El capítulo del viaje del autor a Lima

Esta página forma parte de los Documentos históricos contenidos en Wikisource.


DEL MVNDO BVELBE EL AVTOR1 A SV CASA, EL medio deste rreyno, la prouincia de los Andamarcas, Soras, Lucanas y pueblo medio y cauesa de San Cristóbal de Suntunto, Nueva Castilla de Santiago Chipao, águila y león rreal deste rreyno, entró. Lo primero, becitó a todos los pobres enfermos y biejos y güérfanos y becitó la yglecia, ydeficó en ella buenas cosas. Y luego uido derriuado y entrado en pocición y destroýdo el pueblo y prouincia. Treynta años estando seruiendo a su Magestad, halló todo en el suelo y entrádole en sus casas y sementeras y pastos. Y halló a sus hijos y hijas desnudo, seruiendo a yndios picheros, Que sus hijos y sobrinos y parientes no le conocieron porque llegó tan biejo; sería de edad de ochenta años, todo cano y flaco y desnudo y descalso. Porque solía andar todo de seda y de cunbes [tejido fino] y se rregalaua como señor y príncipe, nieto del dézimo rrey. Se hizo pobre y desnudo sólo para alcansar y uer el mundo con la merced y lesencia y uista de ojos de parte de su Magestad. ¿Qué cristiano hará esto, dexar hijos y hazienda, valor de ueynte mil, y desnudarse, meterse con los pobres treynta años? CAMINA EL AVTOR con su hijo don Francisco de Ayala. Sale de la prouincia a la ciudad de los Reys de Lima a dar qüenta a su Magestad. Y sale pobre, desnudo y camina enbierno. / Gías [?] / Amigo / autor / don Francisco de Ayala / Lautaro / ACABÓ de andar el autor don Phelipe Guaman Poma de Ayala en el mundo, teniendo de edad de ochenta años1. Y acordó de bolberse a su pueblo de donde tenía casas y sementeras y pastos y fue señor principal, cauesa mayor y administrador, protetor, tiniente general de corregidor de la dicha prouincia de los yndios Andamarcas, Soras, Lucanas por su Magestad y píncipe [sic] deste rreyno. Y ancí como se fue al dicho pueblo de San Cristóbal de Suntunto y Santiago de Chipao adonde estaua un yndio mandón de dies yndios hecho curaca prencipal. Y ci llamó apo [el señor] don Diego Suyca 2, yndio tributario, el qual fue castigado por hichesero con su ermana. El corregidor Martín de Mendoza le quemó dos culebras llamado solimán, matacallo y otras mundicias. Este yndio, como aqudía al serbicio del dicho corregidor Juan de León Flores y del padre Peralta, y ancí fue querido porque le texía quinientas piesas de rropa de auasca [tejido corriente] y daua yndios trageneadores y otros rrescates y molestia de los yndios. Y en San Cristóbal de Suntunto estaua por cacique prencipal don Grauiel Cacyamarca 3 y por su segunda persona don Francisco Usco 1, lexítimo. Y ancí halló destroýdo con los trauajos de los dichos corregidores y padres de la dicha prouincia. Y halló en ello todos los yndios, yndias ausentes, como tenían tanto trauajo. Y demás desto, halló metido en su casa y solar Pedro Colla Quispe, Esteuan Ata Pillo, y en su sementera Chinchay Cocha con ellos otros yndios por mandado deste dicho don Diego Suyca, yndio tributarío. ¿Por qué no bolbiese el dicho autor como uido todo lo dicho? El dicho autor y los demás comensaron a llorar y los demás yndios, yndias pobres de uerse con tanto trauajo y mala uentura en el dicho su pueblo y prouincia. Y pesole de la llegada del dicho autor a don Diego Suyca y a don Cristóbal de León y a los demás principales que se hacían de yndios tributarios y al dicho corregidor, escriuano y tinientes y españoles que rroban a los yndios. Y acimismo a todos los quras de las dichas dotrinas, que todos desollaua a los pobres. Estaua muy cansado y muy pobre y que no tenía un grano de maýs ni cosa alguna de auer andado tantos años en el mundo el dicho autor seruiendo a Dios y a su Magestad y a su Santidad y a los señores bizorreys, señores grandes, duques y condes, marqueses y consejo rreal de su Magestad de Castilla y deste rreyno para el seruicio de la corona rreal y bien, prouecho, aumento y multiplico de los yndios pobres de su Magestad. Estando en este estado, pretendió el dicho autor de yrse a presentarse a su Magestad para que fuese executado su seruicio y trauajo de tantos años. Y ací luego se lo dixeron los yndios tributarios que se hazían por fuerza curacas [autoridad local], Se lo dixo a los dichos saserdotes y curas de las dotrinas para que le echasen de la prouincia al dicho autor. Luego le dixo al dicho corregidor Juan de León Flore. Este dicho corregidor le mandó llamalle al dicho autor y el dicho corregidor pasado, Pedro Lopes de Toledo. Entonses el dicho autor le notificó de cómo tenía oficios y cargos y de cómo era cacique prencipal y mayor de la dicha prouincia y de cómo era sus agüelos apo [el señor grande] aGuaman Chaua y don Martín Guaman Malqui de Ayala, príncipe y mayor deste rreyno y segunda persona y su bizorrey de Topa Ynga Yupanque, el décimo rrey, y Guayna Capac Ynga, el onzeno rrey, y Tupa Cuci Guallpa Vascar Ynga, el dozeno rrey Ynga, serbió. Y después con este ofício serbió a Dios y al rrey enperador don Carlos de la gloriosa memoria y al rrey don Phelipe el segundo. Y después seruió el autor al rrey y monarca sobre todo el mundo que Dios crió DON F[ELIP]E el terzero, monarca del mundo. Notificado de todo ello, rresponde el corregidor pasado Pedro Lopes de Toledo. Dixo que era mentira y merecía castigo, que se beniera en su tienpo, le auía de castigallo. Y en esto rresponde el corregidor Juan de León Flores que le abía de onrralle al dicho autor y ponelle en una cilla y auía de ayudalle en sus cosas. Responde el dicho autor al al [sic] dicho corregidor que no conbenía onrra uendiendo a los pobres de Jesucristo y que como daua demás fuera de la rropa y obligación de la taza ochenta piesas de rropa a texer en su pueblo de Santiago de Chipao y en los demás mucha cantidad, quinientas piesas. Y tenía pulpirías en los pueblos y otros rrescates y pedía cien yndios trageneadores y otros rrescates y molamientos a los pobres yndios. Y dixo el autor que lo dexasen a los pobres de tanto trauajo, entonses auía de ser muy grandes amigos. Y rresponde el dicho corregidor que abía de hazello trauajar; para ello pedía merced a su excelencia y que con una donzella de su casa se casaua y que el secretario le faborecía y que no temía a nadie. Y ací no lo quiso metelle a su derrecho, pocición y de ser señor en la dicha prouincia