El ajedrez (Borao y Clemente)/Introducción

El ajedrez: Tratado de sus principios fundamentales (1858)
de Jerónimo Borao
Nota: Se respeta la ortografía original de la época

INTRODUCCION.




Cosa es en estremo sorprendente que la sencilla invencion de unos pocos movimientos sobre un tablero jaquelado, haya dado orígen á un juego en donde tantas y tan variadas combinaciones se producen, en donde tales dificultades surgen, en donde tan inmenso campo se abre á la inteligencia. Es de todo punto admirable la inmensa ciencia facultativa de que es susceptible este juego, y la diferencia asombrosa que separa á los regulares jugadores de los jugadores mas aventajados; de donde se deduce cuantas hayan de ser las previsiones de este juego, que á tan pocos permite la escelencia, concediendo á todos el acceso. Es, sobre todo, muy reparable la gloria que ha alcanzado á este que es, sin controversia, el rey de todos los juegos conocidos; pues baste saber que, sobre su invencion, se han levantado todas las dudas y discusiones que comporta un gran suceso; sobre su antigüedad cada uno ha procurado aumentarla y enaltecerla; sobre su uso se han enumerado los grandes personages que le han profesado particular aficion; sobre su escelencia militar y aristocrática se han escrito poemas en todas las edades; sobre su propagacion son muchos los libros que se han ocupado; y, en favor de su cultivo y progreso, se han organizado clubs y sociedades, se han promulgado códigos, se han celebrado grandes torneos de hombre á hombre y aun de nacion á nacion, se han publicado y se publican periódicos esclusivamente destinados á su fomento, se han creado centros de accion en todas las cortes de Europa; se ha tenido en algun punto como una condicion social de la vida y aun como parte de las tradiciones de un pais; se ha recomendado como medio de civilizacion á los directores de la educacion y á los habitantes de los campos; se han dado á luz, para propagar su conocimiento, numerosas obras doctrinales; se ha honrado la poblacion mas culta del mundo con su famoso Café de la Regencia, contra cuyos jugadores ningun estrangero competia á fines del siglo pasado. ni pasaba de la tercera fuerza.

Acerca del orígen de este juego, son muy encontradas las opiniones sostenidas entre los eruditos. Muchos de ellos, pero, á la verdad, los menos reflexivos, atribuyen esta invencion á Palamedes, hijo del rey de Eubea, á quien tambien se le supone la de los dados, los pesos y medidas, algunas letras griegas y el arte de ordenar las tropas; mas, esta suposicion, que daria al ajedrez mas de treinta siglos de existencia, tiene, á nuestro entender, muy poco fundamento, y está contradicha por muchos autores que hacen este juego bastante posterior al principio de la era cristiana: los panegiristas de él, asociándose á aquella favorable opinion, citan á Homero, Heródoto, Sófocles, Eurípides, Philostrato, Platón, Aristóteles, Horacio, Ovidio, Séneca, Marcial y Quintiliano como panegiristas del ajedrez, y apelan Homero, en el libro I, de su Odisea, para probar que los amantes de Penélope eran grandes jugadores, y á Eurípides, en su Ifigenia, para decir que Ayax y Protesilao jugaban ante Merion y Ulises; pero nosotros creemos que no debió ser este sino un juego de dados el que divertiera las horas de aquellos poco cultos personages, y, en cuanto á la invencion de Palamedes, debió ser la de las tejuelas ó teseræ que venian á ser una contraseña militar por medio de tablillas[1].

