¿Hipócrates lo dice?


Bartolo: Sí señor.


Don Jerónimo: ¿Y en qué capítulo?


Bartolo: En el capítulo de los sombreros.


Don Jerónimo: Pues, si lo dice Hipócrates, será preciso obedecer. (Los dos se ponen el sombrero.)


Bartolo: Pues como digo, señor médico, habiendo sabido...


Don Jerónimo ¿Con quién habla usted?





ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière



Bartolo: Con usted.


Don Jerónimo: ¿Conmigo? Yo no soy médico.


Bartolo: ¿No?


Don Jerónimo No, señor.


Bartolo ¿No? Pues ahora verás lo que te pasa. (Arremete hacia él con el bastón levantado,

en ademán de darle de palos. Huye Don Jerónimo; los criados se ponen de por medio,
y detienen a BARTOLO.)

Don Jerónimo ¿Qué hace usted, hombre?


Bartolo Yo te haré que seas médico a palos, que así se gradúan en esta tierra.


Don Jerónimo Detenedle vosotros... ¿Qué loco me habéis traído aquí?


Ginés ¿No le dije a usted que era muy chancero?


Don Jerónimo Sí, pero que vaya a los infiernos con esas chanzas.


Lucas No le dé a usted cuidado. Si lo hace por reír.


Ginés Mire usted, señor facultativo, este caballero que está presente es nuestro amo,

 y padre de la señorita que usted ha de curar.

Bartolo ¿El señor es su padre? ¡Oh!, perdone usted, señor padre, esta libertad que...


Don Jerónimo Soy de usted.


Bartolo Yo siento...


Don Jerónimo No, no ha sido nada... (Aparte. ¡Maldita sea tu casta!...) Pues, señor, vamos al asunto.

 (Saca la caja, se la presenta a Bartolo y él toma un polvo con afectada gravedad.)
 Yo tengo una hija muy mala...

Bartolo Muchos padres se quejan de lo mismo.


Don Jerónimo Quiero decir que está enferma.


Bartolo Ya, enferma.


Don Jerónimo Sí, señor.


Bartolo Me alegro mucho.




ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière



Don Jerónimo: ¿Cómo?


Bartolo: Digo que me alegro de que su hija de usted necesite de mi ciencia; y ojalá que usted, y toda

 su familia, estuviesen a las puertas de la muerte, para emplearme en su asistencia y alivio.

Don Jerónimo: Viva usted mil años, que yo le estimo su buen deseo.


Bartolo: Hablo ingenuamente.


Don Jerónimo: Ya lo conozco.


Bartolo: ¿Y cómo se llama su niña de usted?


Don Jerónimo: Paulita.


Bartolo: ¡Paulita! ¡Lindo nombre para curarse!... Y esta doncella, ¿quién es?


Don Jerónimo: Esta doncella es mujer de aquél. (Señalando a Lucas.)


Bartolo: ¡Oiga!


Don Jerónimo: Sí señor... Voy a hacer que salga aquí la chica para que usted la vea.


Andrea: Durmiendo quedaba.


Don Jerónimo: No importa, la despertaremos. Ven, Ginés.


Ginés: Allá voy. (Vanse los dos por la izquierda.)




ESCENA CUARTA


Bartolo, Andrea, Lucas


Bartolo: (Se acerca a Andrea, con ademanes y gestos expresivos.) ¿Conque usted es mujer de ese mocito?


Andrea: Para servir a usted.


Bartolo: ¡Y qué frescota es! ¡Y que...! Regocijo da el verla... ¡Hermosa boca tiene!... ¡Ay, qué dientes

 tan blancos, tan iguales, y qué risa tan graciosa!... ¡Pues los ojos! En mi vida he visto un par de ojos más
 habladores ni más traviesos.

Lucas: (Aparte. ¡Habrá demonio de hombre! ¡Pues no la está requebrando el maldito!...) Vaya, señor doctor,

 mude usted de conversación, porque no me gustan esas flores. ¿Delante de mí se pone usted a decir arrumacos a mi
 mujer? Yo no sé cómo no cojo un garrote y le... (Mirando por el teatro si hay algún palo. Bartolo le detiene.)

Bartolo: Hombre, por Dios, ten caridad. ¿Cuántas veces me han de examinar de médico?


Lucas: Pues, cuenta con ella.


Andrea: Yo reviento de risa. (Encaminándose a recibir a Doña Paula, que sale por la puerta de la izquierda,

con Don Jerónimo y Ginés.)



ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière



ESCENA QUINTA

Don Jerónimo, Doña Paula, Ginés, Lucas, Bartolo, Andrea


Don Jerónimo: Anímate, hija mía, que yo confío en la sabiduría portentosa de este señor,

 que brevemente recobrarás tu salud. Ésta es la niña, señor doctor. Hola, arrimad sillas.
(Traen sillas los criados. Doña Paula se sienta en una poltrona, entre Bartolo y su padre.
Los criados detrás, de pie.)

Don Bartolo: ¿Conque ésta es su hija de usted?


Don Jerónimo: No tengo otra, y si se me llegara a morir me volvería loco.


