El árbol del mejor fruto: 103

Escena X
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El árbol del mejor fruto Acto III Tirso de Molina


Sale CONSTANTINO y criados.
Siéntase en una silla,
con un retrato en la mano,
y vanse los criados.
  
CLORO

Dejadme solo este rato;
ya que está ausente mi Irene,
si alma una pintura tiene,
hablaré con su retrato.
Similitud de un ingrato
pecho, que encendiendo el mío,
le provoca al desvarío
de un receloso desdén,
¿por qué, queriéndote bien
espero, si desconfío?
¿Es posible que el amor
de tu dueño fue fingido?
Pero sí, que tanto olvido
dimana de tu rigor.
Porque de Cristo el favor
sigo, ¿es razón que me deje
Irene, y de mí se queje?
Si de veras me quisiera,
mi ley Irene siguiera;
pero no hay quien la aconseje.
Los dioses falsos adora,
que es falsa su voluntad,
y en mujer la falsedad
siempre salió vencedora:
¡quién vella pudiera agora!
Un sueño me inquieta en vano.
Dormir quiero. Amor tirano,
mi peligro conjeturo,
que no dormiré seguro,
con mi enemigo en la mano.

(Duérmese.)


El árbol del mejor fruto de Tirso de Molina

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