Hay otros que se contentan con decir que, 560 años antes de J. C., lo inventó Sersa, filósofo caldeo, para distraer á Amolin, rey de Babilonia, ó Jerges para Evilmerodach, hijo de Nabucodonosor. Covarrubias cita á Polidoro Virgilio, quien, en su libro de Inventione rerum, habla de este Jerges, le supone la idea de corregir áun príncipe tirano y lo hace florecer en el año 1635 de la creacion. Otros creen que fué inventado en la Lidia. Hay quienes hablan de que era muy conocido entre los romanos, los cuales le llamaban ludus duodecim scriptorum de las doce líneas, ó scripta que dividian el alveolus ó tablero: estos añaden que cada jugador tenia quince soldados ó calculi, movidos segun las reglas de los dados ó tesseræ, y citan, como jugador de nota, á Mucio Scévola: tambien se dice que Vosio y Salmacio hacen á echec derivado de calculus, yá este de latrunculus, nombre que, como es sabido, venia á significar en el idioma de Lacio lo que en Francia Echec y en España Ajedrez. Otros, como Bochartus, autor que no conocemos, suponen persa ó arábiga la invencion por venir de ámbos idiomas algunas voces del juego, como la principal de echec, cuya matriz es schach, que significa en persa rey, pieza principal del juego. Los chinos, que de toda invencion se suponen ó son supuestos autores, dicen, si ha de creerse á Irving, que Hune Cochee, rey de Kiangnan, envió á Hemsing para que conquistára á Shensi y que, despues de intentarlo sin éxito, dió á su ejército cuarteles de invierno y lo distrajo con el ajedrez, 370 años despues de Confucio: esta conseja ya se vé que es hermana de la del sitio de Troya. Al Indostan lo atribuyen otros, dándole allí una antigüedad de cuatro mil años, y por autora una reina de Ceilan.

Pero la mas general opinion, la mejor recibida por todos y la que Cantú apoya en su Historia universal, es la de atribuirá los indios la invencioneon el nombre de Schaturanga ó, en persa, de Schatreng. Ahí se cree que tuvo principio en el bramin Sissa que, deplorando las crueldades de Sirham[2], ideó, á principios del siglo v, una forma de batalla en que jugaban carros, elefantes, caballos y peones, y en que conociese el rey que, aun siendo el primero en la accion y el que decidiese del éxito, nada podia hacer sin el concurso de sus vasallos, á quienes debia toda su conservacion y su defensa: parece que con este juego llegó á entender el monarca los buenos principios de gobierno y se moderó en adelante, gracias á ese ingenioso juego del que se mostró decididamente apasionado. De la India, en donde parece que fué y es comun distraccion de las mugeres, se supone que pasó á Persia bajo el reinado de Corroes, y de ahí á Europa á donde lo trajeron los árabes, siendo por ellos con estremo conocido en España, como quiera que lo jugaban mucho en la edad media[3]. Desde entonces ya la historia del ajedrez es muy corriente, pues nunca se ha interrumpido, el constante culto que se le ha dado, distinguiéndose á porfía los mas grandes personages como aficionados ó profesores de este juego, y algunos escritores como panegiristas de él en obra de bellos poemas ó de luminosos tratados en que han espuesto sus principios ó su historia.

De entre los muchos ilustres jugadores que se pueden citar, nos parece del caso omitir aquí á los que antes hemos apuntado, esto es, á los Ayax, los Scévolas y los amantes de Penélope, por la sencilla razon de no creer en ellos: tampoco no han de ocuparnos los de la época del Cid, que algunos cuentan como muy animada para el ajedrez; pero es importante mencionar por lo menos á los siguientes.-Carlo Magno, cuyo juego de marfil se mostraba todavía en Saint Denis en el pasado siglo; Tamerlan, que en el xiv le tuvo una aficion estraordinaria; Luis XIII, cuyo tablero era de paño, sobre el cual habia unas agujas que servian de base á las piezas; Henrique IV, el buen rey de Francia, de quien dicen que, la víspera de morir al puñal de un fanático, vió manchas de sangre sobre el tablero en que jugaba con Basompierre; D. Juan de Austria, el vencedor de Lepanto; Mamud Gazis, de quien se refiere que, despues de destronar á un monarca indio, le enseñó en el ajedrez los peligros de fiarse en el vencedor, y la imposibilidad de que dos reyes ocupen el mismo trono; Cárlos XII que, segun Voltaire, jugaba diariamente en Beuder con Poniatowski y con su tesorera Grothusen; Federico el Grande, que jugaba con Voltaire de Berlin á París: el mariscal de Sajonia, que estableció la seguridad de dar mate con determinado peon descubierto; el famoso Napoleon, de quien dicen que dirigia batallas sobre el tablero; madama Stael, la mas distinguida de las escritoras conocidas; Rousseau, cuyo solo nombre nos pinta toda una época de renovacion filosófica y política; el actual bey de Túnez que, siendo, al decir del Constitucional, uno de los cuatro primeros jugadores, ha dirigido un reto al círculo del pasage Jouffroy, atravesando, por su parte, 25,000 francos.

