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ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière



ESCENA DÉCIMA


Doña Paula, Leandro (Salen por la puerta del lado derecho), Don Jerónimo, Bartolo



Leandro: Señor Don Jerónimo.
Doña Paula: Querido padre.
Don Jerónimo: ¿Qué es ésta? ¡Picarones, infames!
Leandro: (Se arrodillan a los pies de Don Jerónimo.) Esto es enmendar un desacierto. Habíamos

pensado irnos a Buitrago y desposarnos allí, con la seguridad que tengo de que mi tío no desaprueba
este matrimonio; pero lo hemos reflexionado mejor. No quiero que se diga que yo me he llevado robada
a su hija de usted; que esto no sería decoroso ni a su honor, ni al mío. Quiero que usted me la conceda
con libre voluntad, quiero recibirla de su mano. Aquí la tiene usted, dispuesta a hacer lo que usted
la mande; pera le advierto, que si no la casa conmigo, su sentimiento será bastante a quitarla la vida;
y si usted nos otorga la merced que ambos le pedimos, no hay que hablar de dote.

Don Jerónimo: Amigo, yo estoy muy atrasado, y no puedo...
Leandro: Ya he dicho que no se trate de intereses.
Doña Paula: Me quiere mucho Leandro para no pensar con la generosidad que debe. Su amor es a mí,

no a su dinero de usted.

Don Jerónimo: (Alterándose.) Su dinero de usted, su dinero de usted. ¿Qué dinero tengo yo, parlera?

¿No he dicho ya que estoy muy atrasado? No puedo dar nada, no hay que cansarse.

Leandro: Pero bien, señor, si por eso mismo se le dice a usted que no le pediremos nada.
Don Jerónimo: Ni un maravedí.
Doña Paula: Ni medio.
Don Jerónimo: Y bien, si digo que sí, ¿quién os ha de mantener, badulaques?
Leandro: Mi tío. ¿Pues no ha oído usted que aprueba este casamiento? ¿Qué más he de decirle?
Don Jerónimo: ¿Y se sabe si tiene hecha alguna disposición?
Leandro: Sí señor, yo soy su heredero.
Don Jerónimo: ¿Y qué tal, está fuertecillo?
Leandro: ¡Ay! No señor, muy achacoso. Aquel humor de las piernas le molesta mucho, y nos tememos

que de un día a otro...

Don Jerónimo: Vaya, vamos, ¿qué le hemos de hacer! Con que... (Hace que se levanten, y los abraza.

Uno y otro le besan la mano.) Vaya, concedido, y venga un par de abrazos.

Leandro: Siempre tendrá usted en mí un hijo obediente.
Doña Paula: Usted nos hace completamente felices.