y no quiso dalle y bolbelle sus casas y sementeras. Y lo echó de la prouincia cin obedeser las prouiciones rreales de su Magestad. Y ancí comensó el dicho autor a rrequerirlle y protestalle al dicho corregidor y a su escriuano. Y ací se bino para la ciudad de los Reys de Lima a presentarse a su Magestad en fabor de sus pobres y le sucidió al dicho autor en el camino. Se murió dos mulas en el nieue con el frío y fue con un caballo con todo su pobresa en el camino. Encontró con dos hombres cristianos, amigo de pobres, llamado Pedro Mosquera y Francisco Juares. Le llebó y le rregaló al dicho autor y llegó al engenio de Chocllo Cocha adonde estaua en las minas de Asto Uaraca de plata y estaua en la capilla de Nuestra Señora de Peña de Francia que era su deboción. Y estaua en sus minas un cristiano hombre llamado Migel Machado y su muger, adonde le rregaló y le hizo merced. Y dallí se partió a la ciudad de Castrouirreyna de Coyca Pallca adonde abía conquistado. El dicho autor andubo muy pobre y se presentó a un prencipal cauallero cristianícimo llamado don Fernando de Castro, gouernador, y le dio dineros para su auiamiento. Y Juan de la Crus Orellana y Antonio de Bendieta, mineros, le hizo mucha honrra y le rregaló. Y el padre y cura y uicario del serro, criollo de Yca, cristianícimo, le dio plata y le rregaló y honrró. Estando en este estado que un caballo blanco que costó cinqüenta pesos le hizo hurtar el protetor llamado Juan de Mora y Caruajal. Y de ello se quejó y no alcansó justicia. Y ancí lo dexó y de ello dixo el autor y dio gracias a Dios: “Mira, señor, Dios del cielo, él haze este daño, un protetor de los yndios, al dicho autor. ¿Qué me hará a los yndios pobres de Jesucristo?” Estando en este estado ubo un alboroto y daños de los pobres que le auía leuantádole testimonio a los yndios Yauyos, Uachos los quras de las dotrinas de San Cristóbal. Dizen que abía pedido el dicho padre que le diesen yndios rrescatadores y muchas solteras para texer rropa y de otros tratos y trauajos. Respondió don Pedro. Y de ello para hazelle mal y daño a los yndios, leuanta testimonio, deziéndole hechisero que adoraua a las piedras. Y para ello comensó a colgalle de uno a uno a los biejos y biejas y a los niños y atormentalle hasta hazelle hablar falsamente. Con el dolor dixeron que tenía uacas ýdolos; mostrauan piedras de deferentes maneras. Y ancí trageron a cien yndios y les asotó muy cruelmente con el jues de Castrouirreyna. Y en la cárzel cin dalle de comer ni rropa, se murieron ochenta yndios tributarios y biejos, yndias. Con el principal don Pedro, el dicho padre les quitó todas las galanterías y baxillas de plata y topos [prendedor] y rropa con que ellos en las fiestas cantan y dansan y baylan, como aquilla[vasija de plata] y topos y bestidos, todo de plata, y rropa de cunbe [tejido fino] y de auasca[corriente], uacra [cuerno], pluma chacpac [?] de lana colorado. De todas las casas ajuntó, y de ella hizo baxillas y de la llana, sobrecama. ¡O, gran Dios mío, señora Santa María, o altícimo señor, nuestro rrey católico, doleos de ello de la criatura hechura que le costó tanto trauajo y castigos y tormentos y muerte y conprado con su preciosa sangre, doleos, Jesucristo, de buestros pobres! ¡O, señor, nuestro rrey, de buestra hacienda cómo se a perdido ochenta ánimas! Al padre no se le da ni al corregidor de ello porque a de desollar y quitalle todo quanto tiene el pobre: el corregidor desuella. Y lleua doze mil y otras cosas. Después, este dicho corregidor haze justicia, ahorca porque hurtó este pobre yndio o porque estubo amansebado. Le destierra a sus yndias a otras ciudades y no mira el hurto de la caxa ueynte mil, el dicho corregidor y padre otro tanto, el comendero, otro tanto. Y ancí en este rreyno desuella y se cirue de los pobres de Jesucristo. ¡O, sodomía de cristiano españoles! ¡Cómo nos haze tragaros Dios ni os mata! Por un teatino en el sermón dixo que todos los yndios auían de morir y acauar en las minas y en las manos de los corregidores y españoles y de los padres saserdotes en este rreyno. Y ancí como uide tanto tormento de los pobres, y del sermón del padre teatino que todos nos quiere mal, y de auer muerto 80 yndios, me acordé de yr al pueblo de San Cristóbal, adonde hallé a un yndio mandoncillo de dies yndios llamado don Juan Quille, el qual le cirue de ualor de cinqüenta pesos. Y de ello me pagó un caballo castaño claro de los dies pesos este dicho mandón. Su muger hacía casta de español y su hixa lexítima, de su parte hacía casta de cholos, mestizos. Y a esta dicha yndia lo tenía en la cocina el señor lesenciado. Y con otras solteras, unas haziendo de comer, otras en el pan, otras en labrar, entonses bino un tiniente de corregidor. Y este dicho padre se quejó al dicho tiniente que auía muchas amanzebadas yndias en el dicho pueblo. Entonses el dicho tiniente, aunándose con el dicho padre, le desterró tres yndias hermosas a la uilla de Guancabilca a que fuesen a seruir a su madre, adonde le fornique españoles y haga casta de mestisos y sea más uellaca entre español y puta. Aunque lo manda su Magestad que se rrecoja y multiplique yndios, lo sacan desta manera y no ay rremedio. Y es contra lo que manda su Magestad. Y demás desto, llebó otras yndias. Ues aquí, Dios mío, ¡cómo an de multiplicar los pobres! Y en esto el autor y don Juan Quilli dixeron que cómo no teniendo poder, echauan a las yndias del pueblo. Y ancí se acauauan los yndios y quedaua agrauiado su Magestad. Y demás de ello, su Magestad y su señoría obispo que hacía muy gran daño en dalle dotrina a los niños y muchachos padres dotrinantes, y que auía de ser pasado de setenta años que es buen cura. Este dicho abiso y consejo que le auía dicho delante de la hija de don Juan Quilli. Luego la dicha María se la dijo al dicho padre a media noche. Y ancí por la mañana luego dijo el dicho padre al dicho autor. Y el dicho padre luego le mandó que se fuese y no le dixesen nada ni le diese ánimo a los yndios porque le castigaría encima de un carnero y que no le quería uelle. Mandó al alcalde y fiscal y lo eche. Y ancí, Dios mío, ¿adónde estás? No me oyes para el rremedio de tus pobres, que yo harto rremediado ando. Y ancí, ¿cómo an de ueuir casados y multiplicar los yndios? Después dezís: “¡O, qué mala dotrina y malos yndios pleytistas!” En otro