Las principales obras poéticas que se han escrito en elogio del ajedrez, son, hasta donde llegan nuestras noticias, las siguientes: Un poema del toledano Aben-Hezra, escrito en pareados de doce sílabas, perteneciente al siglo xii y á la literatura judaico española, y publicado por el erudito crítico D. José Amador de los Rios en sus interesantes Estudios sobre los judíos de España: otro de Gerónimo Vida, en exámetros latinos, titulado Scachia, rico de diccion y poesía, y escrito en el siglo xvi; otro de Mr. Roman, en idioma francés; otro, muy bello, francés tambien, de Cerutti, que es el impreso en la Enciclopedia francesa, como apéndice á la seccion de matemáticas y consta de unos 350 versos alejandrinos, parte de ellos empleados en objetos digresivos y todos con un sabor filosófico marcado[4].

De los escritores didácticos son muchos los que pudieran anotarse en este lugar; mas no lo haremos sino con algunos de entre ellos. —D. Alonso el Sabio escribió un Tratado de los juegos, en los cuales incluye, como es natural, el de ajedrez: William Caxton, que tuvo la gloria de introducir la Imprenta en Inglaterra y que, sin ser impresor de oficio, montó, en el monasterio de Westminster, las primeras prensas, abrió sus publicaciones (¡honor grande para nuestro juego!) con el Ajedrez moralizado, que él propio tradujo á este efecto del francés, y que dió á la luz pública en 1475: el español Rui Lopez se distinguió considerablemente en España, y escribió de la Invencion y arte liberal del ajedrez, 1561: D. Pedro Carrera escribió una obra en 1617: Pablo Minguet imprimió su Orígen y reglas del ingenioso juego de ajedrez: el Dr. Salvio imprimió un tratado en Nápoles 1723: Euler presentó á la academia de Berlin, en 1759, el famoso problema de hacer saltar el caballo por los 64 escaques del tablero, sin pasar sino una vez por cada uno: Philidor, el primero de los jugadores conocidos, el fundador y presidente del club del ajedrez instituido en Lóndres, y el inventor del mate dado por torre y alfil contra torre enemiga, formó las leyes vigentes del juego y publicó el Análisis del juego de ajedrez, cuya primera edicion es de 1749, la segunda de 1777 y la tercera de nuestros tiempos, sin fecha: Felipe Stamma de Alep, que inventó el lenguage algebráico del juego, imprimió una obra titulada El juego del ajedrez, que despues se reimprimió en Utrech 1777, y luego en París modernamente, conteniendo cien partidas que Philidor ha llamado juegos de niños: Augusto Couvret publicó sobre él Indagaciones históricas: E. Esteing, un Manual del aficionado al juego del ajedrez que se imprimió solo para sus 250 suscritores, siendo aumentado despues por Milbons: Joaquin Greco, llamado el Calabrés, escribió otra obra que se ha traducido del italiano al francés con el título de Le jeu d'echecs que, impreso en Lóndres, mereció mucho aprecio, especialmente en el tratamiento del gambito: la sabia Enciclopedia francesa, que tanto llamó en el siglo pasado la atencion pública, insertó una esplicaciondel ajedrez en su tratado de juegos, que sirve de apéndice al diccionario de matemáticas: los aficionados del Café de la Regencia publicaron un Tratado teórico y práctico: el panegirista de Philidor produjo uno de los mas estimados: otro autor escribió los Estratagemas del ajedrez: otro dió unos Elementos (París, 1810) que, desnudados de la parte histórica y de algunos pormenores, se hicieron conocer en España por D. M. de S. en 1817: otro español imprimió en Barcelona, 1825, un Diccionario del juego del ajedrez, en que alternan las buenas noticias con el descuido literario mas completo: Cunningham inventó un gambito que lleva su nombre: La Bourdonnais es autor de una obra que recientemente se ha estractado y publicado en Madrid[5]. Son muchos, finalmente, los compendios puestos á circulacion y omitidos por nosotros; y son algunas las obras magistrales sobre esta materia, como la del Dr. Hyde, que va enarrando las vicisitudes del nerdeludium persa, y la Historia del ajedrez que publicaron en París los hermanos Garnier en 22 volúmenes; esto sin que mencionemos los periódicos que salen á luz en Inglaterra, Francia, Alemania y otras naciones, habiendo completado algunos volúmenes el titulado Juego de ajedrez y viviendo todavía el mas famoso de todos: La Regencia.

