El libro de las mil noches y una noche/Tomo I/Nota de los editores

Nota: Se respeta la ortografía original de la época
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LOS EDITORES AL PÚBLICO


N

ingún libro tan conocido y menos conocido que esta famosa colección de novelas, monumento literario del pueblo árabe.

Con el título de Las mil y una noches circula desde hace siglos un libro que todos aceptan como una obra completa, y nada es menos cierto. Las mil y una noches publicadas hasta el presente se componen de unos cuantos cuentos nada más, entresacados de la monumental obra árabe y traducidos tímidamente para que puedan servir de libro de recreo á los niños, por sus relatos maravillosos. Novelas humanas, exuberantes de pasión, fueron convertidas por el traductor del siglo XVII en infantiles relatos.

La grande obra imaginativa de los cuentistas semitas ha permanecido ignorada hasta nuestros días. Es el doctor Mardrus el que por primera vez la dió á conocer —hace ocho años—al público de Europa[1] con una traducción completa y fiel de las Alf Lailah Oua Lailah (Mil noches y una noche), que hoy damos al público en lengua española.

El lector encontrará las famosas novelas, palabra por palabra, tal como las crearon sus autores. El texto árabe ha cambiado simplemente de caracteres: su alma es la misma.

ORÍGENES Y FECHAS

Las mil noches y una noche es una colección de cuentos populares. Dos documentos, el uno[2] del siglo IX y el otro[3] del siglo X, establecen que este monumento de la literatura imaginativa árabe ha tenido por modelo una colección persa titulada Hazar Afsanah. De este libro, hoy perdido, ha sido tomado el argumento de Las mil noches y una noche, ó sea el artificio de la sultana Schahrazada, así como una parte de sus historias. Los cuentistas populares que ejercitaron su inventiva y su facundia sobre estos temas los fueron transformando á gusto de la religión, las costumbres y el espíritu árabes, así como á gusto de su fantasía. Otras leyendas que no eran de origen persa y otras puramente árabes se fueron incrustando con el tiempo en el repertorio de los cuentistas. El mundo musulmán sunnita todo entero, desde Damasco al Cairo y de Bagdad á Marruecos, se reflejó al fin en el espejo de Las mil noches y una noche. Estamos, pues, en presencia, no de una obra consciente, de una obra de arte propiamente dicha, sino de una obra cuya formación lenta se aprecia por conjeturas diversas y que se expande en pleno folklore islamita. Obra puramente árabe sin embargo, á pesar de su origen pérsico, y que, traducida en persa, turco é indostánico, se esparció por todo el Oriente.

Querer asignar á la forma definitiva de muchas de estas historias un origen, una fecha, fundándose en consideraciones lingüísticas, es empresa difícil, pues se trata de un libro que no tiene autor conocido, y copiado y recopiado por escribas dispuestos á hacer intervenir su dialecto natal en el dialecto de los manuscritos que les servían de originales, acabó por ser un receptáculo confuso de todas las formas del árabe. Por varias consideraciones sacadas principalmente de la historia comparada de la civilización, la crítica actual parece haber llegado á imponer cierta cronología á esta masa de cuentos. He aquí lo que la crítica supone:

Son tal vez en su mayor parte del siglo X los trece cuentos que se encuentran en casi todos los textos (en el sentido filológico de la palabra) de las Alf Lailah Oua Lailah; á saber: Historias. I. Del rey Schahriar y de su hermano el rey Schahzaman (que es la que sirve de Introducción); II. Del mercader y el efrit; III. Del pescador y el efrit; IV. Del mandadero y las tres doncellas; V. De la mujer despedazada, de las tres manzanas y del negro Rihán; VI. Del visir Nureddin...; VII. Del sastre, el jorobado, etc.; VIII. De Nar Al-Din y Anis Al-Djalis; IX. De Ghamin ben Ayoub; X. De Ali ben Bakkar y Shams Al-Nahar; XI. De Kamar Al-Zaman; XII. Del caballo de ébano, y XIII. De Djoulnar, hijo del mar.