pueblo, le sucidió a don Pedro un pleyto de mentiras y uellaquerías en el pueblo de Chinchay Yunga. Y le leuantó otro padre dotrinante flayre por destruyr su pueblo, por lo qual en toda Castilla los frayres serrado en su conuento, los clérigos en sus casas, cin pleyto. Todo es acá mentira. Y ancí el dicho padre le espantaua a los yndios; aun el dicho autor se espantó deste dicho padre. ¿Qué me hará los yndios pobres y pucilánimos, encapases por no uer más tantas cosas ni hartarse de llorar con los pobres? Esto pasó en el año de 1614: Estubo el dicho autor el Día de la Senisa oyendo un sermón tan espantable del dicho padre en que dezía que le auía de matalle y curalle como a carneros, caraches y desollalle a los yndios. Como oyó el dicho autor de las malas palabras y sermón, luego en esa ora sale el autor por no uer más tantos tormentos de los pobres, questaua ya muy harto de uella en el mundo. Pero fue forsoso de sauella por auerse muerto ochenta ánimas, hazienda de su Magestad, a quien le duele como cosa suya y propia que le costó su trauajo y propetario, rrey. Después dezís que no está al presente Dios y luego Sacra Católica Real Magestad. Porque adonde está Dios está el rrey católico y sus ojos cristianos. Todos los que le enforma a su Magestad cirue a Dios y a su Magestad. Aquellos ojos de ellos y del autor son ojos del mismo rrey, que los uido a uista de ojos. Y andubo en todo el mundo para uer y proueer su justicia y rremedio de los pobres. Y ancí tornó el dicho autor otra ues a su camino a dalle el abiso y rremedio que ponga su Magestad. Y ací otra ues tornó caminar, salió muy pobre. Fue Dios seruido y su madre Santa María de Peña de Francia le dio rregalos y auiamiento por la merced de la madre de Dios. Y ancí hizo milagro en el pobre cauallero autor. Y ancí caminó a la ciudad de Castrouirreyna, adonde auía tornado otra ues su biaje. Allí halló otra ues toda la miceria. Le auían hurtado un yndio Aymara del pueblo de Uaquirca, una cilla y otras menudencias. Este dicho yndio se llamó don Pedro de León Cautillo. Y demás desto, se le huyó su hijo el mayor y le dejó don Francisco de Ayala como se uido pobre y no tener sustento, el qual se halló tan pobre, aflexido y no auía quien le prestase ni socorriese un rreal. Ues aquí toda la pobresa que pasó por por [sic] seruir a Dios nuestro señor y faboreser a los pobres de Jesucristo y dar qüenta a su Magestad deste rreyno para el rremedio y saluación de las ánimas. Hallándose el dicho autor en el pueblo de San Cristóbal, encontró con un hombre natural de la uilla de Piscoy, el qual estando comiendo con el dicho don Juan Quilli, yndio mandoncillo de dies yndios del dicho pueblo. Primero le dijo a don Juan Quilli que por qué no le casaua a su hija con algún yndio porque no pariese más mestizo y que parecía mal en la cocina del padre y que estaua deshonrrado tener cargasón de mestisos. Luego le habló al dicho autor el dicho español, que para qué se cansaua ni gastaua el tienpo, ciendo tan biejo, cino hazer rropa y rrescates quanto pediese el corregidor y tiniente y padres dotrinantes y comenderos, españoles. Responde el dicho autor, dijo: “Señor, las dichas hordenansas del señor don Francisco de Toledo y los demás señores bizorreys no manda que haga rropa ni rrescates ni a nenguna de ellos y de las demás. Por eso le señala salario en cada año y tercio.” Responde el dicho español: “Hijo, como hombre que lo saue, te digo que tanbién fue unos tienpos tiniente de corregidor don Pedro de Mena, hombre muy rrico del Collao. Ciendo tan rrico, hizo este dicho corregidor quatro mil piesas de rropa de auasca [tejido corriente]para meter a Potocí. Acimismo  me lo hizo para mí y para el padre y comendero. Saued que las hordenansas del señor don Francisco de Toledo y de los demás bizorreys son buenas para yyndios [sic], que no para españoles. Que las hordenansas y leys están en Castilla de los españoles. Somos libres. Y ací te digo que nos canséys. Texe, hila de priesa. Con eso acauarés y se contentará ellos.” Responde el autor, dize: “Señor, esperansa tengo que a de uenir Jesucristo otra ues a jusgar a los malos y castigar, y a los buenos dará la gloria. Bueno es y santa cosa es faboreser a los pobres de Jesucristo.” Responde este dicho hombre dijo que abía pedido el encomendero de Chinchay a un yndio don Andrés por gouernador: “Y ancí le a de quitalle y metelle al lexítimo. Y ci no lo haze el prencipal bien con el dicho corregidor y padre y comendero, y ci no biue bien con los españoles, le quitará o ci no, matalle de asotes. Ues aquí, hijo, en qué para los pleytistas y los que no hazen el trato de los dichos yndios en este rreyno.” Respon[de] el dicho autor: “Señor, no boy a pleytear, cino abisalle a su Magestad y descargalle su rreal consencia. Con eso cumplo porque a mí todos ellos qué me hará, Dios es testigo y señora Santa María de Peña de Francia y de todo sus sanctos, sanctas, ángeles me faboreserá. Y soy propetario, señor de mi tierra, lexítimo eredero de capac apo Guaman Chaua, excelentícimo señor deste rreyno. Y soy nieto de Topa Ynga Yupanqui, el rrey dézimo deste rreyno, el quien fue el gran sauio. Porque la dicha coya, mi madre, doña Juana Curi Ocllo fue lexítima coya y señora, rreyna deste rreyno. Y ancí el príncipe don Melchor Carlos Paullo Topa Uira Cocha Ynga, el quien fue a Castilla, el qual fue mi tío, y otros señores yngas, príncipes están bibos, tíos tengo. Y ací mi padre serbió a Dios y a su Magestad toda su uida. Yo tanbién, como guaman, rrey de las aues, buela más y balo más en el seruicio de Dios y de su Magestad y serbió treynta años. Poma, rrey de los animales, fue temido. Desde su nación fue segunda y su bizorrey de Topa Ynga Yupanqui y casado con su hija lexítima, doña Juana Curi Ocllo. Con ello seruió a Dios y a su Magestad. Ayalla, fue leal Ayala, ací como leal y cauallero de la casa de Ayala de España y de Biscaya, seruió a Dios y a su Magestad toda su uida hasta murir. Seruió el padre como hijo y nietos. Fue condor, buytri, que huele quarenta leguas. Ací seruió y holió en seruicio de Dios y de su Magestad quarenta años cin sesar. Chaua: cruel, que fue cruelícimo contra los tiranos en seruicio de Dios y de su Magestad. Y ancí príncipe muy gran cristiano que defiende la fe, yglecia de Dios y defiende la corona rreal de su Magestad, Ayala.” RESPONDE