Discurso sobre el origen y los fundamentos/Prefacio

Discurso sobre el origen y los fundamentos (1820) de Jean-Jacques Rousseau
Prefacio


PREFACIO.




El más útil de todos los conocimientos humanos, y en el que menos progresos se han hecho, me parece ser el del hombre, y me atrevo á decir que la sola inscripcion del templo de Délfos contenia un precepto mas importante y mas difícil que todos cuantos se hallan en los gruesos volúmenes de los moralistas. Es por esta razon, por la cual yo miro el asunto de este Discurso como una de las cuestiones más interesantes que la filosofía puede proponer, y desgraciadamente para nosotros, como una de las más escabrosas de cuantas los filósofos puedan resolver. Porque, ¿cómo es posible conocer el orígen de la desigualdad entre hombres, sino se principia por conocerlos á ellos? ¿Y de que modo el hombre conseguirá el verse tal como la naturaleza le ha formado, en medio de todas las mutaciones que la sucesion de los tiempos y de las cosas han debido producir en su constitucion original, y distinguir lo que tiene de sí propio, de aquello que las circunstancias y sus progresos han añadido o cambiado á su estado primitivo? Igual á la estatua de Glaucus, á la que el tiempo, el mar y las borrascas habian de tal modo desfigurado, que parecia mas bien á una fiera, que á un Dios, el alma humana alterada en el seno de la sociedad por mil causas sin intermision renacientes, por la adquisicion de una multitud de conocimientos y de errores, por las variaciones acaecidas á la constitucion de los cuerpos, y por el choque continuo de las pasiones, ha, por decirlo así, cambiado de aspecto hasta el grado de ser casi desconocida; y no se halla en ella otra cosa, en lugar de un ser obrando siempre por principios ciertos é invariables, y en lugar de aquella celeste y magestuosa simplicidad de la que su autor la había dotado, sino el disforme contraste de la pasion que cree razonar, y del entendimiento en delirio.

Lo que hay de más cruel aun, es que todos los progresos de la especie humana alejándole sin cesar de su estado primitivo, á proporcion que se acumulan nuevo conocimientos, mas no disminuimos y quitamos los medios de adquirir el mas importante de todos, y que, bajo un sentido, es á fuerza de estudiar el hombre, por lo que nos hallamos en una situacion tan distante de poder conocerle.

Es facilísimo el ver que es en estas variaciones ó mutaciones sucesivas de la constitucion humana, en donde debe buscarse el orígen primitivo de las diferencias que distinguen á los hombres, los cuales, de un comun consentimiento, son naturalmente tan iguales entre ellos como lo eran los animales de cada especie, ántes que diversas causas físicas hubiesen introducido en algunos de ellos las variaciones que observamos. En efecto, no puede concebirse que estas primeras mutaciones, sea cual fuese el móvil que las haya producido, puedan haber alterado, á un mismo tiempo y del mismo modo, todos los individuos de la especie: pero los unos habiéndose perfeccionado ó deteriorado, y habiendo adquirido diversas cualidades buenas ó malas, que no eran inherentes á su naturaleza; los otros permanecieron por mas largo tiempo en su estado original; y tal fue entre los hombres el orígen de la desigualdad, el que es mucho mas fácil de demostrar en general, que el designarle con precision y exactitud las verdaderas causas.

Que mis lectores no se imaginen por esto, de ningun modo, que yo oso jactarme de haber llegado á distinguir, lo que me parece y creo tan difícil. He principiado algunos raciocinios; me he atrevido á presentar algunas conjecturas, no tanto con el objeto y esperanza de resolver la cuestion, como con la intencion y deseo de aclararla y reducirla á su verdadero estado. Otros podrán fácilmente ir mucho mas allá, sin que sea dado á nadie el llegar al término; pues no es, de forma alguna, una pequeña empresa el distinguir lo que hay de originario y de artificial en la naturaleca actual del hombre; el conocer á fondo un estado que ya no existe, que no ha tal vez existido, que probablemente no existirá jamas, y del cual es no obstante necesario el tener nociones exactas para poder juzgar con fundamento de nuestro estado presente. Será necesario que tenga mucha mas filosofía que la que se imagina, aquel que trate de emprender el determinar exactamente las precauciones que deben tomarse, para poder hacer sobre este asunto observaciones é indagaciones sólidas: y una buena solucion del problema siguiente, no me pareceria indigna de los Aristóteles, y de los Plinios de nuestro siglo. ¿Que esperiencias serian necesarias para llegar á conocer al hombre natural; y cuales son los medios para poder hacerlos en el seno de la sociedad? Lejos de tratar el resolver este problema, creo haber meditado bastante la importancia del asunto, para atreverme á decir, con anticipacion, que los mayores filósofos aun no serán suficientemente aptos para dirigir estas esperiencias, ni los soberanos mas poderosos para hacerlas: concurso que no es casi posible tenga lugar, sobre todo con la perseverancia ó mas bien la sucesion de luces y de buena voluntad que se requieren de una y otra parte, para conseguir el éxito.

