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El médico a palos: 25

ACTO TERCERO
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El médico a palos: ACTO TERCERO Molière


ESCENA PRIMERA


Bartolo (sale sin sombrero, ni bastón, por la derecha), Don Jerónimo



Bartolo: Pues, señor, ya está visto. Esto de escabullirse, es negocio desesperado... ¡El maldito,

 con achaque de la compostura del cuarto, no se mueve de allí!... ¡Ay, pobre Bartolo!...
 (Paseándose inquieto por el teatro.) Vamos, pecho al agua, y suceda lo que Dios quiera.

Don Jerónimo: (Sale por la izquierda.) No ha habido forma de poderla reducir a que se acueste.

 Ya la están preparando la sopa en vino que usted mandó. Veremos lo que resulta.

Bartolo: No hay que dudar: el resultado será felicísimo.


Don Jerónimo: Usted, amigo don Bartolo, estará en mi casa obsequiado y servido como un príncipe;

 y entre tanto, quiero que tenga usted la bondad de recibir estas escuditos. (Saca la bolsa y toma de
 ella algunos escuditos.)

Bartolo: No se hable de eso.


Don Jerónimo: Hágame usted este favor.


Bartolo: No hay que tratar de la materia.


Don Jerónimo: Vamos, que es preciso.


Bartolo: Yo no lo hago por el dinero.


Don Jerónimo: Lo creo muy bien, pero sin embargo...


Bartolo: ¿Y son de los nuevos?


Don Jerónimo: Sí, señor.


Bartolo: Vaya, una vez que son de los nuevos, los tomaré. (Los toma y se los guarda.)


Don Jerónimo: Ahora, bien, quede usted con Dios, que voy a ver si hay novedad, y volveré...

 Me tiene con tal inquietud esta chica, que no sé parar en ninguna parte.