el dicho hombre, dijo: “Hijo, uete a Castilla. El rrey te hará merced de tanto seruicio y natural propetario que soys.” Responde el autor y dijo: “Señor, soy biejo de ochenta años. No puedo rremediallo. Dios lo rremedie y su Magestad que puede, es suya.” Como dicho es que el autor partió del pueblo de San Cristóbal y llegó a la ciudad de Castrouirreyna y dormió una noche. Dallí pasó adelante muy pobre solo y por donde andaua pasaua muchos españoles, yndios por el camino. Y le preguntaua que con quién andaua en conpañía, y a quién le seruía. Le preguntaua españoles, yndios. Respondía que uenía seruiendo a un hombre graue llamado Cristo-bal, por decir Cristo, metía deciendo “bal”, aunque dixo Cristóbal de la Crus. Decía los hombres que quién era este dicho Cristóbal de la Crus, que ci era minero o rrico. Respondía que auía cido gran minero y es rrico agora y poderoso señor su amo. Pregunta: “¿No ueremos a este hombre?” Responde el autor: “Ay uiene alcansándome. Ay le encontrará se lo busca vuestra merced.” Con estas dichas palabras andaua cienpre por el mundo en busca de los pobres de Jesucristo y de su santo seruicio y seruicio de su Magestad. Y ací negociaua el dicho pobre cauallero autor. Y otra ues llegó a su amigo, el cristiano Migel Machado, questaua en su engenio y capilla de Nuestra Señora de Peña de Francia de Chocllo Cocha. Y allí tenía seruiendo ueynte yndios del dicho autor de su pueblo, segunda semana de la quaresma. El domingo encontraron con sus yndios, y lo rrecibieron los yndios, yndias y niños, adonde todos lloraron de toda la miseria y trauajos que padecían. Primeramente llorando con lágrimas, dixo a su señor el autor y le preguntó que ci estaua bibo que toda la prouincia los pobres de Jesucristo an llorado de vuestra merced: “Y nuestro pueblo solo hila y texe ochenta piesas de rropa de auasca [tejido corriente] y pide cien yndios trageneadores y tanto rrescate que nos haze trauajar el dicho corregidor y los dichos padres y tinientes y españoles del tanbo [mesón]. Señor, los demás prencipales questán nombrados de yndios tributarios y bajos: don Carlos, don Cristóbal de León, don Diego Suyca, sólo quieren rrecibir cohechos. Ancimismo pasamos muy gran daño en estas dichas minas de que un yndio Guanca mayordomo, Juan Puxare del ayllo [parcialidad] a Lurin Uanca, que no paga tributo ni cirue y nos castiga cruelmente, quitando los calsones, y nos esconde la tarea. Y en las minas de Guancabilca acimismo le haze este dicho daño el minero llamado Juan Tomás de Contrerias.” Ací le contó y se quexó los dichos yndios al dicho autor como a su señor; este dicho llanto y trestesa le aplacó. Y le consoló y aplacó, dijo: “Hijo, encomendaos a Dios y a la Uirgen María. Presto tendremos rremedio.” Que por amor de ellos andaua tan pobre y trauaxaua, ciendo tan biejo de ochenta años. Antes que sea más biejo y se muera, quería acauallo de dalle qüenta y abiso a Dios y a su Magestad. Y ancí le aplacó a sus pobres. Y cienpre de otras prouincias uenían todos los prencipales con quexas y trayýan dolores y de mucha lástima y llorar por donde fue uencido con lágrimas de los pobres yndios, yndias, biejos, enfermos, niños el dicho autor. Y ancí se hizo tan pobre y meterse entre ellos treynta años, aunque todos los españoles y demás prencipales falsos picheros tributarioss, los quales comía a los pobres, le decía al autor que los pobres no podían negociar, cino los rricos que tenga plata y oro, cohechándole. A esto rrespondía el dicho autor, deziendo que el señor mío y nuestro rrey le tenía hecho tanta merced, que paga al letrado, al protetor y proqurador que tenía puesto en todo lugar. Éstos le auían de faboresella y defenderá. Respondieron los dichos españoles y falsos caciques de yndios tributarios, dixeron que más cohecho pedían y plata al pobre, y ci no, que abían de morir y no comer. Y ancí pasan tormento los yndios. Y ancí fue y pasó el dicho autor adelante, dexando a sus pobres desuenturados. Y quando salió, fue aconpañado el pobre autor de dos animales perros que le guardaua. Y tubo tanto rregalo del cielo todos los días. Cin sesar llouía y cayýa mucho nieue, que el pobre de autor entraua hasta la sentura, y lleuaua mucha siénega, que el cauallo que lleuaua de frío parecía azogado. Y ací llegó el pobre del autor a un aciento de Sotomayor y le llebó tres biejas yndias pobres que allí estauan. Allí le dexó los dichos dos perros que le aconpañaua y se bolbió otra ues a la ciudad de Castrouirreyna, y le dejó solo. Estando en este estado, las dichas tres uiejas le contó todo su miseria y pobresa al dicho autor, llorando todo lo que sucidía en su pueblo de Hatun Xauxa. Le dixo: “Señor, nosotros estamos huydas del padre dotor Áuila, becitador del obispado de la ciudad de los Reys de Lima y ualle de Uada Chiri y ualle de Xauxa.” A causa del dotor dixeron que le quería hazelle hicheseros y hechiseras, el quien dize en la pregunta ques uaca [divinidad local], mocha[reverenciar]. Cin auello cido, se huelga y dize que adora piedras. Que no le castiga, cino que le corosa y le ata en el cuello con una soga y en la mano una candela de sera. Y ancí dize que anda en la procición. Con ello acaua y queda contento el dicho uecitador1. Y ci es cristiano y rresponde y dize que no saue de uacas ýdolos y que él adora en un solo Dios y la Santícima Trinidad y a la Uirgen Santa María y a todos los santos y santas, ángeles del cielo, a este dicho yndio o yndia luego le manda subir en un carnero blanco y allí dize que le da muy muchos asotes hasta hazelle caer sangre a las espaldas del carnero blanco para que paresca la sangre del pobre yndio. Y con los tormentos y dolores dize el yndio que adora al ýdolo uaca antigo. Ues aquí, cristiano de palo, cómo no tiene fabor los pobres de Jesucristo. Anda tanto tormento y castigo. Dixéronle al autor las tres uiejas: “Señor, vuestra merced yrá allá y sabrá la uerdad y llorará con los pobres de Jesucristo.” Dijo estas dichas pobres mugeres que otro biejo pobre, por no uerse en el dicho tormento enjusto, que el dicho propio biejo tomó cocamolido  hecho polbo y lo tomó y se ahogó y morió con ella. Y le enterraron en el sagrado y dallí le mandó sacar el cuerpo y lo mandó quemallo y de los güesos que quedó, echó en el río. ¡O, qué buen dotor!, ¿adónde está buestra ánima? ¿Qué cierpe le come