Para reunir aquí cuantos tratados han llegado á nuestra noticia, agruparemos en este párrafo los que menciona el famoso Brunet en el tomo v de su Manual, que vienen á reducirse á los siguientes: un libro de Fr. Vicente, impreso en Valencia en 1495: otro de Lucena, hijo, titulado Repeticion de amores y arte de ajedrez, impreso hácia la misma época: otro de Damian, portugués, Roma 1512: otro de Gustavo Selemy, Leipsick, 1616: otro de G. B. Lolli, Bolonia, 1763: otro del conde Cárlos Corio, Turin, 1766: otro de una sociedad de aficionados, París, 1775: otro con el título de La superioridad del juego de ajedrez al alcance de todos hasta de las damas, año 1792; otro titulado Nuevo ajedrez ó juego de la guerra, invencion de Jiacometi, Génova 1801: otro traducido del sanscrito y publicado en Bombay 1814: otro, inglés tambien, de J. N. Sarrat, Lóndres 1822: otro de Labourdonnais, impreso en París en 1833 y 34, y publicado en España como ya llevamos dicho; y otro, en forma de Enciclopedia, en resúmen de las mejores obras, por A. Alexandre, Paris, 1837.

Completaremos la parte bibliográfica del ajedrez, para que nada ó muy poco falte en este punto á nuestros lectores, haciendo mencion del Tratado de Fr. Jacobo de Cesoles, del cual posee tres códices la biblioteca nacional de Madrid, todos tres divididos en 8 capítulos: uno de ellos traducido al lemosin y copiado, al parecer, en 1385, y los otros dos copiados en idioma latino, el uno hácia el siglo xv y el otro en Roma el año 1425.

Dada alguna noticia de lo mas principal que encierra la historia del ajedrez, produciremos, como nuevos testimonios de su importancia, algunas anécdotas relativas á él, que no dejan de apoyar su escelencia ni de interesar á favor suyo.

Cuéntase de D. Juan de Austria que, para hacer suntuoso alarde de su grandeza, dispuso una partida sobre un salon pavimentado de mármol blanco y negro, en el cual colocó, vestidas al intento, varias personas de su servidumbre que ejecutasen el movimiento de las piezas. Lo propio, ó muy parecido, se cuenta de los árabes de España, de quienes se dice que jugaban de memoria unas veces, y otras haciendo en la arena los escaques ó cuadros y poniendo sobre ellos hombres instruidos lo bastante para obedecer con precision los movimientos, Esta misma aristocrática ocurrencia se cuenta de los chinos, atribuyéndose al opulento Tchon la idea de hacer tablero de su mas ámplio salon y piezas de sus vasallos, lo cual sirvió de pretesto á Kia-King para desterrarle y confiscarle. Tambien se refiere esto de un emperador de Alemania en la edad media, y un manual francés lo cuenta de un rey (no sabemos si el mismo) que jugaba desde un balcon con escuderos vestidos de escarlata y azul. En 1853 se anunció en el hipódromo de París una partida entre franceses é ingleses, siendo las piezas ginetes, las torres elefantes y los demas con trajes al propósito, y consistiendo el premio en 48,000 rs.

La Regencia publicó, poco hace, una noticia curiosa relativa á Strabeck, aldea alemana del distrito de Magdeburgo: llegó allí á principios del siglo xi, prisionero por Enrique II, el conde Guncelin y, para distraerse algunos ratos, construyó un tablero. empezó por jugar solo, enseñó á los paisanos que le custodiaban, é hizo general la aficion á aquel nuevo entretenimiento, remitiéndoles, ya libre, el tablero de su prision que por largo tiempo conservaron aquellas gentes con reconocimiento. Hoy se juega como en el siglo xi y, por consiguiente, sin ninguno de los progresos recibidos en Europa; mas, no es esto lo curioso de saber, sino la importancia social que se le concede. Forma, en efecto, una parte de la educacion y, al fin de cada año, se abre un concurso entre cuarenta y ocho jóvenes otorgando un premio y un triunfo al vencedor de todos ellos. No para aquí, pues cuando una jóven va á casar con un estrangero, juega con el primer magistrado una partida de marcha, para indicar que se lleva consigo las tradiciones del pais, y eso se verifica en un salon sobre cuya puerta se ostenta una leyenda que dice: Al ajedrez.