La historia de Sindbad el Marino y la del rey Djiliad son, según dicha crítica, anteriores al siglo X. La gran masa de los cuentos restantes se sitúan entre los siglos X y XVI. La historia de Kamar Al-Zaman y la de Maarouf son del XVI.

MANUSCRITOS Y EDICIONES ÁRABES

Existen como «textos» de las Alf Lailah Oua Lailah varias ediciones impresas y manuscritos. Estos manuscritos concuerdan mal entre ellos. Unos son fragmentarios; otros más completos, pero sin llegar á comprender la obra entera, y todos ellos difieren en cuanto á redacción, extensión y unidad de la fábula.

Antes del siglo XIX no había aparecido ninguna edición crítica ni en Europa ni en Oriente. Las principales ediciones que se han publicado á partir de 1814 son:

1.º La edición (inacabada) del jeque El Yemeni, publicada en Calcuta: dos volúmenes, 1814-1818;

2.º La edición Habicht, publicada en Breslau: doce volúmenes, 1825-1843;

3.º La edición Mac Noghten, publicada en Calcuta: cuatro volúmenes, 1830-1842;

4.º La edición de Boulak, publicada en El Cairo: dos volúmenes, 1835;

5.º Las ediciones de Ezbékieh, publicadas en El Cairo;

6.º La edición de los padres jesuítas de Beirut: cuatro volúmenes;

7.º La edición de Bombay: cuatro volúmenes.

Todas estas ediciones, aunque algunas de ellas son notables por su mérito, resultan incompletas, pues no contienen la totalidad de los cuentos árabes, como en la obra de Mardrus.

La edición de los jesuítas de Beirut merece especial mención por las considerables amputaciones del texto, dislocado y expurgado para hacer desaparecer todas las licencias imaginativas, escenas escabrosas y libertades verbales de los cuentistas árabes.

LAS TRADUCCIONES EUROPEAS

La más antigua é importante fué la que hizo Galland, y que se publicó en París (1704-1717). Este libro, con el título de Las mil y una noches, es el único que hasta nuestros días ha conocido el gran público.

La obra de Galland es un ejemplo curioso de la deformación que puede sufrir un texto pasando por el cerebro de un literato del siglo de Luis XIV. Esta adaptación, hecha para uso de la corte, fué expurgada de todo atrevimiento y meticulosamente filtrada para que no quedase en ella ni una partícula de la sal original.

Considerada simplemente como adaptación, es escandalosamente incompleta, pues comprende apenas la cuarta parte de los cuentos originales. Los cuentos que forman las otras tres partes de «El libro de las mil noches y una noche» que ahora damos al publico, no han sido hasta el presente conocidos.

Además, los deformes cuentos de la adaptación de Galland fueron por éste amputados y expurgados de todos los versos, poemas y citas de poetas. Los sultanes y visires, así como las beldades de la Arabia y la India, se expresan lo mismo que los cortesanos y damas de peluca blanca en los palacios de Versalles y Marly. En una palabra: esta adaptación incompleta y deforme, que durante dos siglos ha mantenido al público en una mentira digna de menos fortuna, nada tiene que ver con el verdadero texto de los cuentos árabes.

De las ediciones posteriormente publicadas en Europa nada hemos de decir. Son reimpresiones de la obra de Galland, indigna de su notoriedad y traducida sin embargo á todos los idiomas.

