Debate en el Congreso sobre la introducción del derecho de autodeterminación en la Constitución española de 1978

A continuación se transcribe el texto del debate parlamentario mantenido en el Congreso de los Diputados de España el día 21 de julio de 1978 con motivo de la presentación de una enmienda al proyecto de Constitución que pretendía introducir el derecho de secesión de los territorios autónomos. El debate se transcribe tal como figura en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados. El texto ha sido dividido en secciones para facilitar su lectura, por lo que los títulos de dichas secciones no forman parte de la transcripción oficial.

Fernando Álvarez de Miranda presidió la sesión plenaria.

DebateEditar

El señor PRESIDENTE: Queda aprobado el artículo 152.

Queda ahora la enmienda formulada por el señor Letamendía solicitando la inclusión de un título nuevo a continuación del VIII.

Defensa de la enmiendaEditar

El señor Letamendía tiene la palabra.

El señor LETAMENDIA BELZUNCE: Señoras y señores Diputados, os pido que comprendáis la presión moral a la que estoy sometido en este momento e incluso que comprendáis el riesgo físico que puede suponer para mí las palabras que os voy a dirigir y el mantenimiento de esta enmienda.

Os pido que entendáis que si mantengo esta enmienda es por el deber contraído con un sector del pueblo vasco que, si me ha votado, es para enviarme a este Parlamento para que le defienda.

El derecho a la autodeterminación consiste en la opción que asiste a todos los pueblos a decidir por mayoría sobre sí mismos. Es, pues, un derecho democrático, de respeto a la voluntad mayoritaria de los pueblos.

Conocemos las limitaciones en las que os movéis los partidos de izquierda, limitaciones que son ajenas y, sin duda, contrarias a vuestra voluntad y que van a condicionar el sentido de vuestro voto. Comprended también vosotros que nosotros tenemos el deber de presentar esta enmienda, pues, si no, traicionaríamos las íntimas convicciones de ese sector del pueblo vasco al que representamos, Y comprended también que si no aceptamos una Constitución que no recoja este derecho no es por un espíritu antidemocrático, sino por coherencia con nosotros mismos.

En todo caso, sea cual sea el sentido de vuestro voto, todos vosotros, Gobierno y oposición, debéis, junto con nosotros, poner las bases para que el pueblo vasco se sienta vivir en democracia.

Estas condiciones, en nuestra opinión —opinión que no refleja, lo reconocemos, la mayoría del pueblo vasco, pero sí un sector muy significado de él—, se concretan en una alternativa defendida tanto por la coalición de Euskadiko Ezquerra-E.I.A. como por las fuerzas del K.A.S. Esta alternativa comprende los siguientes puntos: primero: amnistía total; segundo, libertades democráticas plenas, incluyendo la legalización de aquellos partidos políticos vascos que siguen sin estar legalizados; tercero, mejoras generalizadas en las condiciones de vida de los trabajadores; cuarto, sustitución escalonada y a plazo fijo de los actuales Cuerpos de policía de Euskadi, por una policía autóctona vasca; quinto, autogobierno para Euskadi basado en un Estatuto de amplias atribuciones; sexto, oficialidad de la lengua vasca, escuela pública euskaldún, gestión democrática de las ikastolas y respeto de su pluralismo ideológico; séptimo, celebración pronta de las elecciones municipales...

El señor PRESIDENTE: Señor Letamendía, no quisiera interrumpirle, pero le ruego que se ciña a la enmienda que Su Señoría ha formulado ante esta Cámara. Su Señoría está haciendo una enumeración de problemas que no tienen nada que ver con la enmienda que ha presentado.

El señor LETAMENDIA BELZUNCE: Tiene razón, señor Presidente; termino. Os aseguro que la intención que ha alentado estas palabras no ha sido otra que la de concordia.

Lectura de la enmiendaEditar

El señor PRESIDENTE: ¿Algún turno en contra?

El señor BARRERA COSTA: Yo desearía que se leyese la enmienda para que supiésemos lo que votamos.

El señor PRESIDENTE: Creí que la iba a leer el señor Letamendía. Primero, pues, vamos a dar lectura a la enmienda y luego habrá un turno en contra.

El señor SECRETARIO (RUIZ-NAVARRO Y GIMENO): «Enmienda de supresión».

»Enmienda de inclusión de un título nuevo, el Título VIII bis, a incluir entre el Título VIII y el Título IX.