El autor del Diccionario español que hemos nombradodice, refiriéndose al panegirista de Philidor, que, en España, bajo Felipe II, era muy frecuente desafiarse al ajedrez pueblos enteros; y añade de su cuenta, para probar la estima que tiene fuera de España, que lo juegan hasta los artesanos, y que él nunca pudo ganar á una aldeana habanera.

Desafíos como los de España se han verificado fuera de ella, pero mucho mas ostentosamente en nuestros dias. En 1836 dirigió un reto la Francia á la Inglaterra, y obtuvo Saint-Arnaud una muy porfiada victoria contra Staunton[6], habiéndose pintado por Marlet y y litografiado por Lachmleim un cuadro que representaba esta interesante contienda, asistida de unos treinta inteligentes. En 1851, con ocasion de la esposicion universal de Lóndres, hablaron los periódicos ingleses, franceses y alemanes de un congreso de jugadores, compuesto de comités nombrados solemnemente por los clubs de casi todas las naciones para darse cita en los salones de Hide-Parck.

No es estraño que en juego, que, á sus muchas dificultades, capaces de encender todo amor propio, reune ese aire distinguido de que todos le han rodeado, se sobre-excite el interés hasta un punto maravilloso. De un príncipe se lee que, vencido en una partida por su hermano, le abrió la cabeza con el tablero: de un jugador francés se ha referido en nuestros dias que, empezada, creemos que en Lóndres, una partida, la siguió en los varios puntos y despoblados á donde le condujo la campaña de Argel y, siendo herido, jugó por correspondencia mientras pudo, no muriendo tranquilo hasta que dejó á un camarada todas las instrucciones convenientes para que acabase la partida con el espíritu del plan con que hasta entonces habia sido dirigida[7]: un gran personage, al partir para el patíbulo, dijo al oficial de la escolta que fuese testigo de que iba á su favor una partida comenzada[8].

Para fin de las anécdotas que llevamos referidas, diremos algo del autómata zurdo, del famoso gentil-hombre húngaro, Kempelen. María Teresa le habia desafiado á que superára los juegos magnéticos de un hábil francés, y, en desempeño de su amor propio estimulado, construyó en Presburgo su patria, el año 1770, un turco, que sostuvo en adelante algunas partidas de ajedrez con el gran Federico, con Eugenio Beauharnais y con otros. Parece que lo compró Federico, mas en 1783 y 1819 fué el asombro de los inteligentes en Francia, Inglaterra y Estados-Unidos, dirigido la primera vez por su autor, y la segunda por el nuevo dueño Maelzel. El secreto de este singular autómata fué desconocido por mucho tiempo, pero se descubrió al cabo lo que no podia menos de suceder, esto es, la existencia de un jugador dentro de la máquina: lo comun es pensar que fuese un hombre el que jugaba desde dentro; pero Dutens negó que cupiera y, por otra parte, el folleto Le joueur d'echecs trompé aseguró que era un niño[9], cosa que no contradijo Kempelen. Supuesta la evidente intervencion de un verdadero jugador, restaba esplicar cómo sabia las jugadas contrarias y cómo ejecutaba ó hacia ejecutar materialmente las suyas. Mas, lo primero, se conseguia por estar numerado el tablero interior y esteriormente, é imantadas las piezas de suerte que moviesen unas pequeñas válvulas de acero; y lo segundo, dirigiendo el jugador con un manubrio el brazo del autómata, cuyos dedos se movian por un resorte elástico, ó bien mudando el autómata las piezas (segun Devemps) por ser su brazo y la palanca interior que le movia, una pentágrafa cuyas estremidades recorrian, la una, el tablero interior y la otra el esterior. Todavía quedaba la duda del sitio en que podia colocarse el jugador, pues Kempelen enseñaba sucesivamente el interior de la papelera y el del turco, en cuyo pecho habia una ventana por donde no se veia sino ruedas, palancas y cilindros, pero este aparente vacío dependia de que, al abrir la papelera, el niño, ó el enano, como otros creen, tenia la mitad inferior de su cuerpo en un cilindro que contenia al parecer toda la maquinaria, y la otra mitad fuera entre las faldas del turco; y al cerrar aquella, se introducia en ella á favor del ruido de una cigüeña rotante, y entonces se enseñaba el interior y pormenores del turco.