y desuella a las dichas obejas cin pastor y cin dueño, que no tiene amo? Ci tubera dueño, todauía se doliera de sus obejas de Jesucristo que le costó su sangre. ¿Adónde estás, Dios del cielo? Cómo está lejos el pastor y tiniente uerdadero de Dios el santo papa. ¿Adónde estás, nuestro señor rrey Phelipe, que ací lo pierdes tu rreyno y tu hazienda, seruicio de tu corona rreal? Que bien parese cada uno su orden y ser santo el clérígo en su rreligión zazerdotal y el flayre en su conuento y rreligión y los padres de la Conpañía de Jesús rrecogidos y la horden del señor San Pedro, apóstoles de Jesucristo, corra en el mundo. Es la ley perfecta. Y tenga pobresa, umildad, caridad, amor de prógimo, pasencia en la dotrina. No sea niño, cino biejo como San Pedro, rrecogido. No se meta en cosas de justicia: confesar y decir su misa y sermón y rrezar. Es la ley de Dios perfecta en el mundo. Las dichas tres biejas rresponde y dijo: “Señor, digo que mis agüelos antepasados deuen de ser ydúlatras como xentiles, como españoles de Castilla y los rromanos, los quales se acauaron aquellos. En esta uida somos cristianos y bautizados. Y ancí agora a culpa del dotor adoraremos a los serros o ci no, todos yremos al monte hoýdos pues que no ay justicia en nosotros en el mundo. No tenemos quién se duela. Quisá se dolerá nuestro Ynga que es el rrey. No se acuerda de tanto lloro y don Melchor se a muerto. Y ancí tenemos tanto pena y trauajo en este rreyno.” Estas dichas palabras dixeron, llorando y dando boses con los ojos mirando al cielo, pedían a Dios muerte. Que ací lo uido el dicho autor. De ello se quedó espantado el dicho autor de oýr tan lastimosa nueua y palabra. De ello le consoló a las dichas pobres tres biejas y dijo que Dios lo rremediaría. Y ancí le rrepartió ymágenes adonde se encomendasen a Dios y a la Uirgen Santa María. Entró en la uilla rrica de Oropesa de Guancabilca. Entró a la ylecia y salió a la plasa. Dize el dicho autor questaua espantado y admirado de uer en aquella plasa tantas bofetadas y pescozadas a los pobres prencipales. A unos les llamauan cauallos, perros, los quales prencipales, y de muchas maneras les maltratan a los demás yndios pobres. Dize el autor que le parecía que abía salido todos los demonios del ynfierno a ynquietar a los pobres de Jesucristo. Que estos dichos lo escriue todo en suma de lo que uido en la dicha plasa. Y el dicho autor estaua metido entre los pobres que no lo conocían, aunque sus bazallos le conoció y le abrasó y le contó de toda su miseria y trauajos que tenía en la dicha su prouincia y de las dichas minas. Y ancí lo llebó al dicho autor a sus posadas los dichos sus pobres yndios supxetos. Y le dijo: “Señor, mira bien estos dichos tormentos y martirios que pasamos en estas dichas minas en el rrepartirse los yndios: Enbió testimonio el corregidor Juan de León Flores y su escriuano Andrés Ualliente, el qual enpadronado yndios ausentes, que faltó yndios Andamarcas ueynte y seys yndios; alquiló y pagó el dicho capitán. Y de los yndios Lucanas faltó treynta yndios, y de los Soras, faltó todo; sólo dies yndios pareció.” Preguntándole a los dicho yndios y capitanes que cómo faltaua tantos yndios de la mita [prestación de trabajo], dixeron que auía sacado cien yndios al tragín del uino del corregidor y de otros rrescates que a los dichos caciques prencipales y segundas y demás mandones los auía lleuado a todos, al despacho del tragín del uino del corregidor al citio de Uata Cocha. Y dallí partió el dicho autor hacia ualle de Xauxa. En el camino y citio de Llallas, durmiendo en una cueua, dizen que le uino a saltear dos yndios Lurin Uancas, adonde fue Dios seruido. Se hallase dentro de la cueua seys yndios, questos dichos yndios desde Chalco Chima grandícimos ladrones y salteadores rrobaron todo el rreyno. Y ací no dexan sus oficios hasta agora. Esto se escriue en suma en toda la materia. I ACÍ, BENIendo a la lexera por amor de el día de Jueues Santo y Pascua de Resurición, el dicho autor encontró con muchos españoles harrieros y rrescatadores que pasauan adelante cin oý[r] tinieblas ni misa ni sermón. Mira, cristiano, ci esto bosotros hazéys ciendo cristiano biejo, ¿qué me hará los yndios? Sacáys de fuersa a los pobres yndios de su deboción. Y ci esto hiciera un yndio, sobre ello le cargará corregidor, tiniente y padre y le afrentará. Y ací dize el autor que es santa cosa que en este rreyno guarden desde uísperas del Domingo de Ramos hasta los quatro días de la Pasqua y de domingo y de fiestas de todo el año, que no es justo que caminen, so las penas de la Santa Madre Yglecia. Con ello abrá cristiandad y pulicía en este rreyno. Llegó al pueblo de Uancayo el dicho autor muy pobre. Y estaua muy enfermo y ancí fue a la tiniebla y procición y oyó un sermón del padre comisario muy bueno. Y el día de la solenedad, Biernes Santo, oyó otro sermón del padre prior mucho más bueno. Que el dicho autor en todo el pueblo de Uancayo no halló posada por ser tan pobre. Y no halló cristiano ni caridad en ellos, aunque andan cargado de rrosario ellos. Y dallí le güespedó en casa de un yndio llamado Pedro Carua Rinri. Y era cantor y tenía oficios y cobraua la limosna de la santa bula de la crusada seys años. Y era cíndico y mayordomo de la yglecia del dicho pueblo de Uancayo, adonde le hizo caridad y limosna. Que el dicho autor estubo en medio del pueblo y plasa y del mundo, uiendo todo. Como se halló tan pobre y rroto, no ubo quien le llamase en la Pasqua. Dize que ayonó. El segundo día le conbidó el dicho dueño de la casa y otros muy pobres. Dallí se fue al pueblo de la Concipci[ó]n de Lurin Uanca y a Xauxa. En los dichos pueblos dize el autor que uido medio prouincia hecho yanaconas [criados de españoles] y uellacos yndios que traen camegetas y mucho negocio, haraganes, ladrones que se arriman a los padres y españoles. Y uido más otro medio prouincia de yndias hecha putas. Traen faldilines, mangas, botines y camisas, todas cargadas media dozena de mestisos y mulatos, cholos, sanbahígos. De tan grandes putas ya no quiere casarse con sus yguales yndios. Estos dichos cargan a los otros pobres yndios. Y ací se ausentan los dichos yndios y no multiplica y se despuebla los pueblos y se acauan. Es la causa que el cacique prencipal uiene a casar sus hijas y ermanas con mestisos y mulatos. Como uen a la