Discurso en homenaje a los dinamarqueses en Argentina

Discurso del Secretario de Culto de la Argentina embajador Alejandro Grossman con motivo del 75º aniversario de la inauguración del templo de la Iglesia Danesa en Buenos Aires.

"En primer lugar, agradezco a todos los asistentes a este acto de homenaje a la Iglesia Dinamarquesa en los 75 años de la inauguración de este templo.

"Aunque supongo que no debe de haber ningún danés o descendiente de daneses que desconozca la historia heroica del rey Christian X durante la ocupación nazi de Dinamarca, quiero centrarme un segundo en ella: cuando las fuerzas alemanas pusieron la esvástica en el palacio de gobierno, el rey dio la orden de bajarla, sin éxito. Entonces el rey dijo que enviaría a un soldado para arriar la bandera, a lo que los nazis le contestaron que iban a matar al soldado que lo hiciera. Finalmente, el rey dijo: ese soldado seré yo. Y logró que la bandera fuera arriada.

"Esa conducta del rey no impidió que la ocupación de Dinamarca se concretara, pero, como todos esos gestos cargados de simbolismos tan fuertes, dio un claro mensaje al interior de Dinamarca y también hacia fuera: dejó de manifiesto la voluntad de no someterse dócilmente al avasallamiento y mostró su oposición al totalitarismo del régimen, honrando la histórica relación con el pluralismo y los derechos humanos del país.

"Esas conductas siempre son emblemáticas. Porque la historia y la política se construyen con hechos concretos y también con gestos. El legado que la historia danesa le transmitía a su pueblo se asentaba en la convicción de que los valores morales debían imponerse al poder de la fuerza. Y la muestra de eso es esa Dinamarca firmemente comprometida con el pluralismo, las libertades civiles, la justicia.

"Esta iglesia que hoy honramos por sus 75 años de existencia es hija de esas tradiciones. Es obra de inmigrantes e hijos de inmigrantes comprometidos al mismo tiempo con su tradición y también con su presente. Cuando un grupo de inmigrantes construye un templo no sólo nos está hablando de su fe; también está evidenciando su voluntad de establecerse. Nadie construye una casa cuando se siente de paso.

"Sé que para los daneses que se congregan aquí el vocablo "casa" tiene resonancias especiales. La casa es el lugar de donde venimos, pero también el sitio donde nos sentimos seguros, donde encontramos refugio. La casa es el lugar que abrimos a quienes queremos, es la manera de compartir sueños, esperanzas y valores.

"En épocas en las que Europa se debatía en guerras, persecuciones o pobreza, la Argentina fue una casa generosa para muchos de nuestros padres y abuelos, que han podido moldear un modo de relacionarse pluralista y solidario, que para muchas otras sociedades es un ejemplo a seguir.

"Para quienes disfrutamos de esas historias cotidianas de los pioneros, es insoslayable mencionar al incansable Juan Fugl, el primer inmigrante danés instalado en estas tierras. Los historiadores dicen que Fugl, que era maestro en Dinamarca, un día se encontró con una publicidad que mencionaba las bondades para la actividad agropecuaria de la Argentina y decidió probar fortuna. De Buenos Aires se trasladó a Tandil en 1848, donde inicialmente instaló una panadería y luego una molienda. Fugl fue un comerciante muy próspero de Tandil. Pero no sólo eso: también fue precursor de la educación, el culto, la siembra triguera, la molienda y hasta la urbanización de la aldea. Fue inspector de Obras de la Municipalidad, intendente, director de escuela y financista de la iglesia. Y después de varios años en el pueblo, decidió regresar a su tierra natal, donde vivió y murió en una villa que fundó cerca de Copenhague y que llamó Tandil.

"La presencia de Fugl constituyó el punto de partida de la llegada de otros muchos inmigrantes daneses, que pueden rastrearse en la presencia de apellidos como Larsen, Nielsen, Christensen, Andersen, Petersen, Sorensen, Madsen, Mathiasen, Dahl y el escultor Bennike, entre muchos otros.

"Esa historia de intercambio, respeto por la diversidad e integración es uno de los mejores dones de nuestro país.

"Hoy, mientras en numerosas naciones desarrolladas se trabaja en beneficio de la tolerancia, nosotros podemos exhibir una etapa superadora de ese proceso. En la Argentina nuestro paradigma en materia religiosa no es la tolerancia sino la convivencia. Porque tolerar implica, desde la perspectiva del que se considera dueño de la verdad, considerar la convicción del otro como un error. Lejos de eso, nuestra sociedad sabe que las diferencias, contrariamente a separarnos, nos aportan una mirada más amplia y enriquecedora, una sociedad que en cuanto a las convicciones y creencias de sus integrantes es absolutamente inclusiva.

"La convivencia plural enfrenta en el mundo nuevos y dramáticos desafíos, pero quienes tenemos responsabilidades gubernamentales no vamos a bajar los brazos a la hora de seguir defendiendo esos principios.

"Sabemos, por otra parte, que lejos de ser una tarea solitaria, es una visión del mundo que ya está incorporada en el espíritu de los argentinos. Y es un compromiso que compartimos con todas las confesiones.

"La Iglesia Dinamarquesa tiene una rica historia de defensa de esos valores. Estamos obligados a agradecerles públicamente ese compromiso. Y lo hacemos reconociendo a esta iglesia que testimonia con sus 75 años de existencia el pasado y el presente de una comunidad que aportó su singularidad para enriquecer nuestras mejores tradicionales. Muchas gracias."