El desconsuelo
de Juan Bautista Arriaza


Crecido con las lluvias de repente
rompe el río las márgenes que baña,
e inundando sus aguas la campaña,
arrasa frutos, árboles y gente.


El pastor, que asustado y diligente
se subió por librarse a la montaña,
ve desde allí el ganado y la cabaña
envueltos en el rápido torrente.


Y aquel vivo dolor con que afligido
mira ahogadas las tímidas ovejas
para siempre llorándose perdido,


no equivale a la angustia en que me dejas,
Silvia, cuando tu labio endurecido
responde con desdenes a mis quejas.