Don Bartolo: Ya se guardará muy bien. ¿Pues qué, no hay más que morirse sin licencia

 del médico? No señor, no se morirá... Vean ustedes aquí una enferma que tiene un semblante,
 capaz de hacer perder la chaveta al hombre más tétrico del mundo. Yo, con todos mis aforismos,
 le aseguro a usted... ¡Bonita cara tiene!

Doña Paula: ¡Ah!, ¡ah!, ¡ah!


Don Jerónimo: Vaya, gracias a Dios que se ríe la pobrecita.


Don Bartolo: ¡Bueno! ¡Gran señal! ¡Gran señal! Cuando el médico hace reír a las enfermas es

 linda cosa... Y bien, ¿qué le duele a usted?

Doña Paula: Ba, ba, ba, ba.


Don Bartolo: ¿Eh? ¿Qué dice usted?


Doña Paula: Ba, ba, ba.


Don Bartolo: Ba, ba, ba, ba. ¿Qué diantre de lengua es ésa? Yo no entiendo palabra.


Don Jerónimo: Pues ése es su mal. Ha venido a quedarse muda, sin que se pueda saber la causa.

 Vea usted qué desconsuelo para mí.

Don Bartolo: ¡Qué bobería! Al contrario, una mujer que no habla es un tesoro. La mía no padece

 esta enfermedad, y si la tuviese, yo me guardaría muy bien de curarla.

Don Jerónimo: A pesar de eso, yo le suplico a usted que aplique todo su esmero al fin de

 aliviarla y quitarla ese impedimento.

Don Bartolo: Se la aliviará, se la quitará; pierda usted cuidado. Pero, es curación que no se hace

 así como quiera. ¿Come bien?

Don Jerónimo: Sí señor, con bastante apetito.


Don Bartolo: ¡Malo!... ¿Duerme?


Andrea: Sí señor, unas ocho o nueve horas suele dormir regularmente.


Don Bartolo: ¡Malo!... ¿Y la cabeza la duele?


Don Jerónimo: Ya se lo hemos preguntado varias veces; dice que no.


Bartolo: ¿No? ¡Malo!... Venga el pulso... Pues, amigo, este pulso indica... ¡Claro!, está claro.


Don Jerónimo: ¿Qué indica?




ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière



Bartolo: Que su hija de usted tiene secuestrada la facultad de hablar.


Don Jerónimo: ¿Secuestrada?


Bartolo: Sí por cierto; pero, buen ánimo, ya lo he dicho, curará.


Don Jerónimo: Pero ¿de qué ha podido proceder este accidente?


Bartolo: Este accidente ha podido proceder y procede, (según la más recibida opinión de

los autores) de habérsela interrumpido a mi señora Doña Paulita el uso expedito de la lengua.

Don Jerónimo: ¡Este hombre es un prodigio!


Lucas: ¿No se lo dijimos a usted?


Andrea: Pues a mí me parece un macho.


Lucas: Calla.


Don Jerónimo: Y en fin, ¿qué piensa usted que se puede hacer?


Bartolo: Se puede y se debe hacer... El pulso... (Tomando el pulso a Doña Paulita.) Aristóteles,

 en sus protocolos, habló de este caso con mucho acierto.

Don Jerónimo: ¿Y qué dijo?


Bartolo: Cosas divinas... La otra... (La toma el pulso en la otra mano, y la observa la lengua.)

 A ver la lengüecita... ¡Ay, qué monería!... Digo... ¿Entiende usted el latín?

Don Jerónimo: No señor, ni una palabra.


Bartolo: No importa. Dijo: Bonus bona bonum, uncias duas, mascula sunt maribus, honora medicum,

 acinax acinacis, est modus in rebus. Amarylida sylvas. Que quiere decir que esta falta de coagulación
 en la lengua la causan ciertos humores que nosotros llamamos humores... acres, proclives, espontáneos,
 y corrumpentes. Porque, como los vapores que se elevan de la región... ¿Están ustedes?

Andrea: Sí, señor, aquí estamos todos.


Bartolo: De la región lumbar, pasando desde el lado izquierdo donde está el hígado, al derecho

 en que está el corazón, ocupan todo el duodeno y parte del cráneo; de aquí es, según la doctrina de
 Ausias March y de Calepino (aunque yo llevo la contraria), que la malignidad de dichos vapores... ¿Me explico?

Don Jerónimo: Sí, señor, perfectamente.


Bartolo: Pues, como digo; supeditando dichos vapores las carúnculas y el epidermis, necesariamente

 impiden que el tímpano comunique al metacarpo los sucos gástricos. Doceo, doces, docere, docui, doctum,
ars longa, vita brevis: templum, templi: augusta vindelicorum, et reliqua. ¿Qué tal? ¿He dicho algo?



ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière



Don Jerónimo: Cuanto hay que decir.


Ginés: Es mucho hombre éste.


Don Jerónimo: Sólo he notado una equivocación en lo que...


Bartolo: ¿Equivocación? No puede ser. Yo nunca me equivoco.


