El huerto de mi amada

El huerto de mi amada
de Felipe Pinglo Alva
vals peruano

Si pasas por la vera del huerto de mi amada
al expandir la vista hacia el fondo verás
un florestal que pone tonos primaverales
en la quietud amable que los arbustos dan.
Allí es donde he dejado lo mejor de mi vida
allí mis juramentos vagando han de flotar,
porque ese ha sido el nido de amargos sufrimientos
y allí la infame supo de mi amor renegar.

Quien quiera con el alma, el corazón, no mande,
quien busque amores que deje de soñar
el corazón y el alma son dos fuerzas humanas
que emprenden una senda para no regresar.
Sus afectos son leyes que gobiernan y mandan
labrando así la dicha como también el mal
y reciben y cumplen las voces del destino
que tan pronto nos ríe o nos hace llorar.

No sé por qué recuerdo con algo de tristeza
las hieles que el destino me supo deparar
y el afecto mentido de quien yo idolatraba
ha convertido en odio mi férvido adorar.
No sé por qué me apena hablar de aquellos días
Que el engaño me atrajo en forma de mujer
no sé si es algo bello vivir de desengaños
porque es más halagüeño reírse del querer.