El lobo y el poeta

Nuevas fábulas
El lobo y el poeta

de Felipe Jacinto Sala



Yendo a apagar su sed en el arroyo,
el lobo vio al poeta
que andaba por su margen; y, con ira,
le habló de esta manera:
-«Al fin te encuentro, detractor infame,
»ladrón de honras ajenas;
»y por Dios que esta vez a colmillazos
»te arrancaré la lengua.
»¿A qué querer tildar nuestras costumbres
»con tu moral eterna?
»Si huyendo de las nieves y del hambre,
»bajamos de la sierra
»en busca de alimento, -¡qué delito,
»qué osadía la nuestra!
»Si el corral invadimos, -¡qué gran crimen:
»se han comido la oveja!
»Y eternamente tu maldita pluma
»nos saca a la vergüenza
»y tus versos nos tienen con el mundo
»en implacable guerra.
»¿Es esta caridad la que pregonas?
»¿Es este el bien que siembras?
»Te voy a desollar...»-
-«Poquito a poco;»
-le contestó el poeta.-
«Si das un paso más te doy la muerte
»con esta aguda flecha.
»Modérate y escucha mis razones.»-
-«¿Serán calumnias nuevas?»-
-«No las forjé jamás. He de ofrecerte
»datos que te convenzan.
»Mira bien este arroyo.»-
-«Ya lo miro,»-
-gruñó airada la fiera.-
-«¿Los objetos vecinos no se copian
»en sus aguas serenas?
»El junco que se cimbra en sus orillas;
»el sauce que le besa;
»las flores que coronan su corriente;
»la nube pasajera;
»todo; todo, en su fondo transparente,
»fielmente se refleja.
»Si alguna vez el gavilán se abate
»y rompe con fiereza
»el blando nido que colgó en el árbol
»cercano el ave tierna;
»si destroza los cándidos polluelos
»con sus uñas sangrientas,
»en sus límpidas ondas se dibuja
»esa terrible escena;
»y las ondas después van murmurando
»el delito que vieran.
»Al cristal del arroyo es semejante
»el alma del poeta;
»la menor injusticia fragua al punto
»una tormenta en ella;
»y es por demás que la aconseje, entonces,
»silencio, la prudencia;
»que el rescoldo escondido que la abrasa
»en llamas se revela
»y es su canto el murmurio del arroyo,
»que lo que ha visto cuenta.»-





El lobo se miró en aquel espejo,
y al ver su faz siniestra,
dio aullidos de estupor, crujió los dientes,
y se volvió a la sierra.