Título VIII bis. «Del ejercicio del derecho de autodeterminación».

«Artículo 149 bis. El derecho a la autodeterminación de los pueblos del Estado español supone, de acuerdo con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos ratificados en su día por aquél, el que los mismos establezcan libremente su condición política, pudiendo en consecuencia optar entre seguir formando parte del Estado o separarse pacíficamente de éste y constituir un Estado independiente.

«Artículo 149 ter. Para el ejercicio del derecho de autodeterminación, los pueblos del Estado deberán cumplir las siguientes condiciones:

»1. Haberse constituido previamente en territorio autónomo conforme a lo dispuesto en el Título VIII de la Constitución.

»2. Expresar su voluntad de ejercitar tal derecho, del modo que se regula en el artículo siguiente».

Al artículo 149 quarter :

«Número 1. La iniciativa para convocar a la población del territorio autónomo al ejercicio del derecho de autodeterminación corresponde a la Asamblea de éste, a propuesta de una cuarta parte de sus miembros. Para su aprobación será necesario el voto afirmativo de la mayoría absoluta de éstos.

»Número 2. Esta iniciativa no podrá ser propuesta ante la Asamblea antes de transcurridos dos años desde la entrada en vigor del estatuto del territorio autónomo.

»Número 3. Obtenido el voto afirmativo de la Asamblea, se someterá a referéndum de la población afectada la opción expresada en el artículo 149 bis.

»Número 4. La decisión de constituirse en Estado independiente requerirá el voto afirmativo de la mayoría absoluta del censo electoral de cada una de las provincias, regiones históricas o circunscripciones territoriales afectadas.

»Número 5. Si no se consiguiere el quórum necesario en la Asamblea del territorio autónomo para convocar a la población al referéndum citado, o si, convocada, no se alcanzara en el referéndum la mayoría establecida, no podrá replantearse la propuesta hasta la siguiente legislatura del territorio autónomo, y en todo caso, nunca antes de dos años desde la convocatoria del referéndum.

»Número 6. Si el resultado fuese afirmativo, el Estado español, de acuerdo con los órganos legislativos y ejecutivo del antiguo territorio autónomo, reconocerá al nuevo Estado y le transferirá la totalidad de las atribuciones que integren su plena soberanía».

Turno en contraEditar

El señor PRESIDENTE: Vamos a proceder a escuchar al representante de la Unión de Centro Democrático en su turno en contra.

El señor HERRERO RODRIGUEZ DE MIÑON: Señor Presidente, señorías, la autodeterminación que nos propone en su enmienda el señor Letamendía, y que ha centrado con gran precisión en la independencia de los diversos pueblos de España, es, sin embargo, un concepto equívoco.

La autodeterminación, como del ser decían los griegos, puede predicarse de varias maneras y ello explica que, en situaciones distintas, fuerzas políticas de tradición estatista y de vocación claramente españolista hayan podido reivindicarla en sus programas y que, aun hoy día, la palabra en cuestión pueda atraer la atención de fuerzas políticas partidarias de la más sensata de las autonomías.

Por ello, al oponerme a la enmienda, de cuya breve pero absolutamente estricta y contundente apología acabamos de ser testigos, creo que es preciso aclarar las diversas dimensiones que en ella están incoadas y cuya confusión nada benefician ni a quien la mantiene ni a quienes la combatimos.

Por ello, para ser preciso, voy a atenerme a un texto recurriendo a la lectura más que a mi forma habitual de expresión en esta Cámara.

Dos son las principales dimensiones de la autodeterminación: por una parte, la técnico- jurídica, correspondiente más al plano internacional que al estatal; de otra parte, la político-constitucional, que es la que a todos nos interesa aquí.

La primera es la consecuencia del principio consagrado en la Carta de las Naciones Unidas del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. Este derecho de autodeterminación se predica tan sólo respecto de los territorios no autónomos, categoría acuñada en el artículo 73 de la Carta y que, según la práctica de las Naciones Unidas —basta pensar en la Resolución 1542 de su Asamblea General—, han de ser territorios geográficamente separados de la metrópoli, distintos étnicamente de aquélla y arbitrariamente sometidos a la misma mediante un estatuto de inferioridad.

Los territorios no autónomos son, pues, colonias o situaciones paracoloniales, y no sólo los actos propios de España y el criterio universal al respecto, sino la realidad de los diversos territorios españoles, peninsulares o no, excluye la aplicación de esta categoría a cualquiera de los pueblos de nuestro país.