EL DOCTOR MARDRUS Y SU OBRA

El doctor J. C. Mardrus es quien acometió hace algunos años la empresa de dar á conocer al público europeo, con toda su frescura original, la magna obra del Oriente. Mardrus es árabe de nacimiento y francés de nacionalidad. Nació en Siria, hijo de una noble familia de musulmanes del Cáucaso que por haberse opuesto á la dominación rusa tuvieron que trasladarse á Egipto. Muchos de los cuentos que años después había de fijar para siempre con su pluma de traductor artista los escuchó de niño en el regazo de las domésticas mahometanas ó en las calles estrechas y sombreadas del Cairo. Después de haber estudiado la Medicina y viajado mucho por los mares Pérsico é Indico como médico de navío, sintió el propósito de condensar para siempre la grande obra literaria de su raza, conocida sólo en fragmentos y con irritantes amputaciones. A esta empresa enorme ha dedicado gran parte de su vida, escribiendo los relatos oídos en las plazas del Cairo, los cafés de Damasco y de Bagdad ó los aduares del Yemen, joyas literarias mantenidas únicamente por la tradición oral y que podían perderse. Como los poemas de los rapsodas que después figuraron bajo el nombre de Homero; como el Romancero del Cid y como todas las epopeyas populares, el gran poema árabe es de diversos autores, según ya hemos dicho, y distintos pueblos han colaborado en él á través de los siglos. Los cuentos sobrevivían sueltos, guardados por la memoria de los cuentistas populares y la pluma de los escribas públicos. El doctor Mardrus tuvo que peregrinar por todo el Oriente (Egipto, Asia Menor, Persia, Indostán), anotando viejos relatos y adquiriendo manuscritos, hasta completar en sus menores detalles la célebre obra. La frescura original, la ingenuidad de los primeros autores, han sido respetadas por Mardrus, pero realzándolas y adornándolas con su maestría de artista moderno. El doctor Mardrus es un notable escritor, y la celebridad literaria le acompaña doblemente en su hogar, pues está casado con la exquisita novelista francesa Lucía Delarue-Mardrus.

Para su trabajo le han servido de base las ediciones egipcias más ricas en expresiones de árabe popular, pero las ha enriquecido considerablemente con nuevos cuentos y escenas sacados de la tradición oral y de los valiosos manuscritos adquiridos en sus viajes.

AL PÚBLICO

Ahora sólo nos resta desear al lector que experimente el mismo placer que el gran novelista Stendhal, el cual deseaba olvidar dos cosas: Don Quijote y los maravillosos relatos de Las mil noches y una noche, para experimentar todos los años la voluptuosidad de leerlos por primera vez.

Debemos hacer al público una leal declaración.

Este libro no es para niños y mujeres. La moral de los árabes es distinta de la nuestra: sus costumbres son otras. Su carácter primitivo les hace ver como cosas naturales lo que para otros pueblos es motivo de escándalo. El amor lo cubren de pocos velos, y su vida social está basada en la poligamia.

Además, este libro es un libro antiguo, y los escrúpulos morales cambian con los siglos. Sirva de ejemplo nuestra propia literatura, en la que los más grandes autores del Siglo de Oro aparecen usando con naturalidad palabras que hoy se consideran inmorales y nadie se atreve á repetir.

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Y empieza, lector, á recrearte en este incomparable poema novelesco, que unas veces hace reir y otras conmueve: armonioso conjunto de aventuras caballerescas, aventuras de amor y aventuras burlescas; escenas de erotismo, escenas de muerte, sublimes abnegaciones, vicios orientales, desordenadas fantasías y sutiles burlas del cuentista árabe para los seres celestes que intervienen en sus relatos deslumbradores.


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  1. Las traducciones inglesas de Payne y de Burton, que igualmente son integrales, aparecieron en «ediciones privadas» de doscientos ó trescientos suscriptores y hace muchos años que no se encuentra un ejemplar. Una segunda edición de Burton se publicó algún tiempo después, pero considerablemente expurgada.
  2. En el Mourouf Al Dahab Oua Djanhar del historiador árabe Aboul Aassan Ali Al-Massoudi.
  3. En el Kitab Al Fihrist (año 987) de Mohamed ben Is’hak Al-Nadim.