Estas investigaciones tan imposibles de hacerse, y á las cuales han pensado tan poco hasta aquí, son sin embargo los únicos medios que nos quedan para poder estinguir una multitud de dificultades que nos ocultan y sustraen el conocimiento de las reales y verdaderas bases de la sociedad humana. Es esta ignorancia de la naturaleza del hombre la que arroja tanta incertidumbre y oscuridad sobre la verdadera definicion del derecho natural: porque la idea del derecho, dice el señor Burlamaqui, y mucho mas la del derecho natural, son sin contradiccion ideas relativas á la naturaleza del hombre. Es pues de la naturaleza misma del hombre, continua dicho señor, de su constitucion y de su estado, que es necesario deducir los principios de esta ciencia.

No puede verse sin sorpresa y sin escándalo la divergencia que reina sobre tan importante materia entre los {{guión|diver-|diversos)) Autores que han tratado de ella. Entre los mas graves escritores, apenas podrán hallarse dos que sean del mismo parecer sobre este punto. Sin hablar de los antiguos filósofos, que parecen haber tenido por único objeto el contradecirse sobre los principios mas fundamentales, los jurisconsultos romanos someten indiferentemente al hombre y á los demas animales á la misma ley natural, en virtud á que consideran mas bien bajo este nombre la ley que la naturaleza se impone á sí misma, que aquella que prescribe, o puede ser á causa de la acepcion particular segun la cual estos jurisconsultos entienden la voz ley, que parecen no haber tomado en esta circunstancia, sino por la espresion de las relaciones generales establecidas por la naturaleza, entre todos los seres animados, para la comun conservacion. Los modernos no reconociendo, bajo el nombre de ley, sino una regla prescrita á un ser moral, es decir inteligente, libre y considerado en sus relaciones con otros seres, imitan por consecuencia al solo animal dotado de razon, es decir al hombre, la competencia de la ley natural: pero definiendo esta ley, cada uno á su modo, la establecen todos sobre principios tan metafísicos, que se hallan, aun entre nosotros, muy pocas personas en estado de conocer estos principios, y muy distantes de poder hallarlos de sí mismos. De suerte que todas las definiciones de estos sabios, casi en perpetua contradiccion sobre ellas, se hallan de acuerdo solamente en esto: que es imposible entender la ley de la naturaleza, y por consecuencia el obedecerla, sin ser un gran investigador y un profundo metafísico: lo cual significa justamente, que los hombres han empleado, para el establecimiento de la sociedad, luces que no se descubren, ni se manifiestan sino á fuerza de un inmenso trabajo, y á muy pocas personas, aun en el seno mismo de la sociedad.

Conociéndose tan poco la naturaleza, y acordándose tan mal sobre el verdadero sentido de la voz ley, será casi imposible el convenir de una definicion exacta de la ley natural. De forma que todas cuantas se hallan en los libros, ademas del defecto de no ser uniformes, tienen aun el de ser emanadas de muchos conocimientos, que naturalmente no tienen los hombres, y de las ventajas que han producido; de las cuales no pueden concebir la idea sino despues de haber salido del estado natural. Principian todos por inquirir y buscar las reglas, de las cuales seria mucho mejor para la utilidad comun, que los hombres conviniesen entre si, y despues dan el nombre de ley natural a la coleccion de estas reglas, sin otra prueba en su apoyo, que el bien que encuentran debia resultar y resultaria infaliblemente de su práctica universal. Ved aqui un método muy cómodo de componer definiciones, y de esplicar la naturaleza de las cosas por medio de conveniencias casi arbitrarias.

Hasta tanto que no conozcamos al hombre natural, es inutil querer determinar, fijar y conocer la ley que ha recibido, ó aquella que convendria mejor á su constitucion. Todo cuanto podemos ver distintamente con relacion al objeto de esta ley, es que no solamente es necesario, para que sea ley, que la voluntad de aquel que obliga pueda someterse a ella con conocimiento, si no que es forzoso aun, para que sea natural, que hable inmediatamente por la voz y órgano de la naturaleza.