cauesa y los demás, se huelga de parir mestisos. Ya no se quieren casarse con los yndios y se pierde el rreyno. Y ací dijo el autor que bien se acordaua de las hordenansas del señor don Francisco de Toledo, en que mandó que los yndios andubiesen en su trage natural y que les quitase los bestidos de españoles a los yndios, yndias y que no rrecidiesen en los dichos pueblos entre yndios nengún español ni mestiso ni mulato en todo el rreyno. Y ancí, de en año en año, mandó sacar mestisos y mulatos y españoles para la defensa de la ciudad de Chile y de la cordellera, de la montaña. De la Mar del Norte, adonde ay mucha gente de yndios ynfieles de guerra ciruan los españoles y mestisos y mulatos y negros, horros a Dios y a su Magestad, tengan la ley de Castilla y no sean libres: El pichero sea pichero, el cauauallero [sic] sea alcaualero y sean conocidos. Como dicho tengo, está medio despoblado todas las prouincias deste rreyno; lo destrúen los dichos españoles y los dichos corregidores y curas y padres dotrinantes y comenderos. Por causa destos dichos, se pierde todo el rreyno y pierde su Magestad su hacienda y rriquiesa de mundo. Para que se uea la uerdad y que como no ay justicia en los pobres yndios en este rreyno ase de sauer que don Juan Apo Alanya, cacique prencipal del rrepartimiento de Hanan Uanca, fue cazado con doña María Manco Carua. Y la dicha uellaca de su madre doña María Alta, madre de don Juan Apo Ala[n]ya, fue casado con un mestiso llamado Francisco Zerrano, padrastro del dicho don Juan Apo Alanya. El qual este dicho don Juan Apo Alanya, estando seruiendo en las minas de Guancabilca a su Magestad, le forsó a su muger, ciendo padrastro Francisco Serrano, el dicho mestiso. Y como sentió el dicho don Juan Apo Alanya, le cogió una noche y le mató a él y a ella. Y de ello le castigó y le quitó toda su hacienda al dicho don Juan Apo Alanya el dicho corregidor. Lo que hazen de ello sus ermanos de Francisco Serrano búscanle en trayción Juan Zerrón, Migel Canpusano, hijos de Juan Serrano, Diego Lopes, hijo de Uillegas, otro llamado Diego Lopes. Fueron quatro personas armados con fistoletes. Al pobre de don Juan Apo Alanya le mató solo en el canpo como traydores, enemigo de los pobres yndios. Ues aquí, justicia de palo, ¿quién tiene culpa, don Juan o los dichos quatro españoles o el dicho su padrastro? Que sus pecados le mató a los susodichos libre cin costa el dicho don Juan y los quatro hombres traydores merese castigado y quartezado y secutado sus bienes y que pague al dicho hijo de don Juan Apo Alanya, niño, don Juan Guayna Ala[n]yan. La culpa de todo ello se le echa al señor bizorrey y a la audencia rreal y a los que concienten que biban entre yndios tan uellaca casta de españoles y mestisos y mulatos y negros. Por esta causa y ley, hordenansas deste rreyno, lo mande echar de las prouincias y pueblo de yndios deste rreyno a los dichos españoles, mestisos, negros y mulatos, zanbahígos y que se uayan a las dichas ciudades. Aunque sea casado con yndias, se le lleuen a sus mugeres los dichos españoles y mestisos y mulatos. Y a los dichos yndios, yndias lo echen de las ciudades y uillas los dichos jueses y justicias de su Magestad a las dichas prouincias y pueblos los echen. Y ancí aumentará los dichos yndios deste rrey[no] y no abrá tanto negocio ni rrezago de la dicha tasa y falta de yndios de las dichas minas. Y estos dichos rrecogerse a de ser de en año en año y se haga a la costa de los dichos mismos yndios ausentes y de españoles ausentes y guagamundos que no quieren beuir en las ciudades por rrobar y uellaquear entre yndios. Y ací abrá rremedio y justicia como lo manda su Magestad en su sédula rreal y prouiciones y decretos. Y ací digo como sea en casos de yndios no ay justicia, cino como sea de español a de auer justicia. Ues aquí cómo no ay justicia en este dicho de la muerte de don Juan Apo Alanya. Acimismo no los ay en tododo [sic] el rreyno en los yndios pobres. Como os diré la uerdad, cómo se acordó el dicho autor de los yndios Yauyos de junto el pueblo de Córdoua: En el camino un español le salteó a dies yndios, quitándole sus haciendas y comidas. Defendiéndose los yndios, desuaynó su espada y le hirió a tres yndios. Y ací, defendiéndose del dicho español, le mató al dicho español los dichos yndios. Y ancí, cin auiriguación ni enformación, luego la justicia le ahorcó a los dichos dies yndios Yauyos cin auiriguación. Ues aquí cómo tiene justicia los dichos españoles y los dichos yndios no las tiene en este rreyno ni ay quien buelba por ellos. Pasó el dicho autor adelante por el rrío grande de Uanbo por la balsa a los pueblos de Chongo, Chupaca y Cicaya, Urcotonan, Mito Hincos, Uari Pampa. Y allí uido el dicho autor, allí uido que los yndios falsos ladinos yndios Uancas rrobauan a los pobres mugeres quanto podía y los ladinos cantores quedauan en el pueblo. Y a los que no sauían, los echauan de sus pueblos y casas y tierras. Y se arrimauan estos dichos a los flayres dotrinantes y acimismo las dichas yndias que traýan faldilines. Y ancí estaua medio despoblado, todos los quales se hacían el más pleytista las dichas yndias, por las causas que son queridas de los dichos padres y curas dotrinantes y de los dichos españoles y mestisos y mulatos. Y ací les da fuerza y ala y ací las dichas yndias rrebuelbe la tierra y sauen leuantar testimonio a sus maridos, fornicándose con españoles. Como le leuantó a don Diego Chuqui Llanqui, cacique de Cochangara, deciéndole a su marido que forzaua a su hija y fornicaua a sus ermanas, hechisero. Y decíale otras cosas malas sólo a fin de querelle ponelle en la horca y quedar hecha uellaca puta. Acimismo le contó al dicho autor un yndio cantor llamado Sancho. Dijo que le auía aporreado a su muger y la dicha muger dio gritos y boses, deciendo: “Sean testigos queste mi marido a forzado y caualgado a mi hija.” Ues aquí, cristianos, adonde le ueréys a los dichos yndios, yndias cargado de rrosarios y rreciuir el sacramento y cienpre borracho y todo el día en la yglecia y cofrade ueyntiquatro, guárdenos Dios. De todo ello tiene la culpa su señoría y los padres de la dotrina que le da el sacramento cin conoselle no más de que se hase santa uanagloria; más uicio tiene de maldad que de bondad y de buena. Y ací no se le dé sacramento ni que entre a la cofradía, cino que