El hecho mismo de que la enmienda del señor Letamendía se presente, se discuta y se vote en esta Cámara es prueba de la plena integración, en una identidad de estatuto, de diversos pueblos y territorios, que sólo un planteamiento ingenuamente biológico pudiera, tal vez, considerar como racionalmente diferenciado.

Por otra parte, este principio de autodeterminación, tal como lo conoce el Derecho internacional, ha de modularse con el de integridad territorial de los Estados formulado en la misma Carta y por la misma práctica de las Naciones Unidas. La autodeterminación, que tan ligeramente se invoca, no es, por lo tanto, aplicable allí donde suponga el desmembramiento de un pueblo ya constituido en Estado.

Por último, es bien sabido que el derecho de autodeterminación puede ejercerse a través de tres vías: la independencia, la asociación con otro estado ya independiente y la plena integración con él. Tal es la tesis vigente en el Derecho internacional que se nos invoca, y basta recordar al respecto la Resolución 1541 de la Asamblea General.

Ahora bien, si traigo aquí a colación esta dimensión internacional de la autodeterminación, no es sólo por haberse invocado en este debate, sino porque su análisis nos conduce al segundo de los aspectos indicados, el que más nos importa ahora y aquí, el estrictamente político.

En efecto, cuando se produce la autodeterminación por vía de integración, el cuerpo político resultante es el único capaz de autodeterminarse en el futuro. La autodeterminación no es reversible. ¿Y qué? ¿Acaso la decisión ocasional de un referéndum ha de tener más consistencia que la de los siglos y generaciones, contando, por supuesto, la presente generación y el presente siglo, cuya opción abrumadoramente mayoritaria no deja lugar a dudas?

En efecto, la autodeterminación expresa el hecho metajurídico y protoestatal, la profunda corriente de subterránea energía política que da vida a todo Estado y a toda ley. Cuando esta corriente emerge a la superficie histórica en ocasiones solemnes y excepcionales con la presión y la temperatura propia de las caldas gallegas, se habla de soberanía; cuando esta corriente circula fecunda y silenciosa en los estratos más profundos del vivir colectivo se llama legitimación.

Hoy, esfumados los carismas y quebrada la tradición, la única forma racional de legitimación es la democracia, y el titular último de la soberanía, la voluntad última a la que se acude solicitando la suprema decisión, la voluntad popular.

No voy, Señorías, a caer en la trampa de discutir la unidad o pluralidad de los pueblos de España. Me basta, amparándome en las reiteradas opiniones tantas veces afirmadas en esta Cámara desde los ángulos y sectores más distintos, proclamar nuestra exigente creencia —y al decir nuestra me refiero no sólo a nuestro Grupo, sino a la Cámara entera—, nuestra exigente creencia digo en la solidaridad absoluta de los españoles ante la vida y sus vicisitudes. Y es la voluntad emergente de esta absoluta solidaridad la que en este momento ,importa destacar aquí.

¿Cómo se actualiza esta voluntad autodeterminante? Los pueblos recién llegados a la Historia inauguran su presencia con un acto formal de autodeterminación irreversible. Y recuérdese bien la palabra “irreversible”, porque, en efecto, al comienzo de una historia —y la cita es textual— «los representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso general, tomando como testigo al Juez supremo del Universo, se declaran independientes y libres». Pero «nosotros, el pueblo de los Estados Unidos» no toleró secesión alguna e, incluso, recurrió a una guerra sangrienta para mantener lo que su Tribunal Supremo llamó «unión indestructible de Estados indestructibles».

Ahora bien, si los recién llegados recurren a un acto de autodeterminación, los pueblos que hace siglos campan por la Historia se autodeterminan también, no ya en un acto singular, sino en el acto ininterrumpido que es el plebiscito cotidiano. Pretender sustituir este continuo manar de la Historia, del que nuestra Constitución es un eslabón más, por un principio abstracto o por su formalización en una decisión puntual y ocasional, es un gran fraude a la condición histórica de toda vida humana, y, por ende, de toda vida política también.

