Don Álvaro o La fuerza del sino: 47

Escena octava
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Don Álvaro o La fuerza del sino - Quinta jornada


H. MELITÓN ¡Al infierno!... ¡buen viaje!

También que era del infierno
dijo, para mi gobierno,
aquel nuevo personaje.
¡Jesús, y qué caras tan!...
Me temo que mis sospechas
han de quedar satisfechas.
Voy a ver por dónde van.
(Se acerca a la portería y dice como admirado:)
¡Mi gran Padre San Francisco
me valga!... Van por la sierra,
sin tocar con el pie en tierra,
saltando de risco en risco.
Y el jaco los sigue en pos
como un perrillo faldero.
Calla... hacia el despeñadero
de la ermita van los dos.
(Asomándose a la puerta con gran afán: a voces).
¡Hola!... ¡Hermanos!... ¡Hola!... ¡Digo!...
No lleguen al paredón,
miren que hay excomunión.
Que Dios les va a dar castigo.
(Vuelve a la escena).
No me oyen, vano es gritar.
Demonios son, es patente.
Con el santo penitente
sin duda van a cargar.
¡El Padre, el Padre Rafael!...
Si quien piensa mal, acierta.
Atrancaré bien la puerta...
pues tengo un miedo cruel.
(Cierra la puerta.)
Un olorcillo han dejado
de azufre... Voy a tocar
las campanas.
(Vase por un lado, y luego vuelve por otro como con gran miedo).
Avisar
será mejor al prelado.
Sepa que en esta ocasión,
aunque refunfuñe luego,
no el Padre Guardián, el lego
tuvo revelación. (Vase.)


Don Álvaro o La fuerza del sino del Duque de Rivas
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