El ajedrez/Capítulo VII

CAPITULO SETIMO.




DE LA REINA.


La reina es la pieza principal del juego en cuanto á la esfera de su accion: se coloca junto al rey en casa de su color,y marchapor las líneas horizontales, verticales y diagonales cuantos pasos quiere por línea ó trecho desembarazado: reune, pues, los movimientos de torre y alfil á un mismo tiempo: por esta razon dá frecuentemente jaques dobles, avanza y se retira con facilidad, obra con energía y decision, tiene movimientos prontos, y acude á donde el peligro propio ó contrario es mas inminente: es decisiva para el mate y suele obrar desde el principio al fin de la partida, debiendo cuidarse mucho de su conservacion, pues de ella depende casi esclusivamente el juego.

Dicen algunos que la dama no debe llevarse al juego contrario en el principio de la partida, sino colocarse en su segunda calle y casa para sostener los peones; pero este consejo tiene muchísimas escepciones.

Debe tenerse siempre la dama en juego libre, pues siendo la principal pieza, no debe limitarse su accion por el cebo de un peon ó pieza.

Debe oponerse casi siempre dama á dama.

La reina debe ampararse de los peones en las primeras jugadas.

Puesta al principio de partida en terreno enemigo, causa un daño irreparable; pero eso le es muy difícil, y aun sucedido así, debe cuidar mucho de no ser asediada y presa de las piezas enemigas.

La reina dá fácilmente jaque á cualquiera pieza, y puede dar mate á las pocas jugadas cuando los reyes quedan solos.

Cuando la reina dá jaque al rey, apoyada en otra pieza, debe acercársele lo mas posible para dejarle menos puntos de retirada.

La reina, por causa de su mayor importancia, suele recibir aviso de jaque, aunque no es de ley; pero á veces puede uno querer que le prendan la reina por conseguir el empate ó rey ahogado, y véase como entonces habria convenido que no se diese aviso.

La reina debe jugar mas que el caballo pero con mas cautela.

Dá fácilmente jaques dobles á torre y alfil, amenazando á este como torre y á aquella como alfil: los dá tambien á rey y otra pieza y, sobre todo en los finales, á rey y torre.

La escelencia de la reina no ha de hacer al jugador demasiado avaro de ella: conviene que la cambie por la contraria el que esté mas aventajado de piezas, y el que tenga su reina muy asediada, y el que tenga un peon próximo á dama: y aun debe cambiarse por un solo peon cuando este impide dar mate.

Debe precaverse el caso de que la reina cubra al rey en enfilada de torre ó alfil, en términos de que una de estas piezas pueda dar jaque doble, esto es, jaque á la reina, la cual se halla enclavada por no poder desenfilarse dejando en jaque al rey.

Hay quienes usan el juego de la reina sola contra todas las piezas, teniendo aquella, además de su movimiento propio, el de caballo: pero son partidas muy cansadas y muy poco agradables, siendo además interminables si el que juega con todas las piezas se limita á la defensiva.