XVII

En sociedad se hicieron varios relatos de la muerte de la señora de Chaverny. Según unos, había tenido un sueño o, si se quiere, un presentimiento que le anunciaba que su madre estaba enferma. La impresión fué tan fuerte, que en seguida se había puesto en camino para Niza, a pesar de un violento catarro cogido al volver de casa de la señora de Lambert, y este catarro se había convertido en una pulmonía.

Otros, más clarividentes, aseguraban con aire misterioso que la señora de Chaverny, no pudien- do disimular el amor que sentía por el Sr. de Châteaufort, había acudido al lado de su madre, buscando fuerza para resistir a esta pasión. El catarro y la pulmonía eran resultado de la precipitación de su viaje. En este punto todos estaban de acuerdo.

Darcy no hablaba jamás de ello. Tres o cuatro meses después de su muerte, hizo una boda ventajosa. Cuando anunció su matrimonio a la señora Lambert, ella le dijo felicitándole:

—Verdaderamente, su mujer es encantadora; sólo la pobre Julia pudiera haberle convenido tanto.

Darcy sonrió con aquella sonrisa irónica en él habitual, pero no respondió nada.

Estos dos corazones, que no se conocieron, estaban acaso hechos el uno para el otro.