Don Jerónimo: Creo que dijo usted que el corazón está al lado derecho y el hígado al izquierdo;

y en verdad que es todo lo contrario.

Bartolo: ¡Hombre ignorantísimo, sobre toda la ignorancia de los ignorantes! ¿Ahora me sale usted

con esas vejeces? Sí, señor, antiguamente así sucedía; pero ya lo hemos arreglado de otra manera.

Don Jerónimo: Perdone usted si en esto he podido ofenderle.


Bartolo: Ya está usted perdonado. Usted no sabe latín, y por consiguiente, está dispensado de

tener sentido común.

Don Jerónimo: ¿Y qué le parece a usted que deberemos hacer con la enferma?


Bartolo: Primeramente harán ustedes que se acueste, luego se la darán unas buenas friegas...,

bien que eso yo mismo lo haré..., y después, tomará de media en media hora, una gran sopa en vino.

Andrea: ¡Qué disparate!


Don Jerónimo: ¿Y para qué es buena la sopa en vino?


Bartolo: ¡Ay, amigo, y qué falta le hace a usted un poco de ortografía! La sopa en vino es

buena para hacerla hablar. Porque en el pan y en el vino, empapado el uno en el otro, hay una virtud
simpática que simpatiza y absorbe el tejido celular, y la pia máter, y hace hablar a los mudos.

Don Jerónimo: Pues no lo sabía.


Bartolo: Si usted no sabe nada.


Don Jerónimo: Es verdad que no he estudiado, ni...


Bartolo: ¿Pues no ha visto usted, pobre hambre, no ha visto usted como a los patos los atracan

de pan mojado en vino?

Don Jerónimo: Sí, señor.


Bartolo: ¿Y no hablan los loros? Pues para que hablen se les da, y para que hable se lo daremos

también a doña Paulita, y dentro de muy poco hablará más que siete papagayos.

Don Jerónimo: Algún ángel le ha traído a usted a mi casa, señor doctor... Vamos, hijita, que ya querrás

descansar... Al instante vuelvo, señor don... ¿Cómo es su gracia de usted?



ACTO SEGUNDO
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El médico a palos: ACTO SEGUNDO Molière



Bartolo: Don Bartolo.


Don Jerónimo: Pues así que la deje acostada seré con usted, señor don Bartolo...

(Se levantan los tres.) Ayuda aquí, Andrea... Despacito.

Bartolo: Taparla bien, no se resfríe. Adiós, señorita.


Doña Paula: Ba, ba, ba, ba.


Don Jerónimo: (Hace que se va acompañando a doña Paula, y vuelve a hablar aparte

con Lucas.) Lucas, ve al instante y adereza el cuarto del señor; bien limpio todo,
una buena cama, la colcha verde, la jarra con agua, la aljofaina, la toalla, en fin,
que no falte cosa ninguna... ¿Estás?

Lucas: Sí, señor. (Vase por la puerta de la derecha.)


Don Jerónimo: Vamos, hija mía. (Vanse Don Jerónimo, Doña Paula, Andrea y Ginés,

por la puerta de la izquierda.)

Bartolo: Yo sudo... En mi vida me he visto más apurado... ¡Si es imposible que

esto pare en bien, imposible! Veré si ahora, que todos andan por allá dentro puedo...
Y si no, mal estamos... En las espaldas siento una desazón que no me deja...
Y no es por los palos recibidos, sino por los que aún me falta que recibir.
(Vase por la parte del lado derecho.)














ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière


ESCENA PRIMERA


Bartolo (sale sin sombrero, ni bastón, por la derecha), Don Jerónimo



Bartolo: Pues, señor, ya está visto. Esto de escabullirse, es negocio desesperado... ¡El maldito,

 con achaque de la compostura del cuarto, no se mueve de allí!... ¡Ay, pobre Bartolo!...
 (Paseándose inquieto por el teatro.) Vamos, pecho al agua, y suceda lo que Dios quiera.

Don Jerónimo: (Sale por la izquierda.) No ha habido forma de poderla reducir a que se acueste.

 Ya la están preparando la sopa en vino que usted mandó. Veremos lo que resulta.

Bartolo: No hay que dudar: el resultado será felicísimo.


Don Jerónimo: Usted, amigo don Bartolo, estará en mi casa obsequiado y servido como un príncipe;

 y entre tanto, quiero que tenga usted la bondad de recibir estas escuditos. (Saca la bolsa y toma de
 ella algunos escuditos.)

Bartolo: No se hable de eso.


Don Jerónimo: Hágame usted este favor.


Bartolo: No hay que tratar de la materia.


Don Jerónimo: Vamos, que es preciso.


Bartolo: Yo no lo hago por el dinero.


Don Jerónimo: Lo creo muy bien, pero sin embargo...


Bartolo: ¿Y son de los nuevos?


Don Jerónimo: Sí, señor.


Bartolo: Vaya, una vez que son de los nuevos, los tomaré. (Los toma y se los guarda.)


Don Jerónimo: Ahora, bien, quede usted con Dios, que voy a ver si hay novedad, y volveré...

 Me tiene con tal inquietud esta chica, que no sé parar en ninguna parte.