España, Señorías, preexiste a sus pueblos y a los españoles que, en cada momento, son sus ciudadanos. Como ha demostrado un ilustre parlamentario vasco, el profesor Monreal, el Señorío de Vizcaya, como las provincias Vascas, que los Reyes Católicos habían de calificar acertadamente de «cuerpo separado», no dejaban de ser, sin embargo, parte integrante del Reino castellano, no a través de una unión personal o real, sino como cuerpo autónomo de un mismo Estado.

Y cuando se recurre, y se recurre bien, a los viejos Reinos de España para reivindicar una personalidad histórica propia e infungible, no debe olvidarse que la España «una» subyacía a todos ellos y los hacía homogéneos y centrípetos entre sí. Por eso, ni los pueblos que germinan en el seno de España como las ramas frondosas de un solo tronco, ni el voto de los ciudadanos, puede poner en tela de juicio la propia existencia española. Y ello no en virtud de ninguna interpretación determinista, sino de un principio de libertad, de una libertad honda que ni el error de Siglo y medio, ni el terror de muchos días, pueden desarraigar de nuestro suelo, porque escrito está que el vivir juntos los hermanos es bueno y alegre.

La autodeterminación de los pueblos de España no es cosa de hoy; no es algo que quepa dentro de un Título bis del proyecto de Constitución, es algo que subyace y fundamenta la Constitución misma, porque es nuestra propia existencia histórica. Los pueblos de España se están autodeterminando desde hace siglos y se autodeterminan hoy en la voluntad irreversible de vivir en común.

Lo episódico que a título de ejemplo puede traerse a colación aquí, desde «la fidelidad e lealtad» a la Corona de España, que reiteradamente predica de la provincia de Guipúzcoa su Fuero, hasta la escasa representación democrática de quienes abiertamente abogan por la secesión de cualquier pueblo de España, no son más que cumbres emergentes de esa gran montaña abismal que llamamos Nación española, o lo que es lo mismo, voluntad históricamente decantada de vivir juntos como españoles y también en frase célebre, de vivir como españoles «a su propia manera», es decir, en autonomía o autogobierno. Esta doble voluntad es la más real de nuestras autodeterminaciones como españoles todos.

Yo no puedo aceptar que se pretenda seriamente para los viejos pueblos, como son los pueblos de España, una autodeterminación a la africana. Tampoco creo que nos convenga una autodeterminación a la francesa, como lo entendió la equívocamente llamada «Fiesta de la Federación» en 1790 confundiendo unidad con uniformidad. Nuestra autodeterminación ha de ser a la española, como voluntad inderogable de ser España y como voluntad secular, ahora en trance de recuperación, de vida autónoma para los diferentes pueblos de España.

La autonomía, pues, y esto me interesa recalcarlo sobremanera, no es el pórtico ni el sucedáneo de la autodeterminación secesionista, es, junto con esa magnitud permanente que llamamos España, el fruto .de nuestra autodeterminación, no menos permanente, de una autodeterminación esencial en la que vivimos, nos movemos y somos; su fruto es un Estado, el estado de los españoles, en el que sin duda caben cuantos centros de poder autonómico, cuantos fragmentos de Estado, como diría una acreditada doctrina, exija la realidad vital y diversa de España.

Es esta autodeterminación bimembre la que proclama el texto constitucional y muy concretamente su artículo 2.º y al darle el «sí» los diferentes pueblos de España se autodeterminarán una vez más como su estructura histórica exige, como la unión de su variedad.

Cuando uno de los términos de esta dicotomía ha pretendido devorar al otro, cuando se ha querido desconocer nuestra infungible diversidad y las personalidades indestructibles de nuestros pueblos, o por el contrario, nuestra voluntad históricamente decantada de vivir juntos como españoles, el hogar vital ha saltado hecho añicos y se ha abandonado la libertad, libertad honda que nace del fondo de los siglos para seguir el camino de la tiranía, tiranía de un hecho de Procusto uniformador o hiperestesicamente particularista.

Autodeterminación es ser dueño de «sí», pero el sujeto que se autodetermina no puede confundirse con un ente de razón, es más bien un cuerpo histórico cuya libertad para ser real ha de ser siempre una libertad situada, encarnada.