Dejando aparte, pues, todos los libros cientificos, los que no nos enseñan otra cosa mas que a ver a los hombres tales como ellos se han formado, y meditando sobre las primeras y las mas simples operaciones del alma humana, yo creo descubrir en ella dos principios anteriores a la razon; el uno es aquel que nos estimula e interesa poderosa y ardientemente a nuestro bien estar y a nuestra propia conservacion; y el otro aquel que nos inspira una repugnancia natural de ver perecer o sufrir a todo ser sensible, y principalmente a nuestros semejantes. Es del concurso y de la combinacion que nuestro entendimiento se halla en estado de hacer de estos dos principios, sin que sea necesario recurrir al de la sociabilidad, que me parece emanan ó provienen las reglas del derecho natural, reglas que la razon se encuentra en seguida obligada á restablecer sobre otras bases, luego que por sus descubrimientos sucesivos ha llegado al punto de sufocar ó de estinguir la naturaleza.

Por esta causa no se está obligado, de ninguna manera, á hacer del hombre un filósofo antes de hacerle hombre: sus deberes para con sus semejantes no le han sido dictados únicamente por las lecciones tardías de la sabiduría; y en tanto que no resista á la impulsion interior de la conmiseracion, no hará jamas mal á otro hombre, ni aun á ningun ser sensible, escepto en los casos legítimos en los que su conservacion se encuentre comprometida ó interesada; pues en esta posicion está obligado á darse la preferencia á sí mismo. Por este medio se terminan igualmente las antiguas disputas sobre la participacion de los animales á la ley natural; pues es evidente que privados de luces y de libertad, no pueden reconocer esta ley; mas teniendo de algun modo cierta conexion con nuestra naturaleza, por la parte sensible de que se hallan dotados, se deducira, que deben participar tambien del derecho natural, y que el hombre esta obligado para con ellos a cumplir cierta especie de deberes. Parece en efecto, que si estoy obligado a no hacer ningun mal a mi semejante, es mucho menos porque es un ser razonable, que con motivo a que es un ser sensible: cualidad que siendo comun al hombre y a la bestia, debe a lo menos dar a esta el derecho de no ser maltratada inutilmente por él.

Este mismo estudio del hombre original, de sus verdaderas necesidades, y de los principios fundamentales de sus deberes, es el solo medio que puede emplearse para aclarar las infinitas dificultades que se presentan sobre el origen de la desigualdad moral; sobre los verdaderos fundamentos del cuerpo politico; sobre los derechos reciprocos de sus miembros; y sobre otras mil cuestiones semejantes, tan importantes como mal aclaradas.

Observando

Observando la sociedad humana de un modo tranquilo y desinteresado, parece no presenta otro aspecto sino el de la vionlecia de los hombres poderosos, y la opresion de los debiles: el espiritu se irrita e indigna contra la tirania de los unos, y se ve insensiblemente forzado a deplorar la ceguedad de los otros, pero como nada es menos estable entre los hombres que estas relaciones esteriores, que la casualidad produce con mas frecuencia que la rectitud y la sabiduria, y a las que llaman debilidad o potencia, riqueza o pobreza, es la razon por la cual los establecimientos humanos parecen a primera vista fundados sobre montones de arena movibles: no es sino examinandolos de cerca, y despues de haber separado el polvo y la arena que circunvalan el edificio, que puede apercibirse la base inmoble sobre la cual se halla establecido, y que se aprende a respetar los cimientos. De aquí se sigue, que sin el estudio serio del hombre, de sus facultades naturales, y de sus progresos sucesivos, no se podrá jamas conseguir el hacer estas distinciones, y separar en la actual constitucion de las cosas, lo que ha hecho la voluntad divina, de aquello que el arte humano ha pretendido hacer. Las investigaciones politicas y morales, a las cuales da lugar la importante cuestion que examino, son por consecuencia útiles de todas maneras, y la historia hipotética de los gobiernos es para el hombre una leccion instructiva á todas luces. En examinando y considerando lo que hubieramos sido, abandonados á nosotros mismos, debemos aprender á bendecir á aquel cuya mano bienhechora, corrigiendo nuestras instituciones y dandoles un asiento firme, sólido e inmoble, ha prevenido los desórdenes que debian resultar, y producido nuestro felicidad, de los mismos medios que parecian deber oponerse á ello y colmar nuestra miseria.


Quem te Deus esse
Jussit, et humana quá parte locatus es in re Disce.