Digamos ya algo mas que el comun de los tratadistas acerca de la etimología del juego y de sus piezas.

Siendo el blanco de las partidas el rey, los persas llamaban á este juego del schak ó del rey, de aquí el echec de los franceses, el chess de los ingleses, el scacchia de los latinos modernos, y el scacchiere y scacchi de los italianos: en cuanto á la voz española, basta observar que, llamado por sus inventores, los indios, schaturanga, y de ahí por los persas schatreng, los árabes, que nos le dieron, le llamaron xatrang, y nosotros le corrompimos llamándole axadrez (como Juan Lorenzo de Segura) aljedrez y ajedrez[10].

Pasemos á las piezas: todas ellas se llaman escachos ó trebejos de trebejar que, para unos, significa jugar, para otros cutir ó herirse unos con otros; se hallan situadas sobre cuadrículas, casas, castros, ó escaques, siendo estos las castramentaciones y viniendo esta palabra (segun Covarrubias) ab scandendo, por irse subiendo ó escalando hasta llegar al enemigo[11].

Del rey y reina no hallamos que decir sino que esta simboliza la prudencia ó el consejo de guerra; ni de los peones sino que representan la gente de á pié; pero las otras piezas tienen algo que entender en cuanto á su varia etimología y denominacion. El caballo representa la caballería, indispensable en los ejércitos; y concuerda este destino ya con el nombre que siempre tuvo esta pieza, ya con su salto que le diferencia de las otras; y, sin embargo, en lo antiguo, segun el Diccionario de don Adolfo de Castro, se denominaba alferez, á nuestro ver con muy poca razon. La torre ó roque se llama así por considerarse como un castillo roquero ó fronterizo, que aun, por eso, se coloca en una estremidad del juego: mas algunos creen, como Cerutti y Aben- Hezra, y esta es la opinion mas general, que esa pieza es la llamada elefante, y que este pesado, pero resistente animal, debe soportar sobre sí la torre, como vemos que lo representan algunos artífices, sobre todo los chinos, comunmente lujosos en este ramo de su industria: sin embargo, va á verse que este parecer no es el de todos los etimologistas.

El alfil, segun D. Adolfo de Castro en el diccionario que está publicando, representaba antiguamente un elefante, y esta figura tiene hoy entre los orientales, mientras es entre los europeos de capricho: segun D. Alfonso el Sabio, citado por él mismo, alfiles, en algarabía, quiere tanto decir como elefantes que solian los reyes llevar en las batallas: segun Vida y muchos elenistas, arfil viene de areiphilos, amado de Marte, sin duda por su importancia en el combate, apesar de que es, entre las piezas,una de las inferiores: segun Covarrubias, viene de fil, elefante, marfil, en árabe, es diente ó colmillo de elefante: segun el P. Guadix, citado como los siguientes por el anterior, viene de firiz, caballero. y de ahí firz, alfirz, alfir y alfil: segun Gaspar Salcedo, equivale á arciferentes ó arqueros, lo cual dice bien con su uso en el juego: segun otros, de archil ó arxil, esto es, príncipe, por ser la primera pieza despues del rey y la reina: pero esto es un error, pues las torres son indisputablemente superior[12]. Se vé, pues, que autoridades muy respetables sostienen que el elefante es la pieza de que hablamos, y no la torre, como con menor probabilidad suponen los mas de los inteligentes. Mas, ni esta ni las otras denominaciones espresan puntualmente los oficios del alfil en juego, y eso es lo que principalmente embaraza en la eleccion de pareceres.