Por ello, el ser dueño de «sí» requiere el señorío sobre la propia historia y la propia vocación. Si aquella —la historia— guarda el eco fecundo del aserto de las Constituyentes de Cádiz que desde la exasperación más grande que ha conocido España de la soberanía nacional y desde el esfuerzo bélico-patriótico común, no tenían empacho en calificar de felices a las provincias vascas por la conservación de unos fueros, venerables paradigmas de libertad de España toda; si ésta —la vocación— nos lleva a calificar a España de nación plural, tampoco podemos olvidar que uno de estos fueros que encomiaban valerosamente los constituyentes de 1812, el Fuero de Guipúzcoa, contenía la más rotunda de las afirmaciones españolistas a1 definir esta Provincia como «parte muy principal del Reino de España» y afirmar a continuación —y la cita también es literal— «que de inmemorial ha procedido continuamente en aplicar todas sus fuerzas a la conservación y aumento de la Monarquía española».

La historia no es simple pasado, Señorías, no es inercia cuyos errores nos cieguen el acceso a hontanares dignos de mejor cauce. La historia es forma de posibilidad y es, desde la habilitación que de ella recibimos para ser varios en la unión indisoluble, porque tenemos comunes recuerdos y tareas, porque nuestras ocasiones de humillación y alegría son comunes, es desde donde podemos autodeterminarnos en esta doble e inseparable opción para ser, de verdad, dueños de nosotros mismos. Muchas gracias.

VotaciónEditar

El señor PRESIDENTE: Vamos a proceder a la votación de la enmienda formulada por el señor Letamendía.

Comienza la votación. (Pausa.)

Efectuada la votación, dio el siguiente resultado: votos emitidos, 284; votos en contra, 268; a favor, cinco; abstenciones, 11.

El señor PRESIDENTE: Queda rechazada la enmienda formulada por el señor Letamendía.

Explicación de votoEditar

Grupo de Alianza PopularEditar

Para explicación de voto tiene la palabra el representante del Grupo Parlamentario de Alianza Popular.

El señor FRAGA IRIBARNE: Señor Presidente, subo a esta tribuna para decir, con laconismo casi militar, como corresponde al día, tres cosas.

La primera, mi simpatía personal por la integridad física del señor Letamendía, que estoy seguro de que estos días no corre ningún riesgo ante los comandos terroristas que andan por Madrid.

En segundo lugar, coincido en lo esencial de su razonamiento: lo que necesita el país vasco es vivir en democracia. Tiene ahora todos los medios para ello en la Constitución y en la Ley. Solamente si se piden cosas imposibles y se mantiene la presión terrorista, esto será imposible.

Finalmente para decir que entiendo que una sola liberación necesita hoy la noble Euskalerría: la de los odiosos y despreciables terroristas que la oprimen, y la de los no menos despreciables personajes que los defienden y justifican.

El señor LETAMENDIA BELZUNCE : Pido la palabra para alusiones, señor Presidente.

El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor Letamendía.

El señor LETAMENDIA BELZUNCE: Señor Presidente, señoras y señores Diputados, todos sabemos que hay diferentes procedimientos políticos : uno de ellos tergiversar consciente y cínicamente las declaraciones de los rivales políticos. Otro, es ensañarse con el débil y, en este caso, en esta Cámara el débil es la persona que forma parte de una coalición compuesta por un único Diputado, cuyo centro político no está en Madrid y que no tiene acceso a los medios de información.

Otro procedimiento político es el de insultar al rival. Y estos tres procedimientos políticos definen una manera muy clara de actuar: la fascista. Muchas gracias. (Aplausos en los escaños de la Minoría Vasca)

Grupo de Socialistas de CataluñaEditar

El señor PRESIDENTE : Para explicación de voto tiene la palabra el señor Martín Toval.

El señor MARTIN TOVAL: Señor Presidente, señoras y señores Diputados, muy brevemente para centrar los puntos que justifican el voto negativo a esta enmienda presentada por el señor Letamendía, voto emitido por mi Grupo Parlamentario de Socialistas de Cataluña.

Es cierto, no se ha negado nunca ni en Comisión ni en Pleno, que consta en los programas de nuestro partido que la autodeterminación es un camino de los pueblos de España hacia la constitución del Estado foral. Muchas veces hemos hablado aquí del Estado federal. No renunciamos a la alternativa federal, pero a través de caminos de progresión democrática y pacífica de las autonomía que configuren un proceso hacia la auténtica unidad del Estado, basada en principios de firmeza, justicia y sentimiento asumido de esa unidad por todos los españoles.

Pero también constan en nuestros principios y en nuestro programa un «no» rotundo al independentismo de los pueblos de España y, en consecuencia, un «no» rotundo a los caminos que puedan llevar a ese independentismo.

