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ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière



Bartolo: No se ha conocido otro igual para emplastos, ungüentos, rosolís de perfecto amor y

de leche de vieja, ceratos y julepes. ¿Por qué le parece a usted que le he hecho venir?

Don Jerónimo: Ya lo supongo. Cuando usted se vale de él, no, no será rana.
Bartolo: ¿Qué ha de ser rana? No señor, si es un hombre que se pierde de vista.
Doña Paula: Siempre, siempre seré tuya, Leandro.
Don Jerónimo: ¿Qué? (Volviéndose hacia donde está su hija.) ¿Si será ilusión mía?...

¿Ha hablado, Andrea?

Andrea: Sí señor, tres o cuatro palabras ha dicho.
Don Jerónimo: ¡Bendito sea Dios! ¡Hija mía! (Abraza a Doña Paula, y vuelve lleno de

alegría hacia Bartolo, el cual se pasea lleno de satisfacción.) ¡Médico admirable!

Bartolo: ¡Y qué trabajo me ha costado curar la dichosa enfermedad! Aquí hubiera yo

querido ver a toda la veterinaria, junta y entera, a ver qué hacía.

Don Jerónimo: Conque Paulita, hija, ya puedes hablar, ¿es verdad? (Vuelve a hablar con

su hija, y la trae de la mano.) Vaya, di alguna cosa.

Ginés: (Aparte a Lucas.) Aquí me parece que hay gato encerrado... ¿Eh?
Lucas: Tú, calla, y déjalo estar.
Doña Paula: Sí padre mío, he recobrado el habla para decirle a usted que amo a Leandro,

y que quiero casarme con él.

Don Jerónimo: Pero, si...
Doña Paula: Nada puede cambiar mi resolución.
Don Jerónimo: Es que...
Doña Paula: De nada servirá cuanto usted me diga. Yo quiero casarme con un hombre que

me idolatra. Si usted me quiere bien, concédame su permiso, sin excusas ni dilaciones.

Don Jerónimo: Pero, hija mía, el tal Leandro es un pobretón...
Doña Paula: Dentro de poco será muy rico. Bien lo sabe usted. Y sobre todo, sarna con

gusto no pica.

Don Jerónimo: ¡Pero qué borbotón de palabras la ha venido de repente a la boca!... Pues,

hija mía, no hay que cansarse. No será.

Doña Paula: Pues cuente usted conque ya no tiene hija, porque me moriré de la desesperación.