primero sea rrepentida y que no proeue chicha ni uino en su uida y uenga contrito de ánima y de corasón y no sea pleytista ni leuante testimonio a nadie. Y ací los dichos testigos que fuere falsos yndios, yndias sean castigadas y no ualga por testigo ni se le dé ningún oficio de justicia. Y demás de lo dicho que se huyen de medio misa y son grandes ladrones lurin uancas y testimunieros y no ay rremedio. Que los yndios alanyas, chuqui llanquis auían de seruir en las minas y pagar tributo que son muchos yndios rreseruados. El qual el mayor de todos ellos que le haze merced y habla con ellos con Apo Uacra Uaman tienen merced del señor rrey enperador y el rrey don Phelipe el segundo y don Phelipe el tersero le hace merced al solo de la prouincia del ualle de Xauxa y no a otro nenguno. Sale el autor de Santo Domingo de Cicaya y le aconpaña hasta Lima un yndio cristianícimo, cantor del dicho pueblo llamado don Juan Bautista Uamalli, Chuqui Llanquis, hijo lexítimo de Santiago Achicac, Chuqui Llanqui. Este dicho fue muy cristianícimo hombre, gran seruidor de Dios y de su Magestad, el qual seruió seys meses por correón mayor. Y a cido alcalde mayor, alcalde hordenario y fue hijo y nietos de los prencipales Choque Llanque. Y ací, como cristiano, mandó a su hijo le seruiese al dicho autor hasta Lima en seruicio de Dios y de su Magestad. Su padre deste dicho Choque Llanque prendió a Francisco Hernandes Girón, traydor, en seruicio de Dios y de su Magestad. Y ací fueron por el camino de y citio de Uachac, Angascaca, Pucara y encontró con el camino rreal en el citio de Nina Pampa y Paria Caca a lo callente. Allí estaua un hombre pulpero que haze muy grandes daños en las tierras y pasto y sementeras de los yndios de San Phelipe. En el camino de Paria Caca encontró el dicho autor con los dichos españoles rreguas y pasageros y señoras que lleuaua media dozena de yndias juntas de mal uiuir y unos de Uadachiri y otros de Xauxa y de Uancayo, adonde lleuan yndios de guía cargados como cauallo, animal, arreándole adelante de su caballo. Dize el autor que es muy gran lástima, aunque lestá mandado que lleue yndios sólo para guía. Dize el autor que ací es muy justo y conbiniente que no se le dé guía ni mitayo [que presta trabajo] en este rreyno, conforme la ley de Castilla y seruicio de Dios y de su Magestad. Que ancí abrá rremedio. El dicho autor llegó al pueblo de San Felipe. Y llegado, le contó los dichos yndios y don Pedro Puypacaxa de edad de ciento y ueynte años, muy biejo. Lloraron todos y le mostró su yglecia, hospital y casa del padre y cabildo que le auía desuaratado todo su pueblo y la dicha yglecia questaua todo pintado. Dize el autor que, a su pareser, perdió los dichos yndios pobres cinco mil pesos en el templo y casas, que otro tanto perdería de sus casas propias de los dichos yndios. Y los hizo yr a más de dos leguas de su chacara [sementera] al pueblo de San Pedro. Y en el ca[mi]no los dichos españoles y mestisos y negros les forzaua a sus mugeres y hijas. Y demás de ello, les rrobaua sus comidas. Y demás de eso, les dixo que un becitador de la Santa Yglecia llamado dotor Áuila y corregidor, con color de dicille que son ydúlatras, les a quitado mucha cantidad de oro y plata y bestidos y plumages y otras galanterías, bestidos de cunbe [tejido fino], auasca [corriente], topos [prendedor], camigetas, porongos [vaso] a, aquillas [vasija], todo de plata y de oro. Los quales tenían para dansar y holgar en las fiestas y pasquas, Corpus Criste del año y se los a lleuado todo de los pobres yndios. Y fuera desto, en el pueblo de San Lorenso a dexado dos hijos uecitadores. Y demás desto, que hará la costa de comida y mitas [prestación de trabajo] de todos ellos y de sus criados y los daños y otras cosas. Porque tiene fabor de su señoría, desuella a los pobres de Jesucristo y no ay rremedio y no ay becita para él. Ues aquí, cristiano, ques al contrario: Mándanle becitar a los dichos padres y curas de las dichas doctrinas y castigallos. Y desuella y castiga a los dichos pobres yndios. Al padre perdonó porque le cohecha y porque tiene arrimo. Y ancí dize el autor que es muy justo que enbíe su Magestad un becitador de España a becitalle a los dichos padres y curas de las dichas dotrinas deste rreyno y que faboresca a los dichos yndios deste dicho rreyno. Que ancí abrá justicia. Dize el dicho autor aunque los dichos yndios Yauyos y los demás como sea de la cordellera, de la Mar de Sur, son uellaca gente que no tienen caridad ni amor de prógimo ni cristiandad, que son tontos, más para uellaquerías y maldades. Tienen sólo para ueuer y comer auilidad y no tiene rrosario ni ymágenes. QVIERE ACÍ LOS dichos padres de las dichas dotrinas y lo enseña ací y no les predica el Santo Euangelio ni las buenas obras de misericordia, cino busca hacienda y rrescates a la ciudad de Lima. Daca plata, toma plata, que su ánima baya al enfierno como sea rrico con el sudor de los pobres yndios. Pasó el pueblo de Uadachiri el dicho autor y en lo alto que encontró con unos hombres y señoras que benían del tanbo [mesón] de Chorrillo. Y le habló el dicho autor que por qué no lleuaua yndios. Respondieron que más quería yr ellos cargados que cargalle a los pobres yndios, lo qual en la ley de cristiano y en Castilla no se cargauan a cristiano, cino a cauallo, animal. Que para ello le dio Dios a los animales, que en Castilla que no se daua mitayo [que presta trabajo] ni guía. Y ací temo a Dios. Estas dichas palabras le rrespondió al dicho autor ques al contrario: Mándanle becitar a los dichos padres y curas de las dichas doctrinas y castigallos. Y desuella y castiga a los dichos pobres yndios. Al padre perdonó porque le cohecha y porque tiene arrimo. Y ancí dize el autor que es muy justo que enbíe su Magestad un becitador de España a becitalle a los dichos padres y curas de las dichas dotrinas deste rreyno y que faboresca a los dichos yndios deste dicho rreyno. Que ancí abrá justicia. Dize el dicho autor aunque los dichos yndios Yauyos y los demás como sea de la cordellera, de la Mar de Sur, son uellaca gente que no tienen caridad ni amor de prógimo ni cristiandad, que son tontos, más para uellaquerías y maldades. Tienen sólo para ueuer y comer auilidad y no tiene rrosario ni ymágenes. QVIERE ACÍ LOS dichos padres de las dichas dotrinas y lo enseña ací y no