Aquí se ha planteado la enmienda de la autodeterminación como vía o camino hacia la separación de pueblos de España. La autodeterminación la entendemos como el derecho de expresión de la soberanía popular, del pueblo de España, que es tanto como decir para nosotros, que rechazamos alternativas independentistas, expresión de la soberanía de todos los pueblos de España.

Hoy, en esta Constitución, el pueblo español, los ciudadanos de todas las nacionalidades y regiones de España, a través nuestro —y en su momento podrán hacerlo directamente a través del referéndum— están autodeterminando, y eso es la soberanía popular, están autodeterminando el futuro político propio del pueblo español, de los ciudadanos, de las nacionalidades y regiones de España. Y están autodeterminando que ese futuro político propio es el de la organización política de esta España, nación de naciones, como Estado autonómico o de las autonomías, unido y solidario.

Por todo ello, hemos votado en contra. Todo ello justifica nuestro voto, expresa y necesariamente negativo, a esta enmienda; voto que no está condicionado, amigo Letamendía, por otra cosa que por nuestros principios, nuestro programa y nuestras alternativas políticas.

Grupo comunistaEditar

El señor PRESIDENTE: El representante del Grupo Parlamentario Comunista, señor Solé Tura, tiene la palabra.

El Señor SOLE TURA: Señor Presidente, señoras y señores Diputados, es cierto que este debate lo estamos haciendo en unas condiciones que pueden dar lugar a tensiones dentro y fuera de este Parlamento.

Esta mañana hemos hablado de serenidad, y esta serenidad nos es absolutamente necesaria si queremos llevar a buen término el trabajo que estamos haciendo. Creo que hemos hecho todos un esfuerzo.

Tengo que decir que la intervención inicial del señor Letamendía también se ha situado en el terreno de la serenidad. Hemos rechazado su petición de enmienda, petición de adición de un título nuevo por la única vía posible de acuerdo con el método que estamos utilizando y el método que entre todos intentamos mantener, que es el del voto.

Quiero hacer un llamamiento desde aquí a que terminemos esta Constitución como hay que terminarla, como una gran afirmación colectiva de serenidad, de confianza en el futuro, sabiendo que todos los que estamos aquí nos situamos en el terreno parlamentario y en el terreno constitucional, y que ninguno de nosotros se sitúa fuera de él.

Nosotros hemos votado «no» al derecho de autodeterminación, como ya votamos «no» en Comisión. Allí tuve ocasión de explicar el sentido del voto y aquí voy ,a repetirlo con la máxima brevedad y concisión posibles. Nosotros, en nuestra concepción programática, hablamos del derecho de autodeterminación y lo entendemos, en el sentido que se ha entendido tradicionalmente, como un método para resolver el problema de las nacionalidades en comunidades desarrolladas.

También decimos que nosotros no entendemos que este método tenga que culminar, ni mucho menos, en el independentismo, en la separación. Ya decimos que nosotros, en todo caso, vamos a luchar porque ésta no sea la conclusión.

Este es un tema que está ahí, que evidentemente, como todos los grandes principios, es susceptible de revisión y de reforma; que ha tenido un contenido histórico, pero que puede tener otro y que, en todo caso, es evidente que, en la forma en que están evolucionando las cosas en nuestro país y en la forma en que se está aprobando esta Constitución, ya significa también una modificación de los presupuestos de base. Sería absurdo dar a esos conceptos una visión y una apreciación absolutamente intemporales.

Estamos, en consecuencia, ante el ejercicio de competencias concretas que modifican, incluso, los presupuestos de este derecho. Pero es que, además, nosotros estamos haciendo esta Constitución y no otra. Hemos aprobado un artículo 2 que define muy claramente lo que entendemos por España cuando decimos y manejamos términos que se complementan, que son indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran España, que integran esa nación española y la solidaridad entre todas ellas como fundamento común que las mantiene unidas para forjar ese concepto de España que aquí hemos definido y hemos aprobado.