  1. Hemos consultado sobre este punto al catedrático de literátura griega, D. Braulio Foz, persona muy competente en materia de historia y costumbres de aquel pueblo, y nos ha contestado en resúmen: Primero, que cuando en el libro I. de la Odisea, verso 106, se dice:—«Sentados en pieles de buey, jugaban los galanes á los pesos ó con los pesos.»— se entendia esto por un juego sencillo que los latinos llamaron calcelis lusoriis, esto es, tejuelas o piedrecitas. Segundo: que aunque los italianos han tenido por ajedrez el ludus latbunculobum de Ovidio, Marcial y Séneca, debe entenderse que Ovidio no menciona ni pieza ni jugada alguna del ajedrez, como se lo pedia la oportunidad; Marcial le denomina calculos y regala un juego que llama gemmei, esto es, de piedra cristalina ó acasó de vidrio Séneca alude en el laterungulis ludimus los tejuelos ó ladrillitos que eran piezas de barro cocido, blancas y rojas pero sin diversidad dè figura que sepamos; siendo de nótar, finalmente, que si, al decir de Plinio, llegaron algunos monos á jugar á los latrunculos, no debió de ser este el dificilísimo juego del ajedrez á pesar de la mayor sencillez que le suponemos nosotros en sus primeros tiempos.
  2. Algunos añaden que este tirano era un emperador de Dejbí.
  3. J. Lorenzo de Segura, autor del famoso poema de alejandro, que pertenece àl siglo xii, pone en boca del protagonista una relacion del sitio de Troya, y le hace decir, entre otras cosas, que, despues de la muerte de Hector, los griegos, regocijados con la victoria,

    «Los unos tenien armas, quebrantaban tablados:
    Los otros trebejaban ajedreces é dados.»

    No copiamos estos versos como prueba de la invencion de Palamedes, pues ni el autor de alejandro ni ningun poeta de aquellos tiempos, no son autoridades en puntos de erudicion, sino como un indicio más de lo general que era el juego de ajedrez por aquellos tiempos en España.

  4. Por ejemplo, haciendo la moralizacion del juego, dice, no sin razon: «Rois, apprenez de nous le pacte social.»
  5. Legal y Kiescritzky, aunque no como autores, merecen citarse como inteligentes, el primero por haber sido el único rival de Philidor; el segundo por ser tan sobresaliente é inconcebible jugador, como que en el Circulo de ajedrez de Paris ofreció dar máte con los ojos vendados, en la casilla que se le designase y al jugador que se le eligiese, y así lo hizo á las setenta y cuatro jugadas en la cuarta casilla del rey blanco.
  6. Debe de ser el actual presidente del club de Liverpool.
  7. En 1848, el capitan Thomás, que hacia seis meses. habiá empezado un partido en el club real de Lóndres contra Williamson, salió para el cabo de Buena-Esperanza, continuó jugando por cartas y, herido por los cafres, murió á los dos meses én el hospital militar; pero redactó una memoria con las jugadas probables del contrario, y encargó la partida pendiente á un colega del club real, quien, con las instrucciones recibidas, proporcionó á Thomás un triunfo póstumo á los tres meses de su muerte.
  8. El Charivary contaba, refiriéndose á la Historia del Ajedrez, editor Garnier, (no lo ponemos en el testo por tenerlo á grande paparrucha) como en la India empezaron dos príncipes una partida que, seguida por sus hijos, duró 127 años, siendo concluida por la novena generacion y proclamado rey el vencedor, para lo cual se hubo de destronar al monarca reinante; sobre cuyo asunto se representó en el Odeon una tragedia en el año 1823.
  9. Roberto Willis probó que cabia un hombre.
  10. Covarrubias parece adherirse á Diego de Urrea que le hace venir del persa, sdreng, comezon de sarna con alusion al rascarse y concomerse de los jugadores. Vaya como muestra de la erudicion sin juicio (y, digámoslo así, culterana) de nuestros antiguos sabios.
  11. El tablero fué llamado por los antiguos abaco ó abaca, y este mismo nombre tenia una mesa con ranuras horizontales y verticales que seria para algunas operaciones matemáticas.
  12. Los franceses llaman fou ó loco al alfil, y Cerutti, en su poema, despues de hacer el elogio de su valor y audacia en el combate y de con Curcio que se arrojó á una sima por salvar á Roma, se queja de aquel epiteto en estos versos:

     
    «Le vulgaire, jaloux de toute rennomée,
    »du titre de folie á payé leurs exploits.»