les predica el Santo Euangelio ni las buenas obras de misericordia, cino busca hacienda y rrescates a la ciudad de Lima. Daca plata, toma plata, que su ánima baya al enfierno como sea rrico con el sudor de los pobres yndios. Pasó el pueblo de Uadachiri el dicho autor y en lo alto que encontró con unos hombres y señoras que benían del tanbo [mesón] de Chorrillo. Y le habló el dicho autor que por qué no lleuaua yndios. Respondieron que más quería yr ellos cargados que cargalle a los pobres yndios, lo qual en la ley de cristiano y en Castilla no se cargauan a cristiano, cino a cauallo, animal. Que para ello le dio Dios a los animales, que en Castilla que no se daua mitayo [que presta trabajo] ni guía. Y ací temo a Dios. Estas dichas palabras le rrespondió al dicho autor pueblo y tanbo de Cicicaya y llegado que no staua allí el cacique prencipal cristiano llamado don Martín, hijo de don Diego, el qual estaua en la capilla del señor SAN MARTÍN de Chuntay, que sus yndios lenpiaua la secya para la dicha comonidad, adonde le rrecibió con amor y caridad y le rregaló y le hizo merced y limosna y le auió por amor de Dios y del señor San Martín y por ser pobre y biejo, enfermo. Y pasó por la ciénega y subió por la qüesta de Aysa Bilca, adonde topó el dicho autor con un hombre pobre llamado Diego de Aguayo, natural de la ciudad de Chuquisaca. Fue pobrécimo hombre. Encontraron el dicho autor y el dicho hombre en el arenal, yendo a la ciudad de Lima. En el dicho camino encontraron con otro hombre harriero almidonado, muy entonado. Guárdenos Dios. Hacíase justicia y les amenasaua al pobre hombre con color de querelle quitar una bestia mular que trayýa el dicho pobre hombre. Y le preguntó que dadónde uenía y que dadónde ubo la dicha mula y que cómo no trayýa matado y que parecía como su mula y que un güegüebo [sic]parecía a otro  güebo. Estas dichas rrazones le dijo sólo a fin de querelle quitar la dicha mula al dicho pobre hombre en el camino. Y ancí se fueron el dicho autor y el dicho pobre hombre y entraron a la dicha ciudad de los Reys de Lima uien tarde. Y no hallaron posada ni quién le socorriera. Por ser tan pobre durmieron en un saguán cin senar bocado y sus bestias cin yerua porque trayýa tanta pobresa. Y dallí se llegó más allá del callejón del sercado y se metió en otra casa adelante del monasterio de las señoras descalsas. Pegado allí, les echó fuera a la calle porque le uieron tan pobre y rroto. Aunque le suplicó que por amor de Dios y de su madre Santa María, no ubo piedad del dicho pobre autor. Uendió el dicho autor con la miseria que trayýa por alcansar alguna plata para poderse sustentar la pobresa. Luego fue a la yglecia de Nuestra Señora de Peña de Francia de Santa Clara por la deboción que tenía el dicho autor de la Madre de Dios. Y luego fue a la capilla de las ánimas de purgatorio por la deboción de la caridad y amor de prógimo. Por ser amable de los pobres de Jesucristo, Nuestro Señor, llebó la pasencia. Y en la dicha ciudad alquiló una casa y le pagó por cada mes ueynte rreales como pobre y para otros pobres que trayýa concigo por amor de Dios. Ues aquí, cristianos, como os metéys demás de lo que soys. Ci soys judío o pechero o ganapán, ¿por qué os hazéys justicia y queréys sauer uida axena y la buestra no lo sauéys? Que preguntáys al pobre del hombre más con la cudicia de la dicha mula, que no preguntáys para dalle limosna ciquiera, de ocho rreales o quatro, que a todos ueo hazerse justicia, que todo lo haze sólo a fin de quitalle la dicha mula, mundo al rreués. Es señal que no ay Dios y no ay rrey. Está en Roma y Castilla para los pobres y castigallo, ay justicia. Y para los rricos, no ay justicia. Dios lo rremedie que puede, amén. Ues aquí por qué causa y rremediallo trauajo, haciéndose pobre el dicho autor. Como parese que pasó el dicho autor por amor de los pobres de Jesucristo trauajo, dejando quanto tenía, haciendas y hijos sólo en seruicio de Dios y de su Magestad, aunque en la naturalesa de los yndios deste rreyno fue muy gran señor y cauallero. Cómo era forsoso de defender su rreyno y hablar y comunicar con tan gran alto S[eñor], REI I monarca del mundo, sobre todos los rreys enperadores de la cristiandad y de los ynfieles, moros y turcos, yngleses y de otras naciones del mundo que tiene Dios criado, todo lo que rrueda el sol de día y de noche de todo el mundo. ¿Quién podrá escriuille ni hablalle ni allegarse a un personage tan gran señor cristiano católico, S[acra] C[atólica] R[eal] M[agestad]? I ACÍ y ací [sic] se atreuió como su bazallo de su corona rreal y su cauallero deste rreyno de las Yndias del Mundo Nuebo que es príncipe, quiere dezir auqui, de este rreyno, nieto del rrey décimo, Topa Ynga Yupanqui, hijo lexítimo de doña Juana Curi Ocllo, coya, quiere dezir coya, rreyna del Pirú. Y ací ubo de escriuilla y trauajarlo la dicha Nueua corónica y buen gobierno deste rreyno en seruicio de Dios y de su Magestad y bien y aumento y conservación y multiplico de los dichos yndios deste rreyno. En seruicio de Dios y de la corona rreal de su Magestad el dicho autor, auiendo entrado a la dicha ciudad de los Reys de Lima, uido atestado de yndios ausentes y cimarrones hechos yanaconas [criado], oficiales ciendo mitayos [que presta trabajo], yndios uajos y tributarios, se ponían cuello y ci bestía como español y se ponía espada y otros se tresquilaua por no pagar tributo ni seruir en las minas. Ues aquí el mundo al rreués. Y ací, como uen estos yndios ausentes, se salen otros yndios de sus pueblos y no ay quien pague el tributo ni ay quien cirua en las dichas minas. Y acimismo uido el dicho autor muy muchas yndias putas cargadas de mesticillos y de mulatos, todos con faldelines y butines, escofietas. Aunque son casadas, andan con españoles y negros. Y ancí otros no se quieren casarse con yndio ni quiere salir de la dicha ciudad por no dejar la putiría. Y están lleenos [sic] de yndios en las dichas rrancherías de la dicha ciudad y no ay rremedio. Y hazen ofensa en el seruicio de Dios, nuestro señor, y de su Magestad. Y ancí no multiplican los dichos yndios en este rreyno. Que los dichos negros horros y mulatos, mestisos paguen tributo, pecho a su Magestad y dotrina y se rredusca en las ciudades y uillas. Y las dichas mugeres paguen a la comunidad o que trauagen por la ley del Pirú en este rreyno.