Este es el marco, el marco en que nos movemos y no otro; y, en consecuencia, nosotros, en función de ese marco, hemos hecho una Constitución que define, al mismo tiempo, un sistema de autonomía abierto, un sistema flexible, un sistema que da solución, que queremos que dé solución a dos grandes problemas: al de la estructura, la organización del Estado y la satisfacción de las aspiraciones de las nacionalidades y regiones dentro de ese marco que hemos definido. Sabemos que el paso a este sistema de autonomías no será fácil y sobre eso no hay que hacerse la más mínima ilusión. Será un proceso complejo que puede dar lugar incluso a situaciones tensas, que puede dar lugar incluso a situaciones de desequilibrios temporales. Eso lo sabemos y vamos a abordarlo a partir de aquí, sabiendo esas dificultades, pero poniendo por delante dos cuestiones fundamentales: primero, el marco y, segundo, vamos a hacer esto con la máxima serenidad para que ese proceso culmine en lo que queremos que culmine, en una recta organización de esta España que definimos en el artículo 2 y en una recta organización también para dar satisfacción a las aspiraciones de todos los pueblos que forman España dentro de esa solidaridad que proclamamos y que no nos cansamos de proclamar como principio básico de lo que proponemos.

Esto es lo que estamos haciendo y no otra cosa; y en función de eso, no nos hemos abstenido, sino que hemos votado «no» al derecho de autodeterminación tal como nos lo planteaba la enmienda del señor Letamendía, que era hacer otra Constitución; y nosotros estamos haciendo ésta. Muchas gracias.

El señor PRESIDENTE: Se levanta la sesión.

El señor TRIAS FARGAS (desde los escaños): Señor Presidente, el Grupo de la Minoría Catalana pide la palabra para explicación de voto. (El señor Güell sube a la tribuna de oradores.)

El señor PRESIDENTE: Ruego al señor Güell que aplace para la tarde su explicación de voto.

El señor GÜELL SENTMENAT: Sí, señor Presidente, no tengo ningún inconveniente en aplazar la explicación de voto hasta esta tarde.

El señor PRESIDENTE: Se suspende la sesión hasta las cuatro y media.

Quiero insistir en que la hora de convocatoria es a las cuatro y media, y no a las cinco, como habitualmente se venía convocando, con objeto de acelerar, en lo posible, los trabajos finales de la aprobación de la Constitución para que Sus Señorías puedan, definitivamente, retomar esta tarde a sus hogares.

Se suspende la sesión.

Eran las dos y veinte minutos de la tarde.

Grupo mixtoEditar

Se reanuda la sesión a las cinco y cinco minutos de la tarde.

El señor PRESIDENTE: Señoras y señores Diputados, ocupen sus escaños; reanudamos la sesión.

Al levantar la sesión de esta mañana quedaba pendiente la explicación de voto por el representante del Grupo Parlamentario Mixto.

Tiene la palabra el señor Güell.

El señor GÜELL SENTMENAT: Señor Presidente, señoras y señores Diputados, creo que en estos momentos es mi obligación recordar, una vez más, a la Cámara el carácter ideológicamente heterogéneo del Grupo Mixto al que pertenezco.

Antes de explicar mi voto negativo a la enmienda propuesta, deseo dejar constancia, deseo dejar clara constancia de mi respeto personal a los adversarios políticos; es decir, a todos aquellos quienes creen y defienden, por la vía del diálogo democrático, opciones, alternativas y posturas políticas contrarias a las mías. Creo que no sólo tienen derecho, sino también obligación moral de defender sus opiniones políticas.

Esta opinión la mantengo, por supuesto, también en casos como el de hoy, en que se pone en discusión y debate un tema capital, un tema de gravísima trascendencia. Creo que precisamente la gran conquista política de esta Cámara es el clima de respeto a la discrepancia que hemos sabido mantener a lo largo de todo este año de actuación parlamentaria.

Es importante, yo diría que es nuestra primera responsabilidad política, saber transmitir al país, a España entera, ese clima de serenidad en la discrepancia que, como decía hace un momento, hemos sabido crear aquí. En la medida en que seamos capaces de conseguirlo, de transmitir ese clima, habremos alcanzado ese gran objetivo que estoy seguro que todos y cada uno de nosotros perseguimos: la consolidación de un sistema de convivencia democrática que permita entrar en una larga etapa de concordia profunda a España, paz civil y progreso material y moral.

He votado negativamente la enmienda del señor Letamendía, y he votado negativamente porque, a mi juicio, tal como se había planteado la enmienda esta mañana, era, o podía ser, una clara vía de independentismo de los diversos pueblos de España; pueblos que, a lo largo de su prolongada, difícil y tantas veces áspera historia común, han mantenido una permanente voluntad de buscar fórmulas de entendimiento y de unión, fórmulas que lamentablemente no siempre han sido alcanzadas.

A mi juicio, nos encontramos hoy precisamente en el umbral de culminar una etapa altamente positiva en la búsqueda de una Constitución que, respetando y potenciando la diversidad de nuestros pueblos, nos permita vivir unidos y en concordia. El pueblo que nos votó el 15 de junio espera precisamente eso de nosotros. A mi juicio, no podemos hoy defraudarle.

La política no es, la política no puede ser intemporal. El tiempo y el espacio la enmarcan y la condicionan. Una cosa es defender el derecho de autodeterminación de los pueblos, tal como se define en las Cortes internacionales de Derechos Civiles, y otra, a mi juicio muy distinta, es votar afirmativamente aquí y hoy la enmienda que nos ha sido sometida.

Me satisface tener la oportunidad de hacer hoy esta intervención precisamente desde una perspectiva catalana, precisamente desde un partido político catalán que ha defendido desde el primer día de su nacimiento el derecho irrenunciable de Cataluña y de los otros pueblos de España al reconocimiento de su identidad histórica; posibilidad que, en mi opinión, queda abierta, queda claramente abierta a través de la Constitución que estamos elaborando. Y precisamente por ello va a tener esta Constitución nuestro voto global favorable.

Acabo, pues, esta breve intervención recordando una vez más a la Cámara la grave responsabilidad que nos incumbe y mi esperanza de que estemos todos, individual y colectivamente, a la altura del momento histórico que vivimos.

Nada más, señoras y señores Diputados. Muchas gracias.

Grupo de la minoría catalanaEditar

El señor PRESIDENTE: El representante del Grupo de la Minoría Catalana tiene la palabra.

El señor TRIAS FARGAS: Hemos escuchado esta mañana y esta misma tarde, con el máximo interés, lo que se ha dicho en dos distintos votos particulares.

Sorprendentemente, con casi todos ellos, menos uno, estamos sustancialmente de acuerdo. Muy concretamente, yo diría que la exposición del señor Herrero de Miñón de esta mañana interpreta perfectamente la idea positiva que en principio y en términos generales podemos tener, y tenemos, de la autodeterminación. Por eso nos ha parecido, con o sin error, que no podíamos votar en contra de la autodeterminación.

Pero nosotros quisiéramos recordar a la sala que la autodeterminación es un método, no es un fin; es una manera de alcanzar unos resultados. Y en este sentido nosotros ya nos hemos autodeterminado. Nosotros somos partidarios de esta Constitución, que hemos votado y votaremos hasta el final, y somos partidarios de la autonomía y de los estatutos que este Parlamento, en su momento, votará, y de nada más, absolutamente nada más. Y nuestra autodeterminación nos lleva a este resultado y sólo a este resultado.

Yo quisiera insistir sobre este punto, y lo hago con énfasis porque creo que tengo un cierto derecho a hacerlo. He publicado mil veces, he escrito mil artículos, he hablado en mil ocasiones, en Cataluña, que es donde deben decirse estas cosas, y no aquí, que yo no era separatista, que no era independentista, que nosotros nos sentimos solidarios de una España moderna, democrática y progresista, que íbamos a arrimar el hombro en ayuda de todos como uno más, siempre que se nos tratara en condiciones de igualdad, y como se nos ha tratado en condiciones de igualdad, yo digo solemnemente ante esta Cámara que se puede contar con nosotros.

Dicho esto, quisiera también decirles por qué no hemos votado la enmienda del señor Letamendía. No hemos votado la enmienda del señor Letamendía por razones obvias, porque nos ha parecido que la enmienda del señor Letamendía prejuzgaba un separatismo, es decir, que su autodeterminación llevaba un objetivo final separatista, que evidentemente no es el nuestro; y por eso, y con todos los respetos, hemos votado, por así decir, con nuestra abstención, a favor del principio general, tal como ha sido expuesto por la mayoría de los Grupos aquí. Y hemos votado en contra de la enmienda porque, si bien se basaba en la autodeterminación, nos llevaba a rumbos que nosotros no queríamos seguir.

Esta es la explicación de nuestra abstención. Por lo demás, debo decir que en nuestro Grupo ha habido quienes no han votado abstención. Lo que yo he hecho ahora es expresar la opinión mayoritaria del Grupo de la Minoría Catalana.

Muchas gracias.

FuentesEditar